Ambos se sentaron a la mesa y comenzaron a comer. A lo largo de la comida estuvieron hablando de temas variados, Hellen estuvo preguntando acerca de la familia de Marty, sobre sus estudios, sus amigos, lo que hacía en su tiempo libre... y es que la verdad sea dicha, poco era lo que sabía la chica de su amante y próximamente pupilo. Marty aprovechó la creada atmósfera de confianza para sonsacar también datos sobre el pasado de Hellen, pero ésta iba esquivando las preguntas una a una con mucha habilidad, o a lo sumo respondiendo de manera casi telegráfica, volviendo rápidamente a conducir la conversación hacia Marty. Finalmente el chico vio que no iba a sacar nada de sus preguntas íntimas con lo que una vez terminados los platos, después de que Hellen le hubiera ofrecido café, intentó informarse sobre su futuro próximo al lado de Hellen.
- Buf... la comida estaba buenísima –dijo al tiempo que se reclinaba hacia atrás en la silla y se frotaba el estómago-. Ahora que ya hemos terminado de comer que te parece si me cuentas de que va todo eso de la secta.
- ¿Secta? –se preguntó a sí misma en voz baja. No recordaba haberse referido a la organización a la que pertenecía con tal nombre... aunque si se ponía a recordar los horarios estrictos, los cursillos de formación, las conferencias de los sacerdotes, los intentos de desprestigiar a la familia y romper los lazos emocionales con el exterior... “Ese chico te dará problemas Hellen” Solía decirle su mentor. “Deberías dejarlo, ya sabes que aquí tienes todo lo que necesitas”.
- Malditos cabrones –pensó-, pienso de vengarme de esos cerdos, sí... esa joya de familia será sólo el principio.
- ¿Hellen? ¿Me has oído?
La chica había ido a buscar el café a la cocina. Al oír la pregunta de Marty asomó la cabeza por el pasaplatos.
- Claro que sí, cielo. Ahora mismo voy.
Hellen cogió la cafetera y el azúcar y fue a sentarse a la mesa. Sirvió dos tazas de café y sentó frente a Marty.
- Dime, ¿qué me decías?
- Eso, que de qué va todo eso de la secta.
- Pues como te he dicho, es una organización muy antigua que se dedica al estudio de lo oculto, a la catalogación de sucesos paranormales y la recopilación de libros arcanos y llenos de conocimiento esotérico.
- ¿Cómo los que tu tienes?
- Exacto, como esos mismos.
- ¿Son todos tuyos?
- Claro, bueno... no todos, estrictamente hablando algunos son de la Organización. Aunque ahora que los he dejado supongo que podría quedármelos... pero no sé, su valor es incalculable, no sólo por el dinero que valen sino por todo el conocimiento arcano que poseen.
- Bueno, si quieres devolverlos podríamos dejarlos a la vez que cogemos tu legado familiar. Aunque es una pena... yo todavía no los he leído y la verdad es que me gustaría hacerlo.
- Pues no se hable más –exclamó alegrada Hellen-, nos los quedamos, serán para los dos. Me importa poco quienes vengan a intentar robárnoslos, podremos contra ellos. Aunque algunos tendré que leértelos... o tendrás que aprender latín, griego, arameo, sánscrito, alemán, inglés... un sinfín de lenguas.
- Vaya, mejor que me los leas tú. ¿Por qué no hay ninguna manera de que yo los lea sin saberlas no?
- ¿Te refieres a con magia?
- Sí –aclaró Marty sonriendo de oreja a oreja-, sería genial que un conjuro así existiese, ¿no crees?
- Bueno, normalmente yo estoy en contra de usar conjuros que eviten tener que usar conocimientos o que permitan atajos... Pero supongo que esto es un caso de fuerza mayor, no es plan de que te pongas a estudiar todas esas lenguas... podríamos pasarnos una eternidad. Dicho conjuro existe y yo lo conozco –añadió guiñándole un ojo-, será un placer enseñártelo.
