sábado, 30 de septiembre de 2006
- Bien, ¿y ahora qué? –preguntó Marty cerrando la puerta del piso tras de sí.
- Ahora ya tenemos lo que queríamos –contestó ella yendo hacia el sofá y dejándose caer en él. Se llevó las manos a la cara y comenzó a reír histéricamente.
- ¿Qué? –quiso saber el chico, que se movió hasta ella.
- Nada, que por fin lo he conseguido –explicó sonriendo de oreja a oreja-. El sello y la localización ahora son míos. Por fin podré deshacerme de esos idiotas que sirven a criaturas repugnantes y primitivas.
- No entiendo nada, ¿de qué estás hablando? ¿te refieres a los monstruos que vimos?
- Sí, ellos les sirven... se creen que así contentan al Gran Padre, a su Grandiosa Señoría. Pero se equivocan, sacrificar inocentes creyentes a esas bestias no sirve de nada, nosotros somos mejores que ellos... –Hellen se detuvo.
Marty la miraba sorprendido, hablaba como ellos. Se pavoneaba como una fanática, hablando de sellos, de un extraño lugar y de poder. Fue algo que le dio miedo, ¿y si ella no fuera más que otra loca fanática? Intentó reprimir esos horribles pensamientos en su cabeza. Ella se había dado cuenta de todo.
- No me hagas caso, estoy algo nerviosa por todo lo que ha pasado –se excusó-. Gracias a lo que hemos conseguido podremos destruirles, acabar con Los Hijos del Abismo...
- ¿Así se llaman? –interrumpió él.
- Sí, ¿no te lo había dicho? Así es, adoran a una poderosa criatura primigenia y sirven a las repugnantes bestias que vimos, los profundos. Éstos obedecen a dicho primigenio, que según cuentan los libros yace dormido, sumido en un profundo letargo, en algún lugar del Océano Pacífico, en la ciudad sumergida de R’lyeh a la espera de que las estrellas se alineen y pueda despertar.
- Interesante... Y ese sello y esa localización... ¿son de ese lugar?
- No, nada que ver –cortó ella con tono secó-. Eso ahora mismo no importa, recoge tus cosas, nos vamos.
- ¡¿Qué?! ¿A dónde?
- A otro sitio, a una casa que tengo lejos de aquí. No podemos quedarnos en este piso, nos vieron, saben de sobras quién soy y dónde vivo. Ten por seguro que vendrán a por nosotros en cuanto sepan lo que ha desaparecido y cuando lo hagan querrán matarnos, o algo peor.
Marty asintió. Y fue a la habitación a coger sus cosas. El asunto se estaban poniendo feo. “Hazme caso, ves al tercer piso, coge eso y vuelve, verás que rápido va todo. En nada estaremos en casa durmiendo.” Había dicho ella hacía bien poco, en la casa, y desde entonces las cosas sólo habían empeorado. Aunque la parte positiva es que los sectarios ahora sólo eran seis, el resto habían muerto devorados por los profundos. Aunque sólo Dios sabía lo que esos locos eran capaces de hacer. Hellen cogió una maleta y empezó a meter libros de su biblioteca en ella, cargó todos los que pudo en tantas maletas como tenía y después las llevó hasta el recibidor. Ambos estaban listos para marcharse.
- ¿Y el gato? –preguntó extrañado.
- Tienes razón, le dejaré una nota a la vecina junto con mis llaves para que lo recoja tan pronto como vuelva. Espero que sea antes de que lleguen ellos.
Una vez hecho esto bajaron hasta el parking y tras cargar las maletas se marcharon en la noche.

El coche comenzó a aminorar. Todo estaba oscuro, la luna estaba tapada por las nubes y la casa estaba tan apartada de todo que no había ni una sola farola. Marty había perdido ya la pista de dónde se encontraban, después de tanto viaje solamente tenía ganas de meterse en la cama a dormir. Enfrente suyo, a través del cristal del coche, podía distinguir la silueta de una casa de varios pisos, no excesivamente grande.
- No me digas que es aquí –preguntó preocupado.
- Así es –explicó ella-, esta casa pertenece a mí familia, de pequeña me crié en ella. Ahora esta deshabitada pero tendremos todas las comodidades, no te preocupes.
- Bueno, supongo que al menos aquí estaremos a salvo.
- Sí, nadie de la secta conoce este lugar. Aquí podremos planear nuestros siguientes movimientos con total libertad. Y sobretodo: preparar tu aprendizaje.
- Sí, genial, pero ahora vamos a dormir cuanto antes, estoy muy cansado.
- Esta bien, vamos para dentro, deja las maletas, ya las entraremos mañana no importa.
Ambos se dirigieron a la puerta principal de la casa. A medida que se acercaba, Marty, podía ir viendo más detalles. La casa era bastante grande, tenía tres pisos. La madera de la fachada se veía muy desgastada por el paso del tiempo y los pórticos de las ventanas estaban todos cerrados. Hellen sacó un manojo de llaves del bolsillo y empezó a buscar la llave de la casa.
- Veamos... ¿cuál es? –empezó a decir al tiempo que pasaba las llaves entre sus dedos- Joder, no veo nada. Marty, ¿puedes irme a buscar la linterna?
- Sí, ahora voy –dijo el chico antes de salir corriendo hasta el coche.
Abrió el maletero y cogió las dos linternas. Volvió hasta donde estaba la chica y le alumbro a las manos. No le costó entonces encontrar la llave y tras girarla en el paño la puerta se abrió. Hellen empujó la puerta e hizo señas a Marty para que entrara él primero. El muchacho se frenó en seco cuando notó un escalofrío que le recorría la espalda. Un pitido chirriante y molesto comenzó a sonarle en los oídos, Marty se llevó las manos a los oídos y abrió la boca para intentar acallar el ruido.
- ¿Qué pasa? –preguntó la chica sorprendida.
- Nada, me pitaban los oídos.
- Eso es que alguien está hablando de ti –dijo ella burlonamente.
- Sí, eso dicen, pero no, no era ese tipo de pitido, más bien era un chirrido, como un violín desafinado que sostiene una nota muy aguda.
- Que raro, será el cansancio. Es mejor que vayamos a dormir... mañana será otro día.
Hellen le enseñó la casa a Marty a medida que le iba explicando dónde estaba cada cosa. Dejó para el día siguiente el que el chico fuera explorándolo todo, era muy tarde.
- Bien, esto es la entrada –explicó ella-. Si tomas esa puerta de la derecha irás al comedor, y esa otra puerta –dijo señalando frente a ellos- da a la cocina. Si tomas esa escalera bajarás al sótano, no hay nada allí a parte de leña y algunos trastos. Vamos arriba –ambos comenzaron a subir al siguiente piso-. En este piso hay tres habitaciones y el baño. Al final del pasillo hay otras escaleras que suben al desván, que también esta lleno de trastos viejos.
- ¿Y mi habitación?
- Nuestra habitación, querrás decir –aclaró Hellen riéndose-. Tu y yo, amor, dormiremos juntos, por supuesto.
- Ah, claro –dijo el chico rascándose la nuca-, tienes razón.
- Bien, vamos a dormir.
La habitación era enorme. Una gran alfombra tapizaba prácticamente la totalidad del suelo de la estancia. Al fondo de la misma había una gran cama de matrimonio con dosel con colgaduras de tela malva. Al otro lado del dormitorio había un gran armario de madera de roble, algo cubierto por el polvo. En otra parte había un escritorio lleno de papeles desordenados y una silla.
- Está todo un poco sucio, pero mañana ya lo limpiaremos, ahora vamos a dormir.
- Vale, pero antes voy al lavabo.
- Bien.
Marty salió al pasillo y caminó hasta su final, abrió la puerta del lavabo y antes de que entrara escuchó una especie de rumor que provenía de su izquierda. Caminó unos pasos hasta ponerse delante de las escaleras que llevaban al desván. Estaba muy oscuro arriba y rápidamente dejaban de verse los escalones. Volvió a oír el ligero rumor y notó como una brisa de aire iba desde detrás suyo hacia el desván. Un escalofrío volvió a recorrerle el cuerpo y se metió deprisa en el lavabo. También era enorme, con una gran bañera cuadrada en una esquina del mismo. El agua estaba estancada y se veía ennegrecida y turbia. Rápidamente se afanó a acabar de hacer sus necesidades y volvió a la habitación con Hellen.
- Si que has tardado –dijo ella, que estaba metida ya en la cama-. Debajo de la colcha las sábanas están limpias, la he quitado porque estaba cubierta de polvo.
- Perfecto, venga, vamos a dormir.
- Uy, que prisa tienes ¿no?
- Es que estoy muy cansado.
- Claro, es normal, esta noche has visto demasiadas cosas, mañana será otro día -dijo sonriendo. Luego le besó en los labios y lo abrazó con fuerza.
- Buenas noches, que duermas bien mi amor.
- Sí, buenas noches cariño.
Hellen alargó el brazo y apagó la luz. No tardaron en quedarse dormidos.



Continuará...

Nuevo escenario, la acción les ha conducido a una vieja casa apartada de todo. Allí Hellen se crió, pero algo extraño parece ocurrir, Marty no ha dejado de sentir cosas raras desde que llegó. ¿Qué esconde la casa? ¿Están a salvo nuestros protagonistas? Y los Hijos del Abismo, ¿no tienen medios sobrenaturales de encontrarlos? Mataron a un profundo en la casa, esas criaturas quizá no sean bestias descerebradas, ¿habrá algún río o pantano cerca de la casa? Próximamente la siguiente parte, dónde daré respuesta a alguna de estas preguntas. Besos!
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[...] De aspecto brillante y viscoso vagamente antropoide, con la cabeza muy parecida a la de los peces. Sus ojos sorprendentemente saltones se clavaron en el muchacho sin tan siquiera parpadear. A ambos lados de su cuello palpitaban una branquias, moviéndose a un acelerado ritmo, sus largos y flacuchos brazos acababan en unas poderosas garras. La criatura abrió la boca mostrando sus terribles dientes y soltó un alarido agudo y punzante [...]

