jueves, 17 de enero de 2008
Vuelvo a escribirte. Me siento una vez más en esta silla, frente a la vieja máquina de escribir, para relatarte algo que me ha ocurrido en mi vida diaria. Desconozco por completo si llegas a leer estas cartas. Quizá no hace más que caer en una pequeña pila que se va haciendo más grande junto a la puerta en el recibidor de tu casa. En cualquier caso es un alivio poder escribirlas, pensar que alguien las está leyendo y que en el desdichado caso de que algo me ocurriera aquello que he vivido no caerá en el olvido.

Hoy ha ocurrido algo extraño, nuevamente. Me encontraba yo en una clase siendo conferenciado por una profesora que ejerce como clínica, cuando ésta a comenzado a hablar del caso de un niño de diez años de edad que había comenzado a ver en los últimos meses. Ya nos había hablado antes de él y la verdad es que su problema era algo bastante común, nada fuera de lo normal. Son muchos los niños que durante la noche mojan la cama y obviamente en un primer momento, el día que habló de él por primera vez, no le di ninguna relevancia –o al menos no más de lo que cabría esperar-.

Pues bien, como digo hoy ha aportado más datos sobre el paciente y para ello nos ha traído una serie de dibujos que, en su última sesión, el niño había realizado. Consistían en un dibujo libre, el dibujo de un árbol, el de una persona y el de su familia. Los dibujos, al menos casi todos, eran totalmente “normales”, eludiendo cualquier análisis clínico de problemática psicológica. Sin embargo había uno, el de la persona, el cual me ha sorprendido nada más verlo. La verdad es que ha cautivado mi atención por completo, casi podría decir que no podía despegar mis ojos de él. Trataba de escudriñarlo, de revisar cada detalle en busca de alguna relación adicional con la que verificar mis sospechas.

Se trataba, inevitablemente, de algo diferente a una persona. La figura era claramente antropomorfa pues tenía una cabeza, un torso, dos brazos y dos piernas. Pero era claramente no-humana. Poseía garras, tanto en manos como en pies; garras alargadas y afiladas. Su piel era de color liláceo, tirando al púrpura. Sus ojos eran de color rojo intenso con el glóbulo negruzco. Vestía, además, una especie de túnica de color negra con dos franjas verticales de color amarillo. Pero en esta extraña descripción no terminaba mis sospechas, pues hasta aquí no es más que un monstruo cualquiera, a decir verdad uno sin nombre. Lo que de verdad me ha hecho estremecer era lo que colgaba, o más bien salía, de su rostro… tentáculos, cuatro tentáculos saliendo de lo que debería ser su barbilla, alargados y delgados como los de un pulpo.

Estarás conmigo al pensar que sin duda debe guardar alguna relación con quién tu ya sabes. Para más INRI, cuando la psicóloga le preguntó sobre lo que había dibujo el niño dijo lo siguiente, traduciendo del catalán pues ya se que tu no hablas esa lengua:

“Es un descuartizador demente. Hace que las personas se vuelvan locas para convertirlas en esclavas. Después se las come.”

¿De qué ficción puede sacar el niño algo así? De una insana, no hay duda. No tengo la menor idea de dónde habrá sacado la inspiración. Quizá algún libro abandonado por casa, quizá en sus sueños… Es posible que esos mismos sueños que le provocan que moje la cama de puro terror. Se de alguien, o algo, que tiene tentáculos y que provoca pesadillas que vuelven loca a la gente, que esclaviza a pobres incautos, que incluso puede devorar y hacer desaparecer de este mundo a quién quiera… Ya sabes de quién hablo, y por desgracia me inclino a pensar que ese pobre niño también, aunque todavía no sepa su nombre.

Eso es todo, seguiré atento a lo que ocurre ahí fuera, a las imperceptibles señales y rastros que las actividades que lo innombrable de este universo deja en nuestro mundo.
Comentarios (2)  Autor asturel  | Enviar
Comentarios
Autor Nata
viernes, 18 de enero de 2008 | 12:54
¿Cthulhu?
Autor asturel
viernes, 18 de enero de 2008 | 14:21
En efecto... eso parece...
Cuanto tiempo Nata ^^ me alegra saber que sigues leyéndome :)