jueves, 05 de octubre de 2006
Marty se despertó en mitad de la noche y estiró el brazo para coger el móvil que estaba sobre la mesita de noche. “Las cuatro y veintiocho” se dijo a sí mismo. Volvió a dejar el móvil en su sitio y se quedó pensativo, mirando a la oscuridad. Hellen tenía razón, pensó, había visto demasiadas cosas, hasta hacía un día nunca hubiera pensado que todos esos horrores pudiesen existir. Sí, para él solamente formaban parte de los libros, las películas y los videojuegos, no eran reales. Pero se acaba de topar con lo sobrenatural, con la cruda realidad, y no era un juego de niños ni tampoco algo agradable, aquella bestia había estado a punto de arrancarle la cara de un mordisco y los malditos sectarios lo hubieran sacrificado como si fuera una cabra. No, nada estaba bien, se sentía conmocionado por lo que acababa de descubrir.
De pronto reparó en el medallón, el motivo por el cual Hellen lo había metido en todo este lío, por el cual ahora tenía que esconderse. Volvió a coger su móvil y abrió la tapa. La fuerte luz de la pantalla iluminó a su alrededor. Marty lo acercó a su compañera de cama y pudo asegurarse de que ésta dormía profundamente. Así que se incorporó y muy sigilosamente se fue hasta el escritorio. Allí estaba puesto el cinturón de Hellen, con la pistola y el cuchillo que Marty había llevado. Lo cogió entre sus manos y lo examinó, tenía varios bolsillos en los que había un cargador y una linterna pequeña. Él sabía que la chica lo había metido allí tras cogerlo del falso libro del despacho de la mansión. Así que abrió el bolsillo y allí estaba... lo sacó y alumbró con la luz. Consistía en placa ovalada de plata pura, en uno de cuyos lados tenía engarzado algo de color blanquecino, gastado, que le parecía hueso. Al otro lado tenía una inscripción cuneiforme, formando extraños símbolos que parecían palabras. No hace falta decir que no tenía ni idea de qué era lo que decía pero aún así le pareció fascinante. Estaba sujeto a una cadena también de plata, de eslabones gruesos, y todo en conjunto pesaba más de lo que hubiera dicho a simple vista. Después de inspeccionarlo, ni corto ni perezoso, se lo colgó al cuello y continuó a lo suyo. Se puso a mirar entonces al bulto que estaba sobre el escritorio, el libro que habían encontrado en el sótano y que ahora estaba enrollado en su capa. Con sumo cuidado abrió los pliegues de la tela hasta que las tapas del libro asomaron. Era un volumen de tapas realmente gruesas, de un color rojizo apagado. Las páginas estaban ennegrecida por la humedad. La verdad es que aquél sótano no era el mejor lugar para guardar un libro tan antiguo.
En esos momentos Marty se preguntó si podría tocarlo sin caer inconsciente, como le había pasado a la chica. Le vino una idea a la cabeza, abrió uno de los cajones del escritorio y sacó un lápiz. Tocó con éste la tapa del libro... no pasó nada. Perfecto, pensó. Puso la punta del lápiz bajo el borde de la tapa y empujó hacia arriba para abrirla pero ésta no se movió en absoluto, parecía pegada. Lo intentó una y otra vez pero no obtuvo ningún resultado. Después cayó en la cuenta del amuleto... quizá Hellen lo quería porque este permitía abrir el libro rompiendo el sello protector. Se llevó la mano al pecho y repasó con los dedos el colgante. Tenía que intentarlo, seguro que funcionaba. Alargó la mano y tocó las tapas del libro. Entonces notó una fuerte punzada en la mano que se extendió hasta la nuca, luego todo se volvió negro.