En un despacho: La historia de Hellen y Marty. Por Asturel

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viernes, 29 de septiembre de 2006
- No, no, no... ¡Has vuelto a hacerlo mal! –dijo la voz- Creo que como no te esfuerces un poco más nunca lo conseguirás.
- En serio Patrick, no se qué es lo que hago mal.
Joseph se había sentado sobre un gran arcón de madera y cuero y tenía una mano a cada lado de la cabeza, con los ojos apretados con fuerza.
- No sé –volvió a lloriquear-, quizá es que no me acostumbro a esto. Ni siquiera se por qué sigo aquí.
Patrick lo miraba con cierto desprecio. Se acercó hasta donde él estaba y lo instó a que mirara por la ventana. El muchacho se puso en pie y se acercó hasta la misma, asomándose. Podía ver el jardín de su casa, una extensión bastante considerable hasta llegar a la verja de la entrada, antes cubierta de verde y brillante césped y ahora devorada por el deterioro y las malas hierbas. El chico se giró de nuevo hacia su mentor.
- Por algún motivo que yo desconozco –explicó Patrick-, todavía estás anclado a esta casa. Las teorías clásicas nos dicen que debe haber algún asunto sin acabar... que seguramente hay algo de lo que no pudiste ocuparte y que ahora te retiene. No creo que tu única ancla sea esta casa, aunque sí parece ser la más importante.
- ¿Qué debo hacer?
- Ya te lo he dicho muchas veces.
- Sí, debo encontrar a alguien que me ayude, a alguna persona dispuesta a investigar el misterio y desentrañar sus secretos. Pero ya lo he intentado y no lo consigo. Cualquier familia o persona que decide instalarse aquí huye a los pocos días sin intentar entender qué ocurre.
- ¿Y de veras que no tienes ni la más mínima idea de por qué ocurre eso?
Joseph caminó de un lado a otro del desván, pensativo.
- Me he limitado a hacer lo que tu me habías dicho: tratar de llamar su atención.
- ¿Llamar su atención? –interrogó el hombre, acercándose al muchacho.
- Sí, eso es.
- ¿Llamar su atención? –volvió a preguntar, claramente enojado, tan cerca que hizo retroceder al chico- ¿Acaso para ti “llamar la atención” es hacer rezumar sangre de las paredes, los enchufes y los grifos, matar a los animales domésticos de la familia, asustarlos con amenazas de muerte y alaridos de ultratumba?
El chico no sabía que decir, ni como excusarse, para él su comportamiento había sido normal. Dio unos pasos y fue a sentarse a una mecedora que había cerca.
- Entonces... –dijo en voz baja- ¿cómo debo hacerlo?
Patrick suspiró de manera condescendiente, se acercó hasta Joseph y se sentó sobre el arcón.
- Bien, el problema, a mi modo de ver, es que has hecho unas manifestaciones demasiado bestias. Uno no puede aterrar a la gente y luego esperar que le ayuden. Debes picar su curiosidad, inquietarlos, no asustarlos.
- ¿Y eso cómo lo hago?
- Haz ruido a una hora particular desde un lugar determinado de la casa al que quieras que acudan. Abre los grifos para que salga agua, y sólo agua, de ellos. Detén los relojes... En resumen, cosas que puedan pasar por casuales o por despistes pero que denoten que está ocurriendo algo paranormal.
- ¿Y eso de qué servirá? Podría ser que no se dieran cuenta o que no hicieran nada.
- Te aseguro que lo más normal es que se pongan en contacto con algún médium o algo por el estilo. Si tienes suerte no será un estafador y podrá comunicarse contigo. Si no... pues bueno, ya sabes como echarlo.
Ambos se rieron sonoramente por el comentario y el chico le guiñó un ojo. La verdad es que era una suerte para él contar con la ayuda de Patrick. No sabía su historia, ni como había muerto, ni qué lo ataba a la tierra, ni por qué trataba de enseñarle. Éste reaccionaba a cualquier pregunta con malas palabras, o con evasivas y finalmente Joseph se había cansado de preguntar. De cualquier modo él debía solucionar sus problemas para poder dejar de ser un fantasma y morir de una vez como Dios mandaba.



¿Posible comienzo de historia? Mmm... quizá. No sé, tengo algunas ideas en mente... pero todavía hay que modelarlas.
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jueves, 28 de septiembre de 2006
Estoy viendo un semestre duro, arduo, lleno de trabajo... en definitiva: dolor y sufrimiento Llorica. Y es que llevo un par de días... horribles, horas y horas de trabajo delante del ordenador. Y supongo que eso es lo único que me espera de aquí en adelante (al menos hasta que termine el semestre) leer cantidad de lecturas y hacer cantidad de trabajos, tener poco tiempo para ver la enorme cantidad de películas que me he bajado, no poder hacer el vago y pasarme las horas muertas en el bar de la facultad...

Pero quizá aún quede esperanza Confundido el título es "Malos presagios, así es... presagios... no hay nada escrito, quizá pueda sobreponerme a todo, adaptarme al ritmo y encontrar tiempo para el ocio que antes tenía. Esperemos que sea así porque no quiero dejar de hacer todas esas cosas que tanto me gustan. ^^

Y es que si algo se yo es que uno puede aprobar las asignaturas sin comprar un libro, sin tomar un apunte e incluso sin ir a una clase Muchas risas.

Eso es, no debo crearme yo mismo estrés poniéndome presiones imaginarias... no, nadie me ha puesto entre la espada y la pared, además... tengo una katana hacer pedazos para darle "p'al pelo" al capullo que esgrima un estúpido y enclenque florete contra mí. Muchas risas

Venga chicos y chicas ;) no os creéis estrés innecesario... somos jóvenes. Nos vemos pronto!
mecanografiando
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martes, 26 de septiembre de 2006
19:02  | Otros
Bueno... ya llevamos más de medio mes y aquí no se aprecian cambios, y menos diferencias... Incluso el frasco de "amor" parece tener un principio de moho... Esto no funciona, yo de momento doy fe.

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Bueno... a ver cuando tiro esta mierda... Muchas risas Supongo que a los 30 días no habra demasiado cambio... en fin.
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domingo, 24 de septiembre de 2006
Buenas!
Acabo de ver "En el nombre de la rosa", película basada en el libro de "Umberto Eco", y la verdad es que me ha gustado mucho ^^. Os recomiendo que la veáis. Después he recordado que había un famosísimo juego de realización española llamado "La abadia del crimen", resulta que es de los mismos que la saga Comandos.

Pues aquí os dejo algunas capturas para que lo veáis y el url para descargarlo, y el de la web de dónde lo saqué (una genial en la que hay cantidad de juegos viejos, hay que registrarse para descargar cualquier otro juego, el link para este lo he sacado prestado )Muchas risas

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Descárgalo Aquí
Visita la web: "Ellos nunca lo harían"
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jueves, 21 de septiembre de 2006
Exacto, para bien o para mal he cambiado mi horario, en parte.
Nunca más volveré a ir por las tardes de 18 a 19:30 los lunes y miércoles. Sin embargo no se puede decir lo mismo de que los mismos días no vuelva a entrar más a las 10:30.

Me explico, hablé con la profesora de Percepción y atención y me ha dicho que puedo ir a sus clases los lunes y miércoles de 8:30 a 10, hora que tenía libre claro. Así perfecto, puedo ir a esa clase y no tener que volver por la tarde. Además tampoco tengo que ir siempre por la mañana, esa asignatura ya la he hecho... solamente iré a las clases convenientes (prácticas, etc.), ya he quedado con la profesora en su despacho para hablar de eso.

Bailando
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miércoles, 20 de septiembre de 2006
22:50  | Otros
Bueno, ya han pasado diez días y la cosa no parece nada podrida... ninguno de los dos, la verdad. Así que va a tocar dejarlos veinte días más para hacer un mes.

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Bueno, aquí está la imagen. Ya se que no se aprecia nada especial... y es que así es como están, tampoco os creáis que se ve con mal estado, para nada. Aunque se seguro que si lo abriese (cosa que no voy a hacer! NO!) apestaría mucho.

Más noticias de aquí a cinco días.
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martes, 19 de septiembre de 2006
Hola! En realidad el primer día de clase era ayer pero una extraña treta del destino hizo que no pudiera ir. ¿Cómo? Os preguntaréis. Pues la razón es que me hallaba convaleciente de un extraño mal en el estómago. Resulta que el domnigo a las 12 del medio día vomité parte de la comida (unos champiñones, para ser más exactos) de la comida del sábado... sí, comida, no cena. El sábado no sólo comí sino que tambien merendé y cené, todo con total normalidad y sin encontrarme mal. A lo dicho, al día siguiente vomité únicamente lo comentado... realmente desconcertante ¿no creéis? Mi hermana y mi cuñado comieron lo mismo y a ellos no le sentó mal.

El resultado fue que ayer fuí al médico y le expliqué mis reincidentes malestares digestivos y el último incidente del domingo. Su opinión fue que algo andaba mal y por eso me mandó hacerme (él mismo) una endoscopia oral(un maravillosa sonda insultos varios introducida por mi boca hasta mi estómago). Mi madre comentó de hacermela con sedación para que no pasara por la desagradable experiencia, el médico decía que a él le gustaba hacerla sin, pero que la decisión era mía. Mi madre me miraba diciéndose "hijo, escoge con sedación que es muy desagradable...". Y yo como estoy un poco tarado dije... "bueno, esa una experiencia más... así me puedo ver el estómago en el monitor" Muchas risas
Y así es... estaré consciente cuando me meta el tubito. NO!

A todo esto... sí, hoy he comenzado las clases y he de decir que me veo currando mucho este semestre Eeeeeeek Cinco asignaturas de tercero, una de segundo que hago por la tarde (de 18 a 19:30), defensa personal y una optativa que me obliga a tener trabajo extra...). La buena noticia es que lunes y miércoles empiezo a las 10:30 y el resto de días a las 9 Muchas risas yeah!

Bueno, eso es todo, ahora después iré a insultarle al arroz (y mimos también, al otro). Mañana ya habrán pasado diez días y tocará publicar el report...

