lunes, 23 de octubre de 2006
Desde hace ya varias semanas vengo sintiendo que algo nos observa, que enormes fuerzas están tras nuestros pasos. Supongo que una vez se te enciende la lucecita o cuando ese click salta en tu cabeza... ya no hay vuelta atrás. Como mucho puedes encerrarlo en tu cabeza y tratar de no pensar en ello, pero supongo que tarde o temprano vuelves a caer en ello, vuelven a asaltarte todos esos pensamientos más o menos oscuros.

Me refiero, está claro, al ocultismo, a todo aquello que se afirma sólo en privado, entre amigos, y de lo cual se reniega en público con tal de no pasar como loco o estúpido. Sobre esos temas vuelvo a reflexionar desde entonces y aunque no me obsesionan sí los tengo presentes. Y aludiendo al título del post, pienso sobre si realmente debería eliminar la sección “Cartas desde el abismo” (algo abandonada desde hace tiempo) y relatar esos sucesos en diario personal; ya que aunque sí que es cierto que me refiero a ellos extremando un poco la fantasía y estirando de las puntas del horror, también lo es el que la idea principal, el hilo conductor, que contienen ocurrió de verdad y está basado en la realidad.

Os recomiendo que os bajéis del emule los recopilatorios (en .rar o .zip) de los programas de radio de milenio 3, para ir haciendo boca de todo lo que es esta otra cara de la realidad que no debería pasarnos inadvertida. Procurad observar el mundo desde otra óptica, desde el cristal oscuro, dejaos seducir por todo ese misterio que tanto se empeñan en hacernos olvidar, en negarlo categóricamente... Claro, somos tan racionales...

Saludos y mantened los ojos abiertos ;)
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lunes, 16 de octubre de 2006
xD! Así de simpáticamente empiezo este post, con un título amigable Muchas risas.

Esta mañana he tenido una buena dosis de subnormales... primero a sido en la biblioteca, dónde una pava que trabaja ahí me a tocado la moral... (ya hay antecedentes con esta tiparraca, pero no vienen al caso, sólo saber que yo ya la tenía cruzada).
La cuestión es que íbamos Nuria y yo y como ella tiene que salir por la planta de arriba porque en silla de ruedas usamos la salida de incendios de arriba que solo se puede abrir por dentro con una de esas barras largas que se bajan. Allí no había nadie y yo voy y abro la puerta, la aguanto y después de que pase mi amiga la cierro tras mis pasos para que nadie más la use (lo lógico). A eso que aparece la individua esa por el ascensor, con un carrito de estantes, nos ve, se da cuenta de que hemos usado la puerta y siguiendo una lógica lenta (además de poner una cara de idiota) se percata de que hemos cerrado la puerta.
Suelta una especie de quejido infame y estúpido y dice:
- Habéis cerrado la puerta.
Y yo que pienso "pues claro tía, es lo normal".
- Es que la había dejado entreabierta, bla, bla, bla.
Pienso "Me aburro... no me cuentes tu vida". Yo me quedo callado pensando "y ahora qué", estaba por largarme, pero a la mujer se la veía muy apurada, así que me armo de humanidad y me decido a ayudarla (ya me vale...). Me acerco hasta la puerta y espero a que pase alguien para indicarle que nos habrá... pasa una minusválida en silla de ruedas. Y por lo visto además de paralítica debía ser gilipollas porque ya nos ves a los dos picando al cristal, la miramos, le indicamos que venga hacia nos otros y ella nos mira y pasa de largo tan tranquila.
En fin, yo le digo a la tiparraca que no pasa nada, que alguien nos abrirá, a lo que ella responde con la frase estelar:
- Es que esta puerta no la puede abrir cualquiera.
- ¿Cómo que no? -indico yo- simplemente es bajar la palanca y ya está.
Me descojono en mis adentros pensando que me he quedado con ella. Y ella aclara:
- Pero es que hay unas normas, bla, bla, bla. Si tu dieras la vuelta y me abrieras...
Yo me hago el sordo y sigo intentando esperar a que alguien nos abra. Finalmente ella me vuelve a salir con lo mismo y dice:
- Ya hubieras abierto si hubieras ido...
En fin, pienso, qué se le va a hacer... voy a dar la vuelta. Y así mismo lo indico y me voy a dar la vuelta. Doy toda la vuelta al edificio por fuera, subo las esclaras y cual es mi sorpresa al encontrarme a mi amiga en el rellano, dentro de la biblioteca nuevamente. Miro a su lado y comprendo lo sucedido, cerca de ella está otra bibliotecaria...
- Me cago en el mismísimo Dios que parió a esta gilipollas -pienso.
Aparece otra amiga nuestra que estaba cerca y se aproxima para irse con nosotros (se había quedado acabando una cosa y ahora nos alcanzaba...).
Y visto lo visto, sin mediar palabra, y ante la atónita mirada de la bibliotecaria que acababa de abrirnos yo cojo y voy todo airado hacia la puerta de incendios la abro de un golpetazo y me voy dando grandes zancadas. Pude ver la cara de la mujer mientras abría la puerta y os aseguro que fue una mezcla entre sorpresa, indignación y espanto. Pero me daba igual... esa maldita zorra acababa de estropearme la mañana.