Marty se levantó de un salto y se lanzó a los brazos de Hellen, abrazándola. Se sentía tan animado y curioso por ese nuevo y extraño mundo que se había abierto ante él... y encima la tenía a ella, una diosa, una suma sacerdotisa de lo sobrenatural, su guía y mentor. Lo único que le tenía un poco mosca era el tener que allanar una mansión repleta de sectarios, pero si eso era lo que quería su maestra... pues eso sería lo que él haría. Marty tenía su cara entre los pechos de Hellen y la abrazaba con fuerza. A su nariz llegaba la adorable fragancia a rosas que tanto caracterizaba a su enamorada. Tras inspirar con fuerza alzó la mirada hasta encontrarse con los ojos de Hellen, y sonriendo dijo:
- Oye, ¿no te has olvidado de algo?
Hellen lo miró extrañado.
- ¿Cómo?
- Has olvidado algo... ¿no consigues recordar qué es?
- Pues... no, no consigo recordar. La verdad es que estaba tan a gusto aquí contigo que por unos segundos he perdido el mundo de vista.
Marty río tímidamente a la vez que se apartaba de Hellen poniéndose de pie.
- El gato, Hellen, el gato de tu vecina. ¿No tenías que recogerlo?
- ¡Hostia, es verdad! Menos mal que tengo llaves de su piso, se suponía que debía recogerlo nada más llegar aquí. Espero que no se haya hecho ningún destrozo. Espérame, ahora vengo, voy a traerlo.
Y diciendo esto salió hacia el recibidor, donde cogió un manojo de llaves y abrió la puerta para después cerrarla tras de sí. Marty se quedó expectante, en silencio, escuchando cada ruido que llegaba a sus oídos tratando de imaginar cada cosa que podría estar haciendo la chica. A los pocos minutos volvió a abrirse la puerta y Hellen apareció con un enorme gato negro en los brazos, cerró la puerta a sus espaldas y dejó al gato en el suelo, el cual no esperó ni un segundo en salir disparado hacia algún rincón del piso.
- ¡Dios! –exclamó Marty- ¡Que gato tan grande, ¿no?! Es enorme.
- Sí, la verdad es que es realmente grande, mi vecina debe alimentarlo muy bien.
- ¿Y cómo se llama?
- Mmm… -Hellen se quedó unos segundo pensativa- no lo recuerdo muy bien… era un nombre raro… con la típica terminación de ángel, ¿sabes?
- ¿“ael”?
- Sí, pero no era de ángel, creo que me dijo que era de una serie de dibujos que su hijo veía de pequeño.
- ¿Azrael?
- ¡Sí! Vaya, ¿así que tú también la veías?
- Claro, “Los Pitufos”, quién no ha visto los pitufos…
- ¿Y había uno que se llamaba Azrael?
Marty estalló en carcajadas, lo que hizo que Hellen pusiera cara de molesta.
- ¡No! El gato del malo. Había un viejo brujo que siempre quería capturar a los pitufos, para hacer alguna pócima, que se llamaba Gargamel. Pues su gato se llamaba Azrael.
- Ah… es un poco friki, ¿no crees?
- ¿Qué? Para nada, no sé, yo si tuviera un gato le pondría algún nombre del estilo… nada de “Zarpitas” o “Garfield”; más bien algo como Lucifer o algún otro nombre tétrico.
- Sí, Lucifer es un buen nombre para un gato, pero obviamente a de ser negro.
- Claro.
- Bueno, que te parece si nos sentamos y te hablo de lo de esta noche.
- ¿Asaltaremos la casa esta noche?
- ¿Por qué no?
- Por nada en especial, es que no me había hecho a la idea todavía…
- Venga, todo irá bien, no pasará nada, se trata de algo sencillo.
Marty se quedó callado, pensativo, no podía evitar pensar en lo que antes ya se había planteado… la pandilla de sectarios que seguramente se escondería en aquella casa, y quizá incluso algún ente sobrenatural defendiéndola. ¿Y qué armas tenía él? Ninguna, o como mucho alguna improvisada… un palo, un jarrón… y seguro que ninguna de ellas le serviría en absoluto para enfrentarse a aquello que acechase en la sombra.
- ¿Qué te ocurre? –preguntó la chica- ¿No quieres hacerlo?
- No, no es eso… supongo que tengo miedo, es la primera casa que allano.
Hellen sonrío pícaramente, se acercó al chico y se sentó a su lado cogiéndole la mano.
- Tranquilo, ya te he dicho que todo irá bien, no dejaría que te hicieran daño.
- Pero, ¿y si esa gente se entera de que estamos ahí?, ¿y si intentan hacernos daño?
