lunes, 21 de agosto de 2006
Hola a todos y todas! ya estoy de vuelta Muchas risas
Despues de 24 días de vacaciones en Calella ya he regresado a casa (volví ayer, en realidad), y ya vuelvo a tener todas mis cosas en orden, y disponibles. Ayer estuve en casa de Devil jugando a cartas y viendo una peli hasta las dos y pico de la mañana, lo cual es pronto teniendo en cuenta el ritmo de llevaba allí... antes de ayer me fuí a dormir a las siete y media, el día anterior a las seis y cuarto, el otro a las cuatro y pico... y suma y sigue... era la tónica imperante. Pero ahora que ya estoy aquí eso desaparece, sí, no pienso irme a dormir cada día a las tantas. ^^

Basicamente porque aqui no salgo con nadie por la noche y porque ademas por las mañanas toca estudiar (porque joder... ya debería haber empezado hace tiempo), que el día 4 tengo examen de Diseños experimentales y quiero aprobarla.

Bueno, solo quería saludar y tal... por cierto, que tal las historias que he ido colgando? han quitado el monillo de mi web? quizá se han hecho pesadas... no se, al menos esto no se ha quedado colgado.

Bueno, me despido ya, que vaya bien todo.
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viernes, 11 de agosto de 2006
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Rafa se incorporó y con cierta dificultad y dolor se quitó el puñal que tenía clavado en el hombro.
- Por fin, pensaba que no saldría de ésta.
Mientras, Javi, gracias al shock de haberle cortado la mano, estaba ya lúcido y totalmente consciente.
- Dios, mi mano, este cabrón me ha jodido la mano.
- Tranquilo, ya te saldrá una nueva, no te preocupes.
- Qué dices, ¿en serio?
- Claro, no tienes por qué preocuparte. Lamentablemente –dijo mirando al cuerpo de Isaac, cuya cabeza estaba a unos pasos de él-, la cabeza sí que es algo que no vuelve a crecer...
- Mierda, pobrecillo.
- No, ahora descansa en paz. Vamos, tenemos que llevarnos a estos cabrones. Mételo en la bolsa, y sobretodo ten cuidado que no se le saque la estaca... o estaremos listos. Yo voy a buscar al de arriba.
- ¿Ya has acabado con él?
- Sí, todo ha sido muy fácil, el pobre diablo ni se lo ha olido.
Pedro seguía escondido tras el sillón, cuidando su puesto por si alguien trataba de abandonar la casa. Entonces se oyeron unos pasos en la escalera, que comenzaban a descender. Pedro apretó su arma contra sí, nervioso, y apuntó hacia la escalera.
- Pedro –dijo Rafa-, tranquilo, ya está todo bien.
- ¿Sí? Oh, que bien.
- No tan bien... sube a buscar a Isaac, nos llevamos su cuerpo, las dos partes.
- ¿Las dos partes? ¿De qué hablas? ¿Qué ha pasado?
- Isaac ha muerto, Pedro –aclaró Javi-. No hemos podido hacer nada, ese tipo le cortó la cabeza.
- Mierda.
- Sí, exacto, ves a por él y llévalo a la furgoneta.
Pedro subió a recoger el cuerpo de Isaac, el cual tenía ya un aspecto muy cadavérico, como si hiciera ya tiempo que estuviese muerto y presentaba un aspecto más anciano. Volvió a bajar entonces.
- No entiendo –dijo-, como es que tiene este aspecto, como si hiciera meses de su muerte y como si fuera más viejo.
- Cuando morimos –contestó Rafa-, la muerte vuelve para cobrarse todo el tiempo que llevábamos vivos. De esta manera su cuerpo ha envejecido todos esos años que lleva siendo vampiro en muy poco tiempo. Si le ocurriese lo mismo a un vampiro mucho más viejo su cuerpo no tardaría en convertirse en polvo.
- Fascinante –susurró Javi.
- Ni hablar, es asqueroso –replicó Pedro.
- Venga, vayámonos de aquí –propuso finalmente Rafa.
