sábado, 16 de mayo de 2009
Es sorprendente como el ser humano necesita rutinas. Nos empeñamos en quejarnos de nuestros quehaceres diarios y fantaseamos de las muchísimas cosas que haríamos si dispusiéramos de todo el tiempo del mundo para nosotros, si pudiéramos deshacernos de nuestras obligaciones. Pero a la hora de la verdad la cosa cambia mucho. Confundir fantasía con deseo es algo muy común, según pude leer en una escritora hace unos días. Comúnmente nos ponemos a fantasear con cosas en nuestra cabeza con lo que le haríamos al compañero que nos está molestando, con lo que le haríamos a la compañera tan sexy que se sienta tres mesas más allá... la fantasía es buena, es una vía de escape de la tensión que nos genera el día a día, de las pulsiones primitivas que sentimos ante las situaciones cotidianas. ¿Quién no ha fantaseado con arrojar a su jefe por la ventana cuando le está pegando la bronca? Pero el deseo es distinto. Sí, se que estarás pensando: "Pues yo desearía tirarlo por la ventana, ja, ja, ja". Pero... piénsalo detenidamente, ¿realmente lo deseas? Sigues asintiendo con la cabeza, bien. Ahora piensa en esa persona, imagina su día a día, imagina cómo debe ser su vida y cómo debe haber sido para que se comporte así. Imagina sus hijos, su pareja, sus padres... imagínalos al enterarse de la noticia de que alguien ha arrojado a su ser querido por una ventana. Bien, si has hecho lo que digo lo que estás sintiendo es fruto de la empatía, una habilidad social que nos permite ponernos en el lugar del otro y ser más perceptivo de nuestro impacto en los demás. Ahora, repito la pregunta: ¿Realmente lo deseas? Espero que tu respuesta sea No, de no ser así lo primero que me planteo es que seas testarudo y no hayas querido reunciar a tu idea de ti mismo de persona fría e individualista. No pasa nada, sigue leyendo como si arrojar a tu jefe por la ventana realmente no fuese tu deseo.
Como decía, podemos ver que el deseo es distinto a la fantasía, porque si nos paramos a pensar detenidamente nos daremos cuenta (como hemos visto) que las cosas con las que fantaseamos no son nuestros deseos. Sino que son simplemente eso, fantasías de algo prohíbido o imposible. Y eso es el deseo de estar libre de rutinas, una fantasía. Porque cuando unos deja de tener una rutina, cuando realmente es 100% libre de hacer lo que quiera y a la hora que quiera se da cuenta de la verdad de esta afirmación. De lo mucho que necesita tener un hilo conductor en su día a día, una meta que mueva sus acciones. Si hiciésemos la prueba podríamos ver como la persona a la que le toca la lotería y se ve posibilitada de dejar de trabajar (la gran fábrica de rutinas del hombre adulto) se busca al poco tiempo otras actividades (laborales o no) que claramente tienen un componente rutinario: ejercicios, hobbies y otros. La verdad sea dicha es que nuestra vida está llena de rutinas, porque al fin y al cabo son lo más sano para el cuerpo y para la mente. A los seres humanos nos gusta estar seguros, nos gusta que las cosas sean predecibles e incluso intentamos hacer predecibles las cosas impredecibles (eso es otro tema aparte!), nos gusta comer  siempre a la misma hora, nos gusta levantarnos a la misma hora y nos gusta que los días tengan ciertos aspectos repetitivos. Y no es algo que hayamos decidido nosotros, de hecho los biorritmos y los ciclos circadianos del cuerpo son claro ejemplo de estas cosas. Una persona que tiene unas pautas de sueño irregulares pronto verá verá mermada su salud, es algo científico, y en definitiva algo natural. El cuerpo se acostumbra a comer a una hora determinada y cuando llega esa hora ya empezamos a tener sensación de hambre, simplemente porque el cuerpo sabe que a esa hora va a comer, aunque ese día hayas perdido el autobús y vayas con retraso. La rutina es salud, podríamos sentenciarlo así.

Os invito a que reflexionéis sobre qué rutina vivís y sobre cómo sería vuestra vida si no tuvierais ninguna obligación y por ende, pudierais vivir sin rutinas (si es que eso es posible).
Comentarios (1)  Autor asturel  | Enviar
Comentarios
Autor sk8182
sábado, 16 de mayo de 2009 | 13:33
Por experiencia diré que fantaseas con muchas cosas y a la hora de la verdad cuando tienes todo el tiempo del mundo acabas en casa jugando a la consola sin hacer nada productivo :(