lunes, 13 de abril de 2009
Buenas, voy a ver si por fin escribo algo del viaje de semana santa. Fuimos Sara, mi hermana, mi cuñado y su hermano al país vasco, a Zarautz, un pueblo precioso que está en la costa, cerquita de San Sebastián. El viaje de ida fue muy ameno, unas seis horitas con solamente una parada (creo) en Alfajarín (creo que se escribía así).
Al salir hacía un día que te cagabas, y durante todo el camino el sol brillaba, incluso teníamos un poco de calor dentro del coche. El coche! Que no he comentado que íbamos que parecíamos moros, con el maletero a petar! Incluso yo llevaba la Bombona del camping entre las piernas, que llegamos a tener algún accidente y salgo por los aires. Lo que decía, que hizo sol durante todo el camino, excepto cuando llegamos a Euskadi. Como si de Mordor se tratase, en cuanto divisamos el primer indicio de hallarnos en esos lares el cielo se torno gris, una gruesa capa de nubes cubrió el sol y no tardó en empezar a derramar las primeras gotas, que aunque tímidas, no dejaron de caer en toda la tarde.

El camping era una pasada. Tenía de todo: su supermercado (con precios desorbidatos, por supuesto), su bar, su zona de picnic con barbacoa, sus múltiples zonas de duchas (que yo sepa al menos había 3 distintas repartidas por el camping). Y encima dentro de los lavabos se estaba super calentito porque además de la calefacción siempre quedaba en el ambiente el vapor de agua caliente de la última persona que se había duchado, con lo cual se estaba de coña.
El hombre del camping fue muy amable y nos dió una parcela doble, y encima nos contó una tienda de menos (que llevábamos 3), con el coche y la electricidad salía todo por 33€ por día, lo que hizo que al estar solo 5 noches y ser nosotros 5 nos quedara el precio de la estancia en 33€ por persona (la calculadora humana podría decirnos los decimales fácilmente, porque yo ahora mismo no los recuerdo). Lo primero que hicimos fue montar las tiendas, que resultaron ser muy fáciles de montar. Sobretodo la del hermano de mi cuñado que era una de esas Quechua 2seconds, con lo cual la tiró al aire y se montó (del revés, xD, pero se montó). Las nuestras tardamos unos minutos más pero eran muy sencillas de montar. Enseguida comprobamos lo más mierda de la tienda (lo más mierda aún lo descubriríamos en los días siguientes, con la lluvia) y es que tras inflar el colchón dentro no quedaba espacio para poner las bolsas dentro de las tiendas lo que nos supuso una buena magreada de pelotas todos los días, instaurando la siguiente rutina: por las noches dejábamos las bolsas dentro del coche, al día siguiente las metíamos en las tiendas para irnos con el coche, y por la noche las volvíamos a meter en el coche para dormir en las tiendas... total, que era un trejemaneje de tienda y bolsas que nunca terminaba y que nos obligaba a prepararnos la ropa si no queríamos estar tocando los huevos al dueño del coche (para abrirnos el coche cuando se nos olvidaba algo), si a toda esta ecuación le sumamos el factor lluvia nos encontramos con una puta mierda de tiendas. Y si encima le sumamos que la forma de la entrada de la tienda era así /_ en diagonal, cosa que hacía que combinar la acción de abrir la tienda con el modo lluvia de la meteorología daba el resultado del interior de la tienda mojado, si le sumamos eso, como digo, nos da que la tienda no es sólo una puta mierda, sino que es una puta mierda incómoda. Es decir, que si nos vamos de camping y no llueve, de puta madre, pero si nos vamos y llueve (cosa que estaba claro que pasaría por el norte) pues ya la hemos cagado, y así fue, y eso fue lo que precipitó que volviéramos el jueves y no el sábado. Eso y el cansancio, claro está. Pero sobretodo el hecho de que no puedieramos tender la ropa ni nada y de sentir que teníamos las cosas mojadas.

Después de montar todo el historial de las tiendas yo me puse a hacer un pequeño canal a ambos lados de la tienda por si llovía. La verdad es que se me fue un poco la mano, porque un poco más y tengo que conseguir unas cuerdas para pasar por semejantes vados. Es decir, que me quedaron muy profundos.
Tras más o menos desempaquetar el campamentos nos fuímos a cenar al "centro" del pueblo. Cenamos en un bar de pinxos, aunque nos comimos unas bravas y unos bocadillos enormes que estaban buenísimos. El día no dió para mucho más y pronto nos fuímos a dormir, a la espera de comenzar la jornada del día siguiente.

Hasta aquí el diario de abordo, sigo otro día!
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