Los vampiros cargaron los tres cuerpos en la furgoneta, junto a todas las armas y al equipo y aceleraron perdiéndose en la ya casi extinguida noche.
- ¡Demonios! –se quejó Javi- ya casi es hora de que amanezca, debe quedar menos de una hora.
- Sí, debemos darnos prisa en llevar a estos tipos a la dirección. Después no creo que os de tiempo a llegar a vuestros refugios, podéis quedaros en el mío, tengo habitaciones de sobra.
- Gracias –agradeció Pedro.
- Sí, yo también accedo, es un caso de fuerza mayor.
Llegaron al poco a la dirección que Juan les había dado y bajaron del coche. Se trataba de una pequeña nave industrial. Después de coger a los dos proscritos se dirigieron a la gran puerta metálica que cerraba el lugar. Rafa picó entonces a la puerta con el puño.
- ¿Qué quieres?
- Traigo un paquete para su majestad, el Príncipe.
Se oyó entonces un fuerte chirrido del cerrojo de la puerta al abrirse y ésta cedió. Detrás de ella se vio a una masa de músculo de un metro noventa de alto que con voz grave dijo:
- Dejadlos ahí –al tiempo que señalaba sobre una mesa-.
Ellos lo hicieron y al poco ya estaban de camino al refugio de Rafa, dónde todos pasaron el ardiente día.
A la noche siguiente los tres se dirigieron al Elíseo. Al entrar se dirigieron al despacho de Juan, al cual entraron sin siquiera picar a la puerta. Allí estaba él, sentado tras el escritorio, escribiendo algunos documentos. Al oír el ruido de la puerta alzó la vista y tras verlos dijo:
- Ah, sois vosotros.
Los tres vampiros se sentaron el sofá.
- Me han informado de que habéis cumplido con el trabajo a la perfección, os felicito, vuestro Príncipe está muy orgulloso de vosotros.
- Pues mira tú que alegría... –dijo Rafa de manera irónica.
- Ya sé, siento lo de vuestro compañero, es una tragedia. Pero debemos alegrarnos de que muriera sirviendo a una causa mayor. Estos dos vampiros que habéis capturado habrían causado graves problemas a la Mascarada de no haber sido por vuestra intervención. Es por ello que el Príncipe ha decidido concederos el privilegio de asistir, en valor de observadores, al cónclave en el que se decidirá la suerte de estos dos vampiros que han quebrantado las Tradiciones de la Camarilla.
- Será un honor asistir –dijo Javi-, me encantará ver que es de estos bastardos que han acabado con la vida de mi compañero.
- Yo también me alegro de que se me conceda este privilegio –añadió Pedro-, asistiré encantado a tal reunión.
- Pues yo paso –dijo groseramente Rafa-. Yo ya he cumplido con mi misión y el resto son paparruchas de “palacio”. Así que si ya está todo... me voy.
- Tu siempre igual –increpó Juan-, ¿es que no piensas adaptarte nunca a esta nueva sociedad?
- ¿Quién ha dicho que tengamos que subyugarnos a alguien?
- Ten cuidado, Rafa.
- Sí, tranquilo, siempre cumpliré los designios de nuestro querido Príncipe –y al tiempo hizo una reverencia mofándose.
- Está bien, haz lo que quieras. Pero no te alejes demasiado... puede que pronto vuelva a necesitar de tus servicios.
- Espero que no –añadió él, tras lo cual se dirigió a sus compañeros diciéndoles-. Bueno chicos, cuidaos mucho, y no confiéis en esta panda de vampiros interesados, son todos unos egoístas. Espero volver a veros, cuidaos mucho.
Y al terminar estas palabras se dirigió al exterior del edificio. Una vez fuera miró al cielo y pensó:
- Bueno, es hora de dedicar un poco de este tiempo eterno del cual dispongo para mí mismo. ¡Que le den a la Camarilla!
Y con estos pensamientos se dirigió calle abajo, mientras la noche aún era joven.