Que vaya bien ;)
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lunes, 18 de septiembre de 2006
Marty apretó con fuerza el mango del cuchillo y continuó ascendiendo iluminando la escalera con su linterna. El olor a tumba exhumada que antes había sentido se mezclaba ahora con un hedor punzante como de pescado podrido. Hellen subía detrás del chico y cada pocos pasos iba mirando hacia atrás, como esperando que algo los asaltara por sorpresa. Pasó su linterna a su mano izquierda y con la derecha comprobó que la pistola estaba en su sitio y fácilmente accesible. Mientras subía, Marty, no paraba de repetir algo en su cabeza.
- “Pero no hay duda de que no son humanas” –se decía a sí mismo citando las palabras de Hellen-. Bien, y si no eran humanas... ¿de qué eran?
Intentó por todos los medios quitarse esos oscuros pensamientos de la cabeza, ya podía verse el final de la escalera y tenía que estar preparado para lo peor. Salió a al pasillo de la planta baja y esperó a que ella también lo hiciera. La puerta que daba al hall estaba abierta y al dirigir la mirada al suelo pudieron comprobar que las huellas iban desde la escalera hasta más allá de la puerta. Ambos se miraron mutuamente.
- ¿Qué vamos a hacer? –preguntó Marty.
- Qué quieres que hagamos... no nos podemos ir sin el medallón, no cuando estamos tan cerca.
- Pero... –replicó con voz trémula- ¿y si esa cosa nos ataca?
- Tranquilo cariño –le tranquilizó ella-, conozco esas cosas y te aseguro que se pueden matar.
Marty no acabó de estar convencido del todo pero... ¿qué otra cosa podía hacer? Era cierto que ya que se habían atrevido a allanar la casa, y ya que se había paseado por media mansión, lo lógico era que terminaran de hacer lo que habían venido a hacer. Así que sin volverlo a pensar atravesó la puerta y salió al hall.
Todo estaba en silencio. El tosco tic tac del reloj de las escaleras llenaba el vestíbulo y la sala entera estaba bañada por la claridad de la luz de la luna que se colaba por los grandes ventanales. Ambos fueron hacia las escaleras, observando compungidos como las recurrentes huellas de lodo parecían indicarles el camino. Hellen le indicó al chico que cogiera el tramo de escaleras de la izquierda y éste comenzó a subirlas. Pasaron la balconada interior y siguieron subiendo. Al llegar al segundo piso las huellas se marchaban hacía el pasillo de la derecha. Al verlo, respiraron más aliviados y siguieron subiendo. Alcanzaron el tercer piso y caminaron por el pasillo de la izquierda. Ambos lados estaban plagados de puertas y el fondo no podía verse. Siguieron caminado alumbrando a las puertas, imaginando la terrible posibilidad de encontrar alguna entreabierta en el camino. Al llegar al final la gran puerta los estaba aguardando. Hellen la abrió sigilosamente y alumbró a su interior. Justo como ella había dicho, un gran escritorio al fondo de la sala, a su derecha un par de sillones con una mesita y una chimenea, a la izquierda una gran estantería repleta de libros.
- Bien –susurró ella-, aquí es.
Ambos entraron al interior y cerraron la puerta tras de sí. Se acercaron hasta la estantería y comenzaron a examinar los libros. Debía haber un centenar de ellos, de muy variadas naturalezas y aspectos: encuadernados en piel, en tela, en cartoné... de múltiples colores y épocas.
- Tardaremos demasiado en examinarlos todos –se quejó él.
- Ese medallón es un legado familiar, ¿recuerdas? Estoy ligada a él, notaré algo cuando pasé mi mano cerca suyo.
Hellen cerró sus ojos, extendió su mano y comenzó a pasarla sobre los lomos de los libros. Cuando iba por la tercera fila se detuvo.
- Éste es –dijo sacando un libro del estante.
Abrió el tomo y en su interior las páginas habían sido cortadas formando un espacio hueco en forma de cuadrado, dentro del mismo relucía un colgante plateado. Hellen se lo metió en el bolsillo y volvió a dejar el libro en su sitio. De pronto a Marty se le heló la sangre cuando escuchó en la distancia una letanía grave que le sonaba mucho. Apagó la linterna y fue hasta la ventana. Abajo, a unos metros de la mansión, podía verse la procesión de candiles que se dirigía hacia ellos. Habían terminado el ritual, o lo que sólo Dios sabía que habían hecho. El chico se giró hacia Hellen y le hizo señas. Ella corrió hasta él apagando también la linterna.
- Mierda –exclamó ella-, han terminado antes de lo que yo pensaba. Tenemos que largarnos de aquí.
- Sí, ¿pero cómo?
- No sé, déjame que piense... –la chica caminó hacia la puerta, pensativa- intentaremos llegar a la puerta trasera, en el ala oeste de la casa, en la cocina. Esta en la planta baja, vamos, deprisa. Quizá todavía tengamos tiempo de llegar antes de que ellos entren.
Marty asintió y ambos corrieron pasillo abajo y comenzaron a bajar las escaleras a toda prisa. Bajaron los tres pisos y al llegar al descansillo dónde estaba el reloj se oyó el pesado cerrojo de la puerta.
- Mierda –susurró Hellen-, vamos, volvamos a subir.
Y empujando a Marty volvieron a subir hasta la balconada, dónde se agacharon y quedaron mirando a través de la balaustrada. La puerta de la entrada se abrió con un leve chirrido y por ella entraron la treintena de personas que formaba la procesión. Todos se quedaron en el hall y uno de ellos, que llevaba una capucha, se acercó hasta las escaleras. Hellen ya estaba dispuesta a levantarse y continuar subiendo pensando que el tipo subiría las escaleras cuando el hombre se dio media vuelta y se encaró al la multitud.
- Los designios de su Grandiosa Señoría ya están dispuestos –dijo el encapuchado-. Él nos observa desde R’lyeh, la gran cuna que mece a nuestro amo y señor. Sirviéndole, a él y a los suyos, nos aseguramos una recompensa mayor que cualquiera de las cosas a las que un simple mortal puede aspirar. Cinco han sido los elegidos por su Grandiosa Señoría para continuar con la sagrada tarea.
El hombre sacó una hoja enrollada del interior de su túnica, la abrió y comenzó a leer una lista de nombres. Uno a uno, los nombrados se acercaron hasta donde él estaba y se dispusieron a su lado. Un murmullo comenzó a oírse entre los presentes.
- El resto –prosiguió el encapuchado-, debéis alegraros por haber sido elegidos para otra tarea. Contribuiréis al cumplimiento de los deseos de su Grandiosa Señoría, vuestras vidas fortalecerán a los suyos que deben estar listos para cuando el momento del despertar llegue.
El murmullo se hizo más notable y algunos se movían nerviosos. Se oyó un fuerte golpe a su derecha, detrás de la puerta que daba al ala este. Todos se callaron de golpe. El hombre encapuchado sacó seis collares y poniéndose uno al cuello pasó los otros cinco a quienes estaban junto a él. La puerta que daba al ala este se abrió de fuerte golpe y de ella comenzaron a salir unas horrendas criaturas de color gris verdoso, la estancia se llenó de un repulsivo olor a pescado podrido. Algunos de los acólitos comenzaron a chillar e intentaron huir presos del pánico. Las criaturas, algo más de una docena, se abalanzaron contra los indefensos y aterrados hombres que trataban de entender que había pasado. Los llantos y gritos llenaban los oído de Hellen y Marty, que no podían apartar la vista de la escena. Uno a uno fueron cayendo, en medio de un gran charco de sangre, presas de las garras y los colmillos de las pestilentes monstruosidades que habían salido del sótano de la casa. El encapuchado miraba la escena, muy tranquilo. Una de las bestias se acercó hasta el grupo de seis personas y al observar lo que llevaban al cuello no dio un paso más. Las criaturas comenzaron a devorar a los muertos, e incluso a algún incauto que aún seguía con vida, malherido. El horrible ruido de miembros arrancados y carne desgarrada llenaba los oídos de Marty, el cual se veía realmente trastornado. Hellen tiró del brazo del chico y le indicó que ya era hora de que se marcharan. Cuando justo detrás de ellos se oyó una especie de gruñido, aunque más líquido, más gutural. Ambos se giraron y observaron horrorizados a una de aquellas asquerosas criaturas. De aspecto brillante y viscoso vagamente antropoide, con la cabeza muy parecida a la de los peces. Sus ojos sorprendentemente saltones se clavaron en el muchacho sin tan siquiera parpadear. A ambos lados de su cuello palpitaban una branquias, moviéndose a un acelerado ritmo, sus largos y flacuchos brazos acababan en unas poderosas garras. La criatura abrió la boca mostrando sus terribles dientes y soltó un alarido agudo y punzante que hizo que Marty se quedara paralizado del terror. Hellen sacó la pistola de su funda pero la bestia ya se había abalanzado sobre el chico. Aprisionado contra el suelo, había soltado el cuchillo y ahora sujetaba ambos brazos de la criatura intentando que esta no le abriera en canal con sus enormes garras. Marty metió una rodilla entre la bestia y él, separándola un poco y liberando su mano derecha, estiró el brazo a tientas y buscó el cuchillo. La rodilla del chico cedía ante el gran peso de la criatura y las fauces de la misma se aproximaban a su cara. Pero Marty dio con el cuchillo y tras cogerlo le lazó una fuerte puñalada al costado. La bestia chilló del dolor y el muchacho se la quitó de encima dándole una patada. Hellen aprovechó que por fin se habían separado para apretar el gatillo. Los disparos sonaron como truenos en la balconada. Cuatro impactos atravesaron el cuerpo de la criatura que cayó por las escaleras con un asqueroso sonido, semejante al de una fruta espachurrada. Hellen ayudó al chico a levantarse y tras abrir la puerta que daba al ala oeste corrieron por el pasillo. Los gritos de los seis hombres y sus pasos al subir las escaleras corriendo se oían con fuerza en el pasillo. Ambos corrieron hasta el final del pasillo y se metieron en la habitación del fondo. Había otro despacho. Se apresuraron a meter la gran mesa contra la puerta para bloquearla. Después Marty cogió el sillón y lo arrojó contra la ventana haciéndola añicos. Los hombres estaban aporreando la puerta y ellos miraron hacia abajo, no había mucha altura, estaban en el primer piso y además había matorrales abajo.
- Vamos, Hellen, hay que saltar –apremió el chico.
La chica hizo un gesto afirmativo y saltó, cayendo y dando una vuelta en el suelo. El chico la siguió y también dio otra vuelta en el suelo. Una vez abajo comenzaron a correr hacia la verja. Allí, sin mirar atrás, la saltaron y corrieron hacia el coche. Ambos se metieron dentro y salieron zumbando del lugar.



Continuará...

