jueves, 30 de noviembre de 2006
Ya casi ha terminado la semana, mañana por fin es viernes... Se me pasan los días volando. Supongo que eso siempre es malo, aunque quizá significa que no me aburro o que no estoy especialmente estresado.

Acabo de ver la película "El perfume". Primero he hecho unos asuntos de la universidad, lo más rápido que he sabido Muchas risas, terminar un trabajo y una evaluación y enviarlo todo a la profesora. A los pocos minutos ya estaba listo para la peli, así que me he hecho un té rojo, me he puesto los cascos, he pasado la imagen del ordena a la tele y... cine en casa sabroso.

La película me ha gustado, la verdad es que está muy lograda. Es verdad que deja algunas cosas del libro fuera, pero... eso es lo más normal del mundo. El personaje principal no es tan desagradable como en el libro, y quizá eso hace que uno sienta un mínimo de lástima o compasión por él, quizá incluso que se le comprenda... Al leer el libro mi impresión fue lo contrario, lo desdeñaba... a ese hombrecillo deforme tanto por fuera como por dentro, un auténtico monstruo. Sí, la impresión que me fui formando a lo largo que leía la novela es la de que ese engendro era un psicópata, uno de libro además... Un ser aberrante que no siente nada por el resto de seres humanos, lo único que busca es cumplir su deseo... en fin, eso es algo que la película no consigue transmitir, no lo deshumaniza lo suficiente.

Aún así la peli es entretenida, pero, como suele pasar, para quién haya leído el libro (y más para mí, que lo terminé el lunes, después de haberlo empezado el domingo) le sabrá a poco, como a algo diluido, una desvirtuada reproducción del original.

Bueno, yo voy a seguir a lo mío. A ver si me pongo a escribir alguna de las dos historias... quizá de la de Acrias debería hacer otra parte.
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lunes, 27 de noviembre de 2006
Exacto, este fin de semana a sido muy prolífero. No solamente me he decido a escribir una nueva parte de la historia de Marty (eso de "decidir" es una manera de hablar, ya sabemos que la inspiración viene sin avisar, y no cuando uno la reclamaba... de hecho la reclamé días antes y ésta llego tarde, ¡pero llegó!) sino que he terminado escribiendo otra parte más...

Si es que a veces no lo entiendo... nada más publicar esas 2k palabras seguí escribiendo hasta hacer otras 2k, con lo cual deje en la bandeja de publicación la quinceava parte para ese mismo días a las doce y algo de la noche.

Hoy he terminado de leerme "El perfume", el libro ese del asesino con un sentido del olfato sobrehumano del cual ahora han hecho una peli. Pues quería ver la peli y antes me he leído el libro porque total eran 300pgs de nada que me he leído en dos días, y así puedo ver la peli mejor :P

Luego, al terminar el libro he visto "Slither" una peli de terror con toques de humor al viejo estilo de películas de "usurpadores de cuerpos", esas de seres extraterrestres que parasitan a las personas y que tienen un mente colmena... Pues la peli ha sido muy entretenida, me ha gustado.

Bueno, eso es todo ^^ que vaya bien!!
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domingo, 26 de noviembre de 2006
Marty se despertó violentamente, cayendo de espaldas y golpeándose contra el suelo. La luz del día entraba pesadamente por la ventana. A sus pies estaba volcada la silla del escritorio. El chico se llevo la mano a la nuca y a la espalda y comenzó a darse una friega. Se había dado un buen golpe. Los dedos de la mano le dolían y los tenía enrojecidos. No entendía nada. Se levantó y puso la silla en su sitio. El escritorio tenía los libros de bachiller encima, rebuscó entre ellos pero no encontró nada.
Se sentía cansado, los ojos le dolían un poco y tenía todos los músculos cargados. Fue al lavabo y se miró en el espejo. Tenía mal aspecto, comenzaban a asomar una ojeras bajo sus ojos. Era como si no hubiera pegado ojo en toda la noche... Aunque no le extrañaba, con esos sueños que últimamente le estaban asediando nadie sería capaz de dormir.
Se lavó la cara y bajó a desayunar algo. Se sentó en la gran mesa con un café con leche y unas magdalenas. No tardó en devorarlas. Se quedó unos minutos pensativo, absortó en sus cavilaciones.
Aquellos sueños... el de aquella noche parecía una macabra continuación del que había tenido el día anterior. Enterrado vivo... que horror. No sabía que era peor... si cuando lo enterraron sin caja o con ella, recordaba la tierra entrando en su boca, en su nariz, a cada intento por respirar. Un escalofrío le recorrió la espalda y lo devolvió al mundo real. Se levantó y llevó las cosas a la cocina. Pensó que tarde o temprano se tendría que poner a fregar todo aquello.
Subió a la habitación y preparó la ropa que se iba a poner. Después fue a la ducha y se desnudo. Se observó en el espejo, se puso a sonreír y empezó a poner caras y hacer el tonto. Después se metió en la ducha.
Abrió el grifo y el agua empezó a salir, primero fría, luego caliente. Empezó a pensar de nuevo en todo el asunto. Los despertares repentinos en el escritorio, con los dedos doloridos, como si hubiera estado escribiendo toda la noche... Había algo que se le escapaba. Pero no sabía el qué.
Empezó a sonar el despertador.
-¡Mierda! –dijo el enfadado- La ley de Murphy, siempre pasa igual.
Cerro el grifo para salir de la ducha, pero en cuanto lo cerró el sonido de la alarma desapareció. Marty no cabía en su asombro, ¿se habría estropeado? Demasiada casualidad ¿no?
De momento no pensó en ello y acabó de ducharse. Al salir se envolvió en la toalla y fue a comprobar el despertador.
Los numeritos se veían, no se había apagado y parecía funcionar. Apretó todos los botones para hacer sonar la alarma. Ésta empezó a sonar con normalidad.
-Qué extraño... –se dijo- esto no es normal.

Se vistió e hizo al cama. Apagó el televisor y el DVD y ordenó un poco la habitación. Lo preparó todo para parcharse, cogió algo de dinero y se marchó con la bicicleta hacia el pueblo.
A ver si esta vez tenía la suerte de encontrar algo interesante. El archivo estaría todavía abierto y podría comenzar a indagar sobre aquella extraña casa. De momento sabía que al menos dos familias la habían habitado: Los Hartwell primeramente y los Fenton después. De la familia de Hellen, los Osgood, no había encontrado ninguna relación con la casa ni con ninguna de las otras dos familias. Era la hora de encontrar respuestas...
Cogió su bici y se marchó hacia el pueblo, tranquilo por conocer ya el camino y seguro de que esta vez no se perdería.
Hacía un día espléndido, el cielo estaba límpido y despejado, de un color azul claro uniforme. El sol caía con calurosa alegría sobre el joven, que pedaleaba a toda velocidad por vieja y mal asfaltada carretera. A lo lejos divisó las primeras casas.