El resto de la mañana a ido bien, las clases interesantes... pero al volver para casa... strike2! El segundo gilipollas del días. Conduciendo, carril de incorporación a la ronda de dalt, tengo un coche delante y uno detrás. Miro por el retro y veo un hueco genial, justo después del coche que venía, para que nos metamos el coche de delante y yo. A eso que cuando el ese nombrado coche nos pasa por el lado va el listo de detrás mío y se salta la continua para meterse en la ronda. Pero serás hijo de puta! a lo que nosotros nos hemos jodido y nos hemos tenido que frenar del todo y esperar a que hubiera hueco. Por supuesto en cuanto he entrado me he picado y le he dado caña hasta ponerme a la altura de ese cabrón para ver que pinta tenía: un puto treintañero que iba a 80 por el carril de la derecha... pero desgraciado! para eso nos adelantas haciéndonos la guarrada máxima?

En fin, que ha sido un día de esos que piensas que hay gente en este mundo que sería mejor que se quedaran en casa para no jodernos el día al resto de personas que vamos sin mala intención por la vida.
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viernes, 13 de octubre de 2006
Todavía estoy esperando, desde esta mañana, que Jason entre reventando la puerta de un empujón. Que lo haga empuñando su enorme puñal de más de treinta centímetros de hoja.

Sí, hoy es, en efecto, Viernes 13, pero Jason no vendría a rebanarme la cabeza, como en cualquier otra ocasión. No, esta vez han coincidido dos hechos en el calendario. El primero ya lo he nombrado, el segundo: que hoy es mi santo.

Así es, El susodicho asesino hubiera venido a felicitarme.Muchas risas Y espero que no se fijara en que tengo una figurita en resina de Freddy y otra de Leatherface... Lo prometo Jason, la próxima figurita es la tuya Para alabar al master.

Regalos: Una mochila Eastpak, negra, de las de toda la vida vamos ^^. Y una figurita cabezona (de esas que se le mueve la cabeza gracias a un muelle) del "Jesucrito amigo" de la peli de Dogma.

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PD: Esta mañana he tirado los dos botes de arroz. Después de haberlos dejado en la terraza, con las tapas abiertas, el mismo día que dí por terminado el exp.
Al final me los he encontrado llenos de moho blanco y con moscas diminutas en su interior... después de cuatro días...

En fin, ya es algo para olvidar, simplemente no funcionó.

Esta noche cena con mi familia en el Neró de Badalona ^^.
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lunes, 09 de octubre de 2006
19:44  | Otros
Así es, todo eso acontece en este post: hoy hace el treintavo día, es decir el final de la prueba, que a resultado ser una decepción.

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Y ni cocerlo con arroz ni leches, ya os digo yo que el arroz esta más que estropeado. La prueba de ello es que lo he abierto.
Vomitona
Y me a costado abrir el bote un montón! Porque de la putrefacción se han liberado gases que han hecho que la presión en el bote aumentara y la tapa estaba más dura. No, no exagero! Cuando he abierto el primero a sonado como si abrieras una botella de coca-cola después de moverla: FSSSSSS! Y el olor... os lo podéis imaginar, he pasado el bote por mi nariz, a cierta distancia y... apestoso.

Ahora los botes están abiertos en mi terraza, para ver que hacen en un día de exposición abiertos. Espero que no se llenen de bichos NO!.

Bueno, finalmente, en mi caso, no se ha cumplido la hipotesis así que para mí, lo del Masaru Emoto está exagerado, aunque sigo creyendo en la impregnación psíquica y todo eso; sólo que algo tan nimio como hablarle durante 5 minutos al día no creo que sea suficientemente significativo. Y no, no pienso volver a intentarlo hablándoles durante más tiempo Muchas risas.

Hasta aquí este experimento que a tenido su gracia :P
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domingo, 08 de octubre de 2006
Buenas!
Pues resulta que un amigo me ha comentado lo de esta web. Y la verdad es que funciona. Consiste en que te envian mails de publicidad y cuantos más te envian más ganas. No sé... es fácil, simplemente tengo que ir borrando mails :P el dinero te lo ingresan en una cuenta que tu indiques.

Podéis daros de alta aquí:


Yo ya estoy registrado, a ver cuando me ingresan algo Muchas risas
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Así es, me voy a Sevilla el 25, 26 y 27 de este mes, es decir, dentro de algo más de dos semanas. El motivo de que me vaya cuando todavía tengo clases es porque voy a un simposium de "Psicópatas Sierra mecanica, asesinos en serie Historia Doom y conducta antisocial hacer pedazos".

La verdad es que tengo muchas ganas de ir porque seguro que es muy interesante, y además te dan un certificado conforme has asistido ^^.
Voy con otras tres chicas de la facultad, vamos en avión y nos hospedaremos en un hostal muy cerca de dónde se hace el evento.

Seguramente también me llevaré un diario de viaje para apuntar lo que voy hacianedo, además como sólo son tres días tampoco se hará pesado NO!.

Bueno, me despido por hoy. Mañana se cumplen los 30 días de la experiencia del arroz... pero bueno, ya adelanto que no funcionó.