Uff... menos mal que han conseguido escapar Para alabar al master, la verdad es que ya los veía pasto de esas horrendas criaturas. Pero bueno, de momento todo a salido bien, ahora queda saber que es ese colgante y como va a seguir la aventura. Porque ¿sabrán los sectarios quién está detrás del asalto? ¿Tomarán represalias? ¿Cómo se tomará Marty la horrenda visión de las bestias? ¿tendrá pesadillas toda su vida? Muchas risas Lo sabrán en el próximo episodio Llorica
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domingo, 17 de septiembre de 2006
El silencio lo inundaba todo. Marty notó un escalofrío al ser plenamente consciente de la situación en la que se hallaba. El aire tenía cierto tufo a humedad, a la ya mentada tierra de cementerio recién removida; aunque el olor era notablemente más tenue que el que había en el exterior de la casa. No se oía nada más salvo el tosco tic tac de un reloj de péndulo situado en lo alto de las escaleras, donde ésta se dividía en dos direcciones. Sin más demora subió hasta ese punto, algunos peldaños crujían bajo sus pies formando un intermitente y arrítmico son, como un insistente araño sobre madera que le estaba empezando a poner nervioso. Al llegar frente al reloj se dio media vuelta y observó los dos tramos de escalera, uno a izquierda y otro a la derecha. Lo más lógico es que cada escalera condujera a un ala de la mansión. Las palabras de Hellen habían sido: “cuando subas por las escaleras habrá dos largos pasillos”. Sí, fácil, dos pasillos... pero no dijo nada en ningún momento de dos tramos de escaleras. ¿A qué ala de la mansión se estaba refiriendo? ¿A la derecha o a la izquierda? De pronto, tras de sí, el reloj comenzó a dar campanadas y él pegó un brinco cuchillo en mano. Apenas unos instantes después se dio cuenta de qué se trataba y bajó la guardia, eran las doce en punto.
- La hora bruja –pensó-. Está bien, Marty, tranquilízate, sólo ha sido el reloj, todo va bien.
En ese momento se quedó mirando su propio reflejo en el cristal del reloj mientras hablaba, la hoja del cuchillo relucía con la mortecina luz de las lámparas que había sobre su cabeza.
- ¡Claro! Qué estúpido soy –exclamó antes de cerrar los ojos y concentrarse-. ¿Hellen? ¿Hellen, me oyes?
No hubo respuesta. Quién sabe, quizá la cosa no funcionaba estando tan lejos o quizá tenía poca práctica todavía, pensó el chico. Volvió a encararse hacia las escaleras tratando de decidir cuál tomaría. Cuando de pronto algo retumbó en su cabeza.
- Marty, ¿qué ocurre? –preguntó una voz, muy parecida a la de Hellen sólo que notablemente más metálica.
Marty se alegró de que aquello definitivamente sí funcionase, así que volvió a cerrar los ojos y se concentró.
- Estoy en el hall y...
- ¿¡Todavía!? –exclamó la chica.
- Sí, verás es que al subir la escalera hay dos tramos diferentes que van a las distintas alas de la mansión. ¿Por cual tengo que ir?
- Hostia, es verdad, perdona, debes tomar el ala izquierda de la casa.
- Vale gracias. ¿Qué tal va todo?
- No es momento de charlar, date prisa.
Marty abrió los ojos y tomó la escalera de su izquierda mientras se decía a sí mismo:
- Eso es, el ala izquierda de la casa.
Las escaleras conducían a una balconada interior que daban al propio hall y al final de la misma había otra gran puerta que no dudó en abrir con sumo sigilo. No se veía nada, las luces estaban apagas y la única claridad que entraba era la del umbral que daba a la balconada. Marty encendió su linterna, cuyo haz de luz iluminaba unos diez metros y hacía visible su alrededor a una distancia de un metro y medio más o menos. Cerró la puerta tras de sí y dio un barrido con la linterna para observar atentamente todo el pasillo. Había algunas puertas a lo largo del mismo, pero la que había inmediatamente a su izquierda era notablemente más grande. Detrás de ésta encontró unas escaleras que conducían al piso de arriba. Comenzó a subirla con el molesto séquito de crujidos en los escalones que la formaban, no se paró a mirar el siguiente piso, continuó subiendo hasta llegar al tercero. Marty respiró aliviado cuando comprobó que tal y como había dicho Hellen a derecha e izquierda se extendía un pasillo. Fue hacia la izquierda, alumbrando a su paso. Todo lo que alcanzaba a ver era un hilera de puertas a cada lado. No se aventuró a inspeccionar ninguna, continuó su camino hasta llegar al final del pasillo, dónde había una puerta. El chico hizo girar el pomo y la puerta se abrió lentamente con un sonoro chirrido que le puso la piel de gallina por miedo a que alguien o algo pudiera oírlo. Examinó atentamente la habitación moviendo de un lado para otro la linterna. Había estantes llenos de cajas, cantidad de ellos, pero ningún escritorio y ninguna estantería con libros. Había girado a la izquierda, se recordaba a sí mismo, no podía ser... En cualquier caso comprobaría el final del pasillo de la derecha. Retrocedió sus pasos tan rápidamente como pudo sin hacer excesivo ruido. Llegó hasta el descansillo de la escalera y siguió caminado por la parte derecha del pasillo. La imagen se repitió, una larga hilera de puertas a cada lado hasta llegar al final donde había otra puerta. Marty giró el pomo con cuidado y empujo la puerta con delicadeza, que esta vez no chirrió, alumbró al interior y dio un barrido. En el interior pudo ver cantidad de cosas cubiertas con sábanas blancas, algunas bajas y cuadradas, otras altas y delgadas, como personas. Se le heló la sangre al pensar en lo que podía haber debajo de aquellas sábanas y por su cabeza comenzaron a circular toda clase de imágenes que había visto en películas de terror. Retrocedió temeroso y cerró la puerta silenciosamente.
- Mierda –pensó-. Hellen se tiene que haber equivocado, aquí no hay nada y este es el tercer piso –cerró los ojos y se concentró-. ¡Oye Hellen, te has equivocado!
No hubo respuesta, Marty espero un minuto a ver si ocurría como antes... seguía sin haber respuesta y comenzó a impacientarse.
- ¿Hellen? ¿Hellen? –repetía nervioso- ¿Puedes oírme? Creo que te has equivocado, aquí no hay nada... ¿Me oyes? ¡Joder!
Abrió los ojos y miró a su alrededor, de pronto fue plenamente consciente de lo solo que estaba y de lo oscuro que estaba todo.
- Mierda, esto no puede estar pasando... ¿Le habrá pasado algo? –pensó- Si no ya habría contestado... lo de la mente no falla, seguro que le ha pasado algo...
Marty se repetía a sí mismo todas estas cosas que cada vez le hacían ponerse más nervioso. De pronto la luz de la linterna parpadeo un par de vez como haciendo amago de apagarse, su intensidad descendió notablemente.
- Ni se te ocurra maldita puta –dijo en voz baja a la vez que le daba un par de golpes.
La linterna volvió a recuperar su potencia y el muchacho respiró aliviado. Pero un repentino sonido seco y aparatoso le asustó; había sonado al otro lado de la puerta, en la habitación de las sábanas. Quizá la ventana estaba abierta y el viento había tirado algo, pensó. Aunque realmente no recordaba haber notado ni pizca de aire al abrir la puerta. Acto seguido comenzó a oírse un extraño sonido, como de algo arrastrándose, muy cerca, justo al otro lado de la puerta. Marty palideció y sin dudarlo decidió que ya no pintaba nada ahí, agarró con fuerza la linterna y se marcho hacia las escaleras rápidamente. Bajo un piso y accedió a la balconada interior para después descender las escaleras hasta el hall. Caminó hacia su izquierda y cruzó la puerta por la que Hellen se había marchado hacía tan sólo algunos minutos.
Encontró otro largo pasillo con múltiples puertas, como en el piso superior. Y al igual que éste, a su izquierda había una ligeramente más grande, tras la cual había unas escaleras que descendían. Un aire helado provenía de su interior, y el olor a tierra era más intenso. Marty tragó saliva y comenzó a descender. Los peldaños estaban encajados y ennegrecidos por la humedad por lo que no soltaban sonido alguno, alguno incluso era algo resbaladizo por el limo que había en él, como si allá abajo, en las profundidades de la casa, no hubiese suelo sino barro y lodo. No sabía si todo eso había comenzado a hacer mella en su mente, pero la verdad es que le pareció como si hubiera estado descendido durante demasiado rato, más de lo normal para bajar un piso. Finalmente vislumbró el final de la escalera, un marco hecho en la roca viva, sin puerta alguna. Daba a un pasillo, si a ese túnel, a esa galería excavada en la roca se le podía denominar pasillo. Se extendía a ambos lados de la escalera y Marty decidió aventurarse al lado izquierdo. El suelo, como bien había sospechado, estaba compuesto de lodo y barro y en él sus bambas se hundían ligeramente concediéndole un caminar algo torpe. Alumbró al final del túnel, pero la linterna no alcanzaba a alumbrarlo. Pasó junto a una obertura en la roca, a su derecha, tapada con algas que pendían del techo, saliendo de entre la roca, como si de una cortinilla se tratase. Siguió caminado y vio otra de esas oberturas ahora a su izquierda, prosiguió caminando hasta contabilizar un par a cada lado. Al final del túnel sólo había roca, no había más camino. Sin embargo en el suelo había un gran agujero, de un metro y medio de diámetro aproximadamente. Marty se asomó con sumo cuidado y vio que en el fondo, a unos dos metros, había agua. No había duda, si caía ahí ya no podría salir. Dio media vuelta y volvió sobre sus pasos, por el camino se acercó a una de las oberturas y muy lentamente acercó la mano hasta las algas. Metió la mano entre ellas y las apartó despacio, tenían un tacto húmedo, viscoso, como de gelatina demasiado rígida y no pudo reprimir una silenciosa mueca de asco. Cruzó el umbral y entró dentro. Era una pequeña sala excavada en la roca con otro de esos grandes agujeros en el suelo, cuyo fondo nuevamente contenía agua. Marty se horrorizó al pensar que Hellen quizá había caído en uno de esos agujeros, quizá había tratado de mantenerse a flote hasta que sus fuerzas la abandonaron, o peor, quizá había tratado de encontrar una salida buceando y se había encontrado perdida y sin aire en las interminables galerías que debían conformar aquellos túneles de allá abajo, hundiéndose y ahogándose sin remedio.
- ¿Hellen? ¿Puedes oírme? –volvió a preguntar mentalmente sin hallar respuesta.
Volvió hasta las escaleras y caminó por la galería de la derecha. Volvió a ver las oberturas en la roca, con cortinas de algas, un total de dos, y llegó al final del túnel, que terminaba en roca maciza. A su derecha había una obertura sin cortina. Se metió en ella y a uno metros vio unas escaleras de piedra que subían tres o cuatro peldaños, hasta situarse a un metro sobre donde se encontraba ahora. Los subió y frente a él había un pasillo, esta vez con suelo de baldosa, con un par de puertas a cada lado y una puerta al fondo. Abrió la primera puerta que había a su derecha y entró alumbrando con la linterna. Marty ahogo un chillido en su garganta y retrocedió hasta darse con la puerta al ver tan dantesco espectáculo. En la habitación había una mesa de madera con cadenas ancladas a ella, cubierta de sangre reseca. Bajo la mesa había una especie de canalones tallados en el suelo por los que debía discurrir la sangre cuando ésta caía de la mesa hasta ellos para perderse después por una rejilla situada al final de los mismos. Además, junto a esta mesa había otra más pequeña repleta de instrumentos afilados de diversa naturaleza y propósito. La sala olía muy mal, Marty comenzó a tener arcadas y salió de la habitación dando tumbos. Al recuperarse de la horrible impresión asomó la cabeza a las otras tres habitaciones que había a los lados del pasillo, algo fugaz, para no darse tiempo a marearse. Se corroboró lo que él temía... las otras tres habitaciones eran idénticas: salas de tortura, o lo que es peor, de preparación ritual de los cuerpos o vete tú a saber qué. Se acercó a la puerta del fondo, más grande, la abrió con cuidado e iluminó su interior.
- ¡Hellen! –chilló Marty al verla tirada en el suelo. Corrió hasta ella y se sentó en el suelo, cogiéndola en sus brazos- ¿Qué te ha pasado? Despierta. Hellen, ¡despierta! ¡Vamos! –dijo al tiempo que daba ligeras palmaditas en el rostro de la chica.
La chica tenía un golpe en la cabeza, una pequeña herida de la que había brotado sangre y ahora estaba algo reseca. Hellen comenzó a recuperar el sentido.
- Mmm... ¿Marty? –dijo ella, que lo veía todo borroso- ¿eres tú?
- Sí, amor mío, estoy aquí. Me has dado un susto de muerte, traté de hablar contigo mentalmente y no contestabas así que bajé a buscarte.
- Ayúdame a levantare –pidió mientras trataba de asirse al chico cuando comenzó a ver mejor.
Marty la ayudó a ponerse en pie y le sirvió de apoyo para mantener el equilibrio. Salvo por el golpe en la cabeza, parecía estar en perfecto estado, su linterna estaba tirada en el suelo.
- ¿Qué ha pasado? –preguntó el chico.
- Había bajado aquí a buscar ese libro –aclaró señalando a una mesa que había cerca- y al ir a cogerlo me sobrevino una visión extraña perdí el equilibrio y caí golpeándome en la cabeza, supongo que perdí el conocimiento.
Marty miró la mesa que había a poco pasos de ellos, estaba repleta de papales y sobre ellos había un grueso tomo de tapas marrones. Se acercó hasta él y alargó el brazo para cogerlo.
- ¡Para! –chilló Hellen- No lo hagas, ¿es que no me has oído? No toques ese libro.
- ¿Pero como vamos a cogerlo si no?
- Envuélvelo en tu capa antes de cogerlo.
Marty se quitó la capa y la arrojó sobre el libro, después comenzó a envolverlo en ella. Lo tomó en sus manos y se sorprendió de lo mucho que pesaba.
- ¿Qué es? –quiso saber el muchacho.
- Es un libro muy importante. Y tú, ¿has conseguido ya lo tuyo?
- Por eso traté de contactar contigo, te equivocaste al decirme que tomará el ala izquierda, allí no había nada.
- Eso es imposible, no me equivoqué, conozco bien esta mansión.
- Pues yo no creo lo mismo, tomé las escaleras de la izquierda tal y como tu me dijis... –el chico se detuvo pensativo. De pronto arqueó las cejas con cara de sorprendido y exclamó- ¡Mierda! Claro, joder, tomé la escalera izquierda desde el descansillo del reloj, encarado a las mismas, es decir, fui al ala derecha de la casa. Cómo puedo ser tan estúpido.
- Bueno, no te castigues, todavía hay tiempo, rápido, salgamos de aquí.
Una vez Marty se aseguró que Hellen ya podía caminar recogieron su linterna y salieron al pasillo, lo atravesaron hasta salir al pasadizo excavado en la roca y prosiguieron hasta las escaleras. Al llegar a ellas Hellen se las quedó mirando extrañada mientras Marty ya comenzaba a subir.
- Espera –dijo, haciendo detener al chico-. Fíjate en estas huellas, están subiendo las escaleras.
En efecto, unas huellas palmípedas habían dejado un rastro de lodo en los escalones. Marty se giró y examinó los escalones.
- ¿Qué demonios es esto? ¿De qué son estas huellas? –preguntó nervioso el chico.
- No lo sé –contestó ella-. Pero no hay duda de que no son humanas y de que han subido al interior de la casa.
Hellen levantó la linterna e instó al chico para que siguiera subiendo por la escalera.



