- Bien, ¿y ahora qué? –preguntó Marty cerrando la puerta del piso tras de sí.
- Ahora ya tenemos lo que queríamos –contestó ella yendo hacia el sofá y dejándose caer en él. Se llevó las manos a la cara y comenzó a reír histéricamente.
- ¿Qué? –quiso saber el chico, que se movió hasta ella.
- Nada, que por fin lo he conseguido –explicó sonriendo de oreja a oreja-. El sello y la localización ahora son míos. Por fin podré deshacerme de esos idiotas que sirven a criaturas repugnantes y primitivas.
- No entiendo nada, ¿de qué estás hablando? ¿te refieres a los monstruos que vimos?
- Sí, ellos les sirven... se creen que así contentan al Gran Padre, a su Grandiosa Señoría. Pero se equivocan, sacrificar inocentes creyentes a esas bestias no sirve de nada, nosotros somos mejores que ellos... –Hellen se detuvo.
Marty la miraba sorprendido, hablaba como ellos. Se pavoneaba como una fanática, hablando de sellos, de un extraño lugar y de poder. Fue algo que le dio miedo, ¿y si ella no fuera más que otra loca fanática? Intentó reprimir esos horribles pensamientos en su cabeza. Ella se había dado cuenta de todo.
- No me hagas caso, estoy algo nerviosa por todo lo que ha pasado –se excusó-. Gracias a lo que hemos conseguido podremos destruirles, acabar con Los Hijos del Abismo...
- ¿Así se llaman? –interrumpió él.
- Sí, ¿no te lo había dicho? Así es, adoran a una poderosa criatura primigenia y sirven a las repugnantes bestias que vimos, los profundos. Éstos obedecen a dicho primigenio, que según cuentan los libros yace dormido, sumido en un profundo letargo, en algún lugar del Océano Pacífico, en la ciudad sumergida de R’lyeh a la espera de que las estrellas se alineen y pueda despertar.
- Interesante... Y ese sello y esa localización... ¿son de ese lugar?
- No, nada que ver –cortó ella con tono secó-. Eso ahora mismo no importa, recoge tus cosas, nos vamos.
- ¡¿Qué?! ¿A dónde?
- A otro sitio, a una casa que tengo lejos de aquí. No podemos quedarnos en este piso, nos vieron, saben de sobras quién soy y dónde vivo. Ten por seguro que vendrán a por nosotros en cuanto sepan lo que ha desaparecido y cuando lo hagan querrán matarnos, o algo peor.
Marty asintió. Y fue a la habitación a coger sus cosas. El asunto se estaban poniendo feo. “Hazme caso, ves al tercer piso, coge eso y vuelve, verás que rápido va todo. En nada estaremos en casa durmiendo.” Había dicho ella hacía bien poco, en la casa, y desde entonces las cosas sólo habían empeorado. Aunque la parte positiva es que los sectarios ahora sólo eran seis, el resto habían muerto devorados por los profundos. Aunque sólo Dios sabía lo que esos locos eran capaces de hacer. Hellen cogió una maleta y empezó a meter libros de su biblioteca en ella, cargó todos los que pudo en tantas maletas como tenía y después las llevó hasta el recibidor. Ambos estaban listos para marcharse.
- ¿Y el gato? –preguntó extrañado.
- Tienes razón, le dejaré una nota a la vecina junto con mis llaves para que lo recoja tan pronto como vuelva. Espero que sea antes de que lleguen ellos.
Una vez hecho esto bajaron hasta el parking y tras cargar las maletas se marcharon en la noche.
El coche comenzó a aminorar. Todo estaba oscuro, la luna estaba tapada por las nubes y la casa estaba tan apartada de todo que no había ni una sola farola. Marty había perdido ya la pista de dónde se encontraban, después de tanto viaje solamente tenía ganas de meterse en la cama a dormir. Enfrente suyo, a través del cristal del coche, podía distinguir la silueta de una casa de varios pisos, no excesivamente grande.
- No me digas que es aquí –preguntó preocupado.
- Así es –explicó ella-, esta casa pertenece a mí familia, de pequeña me crié en ella. Ahora esta deshabitada pero tendremos todas las comodidades, no te preocupes.
- Bueno, supongo que al menos aquí estaremos a salvo.
- Sí, nadie de la secta conoce este lugar. Aquí podremos planear nuestros siguientes movimientos con total libertad. Y sobretodo: preparar tu aprendizaje.
- Sí, genial, pero ahora vamos a dormir cuanto antes, estoy muy cansado.
- Esta bien, vamos para dentro, deja las maletas, ya las entraremos mañana no importa.
Ambos se dirigieron a la puerta principal de la casa. A medida que se acercaba, Marty, podía ir viendo más detalles. La casa era bastante grande, tenía tres pisos. La madera de la fachada se veía muy desgastada por el paso del tiempo y los pórticos de las ventanas estaban todos cerrados. Hellen sacó un manojo de llaves del bolsillo y empezó a buscar la llave de la casa.