Y respondiendo a mi "Lector anónimo:
La verdad es que no recuerdo si lo cocí con sal... supongo que sí, es la costumbre, quizá fue ese mi error. Te invito a que pruebes. De todas maneras hoy miraré el iker (Cuarto milenio, en canal CUATRO; para aquellos que no supiérais a qué me refería) a ver como les va a ellos. A ver cuando te me presentas ;)
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sábado, 07 de octubre de 2006
Rebuscó por los cajones y armarios de la cocina en busca de algo comestible, pero no hubo suerte. Seguramente tendría que ir al pueblo a comprar cosas. Así que antes de nada se fue a la habitación a revisar el dinero que había dentro de la caja. Encontró que dentro del recipiente de hojalata había mucho más de lo que hubiera pensado.
- ¡Joder! ¡Aquí hay más de tres mil euros! –exclamó después de contarlo- Supongo que es algo que tenía guardado para una emergencia, y no hay duda de que esto lo es –dijo riendo.
Marty volvió a dejar la caja sobre el escritorio y fue al cuarto de baño a darse una ducha. Se sentía bastante sucio... la verdad es que no era nada cómodo estar en su piel después de haber caminado por una gruta inundada de agua cenagosa y después de habérsele abalanzado encima una bestia grimosa y con olor a pescado podrido. Sí, pensó que primero se lavaría un poco y después iría al pueblo a comprarse ropa y comida. Se desnudó y entró en la bañera. Abrió el grifo con la alcachofa de la ducha apuntando al desagüe y esperó hasta que comenzase a salir agua caliente. Empezaba a tener frío en los pies cuando reparó en la cuenta de algo.
- Mierda, seguro que está apagado el calentador –dijo en voz alta-. Bueno, eso en el caso de que haya calentador... me cago en todo como no haya.
Salió de la bañera con los pies mojados y miró en el armario que había en el lavabo. Por suerte en él había una toalla limpia con la que pudo secarse los pies. Se la enrolló al cuerpo y bajó las escaleras en dirección al sótano. La puerta que daba al mismo estaba algo gastada y el pomo tenía el esmalte saltado. Marty lo hizo girar y tiró de la puerta, la cual se abrió con un sonoro chirrido. Buscó el interruptor de la luz y la encendió. Bajó por los peldaños de madera, que crujían cada vez que posaba un pie sobre ellos. La verdad es que era un nido de mierda, lleno de trastos y cajas enmohecidas. Pasó como pudo a través de ellas y llegó hasta la caldera, una eléctrica. Abrió la tapa de los mandos e intentó descifrar su funcionamiento. Tras unos cuantos intentos de tocar botones la caldera se encendió y se escuchó un sonido seco al dejar entrar el agua en su interior para calentarla.
- Bueno, esto tardará un rato en calentar el agua, será mejor que chafardee un poco -pensó.
Se puso a mirar a su alrededor intentando encontrar la bicicleta que Hellen le había nombrado. Apartó unas cuantas cajas y en un rincón, debajo de una sábana blanca amarilleada por la humedad la encontró. Era sencilla, ni siquiera tenía marchas, pero al fin y al cabo le haría el servicio. Así que no se lamentó. La cogió y la llevó hasta las escaleras. Cuando comenzaba a subirlas escucho un ruido extraño, como de algo arañando la pared. Se giró de repente hacia dónde provenía el ruido, pero éste cesó de inmediato y allí no se veía nada. Marty volvió a encarar la escalera y subió algunos peldaños. El ruido volvió a escucharse, esta vez de manera más insistente y con más fuerza. El muchacho dejó caer la bici y se giró lo más rápido que pudo. Localizó el ruido al final del sótano, se acercó rápidamente hacia él, pero a medio camino los arañazos pararon. Inspeccionó la pared y el suelo pero no vio nada sospechoso. La pared estaba hecha de madera y el suelo de tierra. Pensó que sería algún animal, las tuberías o vete tu a saber que otra cosa sin importancia. Procuró que ni se le pasara por la cabeza la posibilidad de que fuese algo horrible. Así que sin mirar atrás recogió la bici del suelo y subió decidido hasta el piso de arriba. Fue a dejar la bici al porche de la casa y volvió a entrar. Subió al cuarto de baño y una vez en él se metió de nuevo en la bañera.
- Bien, la prueba de fuego –se dijo a sí mismo antes de abrir el grifo.
El agua salió tan fría como antes pero a los pocos segundo comenzó a estar caliente, así que el chico respiró aliviado y se duchó tranquilamente.
Cuando terminó se secó y se vistió, muy a su pesar, con la misma ropa que había llevado el día anterior.