Continuará...

Hay Marty... que gambón eres... mira que equivocarte con lo de "derecha/izquierda"... pero bueno, te lo perdono por los nervios de estar solo. Pero igualmente, ¿ahora qué? Que demonios es eso que ha subido a la casa? Más os vale no cruzaros con él, ella, o lo que sólo Dios (es decir yo) sabe lo que es. Bueno, espero que haya gustado, próximamente la continuación; que últimamente estoy que no paro Muchas risas
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sábado, 16 de septiembre de 2006
El muchacho se había acomodado bien en el mullido sofá y tenía el viejo libro en sus manos. Un olor ocre, rancio, como el de un sótano húmedo que nadie ha aireado en años, subía desde las gastadas cubiertas y las amarillentas páginas hasta su nariz. Marty apartó el libro de sí tanto como su brazos se lo permitieron, la gran letra que poblaba la página hacía que pudiese leer con comodidad aún estando a tan inusual distancia. El texto estaba escrito en castellano antiguo, aunque esto no le supuso ninguna dificultad ya que estaba acostumbrado, por sus aficiones, a encontrarse con las antiguas maneras de hablar de la España de siglos pasados. Ojeó las páginas anteriores a las que Hellen le había remitido, le parecían aburridas ya que solamente hablaban de una persona, un tal Marcos Álvarez de Toledo, nacido en la España del siglo XIV y que malvivía en el corazón de la sierra de Guadarrama como un ermitaño. Marty pasó las páginas con desdén hasta volver al punto marcado y a partir de ahí comenzó a leer.
Mientras, Hellen se afanaba en la cocina a preparar algo sencillo. No tardó demasiado y al poco ya estaban disfrutando de la mentada cena.
- Bueno, ya se acerca la hora –dijo Hellen al ver que ambos ya estaban terminando los platos.
El chico hizo un gesto afirmativo con la cabeza y prosiguió a lo suyo. Hellen dirigió su mirada hacia el sofá, junto a él, sobre la mesa de madera africana, reposaba el libro que ella le había dado a leer. Recordaba la primera vez que tuvo ese libro en sus manos, pertenecía a la orden, su mentor se lo había dado durante los primeros días al ver que ella no dominaba las lenguas antiguas –tan necesarias para poder aprender los secretos herméticos de tiempos remotos-. Ella lo había devorado con avidez de joven entusiasta del esoterismo y ahora las tornas habían cambiado, ahora ella era la mentora, y ahora era suya la tarea de educar a un joven entusiasta en las artes arcanas. Volvió a mirar hacia el chico, que ya casi había terminado de cenar.
- ¿Te gusta el libro, Marty?
- Oh, sí. Es muy interesante, ya tengo ganas de estudiarlo con detenimiento. Y también he estado mirando las primeras páginas, son bastante aburridas.
- Te lo dije.
La chica jugueteó con su tenedor pinchando y removiendo la cena, se le había quitado el hambre y solamente tenía ganas de estar en el interior de la casa. Apartó el plato de sí y se levantó de la silla apremiando al muchacho a que hiciera lo mismo para que se pusieran ya en marcha. Él la siguió en el gesto y fue a llevar los platos a la cocina. Era cerca de las once de la noche y la luna se mostraba llena en el cielo a pesar de las oscuras y camufladas nubes que debía haber en el cielo, hacía un rato que había dejado de llover pero el olor en el aire aventuraba que seguramente tarde o temprano la tormenta volvería a azotar sus planes.
Hellen pidió al chico que prosiguiera leyendo mientras ella iba a cambiarse. Marty volvió a sentarse en el sofá y sacó el teléfono móvil. Tenía un mensaje y una llamada perdida de su compañero de piso, Alberto. No recordaba que el teléfono hubiese sonado, seguramente le habría pasado desapercibido. La pantalla del teléfono mostraba un sms de su preocupado compañero:

"Mrty,dnd stas?m tiens preocpad.Di alg kand leas ste sms!"

El chico se maldijo a sí mismo por tener tan poca cabeza y rápidamente envió un mensaje a su amigo para que se quedará tranquilo, de paso le informó de que quizá no aparecería por casa en unos días ya que había conocido a una chica y ahora estaba con ella. ¡Por nada del mundo le diría que se trataba de su profesora! Al otro lado del piso, Hellen, ya se había vestido para la noche que les esperaba. Se había enfundado en un pantalón negro de algodón y en una camiseta del mismo color, de hecho, toda la vestimenta lucía igual, lo mejor para un asalto nocturno. Calzaba unas cómodas deportivas y llevaba puesta una gruesa capa con capucha. Menudo espectáculo... mejor que nadie la viese vestida así en pleno siglo XXI, pensó. Abrió uno de los cajones del armario y cogió un cinturón de cuero negro que llevaba un cuchillo de unos quince centímetros de hoja de doble filo que una vez puesto le quedaría justo en la espalda a la altura de la cintura. El cinturón también tenía otra funda en la parte derecha. Hellen abrió un cajón de la cómoda y sacó de ella una pistola del calibre 9mm parabellum semiautomática, una Walther P99, una moderna arma de fabricación alemana con capacidad para dieciséis balas. Todo un primor de la auto-defensa que Hellen no dudaría en usar ni un instante contra cualquiera lo suficientemente loco para frustrar sus planes. Colocó el arma en la funda del cinturón y salió al comedor. Marty levantó la vista del libro y se quedó sorprendido por el atuendo que llevaba su amada.
- ¡Guau! –exclamó- Que pasada de ropa, pareces sacada de una película de acción.
- Siento no poder ofrecerte lo mismo, aunque tengo otra capa si la quieres.
El chico asintió y ambos fueron a la habitación, dónde finalmente se puso la capa con capucha.
- Te sienta genial –dijo ella mientras buscaba algo en un cajón. Después de remover un poco lo encontró-. Aquí está, ten, quiero que tengas esto.
La chica alzó un colgante que sujetaba una pequeña piedra de barro con algunas inscripciones, se acercó hasta él y comenzó a abrochárselo por detrás.
- ¿Qué es? -preguntó
- Un amuleto que te protegerá.
- ¿Protegerme? ¿De qué?
- Pues de algunos hechizos –aclaró Hellen mientras terminaba de atarle el colgante-. Bien, ya estamos listos, vayámonos a coger el coche.

Montaron en el coche y condujeron hasta los terrenos de la mansión. La noche era clara, debido a la luz de la luna, el frío cortaba la piel y calaba hasta los huesos. En el aire flotaba un olor a tierra húmeda, como de tumba recién exhumada, un olor rancio que iba incrementándose a medida que se aproximaban a la mansión. El coche se detuvo junto a la verja, apartado del camino, las luces las habían apagado hacía ya unos metros y ahora era el motor lo que se detenía. Ambos bajaron del coche y Hellen instó a Marty a coger un par de linternas que llevaba en el maletero.
- Ahora saltaremos esta verja y nos colaremos, pero todavía no entraremos en la casa, esperaremos escondidos hasta que todos hayan salido. Y por cierto, pon el móvil en silencio, sería horrible que sonará una vez estemos dentro.
Marty asintió a todo lo que ella dijo y ambos saltaron la gran verja de hierro forjado que barraba la entrada a los terrenos de la mansión. Lo hicieron con suma destreza y sin ningún problema, llegaron al otro lado y Hellen lo condujo hasta unos matorrales que había cerca de la puerta principal, entre la casa y el cementerio que escondía las galerías y cámaras dónde se hacían los rituales. Se mantuvieron a la espera algunos minutos, tras los cuales las grandes y pesadas puertas principales de la mansión se abrieron de par en par y de ellas surgió un hombre con un candil en alto que iba vestido con una túnica grisácea, a él le siguió un columna de a dos formada por hombres igualmente vestidos, cada dos filas había otro par de candiles alzados. Marty pudo contar hasta un total de treinta y dos personas teniendo en cuenta a la última que iba cerrando la extraña procesión, con un estandarte coronado por otro candil. No pudo alcanzar a ver ni el extraño símbolo que contenía el estandarte ni las inscripciones que los hombres llevaban en sus vestimentas. La procesión iba entonando una letanía en algún idioma desconocido para Marty, pero las voces se entremezclaban formando un único sonido grave y espeluznante que hizo que el chico se revolviera de malestar en su escondite. Hellen, sin embargo, permanecía impasible observando a sus excompañeros; siendo asaltada, quizá, por recuerdos no muy lejanos en los que ella misma vestía esos ropajes y cantaba esos rezos. El grupo seguía caminando, después de que el último miembro volviera a cerrar las puertas de la mansión, en dirección hacía el cementerio. En unos minutos ya se habían alejado lo suficiente como para salir del escondrijo e iniciar el allanamiento.
Hellen se levantó y caminó hasta la entrada de la casa, sacó una llave de un bolsillo y la hizo girar en la cerradura. Un sonido fuerte y seco sonó cuando la puerta se abrió, la chica estiró de una de las argollas y la pesada puerta se abrió con inusitada facilidad. Marty seguía tras los arbustos observando como la procesión se perdía en la lejanía, los cánticos todavía podían oírse y quizá era eso lo que lo mantenía allí, como petrificado. De pronto una especie de silbido, algo más grave, lo sacó del trance. Miro en derredor y no vio a la chica por ningún lado, se asustó. Volvió a oír el silbido y alzó la vista, hacía la entrada de la casa. Allí estaba ella, medio oculta tras la gran puerta de madera, indicándole que entrara. El chico miró a ambos lados, asegurándose de que no había nadie, y corrió hacía la puerta. Hellen no pudo reprimir una risilla cuando el muchacho cruzó el umbral con notable cara de asustado.
- Bien, ya estamos –dijo ella pasando el brazo por el hombro del chico-. Bienvenido a mi antiguo hogar. No hay tiempo que perder, tu ves a buscar el medallón mientras yo voy a buscar otra cosa importante. Ves hasta el tercer piso y allí...
- Espera, ¿qué nos separemos? –preguntó con voz trémula el chico al tiempo que se separaba de ella- Ni hablar, no puedes dejarme sólo en una casa tan grande, ¿y si me pierdo? No creo que tardemos tanto en ir a buscar las dos cosas juntos.
- Lo siento mi amor pero hemos de hacerlo así –aclaró con voz dulce la chica-. No pasa nada por ir al tercer piso, y no tiene pérdida créeme, estarás bien. A dónde voy yo si que es otro cantar, voy al sótano. ¿De veras que quieres ir al sótano? –la cara del chico palideció con la simple idea de tal cosa- Hazme caso, ves al tercer piso, coge eso y vuelve, verás que rápido va todo. En nada estaremos en casa durmiendo.
Marty seguía sin estar del todo convencido pero por nada del mundo Hellen dejaría que el muchacho la acompañara al sótano; no por el peligro que en cierto modo era casi inexistente sino porque las cosas que había de coger de allí no podían ser vistas por el chico ya que concernían a ella misma y debían permanecer en secreto.
- ¿Todavía tienes miedo? –preguntó ella. El chico no contestó, simplemente la miraba con ojos preocupado. Hellen metió la mano dentro de la capa, detrás de su cintura y sacó el cuchillo para dárselo a Marty- Ten, quizá con esto te sientas más seguro. Esto y el amuleto que te di te protegerán de cualquier cosa.
El chico tomó el cuchillo y finalmente accedió a sus planes. Respiró profundamente y aguardó a que ella le indicara dónde encontrar el colgante de su familia.
- Bien, ahora que ya hemos acordado eso seguiremos con el plan. Mi objeto está en el tercer piso, cuando subas por las escaleras habrá dos largos pasillos, uno a la izquierda y otro a la derecha, tú toma el de la izquierda y ves por él hasta el final. Verás una puerta grande. Entra en ella, es un despacho. El colgante está dentro de un falso libro de la estantería, no sé cual es exactamente, búscalo. Cuando lo tengas vuelve aquí. Yo volveré tan pronto como me sea posible.
- ¿Y qué hago si ellos vuelven antes que tú?
- Tranquilo, el ritual les tomará tiempo, eso no ocurrirá. Bien, ya está todo dicho, nos vemos aquí.
Y diciendo esto, la chica se fue hacia la derecha y atravesó la puerta que allí había cerrándola tras de sí. Marty se había quedado solo en el hall de la mansión.


