sábado, 23 de junio de 2007
- Escribe algo –me he dicho a mí mismo-, escribe algo en estos momentos; sabes que lo necesitas.
¿Necesitar? Sí, no puedo negarlo, no sería la primera vez que tengo esa necesidad, la única ocasión en la que tuviera el fuerte deseo de correr hacia el teclado de mi ordenador para dejar salir todo lo que se me pasase por la cabeza. Es cierto. Y así es esta vez.
Me he sentado en esta silla, sin saber bien lo que iba a hacer en ella... ¿mirar el monitor con la mirada perdida en nuestra foto mientras escucho algo de música? Tal vez algunos segundos... quizá distraerme finalmente con cualquier página de internet... o abrir el procesador de textos con la esperanza de que tras escribir las tres primeras palabras el resto fluirán de manera natural a través del parpadeante cursor... No sé, supongo que si tengo que quedarme con una opción es ésta última, por muy inocente que sea.

Y al final está claro que eso es lo que he hecho, en está víspera de San Juan. Después de un día que mezcla el estudio con el ocio, aunque no a partes iguales tengo que añadir, tengo la amarga impresión de que no van a variar mis planes, de que me voy a quedar aquí... solo, estudiando hasta tarde encerrado en mi habitación, con la luz del flexo sobre mi cabeza... y mientras, mi amor, estará por ahí disfrutando de la excusa de una fiesta para al fin desconectar y celebrar que ha terminado sus exámenes. Pero bueno, “un último sacrificio”, eso dicen, eso me repito, lo que se ha convertido en una letanía que mis labios entonan cada vez que miro a la calle desde la ventana de este cuarto, preguntándome qué demonios hago aquí encerrado...

- Escribe algo... –me decía yo mismo hace unos minutos, y aquí estoy: escribiendo. El estudio me espera, debo retomar mi trabajo, debo darle un sentido a perder el tiempo de esta manera, a no verla a ella, a no poder compartir un buen momento, la noche más corta del año, saber que no es conmigo con quién lo celebra.
Pero antes debo cenar algo, intentar estar con mi familia y disfrutar con ellos lo que no puedo disfrutar con mi amor. Una cena, una “coca”, una montaña de apuntes sobre la mesa... sí, sabías que lo necesitaba... por eso lo dijiste... por eso lo he hecho.

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