Antes de marcharse aprovechó para inspeccionar la casa por completo. Aparte de la habitación que él y Hellen habían usado la casa tenía otras dos algo más pequeñas, pero igualmente grandes. En una de ellas había ropa de cama y mantas en el armario, la cama estaba sin preparar y dentro del armario no había ropa de vestir. Era muy sencilla, contando sólo con un gran armario, la cama y una mesita de noche. La otra habitación tenía la cama hecha. Había una estantería llena de películas de DVD y algunos libros. Marty repasó la videoteca y descubrió algunos títulos que le gustaban mucho. Abrió el armario que había cerca de la cama y vio que en su interior había cantidad de ropa de chico, con un poco de suerte de su talla. Sacó una camiseta y se la probó. Estaba de suerte, la ropa le venía. Decidido, se instalaría en esa habitación, la otra era demasiado grande y tampoco tenía nada que le gustase demasiado. Enfrente de la cama, colgada de la pared con un soporte, había una tele de unas quince pulgadas y debajo un aparato reproductor de DVD. Marty no puedo reprimir una sonrisa, al menos podría ver películas por las noches. También había un escritorio y algunos libros de texto sobre ella. Eran de bachillerato. ¿Serían todas esas cosas de Hellen? Se preguntó el muchacho. Quizá eran de cuando iba al instituto, quizá esta era su habitación. Razón de más para quedarse en ella y dormir en su cama. Pero... la ropa del armario era de chico... ¿Acaso tenía Hellen un hermano? Marty levantó la tapa del libro de biología que había cerca suyo.
- “Joseph Fenton” –leyó en voz alta- Qué extraño, Hellen se apellida Osgood...
Un pitido tenue comenzó a sonarle en los oídos, y poco a poco creció de intensidad hasta volverse muy molesto. El chico se mordió la lengua pero no se le pasó. Un escalofrío le recorrió la espalda y entonces soltó la tapa del libro. El sonido cesó de inmediato. Marty se quedó algo conmocionado. Otra vez esa extraña sensación... sólo que más intensa, algo ocurría en aquella casa. Salió de la habitación y fue hasta las escaleras que llevaban al desván. Miró hacía arriba, estaba muy oscuro. Buscó el interruptor cerca suyo y le dio. Lo subió y bajo repetidas veces pero parecía no funcionar. Fue hasta la habitación a coger la linterna y regresó con ella encendida. Comenzó a subir las escaleras y en poco estuvo arriba.
Movió el haz de luz de la linterna de un lado a otro, revisando lo que allí había. Más trastos, cajas polvorientas y grandes bultos cubiertos con sábanas blancas. Le vino un mal recuerdo a la cabeza, la habitación de las sábanas en la mansión. Volvió a estremecerse, aquello sí que fue aterrador, todavía tenía la duda sobre que debía ser aquella cosa que se arrastraba hacia la puerta, realmente prefería no haberlo averiguado. Sabía que el desván tenía ventana, pero no la veía. La buscó con la linterna, desde fuera de la casa la había visto, tenía que estar. Al fin la vio en un rincón al fondo, estaba cubierta con papeles de periódico. Caminó hasta allí sorteando las cajas y las sábanas y los quitó. La luz entró iluminando el desván, así que Marty apagó la linterna. Miró al techo, cerca de las escaleras había un porta bombillas sin la susodicha, en el pueblo compraría una. Abrió algunas de las cajas para ver que contenían, una estaba llena de platos y vasos. En otra caja encontró candelabros y cubiertos, y en otra manteles y cortinas.
- Vaya mierda –pensó-, aquí no hay nada interesante. Será mejor que me vaya a desayunar algo al pueblo y a comprar.
El chico fue hacia las escaleras cuando uno de los listones del suelo se hundió ligeramente bajo su pie con un chirrido. Marty se dio cuenta y levantó el pie. Debajo el listón en cuestión estaba algo combado y asomaba una punta. Se agachó y empujó con los dedos y picó sobre él, parecía que debajo había algo. Cogió uno de los cuchillos de la cubertería y lo metió en el resquicio que había entre las maderas, empujó con fuera y la madera crujió al partirse. Siguió empujando hasta que hubo sacado el listón. En efecto, había algo, pero estaba oscuro. Encendió la linterna y apuntó a su interior. Dentro había una pequeña caja de hojalata. Hizo espacio arrancando otro trozo de madera y metió la mano para sacarla. La caja estaba algo oxidada y la marca de lo que contenía ya era ilegible. El chico la abrió y en su interior encontró unos caramelos, una moneda antigua y una fotografía amarillenta. En ella salían un hombre de unos cincuenta años, con una cuidada y recortada barba blanca, vestido con un traje negro y corbata, de rostro afable y mirada amistosa. En sus rodillas estaba sentado un niño de unos diez años, vestido con pantalón corto y camisa blanca. Tenía cara de pillo y el pelo corto, y miraba a cámara con una amplia sonrisa. Marty le dio la vuelta a la foto para ver si tenía algo escrito, podía leerse con letra clara: “Henry y Allan Hartwell, 12 de Octubre de 1923”.
- Que extraño... –recapituló Marty- primero Fenton, luego Hartwell... y Hellen se llama Osgood. Los Fenton parece que hasta hace poco vivían aquí, ¿será esta la casa de sus tíos o algo así? No sé... la única forma de averiguarlo es ir al archivo del pueblo a investigar.
El chico, cogió la foto y se la bajó con él. Recogió las maletas que él y Hellen habían traído del piso y las llevó a la habitación de Joseph. Cogió también la caja con el dinero y todo lo que pudiera necesitar de ese cuarto. Fue sacando los libros de las maletas para después ponerlos en la estantería, bien ordenados. Cuando hubo terminado, guardó las maletas bajo la cama y tras coger algo de dinero de la caja salió hacía el porche a por la bici. Se montó en ella y comenzó a pedalear hacia el pueblo.

