Viernes, 11 de enero de 2008
"Hace escasos minutos hubiera empezado un discurso de lo m?s triste, una r?faga de andanadas de esencia de depresi?n; pero no exagero, hasta hace escasos minutos me sent?a realmente mal. En un profundo pozo, sucio y desali?ado, de angostas y mohosas paredes. Con un agua p?trida y helada cort?ndome la carne hasta el ombligo, las manos magulladas de intentar salir y m?s de una u?a desgarrada contra la dura roca que no me dejaba trepar por ella. ?Qu? ha ocurrido entonces, debes preguntarte, para que finalmente no haya proferido esa letan?a de lamentos y quejas? Pues sencillamente el mism?simo Dios ha venido a rescatarme, ha descendido volando y me ha arropado con su c?lida luz. Me ha estrechado delicadamente con sus brazos y ha enjugado mi rostro en su t?nica de lino. Su voz me ha tranquilizado, acariciando mi piel suavemente. ?Todo ir? bien ?me dec?a -, ven, deja que te saque de aqu?. Te llevar? donde debes estar, a mi lado?. Y as? hemos ascendido en una vor?gine de luz y aire que nos impulsaba con fuerza hacia los cielos. Cuando hemos llegado muy arriba, sobre el horizonte, cuando vastas extensiones de tierra parec?an cuadros pintados al ?leo, entonces he podido ver su cara, iluminada por el poderoso sol. Entonces me he visto reflejado, su cara era la m?a y no dejaba de sonre?rme con una mirada de infinita comprensi?n. ?Debes regresar ah? abajo ?me ha dicho con tono quedo y sosegado ?debes volver para retomar lo que has dejado a medias?. Y un hormigueo fresco me ha sacudido la espalda al tiempo que mis ropas se rasgaban y de mi interior surg?an unas enormes alas negras, de brillantes y aterciopeladas plumas. Las he batido con fuerza, sintiendo el aire acarici?ndolas, como si siempre hubieran estado conmigo. Entonces he inclinado mi cabeza mir?ndome, dirigiendo mi gratitud a ese Dios que estaba frente a m?, para despu?s volver a descender a la tierra, para escribir estas palabras.

As? es, hasta hace escasos minutos estaba triste. Y lo que te he relatado es una enso?aci?n que algo que he le?do me ha provocado. He recurrido a la lectura de algo que escrib? hace no mucho tiempo, en un momento en el que tambi?n estaba profundamente triste y perdido. Y tras escribir una serie de lamentos comenc? a hacer referencia a mi Yo-Dios y acab? muy animado. Pues ahora con la simple relectura de dichas palabras me he imbuido fuerzas y ?nimos. Y en efecto, Dios ha acudido en mi ayuda.



Rescatado de una carta escrita en el pasado (8 de junio de 2006)
Comentarios (0)  Autor Asturel

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