Continuará...

Bien, ya estamos dentro de la casa y nuestro chicho se ha quedado solo... ahora tiene que subir tres pisos de esa solitaria e inquietante mansión para atravesar un largo pasillo plagado de puertas a ambos lados del mismo, y todo para entrar en un despacho a buscar en una gran estantería un libro que no sabe ni cual es... ¿Y se supone que tiene que hacerlo dejándolo todo igual?
Próximamente la siguiente parte de este relato ^^

Comentarios (2)  Autor asturel  | Enviar
viernes, 15 de septiembre de 2006
0:15  | Otros
Buenas, han pasado cinco días. Estaba claro que no iba a poner cada día una foto de algo que, a mi juicio, no varia prácticamente nada. Como podéis ver incluso después de 5 días el aspecto es prácticamente idéntico, no solamente entre ellos sino también entre la foto del día 1 y ésta. Estoy flipando con lo que aguanta este arroz sin ponerse de color raro... ya lleva cinco días sin estar guardado en ningún frigorífico ni nada, aunque vete tu a saber el olor que tendría si lo destapara... (tranquilos, no pienso hacerlo).

En fin... es cierto que mirados por debajo el de "odio" me parece ligeramente más amarillento pero... eso no es suficiente, aunque todavía son pocos días. Esperemos que para dentro de otros cinco días haya ya una diferencia algo más notable porque es algo tedioso tener que dedicarles 10 minutos al día (5+5).

Imagen

PD: a los que os habéis interesado, tranquilos... los botes están bien cerrados y no hay peligro Muchas risas

¡¡¡¡BIOHAZARD!!!!
Splat
Comentarios (1)  Autor asturel  | Enviar
lunes, 11 de septiembre de 2006
Hellen abrió la puerta del piso y Marty se le adelantó cruzándola, corriendo hasta el sofá. Se dejó caer de manera pesada sobre el él, boca abajo, y soltó un fuerte soplido de alivio.
- Menos mal que ya estamos aquí, en la seguridad del hogar –y diciendo esto, el muchacho, se giro y se quedó mirando al techo mientras pensaba en sus cosas.
- No te quedes ahí estirado, tenemos muchas cosas que hacer. ¿No querías que te enseñara algún truco?
Marty se incorporó rápido como un rayo y exclamó afirmativamente con un rotundo sí.
- Bien, pues siéntate en la mesa mientras yo voy a buscar un libro a la habitación.
El chico le hizo caso y se levantó, se estirajó un poco como si hiciera horas que dormía y caminó hasta la mesa para sentarse. Mientras, Hellen fue a la habitación que tenía el extraño símbolo en su dintel y se situó frente a la larga estantería que contenía numerosos volúmenes antiguos.
- Bien... –se dijo para sí misma- en que libro estaba... –repasó con la vista los diversos títulos que tenía frente a sí para ver si alguno le sonaba. De pronto, se detuvo en uno- Ya recuerdo, es este.
Cogió el libro y salió de la habitación. Marty estaba sentado en la mesa, mirando hacia la puerta por la que ella acababa de salir. Ello se hizo cargo y sonriendo levantó el libro para indicarle que ya lo tenía. Fue hacia la mesa y se sentó a su lado.
- Bien, en este libro hay un hechizo realmente útil llamado “lazo mental” –dijo al tiempo que abría el libro por una página concreta y lo ponía de manera que él lo pudiera leer con comodidad-. Su función es simple, crea un puente entre la mente de dos personas haciendo que estas se puedan comunicar telepáticamente aunque estén a distancia.
- Joder, que guay.
- Sí, así podremos estar en contacto permanente aunque nos separemos dentro de la casa.
A Marty no le había gustado esa última frase... ¿separarse dentro de la casa? Esperaba que no hablara en serio, no se imaginaba totalmente solo en esa enorme mansión con vete tú a saber que cosas rondando por ahí. Se fijó en el aspecto del libro, estaba escrito en castellano, a mano; el papel estaba algo amarillo por el paso del tiempo y desprendía cierto olor ocre. La página estaba decorada con un bonito dibujo de dos personas sentadas en sillas, de espaldas, con una brillante aura que surgía de sus cabezas y se unía con un fino cordel.
- Es bonito –dijo Marty.
- Sí. Bueno, para realizar el hechizo tenemos que hacer un ritual.
- ¿En que consiste?
- Hemos de beber cierto preparado, juntar nuestras frentes y nuestras manos, y decir ese texto que sale ahí.
- Pues cuando quieras.
- Bien, pues ves a sentarte al sofá y ves memorizando el texto. Yo mientras iré a coger las cosas que necesitamos para hacer el brebaje.
Hellen cogió el libro y ambos fueron hacia el sofá, Marty se sentó y ella se fue a la cocina. Tardó algunos minutos en prepararlo. Al principio, el chico, no podía concentrarse pues no hacía más que prestar atención a los ruidos que hacía ella en la cocina; ruidos de botes de cristal, de ollas y de cucharas. Bajó la vista y miró el texto, no era muy extenso y además tenía rima, no le resultaría difícil recordarlo, así que se puso a ello.
- Bien, ya estoy –dijo Hellen desde la cocina. Salió al comedor y se dirigió a la habitación con un cáliz en la mano-. Sólo falta una cosa –aclaró por el camino. Y se metió en la habitación donde abrió el armario y cogió una hermosa daga con grabados. Una vez la tuvo, volvió al comedor.
- Estupendo –dijo sentándose-, ¿qué tal llevas ese texto?
- Ya está, creo que lo tengo.
- Perfecto, esto es lo que nos tenemos que beber –explicó alzando el cáliz.
Pero Marty estaba mirando otra cosa... miraba atentamente, y algo preocupado, la daga que Hellen tenía en su otra mano. Ella se dio cuenta enseguida del hecho y dejando el cáliz sobre la mesa se dispuso a tranquilizar a su joven pupilo.
- ¿Te gusta? Es una daga ceremonial del siglo XIV, la usaban las brujas es sus rituales. El material con el que se realizan es muy importante, todos estos objetos antiguos están cargados de poder y son un refuerzo a las capacidades del hechicero.
- Muy bonita –pensó Marty-, pero eso no hace que me tranquilice.
El muchacho seguía con cara de preocupación así que Hellen pasó a explicarle los detalles del ritual.
- Veamos, la daga es para hacernos un pequeño corte. El ingrediente que falta al brebaje es la sangre de las dos personas que se van a vincular.
- ¿Cuánta sangre necesitas?
- Con unas gotas bastará.
- Uf... que alivio, es que como eso es tan grande... pensaba que sería algo mucho peor. ¿No podrías haber usado un alfiler o algo así?
- Lo he explicado antes, los objetos que usamos cuentan.
- Ok, vamos allá.
Hellen cogió el brazo del muchacho a la altura de la muñeca y le hizo un corte en uno de los dedos. Marty soltó un quejido y ella sonrió.
- Ya está, tranquilo –dijo ella con voz suave mientras apretaba el dedo masajeándolo sobre el recipiente para que la sangre cayese dentro-. Ahora yo –y con total decisión repitió el procedimiento con su propia mano.
Una vez hubo acabado, tomó el cáliz con la mano y lo removió con un movimiento circular, se lo llevo a los labios y bebió algunos tragos.
- Tu turno –dijo pasándoselo a Marty.
El chico la miró a la cara mientras cogía el cáliz con las dos manos, ella estaba expectante, con los ojos brillantes y vivos, con una amplia y cálida sonrisa. Marty miró entonces el cáliz, un líquido oscuro, algo denso, con un ligero tono granate. Volvió a mirar a Hellen, cerró los ojos y apuró el contenido de la copa para después dejarla sobre la mesa de un golpe.
- ¡Argh! –exclamó con una mueca de asco- Que amargo estaba.
- Venga, ven aquí, dame tus manos, ahora hemos de decir el texto.
Y diciendo esto Hellen tomó las manos a Marty y pegó su frente contra la de él para después comenzar a recitar al mismo tiempo el viejo conjuro que quién sabe desde cuantos siglos atrás se venía practicando. Justo cuando terminaron la última palabra ambos notaron un leve pinchazo en la cabeza seguido de un ligero escozor en la frente.
- ¡Ay! –se quejó el chico- Que cosa más rara.
Hellen se frotó la frente y se recolocó en el sofá.
- Bueno, no siento nada, creo que no ha funcionado –dijo Marty mirando a Hellen.
- ¿De veras lo crees? –preguntó ella.
Marty se quedó de piedra, con los ojos abiertos como platos. Había oído perfectamente la pregunta de la chica, pero sus labios no se habían despegado, además, su voz había sonado algo extraña, como con cierta resonancia, algo parecido a cuando estás dentro de una cueva.
- ¿Sigues creyendo que no ha dado resultado? –volvió a preguntar la chica con el mismo método.
- ¿Cómo demonios lo haces? –preguntó él alterado y lleno de curiosidad.
- Sencillo, simplemente dime algo como cuando hablas contigo mismo, con lo que los científicos llaman “el habla subvocal”.
- Veamos... –Marty cerro los labios y se concentró- Seguro que no me sale, no creo que sea tan sencillo –la voz sonó en la cabeza de Hellen como si éste hubiera hablado.
- Oh, ya lo creo que te sale cariño mío, no tiene ninguna dificultad sólo hay que acostumbrarse.
- ¡Me ha salido! –gritó de alegría él a la vez que se levantaba del sofá. Volvió a mirar a Hellen y entonces se tiró contra ella abrazándola- Bien, ¿ahora qué toca?
- Pues te enseñaré el libro ese en el que sale el hechizo para entender todos los idiomas –dijo ella con el pensamiento-. Además, podrías ir practicando lo que acabas de aprender, es preciso que lo domines cuanto antes.
- Está bien –dijo sin abrir boca.
Hellen se levantó y lo cogió de la mano tirando de ella para que el chico la siguiese. Fueron a la habitación de los libros y ella tomó uno del estante. Era delgado, de tapas de cuero marrón roído por el paso del tiempo. Ni siquiera tenía título. Hellen lo abrió y pasó las hojas rápidamente, buscando el hechizo en cuestión.
- Sí, aquí está –dijo cogiendo el punto de tela que llevaba el libro y colocándolo en la página exacta-. Este es el libro, las siguiente diez páginas a partir del punto explican como se realiza el conjuro; el resto es bastante aburrido, explica la vida y obra del brujo que lo creó, no te lo aconsejo, hay muchísimas otras cosas interesantes que leer en mi biblioteca y una vez haya conseguido lo que el hechizo propone... todavía más.
- Gracias, empezaré a leerlo enseguida –dijo Marty cogiendo el libro de manos de Hellen.
- Puedes hacerlo mientras yo preparo la cena, cenaremos pronto, así tendremos más tiempo para preparar el plan y llegar pronto a la casa.
Ambos se fueron hacia el salón, donde Marty se sentó en el sofá a leer y Hellen continuó hacia la cocina, donde empezó a preparar la cena.