Tardó bastante más de quince minutos en llegar, teniendo en cuenta que se perdió un par de veces, aunque descubrió algunos claros en el bosque muy interesantes para ir de acampada. Más de una hora después de cuando salió de casa vio la primera casa del pueblo. Pedaleaba por una calle ancha, de asfalto gastado, en la que las casas estaban hechas de madera en su mayoría, aunque algunas de las más nuevas, justo a la entrada del pueblo, eran de ladrillos.
Llegó a la plaza del pueblo, donde se alzaba una enorme estatua de mármol que un par de hombres vestidos con mono azul estaban limpiando concienzudamente. Marty detuvo la bicicleta y miró en derredor en busca de alguna tienda dónde vendiesen comida.
Al otro lado de la plaza, detrás de unos bancos cobijados por árboles, había una pequeña tienda con un rótulo que anunciaba que vendían productos de alimentación. El chico volvió a darle impulso a la bici y se dirigió hacia allí. Había poca gente en la plaza, solamente un par de abuelos en un banco y dos mujeres con sus hijos que jugaban a la pelota. Marty no tubo ningún problema para atravesarla y al llegar a la puerta aparcó la bici junto a la entrada y entró.
Un suave tintineo sonó al entrar él y de inmediato la voz del tendero se escuchó a través de la puerta que había detrás del mostrador.
- Enseguida salgo –dijo la voz-, vaya mirando lo que quiere.
El chico hizo caso y hecho un vistazo a lo que la tienda ofrecía. Había un poco de todo, conservas, cereales, bebidas, aperitivos, pasta, legumbres, productos de limpieza e higiene... Marty cogió algunas cosas y las fue llevando hasta el mostrador, dónde las iba dejando.
Una mano asomó entre las tiras de colores que formaban una cortinilla en la puerta, apartándola. A ella le siguió un hombre muy mayor, de unos setenta años, que se situó detrás del mostrador con un caminar algo tambaleante. Tenía el pelo cano y la cara muy arrugada. Sus ojos se veían diminutos detrás de unas enormes y redondas gafas marrones. El anciano carraspeó con fuerza y se ajustó las gafas con la mano al tiempo que observaba mejor a Marty.
- ¿En que puedo ayudarte, jovencito?
- Querría comprar algunas cosas –dijo él mientras miraba las estanterías en busca de nuevas cosas que pudiera necesitar.
- Bien, ¿y que es lo que necesitas? –preguntó saliendo de detrás del mostrador y poniéndose a su lado.
Marty cogió un bote de champú, jabón, un cepillo de dientes, pasta dentífrica y un desodorante, además de la comida que ya había puesto sobre el mostrador.
El tendero hizo un repaso a lo que el chico había cogido, dio una vuelta por la tienda y volvió a ponerse detrás de la tabla de madera.
- ¿Ya esta todo? –preguntó el hombre.
- Sí, por hoy sí.
- Nunca te había visto por aquí –le comentó mientras iba contando cuanto tenía que pagar-, ¿acabas de llegar al pueblo?
- Así es, estoy de visita en casa de los Osgood –explicó Marty.
- ¿Quiénes? –preguntó el viejo dejando de contar.
- Los Osgood –repitió-, soy amigo de Hellen Osgood, la hija.
- Jovencito –replicó con voz amable mientras le miraba por encima de las enormes gafas, que se sostenían en la punta de su nariz-, vivo en este pueblo desde que nací, y como ya habrás notado eso fue hace mucho tiempo, y no conozco ningunos Osgood, es más, estoy seguro de que nadie llamado así vive en este pueblo.
- Bueno, quizá Hellen sea familia de alguien de aquí –intentó explicar-, creo que son los Fenton.
La cara del anciano se quedó petrificada, y tornó rápidamente a un semblante serio y preocupado.
- Muchacho –le dijo notablemente molesto-, ¿qué demonios estás diciendo?
- ¿Qué pasa? –quiso saber, preocupado.
- Ese nombre trae mala suerte nombrarlo. No vuelvas a decirlo.
- ¿Por qué? No entiendo nada.
- Esa familia desapareció hace un año, de la noche a la mañana... se esfumaron. Dicen que encontraron las camas deshechas y el desayuno en la mesa, recién servido... Sí, sin duda allí pasó algo raro. Es por eso que la casa esta abandonada, ni siquiera el ayuntamiento se plantea el adquirirla para volverla a vender.
Marty acababa de recibir un golpe terrible, ese hombre decía que no conocía a la familia de Hellen y que los Fenton habían desaparecido extrañamente. El anciano se limitó a bajar la vista y terminar de contar la cuenta. Después le indicó cuanto era lo que le debía. Marty sacó la cartera y le dio el dinero.
- Otra cosa –dijo antes de marcharse-, ¿podría decirme dónde está la carnicería?
- Sí, al otro lado de la palaza.
- Gracias.
El hombre no contestó y Marty abrió la puerta y se dispuso a salir cuando la imagen de aquella foto le asaltó la cabeza. Volvió a cerrarla de nuevo y se giró hacia el hombre.
- No quiero ser pesado –se disculpó-, pero... ¿sabe algo de una familia llamada Hartwell? ¿Vivieron en la casa de los Fenton?
El anciano suspiró por la pesadez del muchacho, pensó en no contestarle y en echarlo de malas maneras pero finalmente se lo pensó y le contestó.
- Yo conocía a Allan Hartwell, por aquél entonces yo tenía catorce años y el debía tener más de treinta. Sí, el señor Hartwell vivía en aquella casa, pero dejó el pueblo. Recuerdo que hubo un escándalo y se tuvo que marchar. La casa estuvo un tiempo deshabitada, pero al cabo de los años vinieron los Fenton y se instalaron –el anciano reparó en que había nombrado el nombre de la familia, y se enojó por la curiosidad del chico-. En cualquier caso, ¿por qué estás tan interesado? ¿Qué haces en este pueblo si no eres de aquí ni conoces a nadie de él?
Marty no sabía que decir, no podía contarle que iba a vivir allí... seguramente hubiera enviado a la policía. Trató de inventarse algo.
- Verá, soy estudiante de periodismo y estoy haciendo un trabajo sobre la vida en los pueblos. Voy preguntando a sus gentes sobre cómo se vive en ellos y sobre sucesos interesantes.
- Pues si quiere saber cosas investigue en el archivo público, no moleste a los vecinos con cosas que no quieren recordar.
- Siento haberle molestado.
El viejo hizo un gesto de asentimiento con la cabeza, de mala gana, y Marty salió de la tienda con las bolsas. Había conseguido salir bien del apuro, o al menos esos pensaba. Después de aquello fue a la carnicería y compró algo de carne para ese día. En esta otra tienda no preguntó absolutamente nada y cuando el tendero le preguntó sobre que le traía por el pueblo volvió a explicar la historia del estudiante de periodismo.
Salió de la carnicería y fue hacia el lugar dónde el carnicero le había dicho que estaba el archivo del pueblo. Al llegar allí encontró las puertas cerradas, en una de ellas había un cartel dónde decía el horario del mismo. Hacía unos diez minutos que habían cerrado, lástima. La verdad es que se había hecho bastante tarde, y ahora el hambre del desayuno se le había juntado con el de la comida, estaba realmente hambriento. Cogió la bici y pedaleó hasta casa, esta vez, sin perderse.