Fue directamente hasta el ayuntamiento dónde le indicaron en qué lugar se hallaba el archivo del pueblo.
Gracias a la historia del estudiante de periodismo no le pusieron ningún impedimento en acceder a la hemeroteca. Allí comenzó a trastear las publicaciones de hacía un año del periódico local. Le llevo un buen rato pero al final encontró una pequeña columna referente al caso de los Fenton.
En ella se hacía alusión a la excentricidad del caso, a como todos habían desaparecido sin dejar rastro, sin llevarse sus cosas; y lo que era más sobrecogedor, a como había encontrado la policía la mesa puesta, la lavadora llena de ropa, las tostadas hechas en la tostadora, el café frío sobre la mesa... La policía no había podido hacer nada, la investigación rápidamente llego a una calle sin salida y el caso cayó en el olvido de las autoridades.
Le llevó algunas horas de búsqueda pero encontró otro artículo, uno breve, que hablaba de un pleito en los Fenton y un hombre llamado Allan Hartwell.
-¡Bingo! –pensó Marty- Por fin alguna relación palpable entre ambas familias, además de la casa.
Al parecer el viejo de unos ochenta y pico años afirmaba que él era el verdadero propietario de la casa, cosa que no podía demostrar, y con esa idea se metió en tribunales contra los Fenton, intentando recuperar su casa. Marty supuso que la cosa había acabado mal para el viejo Allan.
Mientras el chico estaba leyendo esta información se le acercó uno de los empleados, avisándolo de que tenían que cerrar para comer, que más tarde se podía volver a pasar si deseaba seguir buscando cosas.
Marty asintió y dejó el lugar.

Decidió marcharse, antes de comer, a hacer tiempo al cementerio, a ver si encontraba alguno de los implicados...
Era un recinto no muy grande, cercado por una gruesa tapia. A la luz del sol los cementerios no impresionan absoluto, y uno tan pequeño que aquel... mucho menos.
Marty entró y se dirigió al guarda de la caseta.
-Disculpe –dijo con voz queda.
El hombre estaba sentado en un taburete, reclinado apoyándose en la pared, leía el periódico y tenía puesta la radio. Era un hombre delgado, de casi unos cincuenta años. Sus arrugas podían verse enmarcándole los ojos, lucía un espeso y grisáceo bigote que le tapaba casi todo el labio superior. Estaba muy enfrascado en su lectura y no había oído a Marty.
-Disculpe –insistió el chico.
El hombre soltó un carraspeo y se agitó en el taburete del sobresalto; dobló rápidamente el periódico, haciendo mucho ruido, y se puso de pie.
-En qué puedo ayudarte muchacho –preguntó el guarda.
-Bueno días –saludó educadamente-, ¿está enterrada en este cementerio la familia Hartwell?
El hombre no pudo reprimir su cara de asombro, la gente no solía preguntarle esas cosas... los familiares siempre sabían dónde estaban enterrados sus seres queridos. Así que el hombre desconfío.
-¿Qué te trae por aquí, jovencito? –preguntó el guarda.
-Vengo a visitar a un familiar.
-¿No debería un familiar saber dónde esta enterrada su familia? –preguntó agudamente el hombre, sin dejar de mirar las reacciones de Marty.
-Verá es que son unos tíos lejanos –se excusó el chico.
-Ah, entiendo... –dijo el hombre sin estar convencido.
Se levantó y fue hasta un armario, de dónde comenzó a mover trastos, haciendo bastante ruido. Al cabo del rato volvió con un grueso libro en las manos, lleno de polvo. Lo dejó sobre la mesa y lo abrió, empezó a pasar páginas y a mover el dedo con rapidez por encima de las mismas. Se detuvo en un trozo de la hoja.
-Aquí está –exclamó-. Cladros y Dorothy Hartwell. En la calle trece, es un pequeño mausoleo.
-Muchas gracias –dijo Marty sonriendo.
-Muchacho –le apremió el guarda-, cuidadito con lo que hacemos ¿eh?
Marty asintió y salió de la caseta.

El cementerio por dentro estaba bastante bien, una serie de caminitos que iba en todas direcciones. Desperdigados por las zonas verdes había cipreses y otros árboles.
El chico comenzó a caminar hasta la calle trece. La mayoría de tumbas que veía eran modestas, sepulcros de mármol elevados del suelo o simples placas situadas en el suelo. También había algún pequeño mausoleo, de estilo gótico, que destacaba sobre el resto como los rascacielos en un barrio de casas bajas.
La calle trece no era diferente, lápidas sencillas, placas en el suelo... y el mausoleo de los Hartwell, al final de la calle. Era todo de mármol, deslucido en parte por el paso de los años, pero igualmente bello. Un par de ángeles custodiaba la entrada.
Marty los observó desde abajo, tenían miradas distintas, el de la derecha lucía una expresión de compasión, casi triste, suplicante. En cambio el otro tenía una mueca de irá, de acusación, de notable enfado ante lo que estaba juzgando. El chico soltó un soplido por la intensidad de aquella cara y entró en el interior. No había puerta, el polvo, la tierra y algunas hojas secas se habían colado desde hacía tiempo y ahora el suelo se veía deslucido y sucio. Era un diminuto vestíbulo, en que podía leerse una placa de condolencia y recuerdo hacia la familia, escrita y firmada por el mismísimo Allan Hartwell, en memoria de sus padres. Por las fechas, la madre había muerto en el mismo año que él, quizá cuando nació, el padre murió mucho más tarde, cuando Allan tenía unos treinta. No ponía las causas, como es natural.
Al fondo había una verja. Marty se acercó y comprobó que detrás había unas escaleras que descendían, seguramente hasta dónde se hallaba el sepulcro.
El chico tiró de la verja, estaba cerrada con llave. Volvió sobre sus pasos y salió del mausoleo.

Abandonó el cementerio y fue hasta la plaza del pueblo en busca de algún bar o algún restaurante en el que llenar el estómago. No le costó mucho trabajo encontrar uno, y allí se quedó a comer.
El lugar era familiar y entrañable, comió de maravilla y se alegró por haber tenido tanta suerte al encontrar aquel lugar. Una vez terminado, después de pasar un buen rato descansando y leyendo el periódico, volvió a ir hacia la hemeroteca, dónde prosiguió con sus pesquisas.

