
Ayer hicimos una excursión a la mística y telúrica formación rocosa conocida como Montserrat. Aunque no se trata de un gigantesco macizo, ya que su pico más alto apenas pasa de los mil metros con 1.236 m (el de Sant Jeroni) su relevancia mundial (siendo parque natural desde 1987, y patrimonio de la humanidad) viene dada por su vinculación religiosa y mística. La abadía de Montserrat, situada alrededor de los 720m de altura, tiene un origen incierto, pero por lo que se cree se fundó sobre el año 1011 después de Cristo. Si bien se tiene constancia de que la imagen de la virgen ya se veneraba en el año 880. Encontraréis más información en el enlace referente al Monasterio, más abajo.
El día fue soleado y tranquilo. Nos topamos con una ceremonia funeraria que impidió el acceso al templo desde las diez de la mañana hasta las doce y media. Según he podido comprobar posteriormente, el funeral se ofició por la muerte de un monje del mismo monasterio. Tras la cual pudimos entrar a la catedral, para contemplar que se estaba oficiando una boda rociera. Sólo nos faltó un bautizo para tener ya los tres pasos de la vida (unos de tantos, claro).
Tras la visita a la basílica, con las las acciones de rigor: poner velas. Y con las extraordinarias: ofrecer el velón del bautizo de nuestro sobrino a la virgen, dado que estamos agradecidos por que tenga buena salud, aún después de las dificultades por las que pasó. Tras esto, no visitamos la imagen de la virgen (una tremenda cola nos hizo rechazar la idea), al menos no la que está en el templo. Por el contrario, sí que bajamos hasta la “Santa Cova” (santa cueva), lo que supne unos tres cuartos de caminata por sinuosas escaleras y paseo pavimentado que descienden por la ladera de la montaña hasta dar una pequeña ermita empotrada en la roca, dónde se supone que se apareció la virgen sobre el siglo IX dc.
A nuestro regreso, comimos tranquilamente en una zona habilitada para tal fin y descansamos un rato. No tardamos en volver a coger el cremallera que nos llevó de vuelta a Monistrol de Montserrat, dónde teníamos el coche aparcado.
Nuestra excursión había terminado, pero el día todavía continuó. La tarde fue tranquila, dedicada a ver la película el nombre de la rosa, casi por imposición mía. Tanta abadía y tanto monasterio me despertó el deseo de volver a ver ese gran film de sir Sean Connery. Durante la tarde se nos presentó un improvisado plan nocturno, una cena en casa de mi hermana, con su cuñado y otra pareja de amigos para celebrar una pre-castañada. Además, dio la casualidad que emitían el Barcelona – Sevilla (el cual se resolvió con un aluvión de goles, 5-0). Hubieron pizzas, hubieron panellets y hubieron risas. Una buen día, una buena noche.
Por cierto, también fue el santo de nuestro sobrino, Felicidades Marcel. Dejo alguna foto.


Referencias:
http://es.wikipedia.org/wiki/Macizo_de_Montserrat
http://www.abadiamontserrat.net
http://es.wikipedia.org/wiki/Monasterio_de_Montserrat