Continuará...

Esta vez a sido un 50% más largo de lo que últimamente publicaba Muchas risas. Espero que que haya gustado, aunque no haya pasado gran cosa... se han descubierto algunos datos importantes. creo que seguiré algo más con Marty antes de volver a ver lo que está haciendo Hellen. Besos!
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jueves, 05 de octubre de 2006
Marty se despertó en mitad de la noche y estiró el brazo para coger el móvil que estaba sobre la mesita de noche. “Las cuatro y veintiocho” se dijo a sí mismo. Volvió a dejar el móvil en su sitio y se quedó pensativo, mirando a la oscuridad. Hellen tenía razón, pensó, había visto demasiadas cosas, hasta hacía un día nunca hubiera pensado que todos esos horrores pudiesen existir. Sí, para él solamente formaban parte de los libros, las películas y los videojuegos, no eran reales. Pero se acaba de topar con lo sobrenatural, con la cruda realidad, y no era un juego de niños ni tampoco algo agradable, aquella bestia había estado a punto de arrancarle la cara de un mordisco y los malditos sectarios lo hubieran sacrificado como si fuera una cabra. No, nada estaba bien, se sentía conmocionado por lo que acababa de descubrir.
De pronto reparó en el medallón, el motivo por el cual Hellen lo había metido en todo este lío, por el cual ahora tenía que esconderse. Volvió a coger su móvil y abrió la tapa. La fuerte luz de la pantalla iluminó a su alrededor. Marty lo acercó a su compañera de cama y pudo asegurarse de que ésta dormía profundamente. Así que se incorporó y muy sigilosamente se fue hasta el escritorio. Allí estaba puesto el cinturón de Hellen, con la pistola y el cuchillo que Marty había llevado. Lo cogió entre sus manos y lo examinó, tenía varios bolsillos en los que había un cargador y una linterna pequeña. Él sabía que la chica lo había metido allí tras cogerlo del falso libro del despacho de la mansión. Así que abrió el bolsillo y allí estaba... lo sacó y alumbró con la luz. Consistía en placa ovalada de plata pura, en uno de cuyos lados tenía engarzado algo de color blanquecino, gastado, que le parecía hueso. Al otro lado tenía una inscripción cuneiforme, formando extraños símbolos que parecían palabras. No hace falta decir que no tenía ni idea de qué era lo que decía pero aún así le pareció fascinante. Estaba sujeto a una cadena también de plata, de eslabones gruesos, y todo en conjunto pesaba más de lo que hubiera dicho a simple vista. Después de inspeccionarlo, ni corto ni perezoso, se lo colgó al cuello y continuó a lo suyo. Se puso a mirar entonces al bulto que estaba sobre el escritorio, el libro que habían encontrado en el sótano y que ahora estaba enrollado en su capa. Con sumo cuidado abrió los pliegues de la tela hasta que las tapas del libro asomaron. Era un volumen de tapas realmente gruesas, de un color rojizo apagado. Las páginas estaban ennegrecida por la humedad. La verdad es que aquél sótano no era el mejor lugar para guardar un libro tan antiguo.
En esos momentos Marty se preguntó si podría tocarlo sin caer inconsciente, como le había pasado a la chica. Le vino una idea a la cabeza, abrió uno de los cajones del escritorio y sacó un lápiz. Tocó con éste la tapa del libro... no pasó nada. Perfecto, pensó. Puso la punta del lápiz bajo el borde de la tapa y empujó hacia arriba para abrirla pero ésta no se movió en absoluto, parecía pegada. Lo intentó una y otra vez pero no obtuvo ningún resultado. Después cayó en la cuenta del amuleto... quizá Hellen lo quería porque este permitía abrir el libro rompiendo el sello protector. Se llevó la mano al pecho y repasó con los dedos el colgante. Tenía que intentarlo, seguro que funcionaba. Alargó la mano y tocó las tapas del libro. Entonces notó una fuerte punzada en la mano que se extendió hasta la nuca, luego todo se volvió negro.