Esta vez tenía toda la tarde hasta que cerraran así que se armó de paciencia y empezó a nadar entre la ingente cantidad de datos que aquella hemeroteca guardaba. Varias horas de búsqueda le llevaron a encontrar algunos datos interesantes.
Resultaba que la casa de los Hartwell había sido embargada por una serie de deudas, y cuando eso ocurrió el señor Cladros ya había muerto, por lo que todo había sido culpa de Allan. Por eso se marchó del pueblo y no volvió hasta varios años más tarde. Cuando encontró a los Fenton viviendo en su antigua casa, decidió hacer desaparecer todos los datos relacionados con el embargo y tratar de recuperarla por vía judicial. Pero le descubrieron y le metieron en la cárcel. Cuando salió ya se le perdió la pista, se cree que volvió a marcharse. Si todavía siguiese vivo tendría noventa y tres años. Por lo que sería poco más que un viejo decrépito e inofensivo. A Marty le parecía imposible que un anciano de noventa y dos años hubiera acabado con los Fenton, así que descartó esa posibilidad.
Nuevamente, no encontró ninguna relación con la familia de Hellen... ¿sabría ella toda la historia, y que la casa estaba deshabitada y por eso lo había llevado hasta ella para que la habitara?

Marty recogió sus cosas y se marchó a casa. Cuando salió de la hemeroteca eran ya más de las siete de la tarde y no faltaba mucho para que oscureciera.
Cogió su bici y comenzó a pedalear. En el camino, llegó a un punto en el que tenía que atravesar un puente de esos que cuelgan, de madera, ya lo había hecho las otras veces, pero esta vez observó que uno de los puntos de sujeción se había roto y el puente colgaba de una de las esquinas. Pensó que quizá sería peligroso cruzarlo pero... la verdad es que no veía ninguna otra forma de hacerlo, si se arriesgaba a dar un rodeo quizá se perdía, así que se armó de valor y empezó a cruzarlo con la bici al lado.
El puente crujía y las cuerdas, secadas por el sol, chasqueaban amenazando con romperse en cualquier momento. Marty miró abajo, un cauce de río seco, lleno de piedras.
-Mejor no caerme –pensó-, nadie sabe que estoy aquí y si me pasase algo seguro que la palmo aquí olvidado.
Acabó de cruzarlo finalmente y soltó un soplido de alivio. Volvió a subirse a la bici y acabó de hacer el camino hasta casa



Holas! la he escrito justo después de publicar la catorce, pero no era plan de publicarlas las dos seguidas... por eso he puesto que se publique hoy a las tantas, no es que sea tan friki (que lo soy, pero hoy no es el caso Muchas risas) de haberme quedado hasta las tantas escribiendo... Bueno, espero que guste, la historia puede ir poco a poco, y quizá no pasen grandes cosas, pero es que si quiero escribir algo largo tengo que ir desarrollando la historia poco a poco, no todo puede ser acción y muerte hacer pedazos. Bueno, besos!
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sábado, 25 de noviembre de 2006
Marty aparcó la bici en el porche y entró a la casa. Fue hasta la cocina y dejó la comida que había comprado sobre la mesa. Se llevó con él las otras cosas al piso de arriba y las fue dejando en sus correspondientes sitios. Dejó el dinero que le había sobrado dentro de la caja y se dirigió hasta la estantería para coger algún libro interesante. Los tomos que él y Hellen había traído de su piso estaban colocados de manera ordenada en los estantes. El chico paso el dedo por los lomos, indeciso, tratando de decidirse...
-El hechizo de los idiomas –se dijo a sí mismo finalmente-, es lo primero que tengo que aprender si quiero hacer algo...

Cogió el libro correspondiente y se lo llevó con él al piso de abajo. Lo dejó encima de la mesa del comedor y volvió a la cocina, dónde comenzó a prepararse algo de comer.
No tardo mucho, y después se puso a comer con afán. Durante la comida dudó sobre si ponerse a leer ahí mismo, pero decidió que mejor no por si acaso manchaba el viejo y valioso tomo con cualquier resto de comida. Al terminar, llevó los platos a la cocina y los puso en agua.
Regresó al comedor y se puso a leer el libro en el sofá. Estaba en un castellano un tanto difícil de seguir, antiguo. Cuando llevaba un par de páginas sus ojos empezaban a cerrarse. No sabía si era por efecto de la comida, por el hecho de estar haciendo la digestión ya que gran parte de su sangre estaba ahora en el estómago y se sentía bastante aturdido. Finalmente no pudo remediarlo y se quedó dormido.

Despertó en la habitación, en la que hacía unas horas se había mudado. Se levantó de la cama y fue hasta el escritorio, los libros de bachillerato seguían ahí encima, con el de química encima del resto.
-Mierda, mañana tengo un examen –pensó- y casi no he podido estudiar... ¿qué voy a hacer? No puedo volver a suspender. Papa me matará si lo hago.
Llevaba puesto el pijama, uno de color azul claro. Fue hasta el armario y comenzó a cambiarse.
-¡Joseph, vas a llegar tarde –se oyó una voz de mujer procedente del piso de abajo-, baja a desayunar!
-Ya voy mamá –chilló el chico.
Abrió la puerta del cuarto y todo estaba oscuro. No se veía nada en absoluto.
-¿Qué demonios...? –se preguntó.
Volvió a entrar en el cuarto y miró por la ventana. Tierra. No veía nada más, era como si la casa hubiera sido engullida por el suelo y todo fuese tierra a su alrededor.
-¿Mamá? –chilló el muchacho algo asustado- ¿Dónde estáis?
Volvió a cruzar su puerta. Todo estaba inundado por un fuerte olor a tierra húmeda. Dio unos pasos más allá, tenía miedo. Alzó los brazos a tientas, para intentar protegerse de cualquier cosa con la que pudiera chocar. La puerta se cerró a sus espaldas con un fuerte golpetazo. El chico botó del espanto y retrocedió rápidamente sus pasos. Dio el doble de pasos... no podía ser, la puerta ya no estaba. Comenzó a respirar agitadamente, a mirar en todas direcciones intentando atisbar la más mínima fuente de luz... Nada.
-¿Q... qué es todo esto? –masculló- ¿Qué está pasando?
No hubo respuesta alguna.
De pronto algo lo derribó. Cayó pesadamente sobre el suelo, pero estaba blando. Seguidamente comenzó a caerle tierra encima. El chico trato de incorporarse rápidamente, pero la tierra caía con fuerza y una y otra vez volvía a caer de espaldas.
-¡S...soco...rro! –trató de chillar mientras le entraba tierra en la boca.
No podía respirar. Se estaba ahogando. Abrió los ojos fuerza tratando de ver entre la tierra, intentó inspirar aire con fuerza, pero no logró nada. Empezó a perder el conocimiento y trató moverse por última vez agitándose violentamente.