- Vamos… de eso no tienes por qué preocuparte porque hoy tienen planeado hacer un ritual, seguro que en la casa no habrá nadie.
- Uf… menos mal –Marty respiró aliviado-. Vale, entonces lo haremos esta noche, si es como dices, hoy es el día adecuado.
- Pues no digamos más, vamos, iremos en coche a dar una vuelta por los alrededores y así veras como es y te quedarás más tranquilo.
Marty accedió a la propuesta de Hellen y ambos cogieron el coche y se pusieron en marcha hacia la casa.
No tardaron demasiado en llegar, estaba situada a las afueras de la ciudad, siguiendo un camino recientemente asfaltado, que anteriormente había sido de tierra. El día se había girado, ahora las nubes tapaban el sol y la temperatura había descendido notablemente, el viento soplaba con fuerza y los árboles se agitaban violentamente a ambos lados del camino. No apagaron el motor del coche, se quedaron parados tras la verja que daba acceso al terreno de la casa. Marty se quedó boquiabierto, era realmente grande, más de lo que él había imaginado. La palabra “casa” le quedaba pequeña, él más bien hubiera utilizado otra palabra como mansión. Era un edificio de obra antigua, pero la fachada había sido restaurada pocos años antes por lo que no presentaba un aspecto decrépito sino más bien lo contrario. Se extendía a lo largo de cinco pisos de alto y de lado a lado estaba salpicado de múltiples ventanas y balcones, llegando a contarse más de una veintena. Por el tipo de construcción parecía estar dividida en dos alas.
- Así que esta es la casa… -dijo Marty al fin- es realmente enorme. ¿Y se supone que aquí dentro hemos de encontrar algo?
- Yo estuve un tiempo viviendo en ella, la conozco bien.
- ¿Vivías en ella? ¿Y no te daba miedo?
- ¿Miedo? Al contrario… en esa casa me sentía segura. Precisamente es fuera de esa casa donde no me atrevía a estar por las noches…
- ¿A qué te refieres? No me asustes.
Hellen reparó en su metedura de pata, no podía decirle al asustadizo chico que a pocos metros de la casa había un gran cementerio, ni que a través de él se accedía a una serie de túneles subterráneos que desembocaban en una enorme sala de ceremonias. Ni que en ella se llevaban a cabo rituales espantosos… No, mejor inventarse algo más “normal”.
- Tranquilo, cielo, me refiero al crimen. Fuera de esas paredes uno se enfrenta al mundo, y éste está repleto de verdaderos monstruos con forma humana.
- Sí, es cierto. Pero esa casa seguro que esconde algo realmente terrible… ¿Entonces seguro que estará vacía?
- Sí, totalmente.
- ¿Y por dónde entraremos?
- Pues por la puerta principal, claro.
- ¿Qué? ¿Estás loca?
- ¡Aix! –sopló Hellen- No seas miedica, ya te he dicho que no habrá nadie. Entraremos por la puerta principal e iremos hasta el sitio dónde guardan mi reliquia, lo cogeremos y nos iremos por el mismo sitio. Rápido y sencillo.
- Pues no pinta mal. Ojalá todo vaya tan bien como tu dices.
- Ya hemos visto el lugar, por la noche habrá dos guardas en la puerta y otro par dando vueltas por los terrenos, el resto estará haciendo el ritual. Ahora volvamos a casa, te enseñaré algún truquillo.
- Estupendo.
Diciendo esto, emprendieron la marcha para volver a casa. El viento seguía soplando con fuerza y las nubes se veían cada vez más negras. Marty esperaba que no lloviese… sólo le faltaría eso. Estaba nervioso por los “trucos” que le iba a enseñar Hellen, ¿de qué se trataría? Esperaba que algo realmente útil. Lo primero que quizá debería enseñarle era aquel que le serviría para entender todas esas lenguas extranjeras en las que estaban escritos los libros, para así luego él poderlos leer por su cuenta y aprender todo lo que pudiese.
Continuará...
Bueno, se que en esta parte no ocurre gran cosa, pero la escribí estando de vacaciones en Calella y la tenía en el portatil a la espera de escribir algo más, pero pensándolo bine es suficientemente larga como para publicarla ya.
A ver si me pongo a continuarla antes de que empiecen las clases
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asturel
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