El joven se sentó en su escritorio, dispuesto a escribir algo de provecho. Era una mesa de madera de pino, fabricada en serie; hoy en día son pocos los productos que realmente están hechos de manera artesanal, y ese no era uno de ellos.
El muchacho sacó unas cuartillas de uno de los cajones y cogió un bolígrafo de un bote que había junto a él.
Se lo llevó a los labios y miró pensativo la llama de la vela que estaba encendida a su izquierda. No sabía sobre lo que escribir, quería que fuera algo entretenido y apasionante, pero no se le llegaba a ocurrir nada concreto.
Se oyeron unos pasos a sus espaldas, un sonoro repicar sobre el suelo de madera. Se dio la vuelta y allí estaba él, detenido en el marco de la puerta, bajo el umbral.
No alcanzaba a verle la cara con claridad, una mancha negra, provocada por haber estado mirando la llama, le taba justo allí dónde él intentaba centrar la vista.
Poco a poco el efecto fue desapareciendo.
-Así que pretendes escribir algo, ¿eh? –le interrogó el otro desde dónde estaba apoyado.
El desalentado escritor no se inmutó, simplemente se limitó a observar a su nuevo invitado.
-¿Qué te parece si escribes sobre algo horrible, alguna tragedia...? –sugirió mientras comenzó a caminar hacia el escritorio- Me gustaría poder leer algo realmente horrendo, alguna historia cruel, algo que haga poner los pelos de punta.
-Eres un sádico –espetó al fin el escritor-, lo sabes ¿no?
-Oh, ya lo creo –se regocijó con una amplia y fría sonrisa-. Sí, no hay nada como un poco de sufrimiento para pasar bien el rato.
-Estas loco... –le disculpó.
-¿Puedo estarlo?
-Claro que sí, de hecho lo estás. A veces no sólo me exasperas... a veces incluso me repugnas.
El extraño muchacho de ropas oscuras estalló en carcajadas. La camisa negra que llevaba se movía violentamente sobre su pecho y no pudo evitar llevarse la mano a la cara para taparse la boca.
-¡Qué gracioso! –le felicitó irónicamente- En serio, yo no te estoy inspirando para la comedia, por lo que debe ser mérito tuyo... porque aquí no veo a ningún “muso” más.
-Se dice “musa” –le corrigió el escritor, francamente molesto.
-Eso es lo de menos –se excusó con tono burlón-. ¡Yo me puedo llamar como quiera!
-Pues yo te llamaré musa las veces que me de la gana, no me gusta inventarme palabras.
La musa se acercó hasta el chico y se puso junto a él, le agarró por los hombros y le masajeó suavemente.
-En ese caso prefiero que me llames Acrias –le dijo suavemente.
El contacto le resultó extraño, sus manos estaban heladas, podía notarlas muy frías a través del grueso jersey que llevaba puesto. A punto estuvo de quitárselas de encima, pero se lo pensó mejor.
-Acrias... –repitió en susurros.
-Así es, no significa nada especial, pero al menos es mejor que musa, mucho mejor –el ser quitó las manos del escritor y pasó a su lado derecho. Se agachó hasta ponerse a su altura-. Bien, ¿me vas a hacer caso? ¿Vas a escribir alguna historia cruel?
-No sé, sinceramente, me has quitado las ganas de escribir –dijo molesto el chico, dejando caer el bolígrafo sobre la mesa con desgana-. ¿No serás una “anti-musa”? –preguntó riendo socarronamente.
Acrias le dirigió una mirada de enojo, cargada de ira.
-¡Mira chaval –dijo con una voz ronca y fuerte-, no me tientes! Podría inspirarte de tal manera que morirías de inanición por culpa de no poder hacer otra cosa que no fuese escribir día y noche. Así que no te atrevas a volver a poner en duda mis poderes.