Marty despertó súbitamente. Estaba muy desorientado. Giró ansiosamente la cabeza tratando de ver dónde estaba.
Estaba en la habitación de Joseph, sentado en el escritorio. La luz mortecina del sol se colaba por la ventana y lo bañaba todo con un tono rojizo. Era tarde, se había dormido en el sofá y se había despertado allí después de aquella horrible pesadilla.
Le dolían los dedos de la mano... se la llevó al pecho y asió el colgante con fuerza. No entendía nada. En el sueño él había sido Joseph Fenton, un día que tenía un examen de química...
-No puedo volver a suspender. Papa me matará si lo hago –recordó.
Marty se quedó pensativo, algo conmocionado por el recuerdo de su propio padre. O por la ausencia de recuerdo de su propio padre, mejor dicho. Nunca lo conoció. Les abandonó a él y a su madre cuando él era muy pequeño, su madre se lo contó, le había contado cosas horribles de él. Por lo que él sabía había sido mejor así.
No, no pensaba que Joseph hubiera suspendido el examen y que por ello su padre lo hubiera matado... claro que no, el muchacho solamente estaba usando una expresión típica. Pero... ¿qué le ocurrió? Sin duda algo terrible.
Marty miró el reloj. Las ocho. No le daba tiempo de ir al pueblo a mirar los archivos. Se enfadó consigo mismo por haberse dormido durante tanto rato. Aunque fue extraño, para él no había pasado tanto tiempo, realmente el sueño había sido muy corto.

La habitación estaba en penumbra, a esas horas el sol estaba a punto de extinguirse en el horizonte y su tenues y mortecinos rayos apenas podías traspasar la cortina de la ventana. Marty volvió a examinarse las manos.
Tenías los lados de los dedos enrojecidos y notaba un ligero dolor como de entumecimiento. Sin duda debía haber dormido en una mala posición sentado en el escritorio como había estado...
El chico se levantó y fue hasta el piso de abajo, al comedor. La sala estaba en silencio, ni el más mínimo ruido del exterior llegaba a sus oídos.
Encendió la luz de la mesita que había junto al sofá y se sentó en él para seguir leyendo el libro que antes le había hecho caer en ese profundo y noctámbulo sueño.
Las páginas del libro desprendían un olor rancio, y su color amarillento le hacía pensar que aquel libro debía de tener por lo menos cincuenta años. No tenía nada en la portada, era un tomo de finas tapas de cuero grisáceo. Por suerte para él, no era un manuscrito, aquel libro había sido mecanografiado, aunque el paso del tiempo había dado a algunos pasajes una borrosidad que rozaba la ilegibilidad. Marty tubo que esforzarse para no perderse entre aquella neblina de letras en la que se convertían alguna de las páginas.
Estuvo leyendo varias horas, perdió la noción del tiempo. La verdad es que se metió tan de lleno en su lectura e iba devorando tan ávidamente cada palabra que sus ojos captaban que cuando se quiso dar cuenta ya era de madrugada. A decir verdad se dio cuenta cuando su estómago rugió con fuerza. Entonces el muchacho se llevó la mano al vientre y miró el reloj.
-¡Las dos y cuarto! –se dijo realmente sorprendido- Joder, como puedo haber leído tanto.
Marty dejó el libro sobre la mesa, prácticamente se lo había terminado. Ya había comenzado a captar una idea superficial de en qué consistía el hechizo, pero estaba claro que tendría que volver a hacer una lectura en profundidad del texto. Se levantó y fue hasta la cocina a ver que podía picar para llenar el estómago.
De pronto se oyó un estrépito que venía de la cocina. El ruido duró un par de segundos, era metálico, como de un montón de piezas de metal chocando entre sí. Al oírlo corrió hacía allí.
El chico entró a toda prisa. La enorme cocina presentaba un aspecto totalmente estático, congelado. No se movía nada en absoluto y allí no había nadie más que él. Se acercó hasta la mesa central, dónde se preparaba la comida, y examinó la colección de ollas, cacerolas y sartenes que colgaban de múltiples ganchos que había en el techo; estaban totalmente quietas. Sin duda todos esos objetos podrían haber sido los responsables del alboroto... siempre y cuando alguien los moviese o un fuerte viento los agitase... Miró hacia la ventana, estaba cerrada.
Marty no cabía en su asombro, no entendía lo que acababa de pasar. ¿Otro suceso paranormal? Uno más a la lista... la verdad es que no sería el último que viese durante su estancia en aquella casa. Pero no quiero adelantarme, de momento dejemos que Marty siga a lo suyo, que se haga la cena.
El muchacho junto cuatro cosas que tenía en un armario, un poco de pan, y se hizo un modesto bocadillo que se comió allí mismo; de pie, pensativo, a la espera de que el suceso se volviera a repetir, esta vez, en su presencia.

-Bueno, ya es muy tarde –dijo en voz baja-, es hora de que me vaya a dormir... mañana será otro día. Además, el archivo me espera, tengo ganas de leerlo todo sobre esta casa.
Parecía tranquilo, despreocupado, ajeno a lo que acababa de ocurrir. Pero la verdad es que estaba inquieto, le preocupaba lo que estaba sucediendo... primero lo del sótano y ahora lo de la cocina. Después de haberse introducido en el oscuro y desconocido mundo de lo sobrenatural, de la mano de Hellen, empezaba a creer que no estaba sólo en aquella casa. Y una de dos: o aquella cosa quería comunicarse con él o su presencia era non grata. En cualquier caso no podía acabar de sacárselo de la cabeza y se temía que aquella noche no podría pegar ojo.
Subió hasta su nuevo cuarto y allí comenzó a repasar la colección de películas en DVD que había en la estantería. Le constó decidirse, la verdad es que había bastantes títulos que le gustaban mucho. Al final se decantó por ”Drácula, de Bram Stoker”, una película que ya había visto montones de veces pero que jamás le aburriría... era tan romántica, tan trágica... La verdad es que se planteó que quizá le gustaba tanto que no conseguiría dormirse... pero bueno, lo intentaría.
Lo preparó todo, puso la alarma del despertador que había sobre la mesita para las nueve de la mañana y después puso la peli dentro del DVD. Encendió la tele, preparó el canal en cuestión y se metió dentro de la cama, antes de apagar la luz.
La música comenzó a sonar... la cruz de piedra de alguna catedral perdida en las tierras del este de Europa se estampaba contra el suelo haciéndose añicos, justo antes de que el narrador comenzara a narrar la antigua historia de Vlad el empalador, el Conde Drácula. Marty estaba entusiasmado, hacía varios meses que no veía aquella película y tenía muchas ganas de ver al vampiro, su excentricidad en su apartado castillo de Transilvania, su adaptación a la vida del siglo XIX en las callejas londinenses...
Cuando ya llevaba un buen rato comenzó a adormilarse, se había amodorrado demasiado bien en la cama. Finalmente no pudo reprimir más el sueño y cayó presa de él.
Mientras Marty se introducía en los mundos del poderoso Hypnos, de fondo podía verse a una decrépita Lucy, agotada y exhausta. Postrada en la cama mientras el sabio y audaz, a la par que loco, profesor Van Helsing intentaba sacarla del sopor introduciéndole en su cuerpo la sangre de tres hombres adultos.
La película seguía surgiendo del pequeño televisor ajena a que nadie la estaba mirando. Cuando la película hubo terminado el DVD pasó a modo Standby y el televisor detectó que no había entrada de video por lo que en poco minutos se apagó sólo.

