domingo, 24 de febrero de 2008

Ayer sucedió algo extraño, fuera de lo común, al menos, nadie puede negarme, para el pueblo en el que vivo. Me desperté con un sol radiante, con un día estupendo, enérgico. Tanto que me invitó a comer en el jardín de mi casa, bajo el influjo del sol, haciéndome rezumar vida por cada poro de mi piel.
Poco me hacía suponer que una horas más tarde, pasado ya de lejos el mediodía, una densa y malsana niebla se iba a cernir sobre toda la población (y al parecer sobre muchos otros puntos del país). Ocurrió mientras mi pareja estaba hablando por teléfono, yo dirigí una mirada hacia el jardín, reparando en que el toldo seguía puesto tras la comida del mediodía. Conduje mis pasos entonces hacia el exterior y fue cuando por instante pensé que mis gafas estaban realmente sucias, me las quité pero aquella borrosidad no desapareció. Volví a ponérmelas y fue entonces cuando constate con un desconcierto total que mis ojos no me engañaban y que sin duda había un gran banco de niebla sobre mi cabeza.
Tal fue mi sorpresa y lo inacostumbrado de este fenómeno en mi lugar de residencia que propuse a mi pareja el salir a pasear bajo la niebla, con la indudable segunda intención de investigar un poco más sobre todo el asunto. Caminamos un buen rato, por el parque de detrás de la hilera de casas, entre sus trozos de césped, los árboles y la zona de columpios. Todo estaba recubierto de esa niebla densa, nada había podido escapar a su influencia. Permitidme que os adjunte una foto de dicho parque, ya que gracias a la tecnología de hoy en día ya no hay escusa para no fotografiar aquello que nos desconcierte, dónde quiera que nos hallemos.

Paseando por uno de los caminitos que puede verse en la foto nos introdujimos entre los jardines de césped. Pasamos junto a un grupo de flores, muy bien organizadas en forma circular, en cuyo interior parecía haber diversos huecos. La verdad es que nunca había caído, pero… en ese momento, como por arte de magia (o por obra de alguna fuerza indescriptible) me asaltó la forma de una estrella de cinco puntas, el tan socorrido símbolo arcano. Me acerqué despacio, esperando constatar mi corazonada… y así fue. Nuevamente pude hacerle una foto, observad.

Después de eso volví a mi casa y me afané en comprobar que todas las puertas y ventanas estaban cerradas. Aquella niebla poseía un extraño olor, y me parecía en ocasiones irrespirable. Así mismo es cómo me la han definido esta mañana mis padres, que estaban en otra provincia, a más de cien kilómetros de aquí. Ya que al parecer allí también se había producido esta niebla. De la misma manera que mi hermana, la cual ayer fue al centro de la capital, a unos veinte kilómetros, dónde se topó, también, con este extraño fenómeno meteorológico.
Nieblas densas, irrespirables y súbitas, acompañadas de estrellas de cinco puntas y luna llena… son combinaciones no apetecibles y nada recomendables. Por suerte, que yo sepa, nada ocurrió. ¿Habrá niebla esta tarde? De momento esta mañana tenía toda la pinta...


Comentarios (0)  Autor Asturel

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