Continuará...

Bueno, así queda la cosa, Marty ha aprendido una herramienta muy importante que seguramente le hará mucho servicio en sus próximas andanzas... nuevamente no hay acción pero es que si pretendo escribir algo largo no voy a poner acción cada 1000 palabras. El próximo día: Allanamiento Muchas risas
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domingo, 10 de septiembre de 2006
18:17  | Otros
Hola a todos, iba en serio, lo de los 2 arroces. Por eso ayer cree una categoría para los artículos llamada así y hoy he limpiado dos botes iguales.

Cuando ya los tenía listos he hervido agua y cocido arroz, después los he aclarado y escurrido para meterlos en ambos botes a partes iguales. Los he cerrado y he puesto una etiqueta en cada uno; en uno dice "Amor" y en el otro "Odio".

Sencillo, de aquí a diez dias veremos que tal va la cosa, si no han cambiado nada proseguiremos con la experiencia hasta que haga 30 días (como originalmente pone en la web). De momento esta es la imagen inicial de ambos botes, como es obvio, no hay diferencias entre ambos.

Imagen

Hoy ya han tenido sus 5 minutos de charla (por separado) y la verdad es que al de "odio" lo he puesto a caldo Muchas risas. Ambos permanecen guardados en mi armario, algo apartados el uno del otro. Bueno, espero que me acompañéis en esta extraña experiencia.

Bye!
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12:53  | Otros
"El agua se ve afectado por las emociones, por eso ya que somos un 70% agua, y la Tierra es un 70% agua, podemos curar a nuestro planeta y a nosotros mismos expresando conscientemente amor y buenos deseos"

Estas son las palabras de Masuro Emoto, un investigador que advierte de que nuestros pensamientos y emociones afectan al agua y, por ende, a todo lo que la contiene. Ha hecho diversas investigaciones con agua y otras cosas, aplicándoles frases positivas a unas y negativas a otras, el resultado, al cabo de los días, se hacía patente: bajo el microscopio (tras congelar el agua) los cristales de las que habian recibido frases positivas eran proporcionados, hermosos; en cambio las que habian recibido frases negativas estaban deformadas y eran horrendas.

A este agua se le decía "gracias":
Imagen

A esta otra se le decía "te odio, te mataré":
Imagen

Tambien es célebre la experiencia de los dos botes de arroz, aplicando el mismo procedimiento. Dejaré que la imagen hable por sí sola:

Imagen

Sorprendente ¿no? Pues yo me he propuesto realizar la misma prueba. Meteré arroz cocido en dos botes idénticos y a lo largo de diez días les aplicaré por separado frases agradables a uno y desagradables a otro. Procuraré hacer fotos a diario y ponerlo aquí para que todos lo podáis seguir. Espero que salga algo.

La hipótesis es: Si las emociones de las personas afectan a las cosas que nos rodean, ambas aguas, expuestas a las mismas condiciones ambientales (de recipiente, temperatura, humedad, etc.) deberían presentar diferencias significativas después de diez días de exposición.

He pensado en exponerlas a mis emociones 5 minutos al día. Llevaré a uno de los botes a una habitación y lo someteré a insultos y frases de odio durante cinco minutos. Después descansaré un rato para calmarme y deshacerme de toda ira que pueda tener. Después dejaré ese bote en otra habitación y cogeré el otro para hablarle durante 5 mintuos con ternura y amor. Al acabar dejaré los dos botes en la misma habitación pero a cierta distancia.

Bueno, puede parecer pintoresco... pero es curiosidad, a ver que pasa al final Muchas risas
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jueves, 07 de septiembre de 2006
Hola! Como yo estuve de vacaciones mientras se iba publicando cuando llegué ya estaba todo hecho así que me pareció como si hubiera pasado desapercibido (lo que quizá ocurrió, o no). El caso es que aprovecho para poner todos los links a las 8 partes y de paso enseñar la imagen que hizo la Sofi, la anfitriona de la Poussiére Du Diamant, para encabezar este relato, claro que lo recibí después de que hubiera sido publicado por completo; por lo tanto, ahora lo rescato para que todos lo veáis (Gracias Kohai Para alabar al master)
Imagen