Marty se despertó en mitad de la noche, estaba todo oscuro. Tardó unos segundos en recordar dónde estaba. No estaba en su piso, estaba en una casa perdida en algún pueblo perdido. Se levantó. O lo intentó, porque casi inmediatamente se golpeó la cabeza con algo y volvió a caer de espaldas. Se hizo daño, no estaba en una cama, notaba la superficie dura y acababa de impactar contra ella. Trató de levantar los brazos y estos chocaron con algo. Comenzó a palpar a su alrededor. A escasos centímetros de su cuerpo había madera, a izquierda, a derecha, encima suyo, debajo...
Marty cayó en la cuenta de dónde se hallaba y comenzó a chillar presa del pánico. Intentó aporrear la supuesta tapa de la caja o el ataúd en el que estaba metido pero el recorrido que el brazo podía hacer era muy corto y casi no golpeaba con fuerza. Se agitó desesperado dentro del claustrofóbico habitáculo.
Un olor nauseabundo, de tierra húmeda mezclado con algo que se pudre, le llegó a la nariz. Le quemaba, aquel olor le estaba ardiendo en las fosas nasales y comenzó a colársele por la garganta hasta llegar a la boca. No pudo aguantar el asco y empezó a vomitar. Se giró como pudo en aquella caja y empezó a pringar todo el interior con sus apestosos vómitos, recuerdos de un bocadillo que se había comido hacia algunas horas.
Se llevó las manos a la cabeza, empezó a llorar y a chillar, aporreando las paredes de madera con los codos. Nadie podía oírle. Estaba histérico, el dolor en los brazos no le detenía, se convulsionaba como alguien a quien estaban torturando. Empezó a sentir que le faltaba el aire, intentaba respirar angustiado pero no captaba más que la nueva mezcla de olores a tierra, podrido y vómito. Notaba que se estaba asfixiando. Poco a poco fue perdiendo las fuerzas y finalmente perdió el conocimiento.



Finalmente he publicado una nueva parte... Llorica Lo siento mucho, de verdad... es que últimamente no tenía ninguna gana de escribir, pero después de publicar lo de Acrias y Dominic me dije: "¿oye, como puedes escribir algo nuevo y no preocuparte por Marty y por Hellen?" así que hoy me he puesto a escribir y finalmente esta hecho. Tengo muchisimas ideas de como va a seguir la historia... y solamente de pensar todo lo que tengo que escribir de Hellen por separado... esta historia va para largo ^^. Bueno, espero que os guste, supongo que no tardaré en continuarla.
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martes, 21 de noviembre de 2006
El joven se sentó en su escritorio, dispuesto a escribir algo de provecho. Era una mesa de madera de pino, fabricada en serie; hoy en día son pocos los productos que realmente están hechos de manera artesanal, y ese no era uno de ellos.
El muchacho sacó unas cuartillas de uno de los cajones y cogió un bolígrafo de un bote que había junto a él.
Se lo llevó a los labios y miró pensativo la llama de la vela que estaba encendida a su izquierda. No sabía sobre lo que escribir, quería que fuera algo entretenido y apasionante, pero no se le llegaba a ocurrir nada concreto.
Se oyeron unos pasos a sus espaldas, un sonoro repicar sobre el suelo de madera. Se dio la vuelta y allí estaba él, detenido en el marco de la puerta, bajo el umbral.
No alcanzaba a verle la cara con claridad, una mancha negra, provocada por haber estado mirando la llama, le taba justo allí dónde él intentaba centrar la vista.
Poco a poco el efecto fue desapareciendo.

-Así que pretendes escribir algo, ¿eh? –le interrogó el otro desde dónde estaba apoyado.
El desalentado escritor no se inmutó, simplemente se limitó a observar a su nuevo invitado.
-¿Qué te parece si escribes sobre algo horrible, alguna tragedia...? –sugirió mientras comenzó a caminar hacia el escritorio- Me gustaría poder leer algo realmente horrendo, alguna historia cruel, algo que haga poner los pelos de punta.
-Eres un sádico –espetó al fin el escritor-, lo sabes ¿no?
-Oh, ya lo creo –se regocijó con una amplia y fría sonrisa-. Sí, no hay nada como un poco de sufrimiento para pasar bien el rato.
-Estas loco... –le disculpó.
-¿Puedo estarlo?
-Claro que sí, de hecho lo estás. A veces no sólo me exasperas... a veces incluso me repugnas.
El extraño muchacho de ropas oscuras estalló en carcajadas. La camisa negra que llevaba se movía violentamente sobre su pecho y no pudo evitar llevarse la mano a la cara para taparse la boca.
-¡Qué gracioso! –le felicitó irónicamente- En serio, yo no te estoy inspirando para la comedia, por lo que debe ser mérito tuyo... porque aquí no veo a ningún “muso” más.
-Se dice “musa” –le corrigió el escritor, francamente molesto.
-Eso es lo de menos –se excusó con tono burlón-. ¡Yo me puedo llamar como quiera!
-Pues yo te llamaré musa las veces que me de la gana, no me gusta inventarme palabras.
La musa se acercó hasta el chico y se puso junto a él, le agarró por los hombros y le masajeó suavemente.
-En ese caso prefiero que me llames Acrias –le dijo suavemente.
El contacto le resultó extraño, sus manos estaban heladas, podía notarlas muy frías a través del grueso jersey que llevaba puesto. A punto estuvo de quitárselas de encima, pero se lo pensó mejor.
-Acrias... –repitió en susurros.
-Así es, no significa nada especial, pero al menos es mejor que musa, mucho mejor –el ser quitó las manos del escritor y pasó a su lado derecho. Se agachó hasta ponerse a su altura-. Bien, ¿me vas a hacer caso? ¿Vas a escribir alguna historia cruel?
-No sé, sinceramente, me has quitado las ganas de escribir –dijo molesto el chico, dejando caer el bolígrafo sobre la mesa con desgana-. ¿No serás una “anti-musa”? –preguntó riendo socarronamente.
Acrias le dirigió una mirada de enojo, cargada de ira.
-¡Mira chaval –dijo con una voz ronca y fuerte-, no me tientes! Podría inspirarte de tal manera que morirías de inanición por culpa de no poder hacer otra cosa que no fuese escribir día y noche. Así que no te atrevas a volver a poner en duda mis poderes.