Marty estaba desorientado, no veía absolutamente nada, pero seguía consciente, también notaba su cuerpo inerte, no se podía mover. De pronto le pareció ver una luz turbulenta en la lejanía, como una llama azulada y difusa. Comenzó a sentir frío. No podía decir con exactitud dónde estaba su pierna, su brazo o cualquier parte de su cuerpo, pero empezó a notar que temblaba por el frío. A sus oído empezó a llegar un extraño sonido, viscoso, como de chuperreteo. La luz comenzó a hacerse más intensa y comenzaba a molestarle a los ojos. El frío se estaba apoderando de él y notaba un dolor intenso y punzante en los dedos de sus pies y sus manos, dónde quisiera que se encontrasen. La luz era ya cegadora y le quemaba lo ojos. Los cerró con fuerza pero seguía viéndola y seguía notando el ardor. Intentó chillar por el dolor pero no encontraba su boca, no notaba que estuviera ahí. Pensaba que iba a enloquecer o morir cuando la luz cesó. Ya no notaba frío, sino al contrario, un calor cálido y agradable. Abrió los ojos y vio sus manos, observó también el resto de su cuerpo, todo estaba en su sitio y podía moverlo. Pero su visión era rara, como desdibujada, como si estuviera hecho todo de humo y el viento esparciera parte de ello. Miró a su alrededor, estaba en un desierto pero la arena bajo sus pies formaba un solo elemento, un suelo sólido en el que sus pies no se hundían. Además, todo estaba bañado por una luz clara verduzca.
- ¿Qué demonios es esto? –gritó a la nada- ¿Dónde demonios estoy?
Dio unos pasos por la arena y se encaminó hacia uno de los lados, quizá el norte, o quizá el sur... no podía saberlo. Llevaba ya mucho rato caminando cuando empezó a oír una voz grave y profunda que no parecía provenir de ningún sitio pero todos a la vez. No entendía que le decía, si es que le decía algo. Algo brilló unos metros más allá y Marty corrió hacia ello. Se detuvo unos metros antes, era una charca, una pequeña masa de agua en aquel desierto. Algo se torció en su pensamiento cuando imaginó lo que podía haber allí, tenía un mal presentimiento. Se acercó lentamente con pasos muy lentos. Comenzaba a ver la superficie del agua, había algo en ella, algo se reflejaba. Se acercaba más y más... pronto empezó a ver un rostro. Pero antes de ver más notó una serie de golpes en la mejilla, cada vez más fuertes, y una voz femenina distante. Finalmente un golpe más fuerte le hizo despertar. Abrió los ojos y ahí estaba Hellen.
Él estaba tumbado en el suelo, y la luz de la mañana entraba por la ventana, bañándolos a los dos. El muchacho miró a la chica muy desorientado, mirando después a todas partes.
- Tranquilo Marty –dijo ella sujetándole la cabeza e impidiendo que se incorporara-, todo a pasado.
- ¡Hellen! ¡Hellen! –balbució él tratando de levantase- ¿Qué a pasado? ¿Qué era eso?
- Ya está, has intentado coger el libro y éste te ha dejado fuera de combate, a mí me pasó igual. Pero ya está, no te preocupes, todo está bien.
- No, a sido horrible... he visto...
- ¡Calla! –le ordenó ella- No me digas lo que has visto, no quiero saberlo, olvídalo, todo a sido una ilusión provocada por el libro para volverte loco.
Hellen le ayudó a ponerse en pie y lo sentó en la cama. Se quedó mirando el colgante y lo tomó en su mano.
- ¿Pensaste que esto te protegería? –preguntó ella.
- Sí -dijo el chico avergonzado-, lo siento, no debí chafardear mientras tu dormías. Esto me pasa por tocar lo que no debo.
- No, no ibas mal encaminado... –aclaró ella- ese colgante realmente te protegerá, y quiero que lo lleves, pero no contra algo como la barrera de ese libro.
- ¿Y cómo haremos para leerlo entonces? Tu tampoco pudiste tocarlo cuando estuvimos allí, entonces seguro que tampoco sabes como romper el sello.