El chico enmudeció, ahogando su risa. ¿Sería eso cierto? ¿Aquella estrafalaria criatura tenía ese poder? De ser así... que miedo, seguramente lo que quería era aprovecharse de él, usarlo para poder expresar todo ese don que él no podía explotar. Hay algunas musas, y seguro que este es su caso, que se frustran después de siglos de inspirar genios, de ver como esos artistas a los que ayudan son vanagloriados y recordados hasta la saciedad. En cambio ellas no se llevan ningún mérito. Sí, seguro que Acrias era una musa frustrada, harta de no poder escribir nada con talento, y sin embargo poder hacer que los demás lo hagan.
Y el joven Dominic era una futura promesa de la literatura, estaba llamado a ser un gran escritor, los pocos relatos que había escrito hasta ahora habían maravillado a todos aquellos que habían tenido la suerte de poder posar su mirada sobre ellos.
Dominic ya conocía a su musa. A Acrias, o como quisiera que se llamase, la verdad es que cada dos poco días le estaba diciendo que se llamaba de una manera distinta...Acrias, Télard, Merton, Agniet, Kálceos... tantos y tantos nombres ya había perdido la cuenta, ojalá hubiera podido llamarlo simplemente Musa, pero es que éste se enfadaba muchísimo cada vez que alguien se refería a él por ese nombre.
En cualquier caso Dominic lidiaba con él, hasta ahora era la única musa que había conocido –si es que alguna vez los artistas llegan a conocer a sus musas- y no podía quejarse. Acrias era un poco pesado sobre hacerlo escribir historias de terror, cuentos desagradables o narraciones llenas de muerte y desgracia, pero si Stephen King había triunfado escribiendo esas cosas... ¿por qué él no iba a poder? Quién sabe, quizá su musa no era capaz de inspirar para otros temas...
Así que Dominic respiró profundamente y volvió a coger el bolígrafo.
-Está bien Acrias –le dijo el chico mientras lo miraba sonriendo-, perdona por la broma. Dime tus ideas.
La musa sonrió encantada, dio una vuelta alrededor del escritorio y se paró en el lado izquierdo del joven.
-He pensado que podrías escribir sobre un hombre al que le gusta hacer magia negra, se dedica a raptar niños en las noches de Halloween para preparar su rituales, pociones, ungüentos y otras guarradas del estilo.
-Sigue...
-Pero un día se enamora de la madre de una de las niñas a las que raptó y asesino.
-Joder, que raro.
-Sí, pues bien, desde ese día se intenta hacer pasar por una persona normal e intenta ligarse a la madre.
-¿Y al final lo consigue?
-Pues sí, eso es lo mejor –dijo entusiasmado Acrias-. Imagínalo, se casa con la mujer y ella se queda embarazada. Pero lo más fuerte es que el cuerpo del feto es poseído por el espíritu de la hermana asesinada que volverá a nacer buscando venganza al crecer.
-Vaya, es un poco rebuscado, ¿no crees?
-¿Sí? ¿Dónde crees que debería haberlo dejado?
-Buf... no se, toda la historia me parece poco creíble.
-Bien, ¿y qué te parece si escribes la historia de un “sacamanetecas”? Lo que él siente, lo que le motiva a cometer los crímenes, lo que experimenta cuando los lleva a cabo... todas esas cosas.
Dominic se quedó pensativo unos segundos, con la mano en la barbilla.
-Sí, eso ya podría ser algo más interesante, pero será horrible.
-¡Eso espero! -exclamó Acrias frotándose las manos exageradamente.
A lo que el muchacho no pudo reprimir una risilla.
-Bueno, pues manos a la obra –le indicó la musa.
Dominic se acomodó en la silla y comenzó a escribir algunos nombres para los personajes, así como detalles de los mismos, descripciones, posibles detalles de la trama...
La verdad es que me he sentado a escribir una líneas en plan para recordar un poco como es eso de escribir una narración pero al final he ido pensando en una posible historia y esto es lo que ha empezado a salir... Dominic y su muso (
) Acrias... bueno, a ver que tal va.