El chico enmudeció, ahogando su risa. ¿Sería eso cierto? ¿Aquella estrafalaria criatura tenía ese poder? De ser así... que miedo, seguramente lo que quería era aprovecharse de él, usarlo para poder expresar todo ese don que él no podía explotar. Hay algunas musas, y seguro que este es su caso, que se frustran después de siglos de inspirar genios, de ver como esos artistas a los que ayudan son vanagloriados y recordados hasta la saciedad. En cambio ellas no se llevan ningún mérito. Sí, seguro que Acrias era una musa frustrada, harta de no poder escribir nada con talento, y sin embargo poder hacer que los demás lo hagan.
Y el joven Dominic era una futura promesa de la literatura, estaba llamado a ser un gran escritor, los pocos relatos que había escrito hasta ahora habían maravillado a todos aquellos que habían tenido la suerte de poder posar su mirada sobre ellos.

Dominic ya conocía a su musa. A Acrias, o como quisiera que se llamase, la verdad es que cada dos poco días le estaba diciendo que se llamaba de una manera distinta...Acrias, Télard, Merton, Agniet, Kálceos... tantos y tantos nombres ya había perdido la cuenta, ojalá hubiera podido llamarlo simplemente Musa, pero es que éste se enfadaba muchísimo cada vez que alguien se refería a él por ese nombre.
En cualquier caso Dominic lidiaba con él, hasta ahora era la única musa que había conocido –si es que alguna vez los artistas llegan a conocer a sus musas- y no podía quejarse. Acrias era un poco pesado sobre hacerlo escribir historias de terror, cuentos desagradables o narraciones llenas de muerte y desgracia, pero si Stephen King había triunfado escribiendo esas cosas... ¿por qué él no iba a poder? Quién sabe, quizá su musa no era capaz de inspirar para otros temas...

Así que Dominic respiró profundamente y volvió a coger el bolígrafo.
-Está bien Acrias –le dijo el chico mientras lo miraba sonriendo-, perdona por la broma. Dime tus ideas.
La musa sonrió encantada, dio una vuelta alrededor del escritorio y se paró en el lado izquierdo del joven.
-He pensado que podrías escribir sobre un hombre al que le gusta hacer magia negra, se dedica a raptar niños en las noches de Halloween para preparar su rituales, pociones, ungüentos y otras guarradas del estilo.
-Sigue...
-Pero un día se enamora de la madre de una de las niñas a las que raptó y asesino.
-Joder, que raro.
-Sí, pues bien, desde ese día se intenta hacer pasar por una persona normal e intenta ligarse a la madre.
-¿Y al final lo consigue?
-Pues sí, eso es lo mejor –dijo entusiasmado Acrias-. Imagínalo, se casa con la mujer y ella se queda embarazada. Pero lo más fuerte es que el cuerpo del feto es poseído por el espíritu de la hermana asesinada que volverá a nacer buscando venganza al crecer.
-Vaya, es un poco rebuscado, ¿no crees?
-¿Sí? ¿Dónde crees que debería haberlo dejado?
-Buf... no se, toda la historia me parece poco creíble.
-Bien, ¿y qué te parece si escribes la historia de un “sacamanetecas”? Lo que él siente, lo que le motiva a cometer los crímenes, lo que experimenta cuando los lleva a cabo... todas esas cosas.
Dominic se quedó pensativo unos segundos, con la mano en la barbilla.
-Sí, eso ya podría ser algo más interesante, pero será horrible.
-¡Eso espero! -exclamó Acrias frotándose las manos exageradamente.
A lo que el muchacho no pudo reprimir una risilla.
-Bueno, pues manos a la obra –le indicó la musa.
Dominic se acomodó en la silla y comenzó a escribir algunos nombres para los personajes, así como detalles de los mismos, descripciones, posibles detalles de la trama...



La verdad es que me he sentado a escribir una líneas en plan para recordar un poco como es eso de escribir una narración pero al final he ido pensando en una posible historia y esto es lo que ha empezado a salir... Dominic y su muso (Muchas risas) Acrias... bueno, a ver que tal va.
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lunes, 20 de noviembre de 2006
¿Qué sentido tiene el uso de la palabra "amistad"? ¿Qué es lo que significa y lo que se activa en nuestra cabeza cuando le decimos a alguien “amigo”? Regresamos a las reflexiones de cafetería, a las mañanas tempranas con un café sobre la mesa, a los, quizá, divagares de sinsentidos que a nadie pueden ya interesar.
“Amigo”, una palabra tan antigua como mal utilizada, harto prostituida hasta convertirla en un uso común equiparable al de “conocido” o “colega”. Pero reflexionemos... ¿Qué es lo que se espera de un amigo? ¿Qué características deberían definirlo?

¿Lealtad? Creo que esta está clara, no se puede esperar de un amigo que nos traicione. ¿A qué necio podría esto darle igual? Uno espera que sea incondicional en su ayuda, que se mantenga fiel a nuestra persona.
¿Respeto? Hay amistades y amistades, tantos, quizá, como estrellas hay en el cielo. ¿Podría uno ser amigo de alguien que no le respete? Se que el ser humano en su afán por conseguir aceptación y cariño permite muchos abusos, sobre su persona incluso. El caso es que una buena amistad debería suponer respeto por parte de ambos, distinguiendo claramente la personalidad, los valores, creencias, etc. del otro y aceptarlas.
¿Cariño? Dudo. No sé si realmente debería considerar amistad a una relación en la que no haya cariño. Muchas son las veces en las que en mi cabeza se aparece la típica relación de pupilaje, de maestro y discípulo. ¿Es eso una amistad? ¿Se esconde cariño entremezclado con la admiración en ese aprendizaje? ¿Se puede ser amigo de alguien sin quererlo lo más mínimo, sin preocuparse por su suerte o estado? Me afirmo, debe haber cariño hacia un amigo, al igual que debe haber admiración en una buena relación maestro-discípulo (eso ya es otro tema).
¿Confianza? Muy relacionada con “lealtad”. No ha de tener espalda, y sería bueno que uno tampoco la tuviera para con el susodicho. Es difícil pero ese sería el ideal, que cualquier cosa que concerniese a la salud (física o mental) del otro fuera sabida (y léase “salud mental” como muy amplio, por ejemplo todas las relaciones sociales que puedan afectar a la persona podría poner en entredicho su salud mental). Después de eso, la confidencialidad ya se da por hecha, se supone de base.