- Tienes razón –dijo mientras se acercaba al libro, que estaba tirado en el suelo-, y la verdad es que no hace ninguna falta.
- ¿Por qué dices eso?
La chica fue hasta la chimenea y sacó uno trozos de leña del estante que tenía debajo para ponerlo en su interior. Los roció con un poco de queroseno y los encendió. Enseguida comenzó a arder con fuerza y a chisporrotear sonoramente. Marty la miraba confuso, no tenía ni idea de qué pretendía. Ella cogió la tenaza que había junto a la chimenea y fue hasta el libro.
- Nunca me interesó el conocimiento de este libro –explicó-. Ese fue precisamente el error que cometieron los Hijos del Abismo, buscaban sin descanso en las palabras de este tomo y ni siquiera podían entender cual era el secreto. Se equivocaban... lo que buscaban no esta entre las páginas del libro, pero sí en su interior...
Marty no entendía nada. Ella cogió con la tenaza el libro y lo llevó a la chimenea. El chico se puso en pie de un salto.
- ¿Qué quieres hacer?
Ella no respondió y arrojó el libro al interior de las llamas, que comenzó a arder rápidamente.
- ¿Pero que haces? ¿Estás loca? –chilló mientras corría para intentar rescatar el libro de las llamas. Ella lo interceptó y lo detuvo cogiéndole por el brazo.
- Estate quieto y observa –dijo ella antes de soltarlo.
Las llamas estaban devorando el volumen, que despedía un humo negro bastante maloliente. Las tapas y las páginas ardían como un bloque y en unos minutos sólo quedó una lámina ennegrecida. Ella la cogió con la tenaza y la puso sobre la repisa de la chimenea para que se enfriase.
- ¿Qué es eso? –preguntó el chico.
Hellen recogió del suelo la capa que el chico había llevado y la usó para coger la lámina.
- Vamos a la cocina, tengo que enfriar y lavar esto –dijo mientras caminaba fuera de la habitación.
El chico la siguió preguntando de nuevo pero ella no le contestó. Fueron hasta la cocina y allí la metió bajo el grifo. El hollín que a ella había quedado adherido comenzó a irse con el fuerte chorro de agua, la mano de Hellen hizo el resto. Volvió a ponerla en la capa y la secó. Se trataba de una lámina de metal azulado, con seis cuadrados que podían ser extraídos de ella, como si fuera una hoja de recortes. Marty lo miraba desconcertado y admirado. Hellen comenzó a sacar y a depositar sobre la mesa las seis piezas. Cada una de ellas formaba un cuadrado perfecto de siete centímetros de lado con una parte que sobresalía en el lado izquierdo y en la parte superior y una hendidura en la parte derecha y en la inferior. Cada cuadrado tenía en una de sus superficies una especie de inscripción cuneiforme que la cubría por completo. La luz de la mañana que entraba por la ventana se reflejaba en la pieza confiriéndole un brillante tono azulado.
- ¿Y bien? ¿Qué es eso? –preguntó nuevamente el chico.
- Esto, mi amor –explicó mientras cogía las piezas y las unía entre sí-, es una clave. Un perfecto y preciado objeto que permitirá descifrar ciertos textos –y finalmente mostró un cubo al muchacho-. Hasta hoy se decía que sólo era una leyenda, se especulaba sobre su existencia y se decía que era una invención de aquellos que realmente sabían la clave que contiene para evitar ser perseguidos. Pero yo sabía que existía... El cubo de Thanim...
- ¿Y con eso podremos destruir a la secta? –preguntó mientras examinaba detenidamente el objeto.
- Así es, en él se halla la clave de un poderoso hechizo y de toda una serie de informaciones.
- Genial, y supongo que cogiste ese libro del piso antes de que nos marchásemos.
Hellen se acercó al muchacho y le cogió de la mano.
- De eso quería hablarte, debo irme. No tengo ese libro y debo conseguirlo, pero puede ser peligroso, será mejor que no vengas esta vez.