Parte 1 / Parte 2 / Parte 3 / Parte 4 / Parte 5 / Parte 6 / Parte 7 / Parte 8
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Ambos se sentaron a la mesa y comenzaron a comer. A lo largo de la comida estuvieron hablando de temas variados, Hellen estuvo preguntando acerca de la familia de Marty, sobre sus estudios, sus amigos, lo que hacía en su tiempo libre... y es que la verdad sea dicha, poco era lo que sabía la chica de su amante y próximamente pupilo. Marty aprovechó la creada atmósfera de confianza para sonsacar también datos sobre el pasado de Hellen, pero ésta iba esquivando las preguntas una a una con mucha habilidad, o a lo sumo respondiendo de manera casi telegráfica, volviendo rápidamente a conducir la conversación hacia Marty. Finalmente el chico vio que no iba a sacar nada de sus preguntas íntimas con lo que una vez terminados los platos, después de que Hellen le hubiera ofrecido café, intentó informarse sobre su futuro próximo al lado de Hellen.
- Buf... la comida estaba buenísima –dijo al tiempo que se reclinaba hacia atrás en la silla y se frotaba el estómago-. Ahora que ya hemos terminado de comer que te parece si me cuentas de que va todo eso de la secta.
- ¿Secta? –se preguntó a sí misma en voz baja. No recordaba haberse referido a la organización a la que pertenecía con tal nombre... aunque si se ponía a recordar los horarios estrictos, los cursillos de formación, las conferencias de los sacerdotes, los intentos de desprestigiar a la familia y romper los lazos emocionales con el exterior... “Ese chico te dará problemas Hellen” Solía decirle su mentor. “Deberías dejarlo, ya sabes que aquí tienes todo lo que necesitas”.
- Malditos cabrones –pensó-, pienso de vengarme de esos cerdos, sí... esa joya de familia será sólo el principio.
- ¿Hellen? ¿Me has oído?
La chica había ido a buscar el café a la cocina. Al oír la pregunta de Marty asomó la cabeza por el pasaplatos.
- Claro que sí, cielo. Ahora mismo voy.
Hellen cogió la cafetera y el azúcar y fue a sentarse a la mesa. Sirvió dos tazas de café y sentó frente a Marty.
- Dime, ¿qué me decías?
- Eso, que de qué va todo eso de la secta.
- Pues como te he dicho, es una organización muy antigua que se dedica al estudio de lo oculto, a la catalogación de sucesos paranormales y la recopilación de libros arcanos y llenos de conocimiento esotérico.
- ¿Cómo los que tu tienes?
- Exacto, como esos mismos.
- ¿Son todos tuyos?
- Claro, bueno... no todos, estrictamente hablando algunos son de la Organización. Aunque ahora que los he dejado supongo que podría quedármelos... pero no sé, su valor es incalculable, no sólo por el dinero que valen sino por todo el conocimiento arcano que poseen.
- Bueno, si quieres devolverlos podríamos dejarlos a la vez que cogemos tu legado familiar. Aunque es una pena... yo todavía no los he leído y la verdad es que me gustaría hacerlo.
- Pues no se hable más –exclamó alegrada Hellen-, nos los quedamos, serán para los dos. Me importa poco quienes vengan a intentar robárnoslos, podremos contra ellos. Aunque algunos tendré que leértelos... o tendrás que aprender latín, griego, arameo, sánscrito, alemán, inglés... un sinfín de lenguas.
- Vaya, mejor que me los leas tú. ¿Por qué no hay ninguna manera de que yo los lea sin saberlas no?
- ¿Te refieres a con magia?
- Sí –aclaró Marty sonriendo de oreja a oreja-, sería genial que un conjuro así existiese, ¿no crees?
- Bueno, normalmente yo estoy en contra de usar conjuros que eviten tener que usar conocimientos o que permitan atajos... Pero supongo que esto es un caso de fuerza mayor, no es plan de que te pongas a estudiar todas esas lenguas... podríamos pasarnos una eternidad. Dicho conjuro existe y yo lo conozco –añadió guiñándole un ojo-, será un placer enseñártelo.
Marty se levantó de un salto y se lanzó a los brazos de Hellen, abrazándola. Se sentía tan animado y curioso por ese nuevo y extraño mundo que se había abierto ante él... y encima la tenía a ella, una diosa, una suma sacerdotisa de lo sobrenatural, su guía y mentor. Lo único que le tenía un poco mosca era el tener que allanar una mansión repleta de sectarios, pero si eso era lo que quería su maestra... pues eso sería lo que él haría. Marty tenía su cara entre los pechos de Hellen y la abrazaba con fuerza. A su nariz llegaba la adorable fragancia a rosas que tanto caracterizaba a su enamorada. Tras inspirar con fuerza alzó la mirada hasta encontrarse con los ojos de Hellen, y sonriendo dijo:
- Oye, ¿no te has olvidado de algo?
Hellen lo miró extrañado.
- ¿Cómo?
- Has olvidado algo... ¿no consigues recordar qué es?
- Pues... no, no consigo recordar. La verdad es que estaba tan a gusto aquí contigo que por unos segundos he perdido el mundo de vista.
Marty río tímidamente a la vez que se apartaba de Hellen poniéndose de pie.
- El gato, Hellen, el gato de tu vecina. ¿No tenías que recogerlo?
- ¡Hostia, es verdad! Menos mal que tengo llaves de su piso, se suponía que debía recogerlo nada más llegar aquí. Espero que no se haya hecho ningún destrozo. Espérame, ahora vengo, voy a traerlo.
Y diciendo esto salió hacia el recibidor, donde cogió un manojo de llaves y abrió la puerta para después cerrarla tras de sí. Marty se quedó expectante, en silencio, escuchando cada ruido que llegaba a sus oídos tratando de imaginar cada cosa que podría estar haciendo la chica. A los pocos minutos volvió a abrirse la puerta y Hellen apareció con un enorme gato negro en los brazos, cerró la puerta a sus espaldas y dejó al gato en el suelo, el cual no esperó ni un segundo en salir disparado hacia algún rincón del piso.
- ¡Dios! –exclamó Marty- ¡Que gato tan grande, ¿no?! Es enorme.
- Sí, la verdad es que es realmente grande, mi vecina debe alimentarlo muy bien.
- ¿Y cómo se llama?
- Mmm… -Hellen se quedó unos segundo pensativa- no lo recuerdo muy bien… era un nombre raro… con la típica terminación de ángel, ¿sabes?
- ¿“ael”?
- Sí, pero no era de ángel, creo que me dijo que era de una serie de dibujos que su hijo veía de pequeño.
- ¿Azrael?
- ¡Sí! Vaya, ¿así que tú también la veías?
- Claro, “Los Pitufos”, quién no ha visto los pitufos…
- ¿Y había uno que se llamaba Azrael?
Marty estalló en carcajadas, lo que hizo que Hellen pusiera cara de molesta.
- ¡No! El gato del malo. Había un viejo brujo que siempre quería capturar a los pitufos, para hacer alguna pócima, que se llamaba Gargamel. Pues su gato se llamaba Azrael.
- Ah… es un poco friki, ¿no crees?
- ¿Qué? Para nada, no sé, yo si tuviera un gato le pondría algún nombre del estilo… nada de “Zarpitas” o “Garfield”; más bien algo como Lucifer o algún otro nombre tétrico.
- Sí, Lucifer es un buen nombre para un gato, pero obviamente a de ser negro.
- Claro.
- Bueno, que te parece si nos sentamos y te hablo de lo de esta noche.
- ¿Asaltaremos la casa esta noche?
- ¿Por qué no?
- Por nada en especial, es que no me había hecho a la idea todavía…
- Venga, todo irá bien, no pasará nada, se trata de algo sencillo.
Marty se quedó callado, pensativo, no podía evitar pensar en lo que antes ya se había planteado… la pandilla de sectarios que seguramente se escondería en aquella casa, y quizá incluso algún ente sobrenatural defendiéndola. ¿Y qué armas tenía él? Ninguna, o como mucho alguna improvisada… un palo, un jarrón… y seguro que ninguna de ellas le serviría en absoluto para enfrentarse a aquello que acechase en la sombra.
- ¿Qué te ocurre? –preguntó la chica- ¿No quieres hacerlo?
- No, no es eso… supongo que tengo miedo, es la primera casa que allano.
Hellen sonrío pícaramente, se acercó al chico y se sentó a su lado cogiéndole la mano.
- Tranquilo, ya te he dicho que todo irá bien, no dejaría que te hicieran daño.
- Pero, ¿y si esa gente se entera de que estamos ahí?, ¿y si intentan hacernos daño?
- Vamos… de eso no tienes por qué preocuparte porque hoy tienen planeado hacer un ritual, seguro que en la casa no habrá nadie.
- Uf… menos mal –Marty respiró aliviado-. Vale, entonces lo haremos esta noche, si es como dices, hoy es el día adecuado.
- Pues no digamos más, vamos, iremos en coche a dar una vuelta por los alrededores y así veras como es y te quedarás más tranquilo.
Marty accedió a la propuesta de Hellen y ambos cogieron el coche y se pusieron en marcha hacia la casa.

No tardaron demasiado en llegar, estaba situada a las afueras de la ciudad, siguiendo un camino recientemente asfaltado, que anteriormente había sido de tierra. El día se había girado, ahora las nubes tapaban el sol y la temperatura había descendido notablemente, el viento soplaba con fuerza y los árboles se agitaban violentamente a ambos lados del camino. No apagaron el motor del coche, se quedaron parados tras la verja que daba acceso al terreno de la casa. Marty se quedó boquiabierto, era realmente grande, más de lo que él había imaginado. La palabra “casa” le quedaba pequeña, él más bien hubiera utilizado otra palabra como mansión. Era un edificio de obra antigua, pero la fachada había sido restaurada pocos años antes por lo que no presentaba un aspecto decrépito sino más bien lo contrario. Se extendía a lo largo de cinco pisos de alto y de lado a lado estaba salpicado de múltiples ventanas y balcones, llegando a contarse más de una veintena. Por el tipo de construcción parecía estar dividida en dos alas.
- Así que esta es la casa… -dijo Marty al fin- es realmente enorme. ¿Y se supone que aquí dentro hemos de encontrar algo?
- Yo estuve un tiempo viviendo en ella, la conozco bien.
- ¿Vivías en ella? ¿Y no te daba miedo?
- ¿Miedo? Al contrario… en esa casa me sentía segura. Precisamente es fuera de esa casa donde no me atrevía a estar por las noches…
- ¿A qué te refieres? No me asustes.
Hellen reparó en su metedura de pata, no podía decirle al asustadizo chico que a pocos metros de la casa había un gran cementerio, ni que a través de él se accedía a una serie de túneles subterráneos que desembocaban en una enorme sala de ceremonias. Ni que en ella se llevaban a cabo rituales espantosos… No, mejor inventarse algo más “normal”.
- Tranquilo, cielo, me refiero al crimen. Fuera de esas paredes uno se enfrenta al mundo, y éste está repleto de verdaderos monstruos con forma humana.
- Sí, es cierto. Pero esa casa seguro que esconde algo realmente terrible… ¿Entonces seguro que estará vacía?
- Sí, totalmente.
- ¿Y por dónde entraremos?
- Pues por la puerta principal, claro.
- ¿Qué? ¿Estás loca?
- ¡Aix! –sopló Hellen- No seas miedica, ya te he dicho que no habrá nadie. Entraremos por la puerta principal e iremos hasta el sitio dónde guardan mi reliquia, lo cogeremos y nos iremos por el mismo sitio. Rápido y sencillo.
- Pues no pinta mal. Ojalá todo vaya tan bien como tu dices.
- Ya hemos visto el lugar, por la noche habrá dos guardas en la puerta y otro par dando vueltas por los terrenos, el resto estará haciendo el ritual. Ahora volvamos a casa, te enseñaré algún truquillo.
- Estupendo.
Diciendo esto, emprendieron la marcha para volver a casa. El viento seguía soplando con fuerza y las nubes se veían cada vez más negras. Marty esperaba que no lloviese… sólo le faltaría eso. Estaba nervioso por los “trucos” que le iba a enseñar Hellen, ¿de qué se trataría? Esperaba que algo realmente útil. Lo primero que quizá debería enseñarle era aquel que le serviría para entender todas esas lenguas extranjeras en las que estaban escritos los libros, para así luego él poderlos leer por su cuenta y aprender todo lo que pudiese.


Continuará...
Bueno, se que en esta parte no ocurre gran cosa, pero la escribí estando de vacaciones en Calella y la tenía en el portatil a la espera de escribir algo más, pero pensándolo bine es suficientemente larga como para publicarla ya.
A ver si me pongo a continuarla antes de que empiecen las clases

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Hola a todos!! Ya queda poco para que se me terminen las vacaciones, el día 18 vuelvo a clase. Pero de momento todavía puedo disfrutar del tiempo libre.

Ayer me pasé el Resident evil 3: nemesis, de play 1. Todo empezó después de regresar a Barcelona, tras haber visto Silent Hill en Calella... decicí bajármelo para jugar por primera vez ese juego. Y cuando ya lo tenía empezado puse a bajar tambien el Resident 1, 2 y 3. Y aquí los tengo, me lo he pulido en un día de juego y parte de otro (en total 6 horas), aunque no he conseguido el tiempo fijado para conseguir la máxima puntuación (2 horas). Al pasármelo he conseguido el modo extra para jugar con los mercenarios en una misión extra. Así que ahora me queda jugar esa misión varias veces para conseguir pasta y comprar las armas infinitas.

Tambien me he bajado más de 200 programas de radio de Milenio 3, el programa de Iker Jimenez. Y la verdad es que molan mucho, he oído uno sobre vampiros y otro sobre la ouija... que no veas.

Por cierto, vi Alatriste, la peli sobre el personaje de Perez-Reverte. Es una película larga (de casi dos horas y media) a la que le fallan algunas cosas... la voz y el acento del protagonista (El señor Mortensen, Aragorn) que me resulta parecido al de un borracho; no exagero. El actor, que el español que habla es argentino, no ha podido igualar el español de españa que habla el resto de personajes. Tambien le falla el guión, pues sucesos de la película paracen precipitados, poco conectados con el ritmo. El problema es que ha resumido los 5 o 6 libros que hay de Alatriste en un solo metraje.

Ahora he empezado a leerme el libro, que es cortito y no tardaré en acabar, y de momento me esta gustando.

Bueno, hasta aquí por hoy, os dejo ya que estoy escuchando al Iker y mirando una web sobre leyendas urbanas.
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viernes, 01 de septiembre de 2006
Buah! La verdad es que os tenía bastante abandonados... perdonad, porque no será porque no me haya conectado (aunque sí es cierto que no lo he hecho con la intensiadad de antes de vacaciones...), pero bueno, aquí os he traído algunos videos interesantes y/o curiosos que he sacado de haber estado un bune rato navegando por youtube a la caza de algo.

Flipo con lo de las monedas! pero aún más con el billete de 10€ que se convierte en uno de 100 €



Este mago es un crack, da gusto verlo y me he quedado helado con el final... el video es algo largo, pero vale la pena :P



En serio... este gente cuando descarga la paradoja porque deben ir hasta las cejas de ella... Muchas risas



Bueno, hoy ha tocado magia... espero que no os hayan dejado igual ^^ porque yo he flipado bastante, igual que el día que los vi por la tele.

(el programa es "Nada x Aquí" de CUATRO, buscad por www.youtube.com
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