¿Qué más le pido a un amigo? Creo que nada más, pero seguro que hay algo que se me escapa... pero quería publicar esto de una vez, hace un par de días que lo tengo en el tintero. Que nadie que me conozca se ponga ahora a analizar si entre nosotros dos existen todas estas cosas... porque opino que en la amistad también habría grados... o cierta intensidad de la amistad, hay personas a las que considero amigas pero realmente no lo saben todo de mí, aunque sean cosas que puedan afectar a mi salud (sobretodo psicológica). No, no pongas el grito en el cielo si te has dado por aludido/a, simplemente es porque considero que no necesitas saberlo, que no preciso tu ayuda para solucionar el problema o que no cambiará nada el que lo sepas.

Otro asunto sobre el que reflexionar sería el de la “mortalidad” de las amistades. ¿De veras piensas que seremos amigos eternamente? (hasta que la muerte te o me lleve) Espero que no... no seas iluso. Pero si mientras repasábamos la lista has ido asintiendo o viendo que contigo se cumple... no te preocupes, como mínimo te aseguro que si nuestros caminos se separan el día que nos volvamos a encontrar al menos sentiré algo especial por ti, y seguramente la cosa vuelva a retomarse fácilmente.
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viernes, 17 de noviembre de 2006
Frente al primer espejo

-Lo he pensado, han pasado casi siete meses.
-Has tardado un poco, ¿no crees?
-Es obvio que no he estado cada día desde entonces pensándolo, a decir verdad... quizá hasta hace unas pocas semanas no había pensado en ello.
-Bien, dime, ¿qué has pensado?
-Te doy la razón, creo que lo mejor es volver a la encrucijada y probar por el otro camino.
-¡Bien dicho! ¿Entonces ya no piensas que es involucionar?
-Bueno, se supone que todo retorno a un punto anterior es una involución pero quizá sería mejor llamarlo una corrección.
-Sí, tienes razón. Además, suena mejor.
-Pero no sé... es un poco difícil encajar siendo así ¿no crees?
-¿Te suena la descripción “hombre corriente”?
-Claro, es lo que Lestat usó para llamar a una de las encarnaciones de Memnoch, aquella que tenía el aspecto de una persona cualquiera, una cara más en la multitud.
-¡Yeah! Veo que tiene buena memoria.
-Gracias.
-Pues usa la piel de “hombre corriente”, vístete con ella, úsala para integrarte en la multitud.
-Entonces, si hago eso... ya no es regresar a un punto anterior, es mejorar un punto anterior, y sobretodo el actual...
-Exacto.
-Evolucionando, sí, ¡una evolución a algo mejor en toda regla! ¿Seré así feliz?
-Habremos de probar, ¿verdad?
-¡Probemos, pues!

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Ayer terminé el libro de Pandora, y no podéis imaginar lo mucho que me arrepiento... Ojalá hubiera podido dejar en suspenso ese momento en el que el libro me parecía excepcional, en el que amaba las palabras que leía y al personaje de Pandora. Sin embargo no fue así pues yo no podía prever ese terrible acontecer... Llegó un punto, hacía las treinta páginas finales, en las que el libro se convirtió en algo pesado, agotador y tedioso que me hizo perder todo encanto y amor. Esas últimas páginas me envolvieron en un mal cuerpo terrible, me dejaron un estado de total desconcierto, de incredulidad ante la idea de que Anne Rice hubiera colmado mi cabeza con esa sarta de explicaciones estúpidas sobre el devenir de Roma y/o Antioquia desde que Pandora abandonó a Marius hasta que volvió a situarse en el momento presente en el que escribía el libro para David.

En serio, que mala sensación me dejó, se sumó a alguna extraña inquietud que me ocupaba en esos momentos y se convirtió en una vorágine de desgana, decepción y apatía. Hoy ya no pienso en ello, en el libro, pero todavía tengo que enfrentarme a las consecuencias y daños colaterales que me provocó... Espero deshacer esos entuertos pronto, que todo vuelva a la adorada normalidad que tan feliz me había tenido hasta momentos antes de enfrascarme en la ingenua y esperanzada tarea de terminar ese libro que hasta entonces había sido exquisito.

Pandora, tu nombre es para mí hastío y dolor, lo siento, no te amo, no puedo amarte, me has dañado como ninguno de los tuyos me ha herido, ni tan sólo Louis (en sus arrebatos de patética e infantil moralidad) provocó en mí el rechazo que ahora te tengo.
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miércoles, 15 de noviembre de 2006
Holas! Que tal?? Hoy he visto “La matanzas de Texas: el origen” y la verdad es que era bastante flojilla... a ver, que sí, que hay muerte y todo el rollo (a ver que cuente... 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8), sí, en total mueren 8 personas... que tampoco es para tanto, pero es un número elevadillo. El caso es que la peli me ha parecido lo de siempre, un mata-mata sin crear tampoco demasiada tensión en el espectador. Es cierto que se cuenta ligeramente el origen del Leatherface pero... aún así la peli no vale mucho. Bueno, espero que cuando vea “Saw3” encuentre en ella lo que buscaba en esta... una buena película.

Ya casi he terminado “Pandora” :P me faltan menos de 60páginas... sí me pongo muy friki me lo termino hoy (lo que supondría de pasar de la gente del messenger y el pegarme un intensivo porque hoy ya llevo unas cuantas...).
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domingo, 12 de noviembre de 2006
Ayer compré "Pandora", de Anne Rice, otro de los libros de "Las nuevas historias de los vampiros" que narra la vida y no-vida de un personaje secundario de las "Crónicas vampíricas", en este caso Pandora. De momento llevo al más de 70 páginas y tiene muy buena pinta, no creo que tarde mucho en terminarlo porque tiene menos de trescientas páginas Amor.

Así que una vez termine este libro quizá me pueda poner a terminar de leer el ya interminable "Fausto" Llorica del cual llevo 316de430, así que con un mínimo esfuerzo ya lo termino, además ahora ya volvía a parecer Fausto en escena, es que pasé casi un centenar de páginas en las que éste no aparecía y solamente ocupaban la acción una ordalía de cansinos personajes mitólogicos que sólo se dedicaban a aburrirme con sus estupideces (muy mal Goethe, muy mal!). Y después de eso a ver si consigo de una vez "Armand el vampiro" en la edición que a mí me gusta porque la que tengo de tapa dura me resulta muy incómoda de leer (pero lo tengo empezado eh! Dioses... si es que ni para leer libros soy constante). El caso es que necesitaba leer a Anne Rice y cuando ayer fui a comprar y no encontré el de Armand... pues me decidí a coger el de Pandora porque al ser cortito puedo leerlo en pocos días y así calmar mi sed de las palabras y el estilo de la señorita Rice (ya sobradamente señora de 65 años!).

