Ayer fui a ver Harry Potter nuevamente, la última, la de las reliquias de la muerte II. Me gustó más que la primera vez. Me encanta el comienzo, tan reflexivo, con esa música y la imagen lenta… sí señor, estuvo muy bien.
Todavía me sorprendo de lo estúpida que llega a ser la gente, en general. Ayer era miércoles y aunque era el día del espectador decidí no llevar las entradas compradas. Básicamente porque un 24 de agosto, en miércoles, a las seis y cuarto de la tarde, no se espera uno que haya demasiado gente para ver una película que hace semanas (si no un mes) que se ha estrenado. No compré las entradas, como digo, con antelación. Y al llegar al centro comercial y dirigirnos hacia los cines pude ver una larga cola de por lo menos unas treinta personas (si no más…). En parte enmudecí, y en la otra parte me extrañó. No acababa de entender por qué había tanta gente, ¿es que acaso regalaban algo? Quejándonos entre nosotros e intentado dejar atrás la sorpresa nos fuimos, poco a poco, hasta el final de la cola. Durante ese trayecto a mí me afloró una idea. Era ya casi las seis y media, la película comenzaba a las siete y aquella cola no daba indicios de avanzar en absoluto, nos íbamos a perder la película. De las dos taquillas solamente estaba abierta una, y de los seis puestos de venta de ésta, solamente habían ocupados dos… he allí el motivo de la larga cola. Se me ocurrió algo, como digo, mientras íbamos al final de la cola. Saqué mi móvil y entré en la página de servicaixa. Compraría las entradas con el móvil y después las sacaría en una de las maquinitas “imprime-entradas” de dentro del cine (las cuales están totalmente desiertas).
Me afané a comprarlas lo más rápido que pude, con tal de salir de aquella asquerosa cola de borregos. Disimuladamente saqué la tarjeta de la cartera pero manteniéndola dentro del bolsito. Poco a poco iba lanzando furtivas miradas al interior del bolsito y copiando los números al móvil para hacer el pago y completar la compra. En unos segundos abandoné la cola y fui a imprimir las entradas.
Miré el reloj, con las entradas ya en la mano, las seis y treinta y cinco. Todavía teníamos por lo menos quince minutos para ir a mirar tiendas. Así que nos fuimos de los cines y no regresamos hasta las siete menos diez, entrando directamente a la sala con las entradas. Todo un éxito.
Sí, me sorprendo de lo estúpida que llega a ser la gente. Hoy en día, que te regalan un smartphone con Internet hasta con los cereales… que todo el mundo se jacta de tener un móvil con Internet. Y aún así la gente es incapaz de sacarle partido, continúan atrapados en una cola de cretinos, a merced de la falta de eficiencia de los trabajadores y la organización de los cines. Y como éste, otros ejemplos. En fin, que la gente sigue siendo idiota, aunque tenga un smartphone, aunque tenga 50MB de ADSL, aunque tenga un coche de gama alta… supongo que hay gente que ya ha perdido el tren de las mejoras tecnológicas…
Lástima, las cosas podrían ser más sencillas y esa cola haber sido más corta.