Marty apretó con fuerza el mango del cuchillo y continuó ascendiendo iluminando la escalera con su linterna. El olor a tumba exhumada que antes había sentido se mezclaba ahora con un hedor punzante como de pescado podrido. Hellen subía detrás del chico y cada pocos pasos iba mirando hacia atrás, como esperando que algo los asaltara por sorpresa. Pasó su linterna a su mano izquierda y con la derecha comprobó que la pistola estaba en su sitio y fácilmente accesible. Mientras subía, Marty, no paraba de repetir algo en su cabeza.
- “Pero no hay duda de que no son humanas” –se decía a sí mismo citando las palabras de Hellen-. Bien, y si no eran humanas... ¿de qué eran?
Intentó por todos los medios quitarse esos oscuros pensamientos de la cabeza, ya podía verse el final de la escalera y tenía que estar preparado para lo peor. Salió a al pasillo de la planta baja y esperó a que ella también lo hiciera. La puerta que daba al hall estaba abierta y al dirigir la mirada al suelo pudieron comprobar que las huellas iban desde la escalera hasta más allá de la puerta. Ambos se miraron mutuamente.
- ¿Qué vamos a hacer? –preguntó Marty.
- Qué quieres que hagamos... no nos podemos ir sin el medallón, no cuando estamos tan cerca.
- Pero... –replicó con voz trémula- ¿y si esa cosa nos ataca?
- Tranquilo cariño –le tranquilizó ella-, conozco esas cosas y te aseguro que se pueden matar.
Marty no acabó de estar convencido del todo pero... ¿qué otra cosa podía hacer? Era cierto que ya que se habían atrevido a allanar la casa, y ya que se había paseado por media mansión, lo lógico era que terminaran de hacer lo que habían venido a hacer. Así que sin volverlo a pensar atravesó la puerta y salió al hall.
Todo estaba en silencio. El tosco tic tac del reloj de las escaleras llenaba el vestíbulo y la sala entera estaba bañada por la claridad de la luz de la luna que se colaba por los grandes ventanales. Ambos fueron hacia las escaleras, observando compungidos como las recurrentes huellas de lodo parecían indicarles el camino. Hellen le indicó al chico que cogiera el tramo de escaleras de la izquierda y éste comenzó a subirlas. Pasaron la balconada interior y siguieron subiendo. Al llegar al segundo piso las huellas se marchaban hacía el pasillo de la derecha. Al verlo, respiraron más aliviados y siguieron subiendo. Alcanzaron el tercer piso y caminaron por el pasillo de la izquierda. Ambos lados estaban plagados de puertas y el fondo no podía verse. Siguieron caminado alumbrando a las puertas, imaginando la terrible posibilidad de encontrar alguna entreabierta en el camino. Al llegar al final la gran puerta los estaba aguardando. Hellen la abrió sigilosamente y alumbró a su interior. Justo como ella había dicho, un gran escritorio al fondo de la sala, a su derecha un par de sillones con una mesita y una chimenea, a la izquierda una gran estantería repleta de libros.
- Bien –susurró ella-, aquí es.
Ambos entraron al interior y cerraron la puerta tras de sí. Se acercaron hasta la estantería y comenzaron a examinar los libros. Debía haber un centenar de ellos, de muy variadas naturalezas y aspectos: encuadernados en piel, en tela, en cartoné... de múltiples colores y épocas.
- Tardaremos demasiado en examinarlos todos –se quejó él.
- Ese medallón es un legado familiar, ¿recuerdas? Estoy ligada a él, notaré algo cuando pasé mi mano cerca suyo.
Hellen cerró sus ojos, extendió su mano y comenzó a pasarla sobre los lomos de los libros. Cuando iba por la tercera fila se detuvo.
- Éste es –dijo sacando un libro del estante.
Abrió el tomo y en su interior las páginas habían sido cortadas formando un espacio hueco en forma de cuadrado, dentro del mismo relucía un colgante plateado. Hellen se lo metió en el bolsillo y volvió a dejar el libro en su sitio. De pronto a Marty se le heló la sangre cuando escuchó en la distancia una letanía grave que le sonaba mucho. Apagó la linterna y fue hasta la ventana. Abajo, a unos metros de la mansión, podía verse la procesión de candiles que se dirigía hacia ellos. Habían terminado el ritual, o lo que sólo Dios sabía que habían hecho. El chico se giró hacia Hellen y le hizo señas. Ella corrió hasta él apagando también la linterna.
- Mierda –exclamó ella-, han terminado antes de lo que yo pensaba. Tenemos que largarnos de aquí.
- Sí, ¿pero cómo?
- No sé, déjame que piense... –la chica caminó hacia la puerta, pensativa- intentaremos llegar a la puerta trasera, en el ala oeste de la casa, en la cocina. Esta en la planta baja, vamos, deprisa. Quizá todavía tengamos tiempo de llegar antes de que ellos entren.
Marty asintió y ambos corrieron pasillo abajo y comenzaron a bajar las escaleras a toda prisa. Bajaron los tres pisos y al llegar al descansillo dónde estaba el reloj se oyó el pesado cerrojo de la puerta.
- Mierda –susurró Hellen-, vamos, volvamos a subir.
Y empujando a Marty volvieron a subir hasta la balconada, dónde se agacharon y quedaron mirando a través de la balaustrada. La puerta de la entrada se abrió con un leve chirrido y por ella entraron la treintena de personas que formaba la procesión. Todos se quedaron en el hall y uno de ellos, que llevaba una capucha, se acercó hasta las escaleras. Hellen ya estaba dispuesta a levantarse y continuar subiendo pensando que el tipo subiría las escaleras cuando el hombre se dio media vuelta y se encaró al la multitud.