Bueno, os dejo ya ^^ e intentaré estar más por la página porque, como el hermano de mi cuñado (Ruben) me advirtió, estoy dejando demasiado de lado todo esto...
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viernes, 10 de noviembre de 2006
Holas! hoy estaba en la uni y entonces he recibido un mensaje de mi hermana: que si quería ir a tomar un café con ella y a dar una vuelta.
Yo al principio pensaba que se había equivocado pero finalmente no ^^ así que esta tarde hemos ido por ahí. Pues luego me ha llamado y me ha dicho que en Tiana iba a estar el Ismael Prados dando una charla que si quería ir... y yo ^^ claro!

Pues hemos ido y lo hemos pasado genial, me he llevado el libro de cocina que tengo de él y me lo ha firmado :P Tambien nos hemos hecho una foto con él.

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Es un tío muy simpático, la verdad ^^. Nos hemos reído mucho con la gente que había allí, cada friki... había unos padres con un niño que no paraba de hacer preguntas... que pesao, incluso su padre le ha tenido que decir que no dijera más preguntas
Muchas risas.

Pues eso, que ha estado bien la cosa ^^
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jueves, 09 de noviembre de 2006
Buenas, mañana ya es viernes ^^ y toda descansar del ajetreo (¿?) de la semana. Ayer llamé al Decathlon después de que hubiera pasado un mes desde que encargué la ropa de Kung fu (Joder macho, con que parsimonia se toman las cosas...). Y resulta que ya lo tenían en almacén x2 (esto si que ya es la polla... por qué no me llaman si tienen mi número y habíamos quedado así). En cualquier caso hoy he ido a recogerlo y... sorpresa! Me viene un poco grande (¿un poco? Soy demasiado bondadoso, o soy ciego...) porque resulta que las tallan van por la altura (sí, mira, esas cosas maravillosas que se les ocurre a algunos) y resulta que van de 10cm en 10cm, 150, 160, 170, 180... y claro, yo que tengo la mala suerte de medir poco más de metro setenta (creo que 172 o por ahí) pues... me jodo. Porque es 100% algodón y algo siempre encoge, y claro si parto de la base de que lo pillo de 170 y ya me viene justo... pues tras lavarlo se me queda corto. ¿Qué pasa? Pues que lo pillo de 180, no hay otra... y claro, ahí ya me sobran 7 u 8cm... así que la esperanza en que ahora al lavarlo encoja a saco (que ingenuo Muchas risas) y se me quede del tamaño perfecto... Aunque me conformo con que me quede mínimamente bien. Pero en realidad no hay problema porque lo que usaré sobretodo es el pantalón (para defensa personal) y eso se puede arreglar los bajos, así que “cap problema” (ningún problema, para los no-catalanes).

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En resumen, ha sido una buena compra! ^^
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martes, 07 de noviembre de 2006
Qué putada! Ayer estaba escribiendo un post después de varios días, además la verdad es que estaba orgulloso de cómo me estaba quedando... y cuando llevo unas doce líneas... PUM! Se va la luz! Y yo que me cago en todo! Joder, menudo cabreo que me cogió porque encima puesto a bajar varias pelis y cuando se va la luz a veces no se guarda lo que has puesto a bajar y no tenía ganas de volver a poner (las pelis en cuestión son: la matanzas del texas el origen; copying beethoven y una peli en plan hostel creo...). Así que decidí no volverlo a escribir porque jamás de los jamases me hubiera quedado tal y como lo estaba escribiendo.

Y ahora (cuando he escrito esto en papel) estoy en la cafetería de la facultad, habíamos quedado a las 9 para hacer un trabajo de psico de la educación y son las 9:30 y aquí no hay ni Cristo! Menuda manada de impresentables... con lo que yo odio que la gente sea impuntual! Como hayan cancelado la quedad y no me hayan avisado te juro que me pienso cagar en ellos.

Vi dos pelis este fin de semana: “AB-normal beauty” (china) y “The red shoes” (surcoreana), ambas estaban bien, aunque tampoco son nada realmente destacable. La peli china me dejo un poco trastornado por la dureza de las perversiones que muestra y la segunda me gustó mucho la fotografía y la música, aunque la historia tambien pero era un poco liosa y no acababa de quedar clara.

Todavía tengo por ver algunas pelis asiáticas como “Into the mirror” o “Arang” (creo que ambas son surcoreanas) y ayer empecé a ver la primera (cuyo prota es el co-prota de “Old Boy”) pero la quité enseguida porque tenía que hacer otras cosas.

Bueno, voy a ver si hago alguna otra cosa y a ver si aparece alguno de mis compañeros de grupo... ¡Qué cruz!

Additional strike
He vuelto a casa hace un rato y ahora estaba pasando esto que he copiado por la mañana. Hoy me he quedado a comer en la uni y estado un rato por ahí hablando. Y ahora no sé si me pondré a ver la susodicha peli de “Into the mirror”... no sé, ya veré.
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jueves, 02 de noviembre de 2006
Así es, amigos míos, no penséis que os he abandonado, que he abandonado mi página, porque no es cierto. Lo único cierto es que últimamente no he tenido el ánimo como yo lo desearía y antes de eso tuve un viaje así que estuve fuera de casa, con el consiguiente pre y post que conlleva. Pero ahora no tenéis por qué preocuparos más, no tenéis que volver a cargar mi página esperando ver algo nuevo para después volver a cerrarla indignados porque todavía no he colgado nada.

El viaje en cuestión fue a Sevilla, fueron pocos días, del miércoles al viernes y fui en avión con tres compañeras de la uni. El motivo del viaje era asistir a un simposium de Psicópatas, Asesinos en serie y Conducta antisocial. Sólo he de decir que fue genial, que lo pasé de maravilla con ellas y que las conferencias fueron muy enriquecedoras. De momento no me apetece relatar nada más, la verdad es que estoy escribiendo esto obligado por mí mismo (Así es, capullo, escribe o te atravieso el cuello como a un pollo... ya sabes: has tenido abandonados a tus lectores y esto no puede seguir así). En principio me llevé el diario de viaje para escribir todo lo que hiciese (como en la Iruela), pero a diferencia de allí esta vez no escribí nada, solamente aquí en mi casa la madrugada que me marchaba... así que es tan patético que no voy a colgar esas pocas líneas. Intentaré explicar más cosillas en otro momento.

Tengo que comprar en la Fnac el libro de Armand el Vampiro... tengo que proseguir con las crónicas vampíricas aunque ya no salga Lestat como prota... pero es que la edición que tengo es demasiado incómoda para leer, tengo que conseguir la otra, la de ZT. Además, necesito leer a Anne Rice para volver a sentirme bien, lo noto, se que cuando lo haga todo volverá a la normalidad. (Joder, macho, pero que friki que eres...)

Bueno, chicos y chicas, os dejo ya. Este sábado me voy a Port Aventura Muchas risas yeah!!! Fiesta fiesta y desfase desfase! A ver si me pongo cerdo en el Huracán Cóndor que tengo ganas de una sobredosis de adrenalina xD.

Cuidaos!
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