FIN

Bueno, aquí termina la cosa... espero que haya gustado. Rafa, Javi y Pedro siguen vivos... quizá algún día haga otra historia con alguno de estos personajes, quién sabe. Bueno, que vaya bien.
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jueves, 10 de agosto de 2006
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Creía que íbamos a morir en aquel agujero infecto cuando llegó el milagro. Un día, para nuestra sorpresa, abrieron el pozo y nos sacaron, nos dieron un baño, ropa limpia y comida caliente. Me sorprendió realmente la actitud del Papa, que nos hizo llamar y nos explicó él porque de nuestra liberación:
– Debéis estar sorprendidos por estar aquí, ¿no es así? –ninguno mediamos palabra- Veréis, esta noche he tenido una revelación, he soñado que desde la oscuridad una voz que no era de hombre ni de mujer, ni de anciano ni de niño, me llamaba por mi nombre natal: “Pedro... Pedro...” Y al responder he visto una figura, un ser humano de rostro oculto entre la sombras, con un par de grandes alas de águila a la espalda y vestido con una vaporosa túnica de color nácar. Al instante lo he reconocido como el ángel Ramiel, uno de los ángeles “supervisores” del infierno. Decía tener un mensaje para mí, un mensaje oscuro, pues procedía de Satán. El Príncipe de las Tinieblas quería ponerse en contacto con Dios, pedir misericordia y recuperar la Gracia del Señor. Pero eso era una cosa que era más fácil de decir que de hacer, me explicó Ramiel, había de seguirse unos pasos muy concretos: “Para lograr que el Cielo y el Infierno se den la mano tienen que juntarse un objeto sagrado y un objeto blasfemo; es decir, una reliquia de Dios y un ídolo de Diablo. Y deben hacerlo gentes que no sean ni hombres de su Santidad, ni hombres del Diablo... Pero que sepan andar con paso seguro por los caminos del cielo y el infierno. Ellos han de ser los que encuentren el cáliz de los corrompidos y el tesoro de los apóstatas del templo”. Tras estas palabras la imagen se hizo borrosa y le supliqué que me diera mas información, pero solo susurró: “Todo lo que tienes que hacer es consultar los pensamientos de los muertos”. Y esto fue todo luego me desperté sobresaltado.
Los tres nos miramos los unos a los otros, con caras de extrañeza e incluso incredulidad.
- Así que os pido que vosotros seáis los que llevéis a cabo la misión.
A nosotros nos entusiasmó la idea, pero no porque nos la creyéramos sino porque nos daba la oportunidad de escapar y de descubrir el porqué de la traición de Richard. Aún así, estábamos un poco tocados por la idea ¿qué sería lo que escondía el Papa? ¿Qué motivos habrían detrás de toda esta farsa? El motivo por el cual deseaba dichas reliquias; lo estuve hablando con Luis y Felipe, y ellos también estaban de acuerdo con migo, de nada servía simplemente escapar, buscaríamos a Richard y además cumpliríamos con la misión con tal de ganarnos el perdón de su Santidad.


Se acabó! Bueno, se que queda insultantemente abierto el final pero es que con esa intención lo hice... pensé que quizá algún día podría seguirlo. No, de momento no voy a seguirlo... con las otras tres historias que tengo empezadas ya es más que suficiente ¿no creeis? Bueno, espero que haya gustado. Por cierto, el prota de esta historia es Joan Grau, el famoso personaje que durante tantas partidas me acompañó en el juego de rol demoníaco-medieval llamado "Aquelarre".

Adios!!