- Veamos... ¿cuál es? –empezó a decir al tiempo que pasaba las llaves entre sus dedos- Joder, no veo nada. Marty, ¿puedes irme a buscar la linterna?
- Sí, ahora voy –dijo el chico antes de salir corriendo hasta el coche.
Abrió el maletero y cogió las dos linternas. Volvió hasta donde estaba la chica y le alumbro a las manos. No le costó entonces encontrar la llave y tras girarla en el paño la puerta se abrió. Hellen empujó la puerta e hizo señas a Marty para que entrara él primero. El muchacho se frenó en seco cuando notó un escalofrío que le recorría la espalda. Un pitido chirriante y molesto comenzó a sonarle en los oídos, Marty se llevó las manos a los oídos y abrió la boca para intentar acallar el ruido.
- ¿Qué pasa? –preguntó la chica sorprendida.
- Nada, me pitaban los oídos.
- Eso es que alguien está hablando de ti –dijo ella burlonamente.
- Sí, eso dicen, pero no, no era ese tipo de pitido, más bien era un chirrido, como un violín desafinado que sostiene una nota muy aguda.
- Que raro, será el cansancio. Es mejor que vayamos a dormir... mañana será otro día.
Hellen le enseñó la casa a Marty a medida que le iba explicando dónde estaba cada cosa. Dejó para el día siguiente el que el chico fuera explorándolo todo, era muy tarde.
- Bien, esto es la entrada –explicó ella-. Si tomas esa puerta de la derecha irás al comedor, y esa otra puerta –dijo señalando frente a ellos- da a la cocina. Si tomas esa escalera bajarás al sótano, no hay nada allí a parte de leña y algunos trastos. Vamos arriba –ambos comenzaron a subir al siguiente piso-. En este piso hay tres habitaciones y el baño. Al final del pasillo hay otras escaleras que suben al desván, que también esta lleno de trastos viejos.
- ¿Y mi habitación?
- Nuestra habitación, querrás decir –aclaró Hellen riéndose-. Tu y yo, amor, dormiremos juntos, por supuesto.
- Ah, claro –dijo el chico rascándose la nuca-, tienes razón.
- Bien, vamos a dormir.
La habitación era enorme. Una gran alfombra tapizaba prácticamente la totalidad del suelo de la estancia. Al fondo de la misma había una gran cama de matrimonio con dosel con colgaduras de tela malva. Al otro lado del dormitorio había un gran armario de madera de roble, algo cubierto por el polvo. En otra parte había un escritorio lleno de papeles desordenados y una silla.
- Está todo un poco sucio, pero mañana ya lo limpiaremos, ahora vamos a dormir.
- Vale, pero antes voy al lavabo.
- Bien.
Marty salió al pasillo y caminó hasta su final, abrió la puerta del lavabo y antes de que entrara escuchó una especie de rumor que provenía de su izquierda. Caminó unos pasos hasta ponerse delante de las escaleras que llevaban al desván. Estaba muy oscuro arriba y rápidamente dejaban de verse los escalones. Volvió a oír el ligero rumor y notó como una brisa de aire iba desde detrás suyo hacia el desván. Un escalofrío volvió a recorrerle el cuerpo y se metió deprisa en el lavabo. También era enorme, con una gran bañera cuadrada en una esquina del mismo. El agua estaba estancada y se veía ennegrecida y turbia. Rápidamente se afanó a acabar de hacer sus necesidades y volvió a la habitación con Hellen.
- Si que has tardado –dijo ella, que estaba metida ya en la cama-. Debajo de la colcha las sábanas están limpias, la he quitado porque estaba cubierta de polvo.
- Perfecto, venga, vamos a dormir.
- Uy, que prisa tienes ¿no?
- Es que estoy muy cansado.
- Claro, es normal, esta noche has visto demasiadas cosas, mañana será otro día -dijo sonriendo. Luego le besó en los labios y lo abrazó con fuerza.
- Buenas noches, que duermas bien mi amor.
- Sí, buenas noches cariño.
Hellen alargó el brazo y apagó la luz. No tardaron en quedarse dormidos.
Continuará...
Nuevo escenario, la acción les ha conducido a una vieja casa apartada de todo. Allí Hellen se crió, pero algo extraño parece ocurrir, Marty no ha dejado de sentir cosas raras desde que llegó. ¿Qué esconde la casa? ¿Están a salvo nuestros protagonistas? Y los Hijos del Abismo, ¿no tienen medios sobrenaturales de encontrarlos? Mataron a un profundo en la casa, esas criaturas quizá no sean bestias descerebradas, ¿habrá algún río o pantano cerca de la casa? Próximamente la siguiente parte, dónde daré respuesta a alguna de estas preguntas. Besos!
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Autor
Asturel