- Los designios de su Grandiosa Señoría ya están dispuestos –dijo el encapuchado-. Él nos observa desde R’lyeh, la gran cuna que mece a nuestro amo y señor. Sirviéndole, a él y a los suyos, nos aseguramos una recompensa mayor que cualquiera de las cosas a las que un simple mortal puede aspirar. Cinco han sido los elegidos por su Grandiosa Señoría para continuar con la sagrada tarea.
El hombre sacó una hoja enrollada del interior de su túnica, la abrió y comenzó a leer una lista de nombres. Uno a uno, los nombrados se acercaron hasta donde él estaba y se dispusieron a su lado. Un murmullo comenzó a oírse entre los presentes.
- El resto –prosiguió el encapuchado-, debéis alegraros por haber sido elegidos para otra tarea. Contribuiréis al cumplimiento de los deseos de su Grandiosa Señoría, vuestras vidas fortalecerán a los suyos que deben estar listos para cuando el momento del despertar llegue.
El murmullo se hizo más notable y algunos se movían nerviosos. Se oyó un fuerte golpe a su derecha, detrás de la puerta que daba al ala este. Todos se callaron de golpe. El hombre encapuchado sacó seis collares y poniéndose uno al cuello pasó los otros cinco a quienes estaban junto a él. La puerta que daba al ala este se abrió de fuerte golpe y de ella comenzaron a salir unas horrendas criaturas de color gris verdoso, la estancia se llenó de un repulsivo olor a pescado podrido. Algunos de los acólitos comenzaron a chillar e intentaron huir presos del pánico. Las criaturas, algo más de una docena, se abalanzaron contra los indefensos y aterrados hombres que trataban de entender que había pasado. Los llantos y gritos llenaban los oído de Hellen y Marty, que no podían apartar la vista de la escena. Uno a uno fueron cayendo, en medio de un gran charco de sangre, presas de las garras y los colmillos de las pestilentes monstruosidades que habían salido del sótano de la casa. El encapuchado miraba la escena, muy tranquilo. Una de las bestias se acercó hasta el grupo de seis personas y al observar lo que llevaban al cuello no dio un paso más. Las criaturas comenzaron a devorar a los muertos, e incluso a algún incauto que aún seguía con vida, malherido. El horrible ruido de miembros arrancados y carne desgarrada llenaba los oídos de Marty, el cual se veía realmente trastornado. Hellen tiró del brazo del chico y le indicó que ya era hora de que se marcharan. Cuando justo detrás de ellos se oyó una especie de gruñido, aunque más líquido, más gutural. Ambos se giraron y observaron horrorizados a una de aquellas asquerosas criaturas. De aspecto brillante y viscoso vagamente antropoide, con la cabeza muy parecida a la de los peces. Sus ojos sorprendentemente saltones se clavaron en el muchacho sin tan siquiera parpadear. A ambos lados de su cuello palpitaban una branquias, moviéndose a un acelerado ritmo, sus largos y flacuchos brazos acababan en unas poderosas garras. La criatura abrió la boca mostrando sus terribles dientes y soltó un alarido agudo y punzante que hizo que Marty se quedara paralizado del terror. Hellen sacó la pistola de su funda pero la bestia ya se había abalanzado sobre el chico. Aprisionado contra el suelo, había soltado el cuchillo y ahora sujetaba ambos brazos de la criatura intentando que esta no le abriera en canal con sus enormes garras. Marty metió una rodilla entre la bestia y él, separándola un poco y liberando su mano derecha, estiró el brazo a tientas y buscó el cuchillo. La rodilla del chico cedía ante el gran peso de la criatura y las fauces de la misma se aproximaban a su cara. Pero Marty dio con el cuchillo y tras cogerlo le lazó una fuerte puñalada al costado. La bestia chilló del dolor y el muchacho se la quitó de encima dándole una patada. Hellen aprovechó que por fin se habían separado para apretar el gatillo. Los disparos sonaron como truenos en la balconada. Cuatro impactos atravesaron el cuerpo de la criatura que cayó por las escaleras con un asqueroso sonido, semejante al de una fruta espachurrada. Hellen ayudó al chico a levantarse y tras abrir la puerta que daba al ala oeste corrieron por el pasillo. Los gritos de los seis hombres y sus pasos al subir las escaleras corriendo se oían con fuerza en el pasillo. Ambos corrieron hasta el final del pasillo y se metieron en la habitación del fondo. Había otro despacho. Se apresuraron a meter la gran mesa contra la puerta para bloquearla. Después Marty cogió el sillón y lo arrojó contra la ventana haciéndola añicos. Los hombres estaban aporreando la puerta y ellos miraron hacia abajo, no había mucha altura, estaban en el primer piso y además había matorrales abajo.
- Vamos, Hellen, hay que saltar –apremió el chico.
La chica hizo un gesto afirmativo y saltó, cayendo y dando una vuelta en el suelo. El chico la siguió y también dio otra vuelta en el suelo. Una vez abajo comenzaron a correr hacia la verja. Allí, sin mirar atrás, la saltaron y corrieron hacia el coche. Ambos se metieron dentro y salieron zumbando del lugar.
Continuará...
Uff... menos mal que han conseguido escapar
, la verdad es que ya los veía pasto de esas horrendas criaturas. Pero bueno, de momento todo a salido bien, ahora queda saber que es ese colgante y como va a seguir la aventura. Porque ¿sabrán los sectarios quién está detrás del asalto? ¿Tomarán represalias? ¿Cómo se tomará Marty la horrenda visión de las bestias? ¿tendrá pesadillas toda su vida?
Lo sabrán en el próximo episodio