Marty estaba desorientado, no veía absolutamente nada, pero seguía consciente, también notaba su cuerpo inerte, no se podía mover. De pronto le pareció ver una luz turbulenta en la lejanía, como una llama azulada y difusa. Comenzó a sentir frío. No podía decir con exactitud dónde estaba su pierna, su brazo o cualquier parte de su cuerpo, pero empezó a notar que temblaba por el frío. A sus oído empezó a llegar un extraño sonido, viscoso, como de chuperreteo. La luz comenzó a hacerse más intensa y comenzaba a molestarle a los ojos. El frío se estaba apoderando de él y notaba un dolor intenso y punzante en los dedos de sus pies y sus manos, dónde quisiera que se encontrasen. La luz era ya cegadora y le quemaba lo ojos. Los cerró con fuerza pero seguía viéndola y seguía notando el ardor. Intentó chillar por el dolor pero no encontraba su boca, no notaba que estuviera ahí. Pensaba que iba a enloquecer o morir cuando la luz cesó. Ya no notaba frío, sino al contrario, un calor cálido y agradable. Abrió los ojos y vio sus manos, observó también el resto de su cuerpo, todo estaba en su sitio y podía moverlo. Pero su visión era rara, como desdibujada, como si estuviera hecho todo de humo y el viento esparciera parte de ello. Miró a su alrededor, estaba en un desierto pero la arena bajo sus pies formaba un solo elemento, un suelo sólido en el que sus pies no se hundían. Además, todo estaba bañado por una luz clara verduzca.
- ¿Qué demonios es esto? –gritó a la nada- ¿Dónde demonios estoy?
Dio unos pasos por la arena y se encaminó hacia uno de los lados, quizá el norte, o quizá el sur... no podía saberlo. Llevaba ya mucho rato caminando cuando empezó a oír una voz grave y profunda que no parecía provenir de ningún sitio pero todos a la vez. No entendía que le decía, si es que le decía algo. Algo brilló unos metros más allá y Marty corrió hacia ello. Se detuvo unos metros antes, era una charca, una pequeña masa de agua en aquel desierto. Algo se torció en su pensamiento cuando imaginó lo que podía haber allí, tenía un mal presentimiento. Se acercó lentamente con pasos muy lentos. Comenzaba a ver la superficie del agua, había algo en ella, algo se reflejaba. Se acercaba más y más... pronto empezó a ver un rostro. Pero antes de ver más notó una serie de golpes en la mejilla, cada vez más fuertes, y una voz femenina distante. Finalmente un golpe más fuerte le hizo despertar. Abrió los ojos y ahí estaba Hellen.
Él estaba tumbado en el suelo, y la luz de la mañana entraba por la ventana, bañándolos a los dos. El muchacho miró a la chica muy desorientado, mirando después a todas partes.
- Tranquilo Marty –dijo ella sujetándole la cabeza e impidiendo que se incorporara-, todo a pasado.
- ¡Hellen! ¡Hellen! –balbució él tratando de levantase- ¿Qué a pasado? ¿Qué era eso?
- Ya está, has intentado coger el libro y éste te ha dejado fuera de combate, a mí me pasó igual. Pero ya está, no te preocupes, todo está bien.
- No, a sido horrible... he visto...
- ¡Calla! –le ordenó ella- No me digas lo que has visto, no quiero saberlo, olvídalo, todo a sido una ilusión provocada por el libro para volverte loco.
Hellen le ayudó a ponerse en pie y lo sentó en la cama. Se quedó mirando el colgante y lo tomó en su mano.
- ¿Pensaste que esto te protegería? –preguntó ella.
- Sí -dijo el chico avergonzado-, lo siento, no debí chafardear mientras tu dormías. Esto me pasa por tocar lo que no debo.
- No, no ibas mal encaminado... –aclaró ella- ese colgante realmente te protegerá, y quiero que lo lleves, pero no contra algo como la barrera de ese libro.
- ¿Y cómo haremos para leerlo entonces? Tu tampoco pudiste tocarlo cuando estuvimos allí, entonces seguro que tampoco sabes como romper el sello.
- Tienes razón –dijo mientras se acercaba al libro, que estaba tirado en el suelo-, y la verdad es que no hace ninguna falta.
- ¿Por qué dices eso?
La chica fue hasta la chimenea y sacó uno trozos de leña del estante que tenía debajo para ponerlo en su interior. Los roció con un poco de queroseno y los encendió. Enseguida comenzó a arder con fuerza y a chisporrotear sonoramente. Marty la miraba confuso, no tenía ni idea de qué pretendía. Ella cogió la tenaza que había junto a la chimenea y fue hasta el libro.
- Nunca me interesó el conocimiento de este libro –explicó-. Ese fue precisamente el error que cometieron los Hijos del Abismo, buscaban sin descanso en las palabras de este tomo y ni siquiera podían entender cual era el secreto. Se equivocaban... lo que buscaban no esta entre las páginas del libro, pero sí en su interior...
Marty no entendía nada. Ella cogió con la tenaza el libro y lo llevó a la chimenea. El chico se puso en pie de un salto.
- ¿Qué quieres hacer?
Ella no respondió y arrojó el libro al interior de las llamas, que comenzó a arder rápidamente.
- ¿Pero que haces? ¿Estás loca? –chilló mientras corría para intentar rescatar el libro de las llamas. Ella lo interceptó y lo detuvo cogiéndole por el brazo.
- Estate quieto y observa –dijo ella antes de soltarlo.
Las llamas estaban devorando el volumen, que despedía un humo negro bastante maloliente. Las tapas y las páginas ardían como un bloque y en unos minutos sólo quedó una lámina ennegrecida. Ella la cogió con la tenaza y la puso sobre la repisa de la chimenea para que se enfriase.