- No me digas que volverás a la mansión –preguntó alarmado-. Te acompañaré, no dejaré que vayas sola.
- No iré a la mansión –dijo tranquilizándolo-, es otro lugar que no puedo nombrar, es peligroso que lo sepas.
- ¿Por qué? –inquirió soltándose de la mano de la chica.
- No insistas, aquí estarás a salvo, nadie sabe de este lugar y ese colgante te protegerá de que alguien te encuentre.
Marty estaba preocupado por la chica, pero confiaba en ella, en que podría hacerlo sola y que aquello era lo mejor para los dos. La chica cogió el cubo de Thanim de encima de la mesa y fue hacia la puerta.
- Debo marcharme cuanto antes, hay mucho que hacer.
- Pero... ¿cuándo volverás? –preguntó siguiéndola.
- No lo sé –explicó mientras iba hacia la habitación-, la investigación puede llevarme varios días, no se cuantos... tu dedícate a estudiar todo los libros que puedas, empezando por aquel hechizo de idiomas. Hay una bicicleta en el sótano, el pueblo está a unos diez o quince minutos. Siento no dejarte el coche, lo necesito.
- No pasa nada.
- Deberías ir a comprar comida y todo lo que puedas necesitar. ¿Tienes dinero?
- Pues no mucho, la verdad
Hellen abrió uno de los cajones del escritorio y sacó una caja de hojalata.
- Aquí hay dinero suficiente –dijo mostrándole la caja-, úsalo tranquilamente.
- Gracias.
La chica dejó la caja sobre el escritorio y después de meter el cinturón que había sobre la silla en una bolsa de viaje fue hasta el armario a coger su capa.
- Bueno, ya está, adiós mi amor.
Se acercó a él y tras darle un beso lo abrazó con fuerza.
- Nos veremos pronto, no temas por mí, estaré bien.
- Ten cuidado.
- Y ya sabes, si ocurre algo grave usa la telepatía para hablar conmigo.
- Es verdad –exclamó el chico-, no me acordaba.
Hellen sonrió y tras guiñarle un ojo se fue fuera de la casa para coger el coche. El chico la siguió y la despidió desde la puerta. Ella arrancó y se perdió carretera abajo. Marty miró a su alrededor, la casa estaba rodeada de un bosque que la noche anterior no había podido ver con claridad, era bastante frondoso; seguramente de noche debía ser aterrador. Intentó apartar esos pensamientos de su cabeza y volvió a entrar en la casa para desayunar algo.




Continuará...

Bueno, nuestros protagonistas se separan... próximamente veremos lo que le pasa a cada uno, todavía tengo que pensar si primero veremos la acción de uno y después la del otro o si las iré intercalando, no se. En cualquier caso ¿qué tendrá que hacer Hellen para conseguir el libro que busca? ¿Y Marty? ¿Le ocurrirá algo mientras está sólo en la casa? ¿Qué hay de esas extrañas sensaciones que había tenido la noche anterior?
Respuestas en la próxima entrega mecanografiando

Comentarios (1)  Autor asturel  | Enviar
Comentarios
Autor Sassenach
jueves, 05 de octubre de 2006 | 22:46
¡¡BIEEEEN, LA 12ava PARTE!!!!! Muchas risas
Huuuuy, la curiosidad de Marty..le va acabar metiendo en líos...
Oooh, me esperaba alguna cosa referente a "los seres extraños" o "cosas extrañas" q pasan en esa casa...mmm.
Y Hellen como siempre, sigue ocultando algo..esto de no decirle donde va...
Realmente, está intrigante, ya tengo ganas de saber por donde van a seguir ambos en separado!!Pq Marty aun tiene q demostrar de qué es capaz!!

Besos Obesos!Hasta prontoooo!!

P.D: No tardes en escribir la 13 eeeeh!! ;)