- ¿Qué es eso? –preguntó el chico.
Hellen recogió del suelo la capa que el chico había llevado y la usó para coger la lámina.
- Vamos a la cocina, tengo que enfriar y lavar esto –dijo mientras caminaba fuera de la habitación.
El chico la siguió preguntando de nuevo pero ella no le contestó. Fueron hasta la cocina y allí la metió bajo el grifo. El hollín que a ella había quedado adherido comenzó a irse con el fuerte chorro de agua, la mano de Hellen hizo el resto. Volvió a ponerla en la capa y la secó. Se trataba de una lámina de metal azulado, con seis cuadrados que podían ser extraídos de ella, como si fuera una hoja de recortes. Marty lo miraba desconcertado y admirado. Hellen comenzó a sacar y a depositar sobre la mesa las seis piezas. Cada una de ellas formaba un cuadrado perfecto de siete centímetros de lado con una parte que sobresalía en el lado izquierdo y en la parte superior y una hendidura en la parte derecha y en la inferior. Cada cuadrado tenía en una de sus superficies una especie de inscripción cuneiforme que la cubría por completo. La luz de la mañana que entraba por la ventana se reflejaba en la pieza confiriéndole un brillante tono azulado.
- ¿Y bien? ¿Qué es eso? –preguntó nuevamente el chico.
- Esto, mi amor –explicó mientras cogía las piezas y las unía entre sí-, es una clave. Un perfecto y preciado objeto que permitirá descifrar ciertos textos –y finalmente mostró un cubo al muchacho-. Hasta hoy se decía que sólo era una leyenda, se especulaba sobre su existencia y se decía que era una invención de aquellos que realmente sabían la clave que contiene para evitar ser perseguidos. Pero yo sabía que existía... El cubo de Thanim...
- ¿Y con eso podremos destruir a la secta? –preguntó mientras examinaba detenidamente el objeto.
- Así es, en él se halla la clave de un poderoso hechizo y de toda una serie de informaciones.
- Genial, y supongo que cogiste ese libro del piso antes de que nos marchásemos.
Hellen se acercó al muchacho y le cogió de la mano.
- De eso quería hablarte, debo irme. No tengo ese libro y debo conseguirlo, pero puede ser peligroso, será mejor que no vengas esta vez.
- No me digas que volverás a la mansión –preguntó alarmado-. Te acompañaré, no dejaré que vayas sola.
- No iré a la mansión –dijo tranquilizándolo-, es otro lugar que no puedo nombrar, es peligroso que lo sepas.
- ¿Por qué? –inquirió soltándose de la mano de la chica.
- No insistas, aquí estarás a salvo, nadie sabe de este lugar y ese colgante te protegerá de que alguien te encuentre.
Marty estaba preocupado por la chica, pero confiaba en ella, en que podría hacerlo sola y que aquello era lo mejor para los dos. La chica cogió el cubo de Thanim de encima de la mesa y fue hacia la puerta.
- Debo marcharme cuanto antes, hay mucho que hacer.
- Pero... ¿cuándo volverás? –preguntó siguiéndola.
- No lo sé –explicó mientras iba hacia la habitación-, la investigación puede llevarme varios días, no se cuantos... tu dedícate a estudiar todo los libros que puedas, empezando por aquel hechizo de idiomas. Hay una bicicleta en el sótano, el pueblo está a unos diez o quince minutos. Siento no dejarte el coche, lo necesito.
- No pasa nada.
- Deberías ir a comprar comida y todo lo que puedas necesitar. ¿Tienes dinero?
- Pues no mucho, la verdad
Hellen abrió uno de los cajones del escritorio y sacó una caja de hojalata.
- Aquí hay dinero suficiente –dijo mostrándole la caja-, úsalo tranquilamente.
- Gracias.
La chica dejó la caja sobre el escritorio y después de meter el cinturón que había sobre la silla en una bolsa de viaje fue hasta el armario a coger su capa.
- Bueno, ya está, adiós mi amor.
Se acercó a él y tras darle un beso lo abrazó con fuerza.
- Nos veremos pronto, no temas por mí, estaré bien.
- Ten cuidado.
- Y ya sabes, si ocurre algo grave usa la telepatía para hablar conmigo.
- Es verdad –exclamó el chico-, no me acordaba.
Hellen sonrió y tras guiñarle un ojo se fue fuera de la casa para coger el coche. El chico la siguió y la despidió desde la puerta. Ella arrancó y se perdió carretera abajo. Marty miró a su alrededor, la casa estaba rodeada de un bosque que la noche anterior no había podido ver con claridad, era bastante frondoso; seguramente de noche debía ser aterrador. Intentó apartar esos pensamientos de su cabeza y volvió a entrar en la casa para desayunar algo.




Continuará...

Bueno, nuestros protagonistas se separan... próximamente veremos lo que le pasa a cada uno, todavía tengo que pensar si primero veremos la acción de uno y después la del otro o si las iré intercalando, no se. En cualquier caso ¿qué tendrá que hacer Hellen para conseguir el libro que busca? ¿Y Marty? ¿Le ocurrirá algo mientras está sólo en la casa? ¿Qué hay de esas extrañas sensaciones que había tenido la noche anterior?
Respuestas en la próxima entrega mecanografiando

Comentarios (1)  Autor asturel  | Enviar
miércoles, 04 de octubre de 2006
16:25  | Otros
Que decepción... ya casi estamos al final del camino y ambos botes son prácticamente iguales Llorica. No hace falta ni que ponga foto, ya os digo yo que no se ve nada raro... incluso no se ve que este en muy mal estado.

En fin... el día 30 pongo foto, pero bueno. Que la cosa no a salido.
Comentarios (3)  Autor asturel  | Enviar