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martes, 08 de agosto de 2006
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El coche se detuvo frente a la puerta, al otro lado de la calle. Todos bajaron del coche y llevaron las cajas al interior de la casa.
- Bueno, ya estamos aquí, recordemos que debemos dejarlo todo tal y como lo encontramos... esos dos no deben percatarse de que aquí ha estado alguien, al menos hasta que llegue el momento de atacar.
- ¿A qué te refieres?
- A las bolsas de cadáveres, obviamente. Una estaba bajo la cama de la habitación del viejo y la otra en el desván.
Llevaron las cajas a la cocina y allí se reunieron, sobre la gran mesa de madera que estaba en medio de la cocina.
- Veamos, os enseñaré cómo funcionan estas preciosidades –dijo Rafa mientras sacaba de una de las cajas una ballesta, un cartucho de estacas y una pequeña bombona de color metalizado-. Bien, esto es un lanza-estacas semi-automático, funciona como una pistola, cada vez que apretamos el gatillo se dispara una estaca como ésta –y levantó una de ellas, de madera y cilíndrica de unos quince centímetro de largo y con una afilada punta-. Son muy resistentes y la punta está endurecida al fuego. Bien, funcionan de la siguiente manera, en esta ranura de aquí introducís la carga y en este otro la pequeña bombona. Cada carga contiene cinco estacas, así que afinad bien la puntería. La bombona contiene dióxido de carbono y es lo que permite que el arma se recargue sola; tras cada disparo se suelta este gas dentro del mecanismo que hace que la goma del arco se vuelva a tensar, dejándola lista para un nuevo disparo. Cada bombona da para veinticinco disparos, así que no os tendréis que preocupar de recargarla, espero. Y la última cosa, éste pico en la punta y este círculo sobre el gatillo hacen de punto de mira, como en las armas de fuego, solamente tenéis que alinearlos junto al blanco y apretar el gatillo. ¿Alguna pregunta?
- No, todo está claro –dijo Isaac-, pásame la mía.
Pedro abrió otra de las cajas y le pasó el arma a Isaac junto a cuatro cargadores. Al fondo de la caja vio una pieza de ropa gruesa de color oscuro.
- ¿Y esto?
- Ah, sí. El chaleco. Poneos estos chalecos, tienen la zona del corazón reforzada con acero, pesan un poco, pero os protegerán de un estacazo accidental o de algo peor.
- Menos mal, con esto ya me quedo más tranquilo –dijo aliviado Isaac-. Venga, dame el mío, me lo pongo ya mismo.
- Ahora que ya estamos todos armados y listos hablemos del plan de actuación, ¿no Rafa? –preguntó Javi- ¿Cómo vamos a colocarnos?
- Yo había pensado en que Pedro se situase en el salón para vigilar la salida por si los objetivos intentan huir; que Isaac y tú os situéis en ambas habitaciones y que mientras uno sale de improviso del armario el otro entre por la puerta abriendo fuego. Yo pensaba situarme en la buhardilla a la espera del segundo objetivo.
- No es mal plan.
- Es importante que esperéis a que mi objetivo suba al desván para entrar en acción porque si no podríais hacer que finalmente no subiese y que fuese a por vosotros.
- Estupendo.
- Bien, a vuestros puestos. Todavía falta una ahora y pico para que amanezca. Descansad un poco, pero estad alerta.
Los vampiros se fueron colocando en los lugares acordados, no sin antes esconder bien las cajas dónde habían traído las armas y dejar las bolsas de cadáveres en el lugar dónde las habían hallado. Pasó el rato sin que ocurriese nada cuando a cosa de las cinco de la mañana se oyeron unos pasos sobre el tejado. Rafa estaba allí y vio como uno de los dos proscritos abría la ventana con mucha maña y casi sin hacer ruido. Apenas se veía nada, solamente entraba por la ventana la tenue claridad de la calle que llegaba hasta allí arriba. Nuestro vampiro no osaba usar sus poderes vampíricos ya que ello habría alertado al objetivo porque al usarlo le confería un tono amarillo brillante a sus ojos. El proscrito entró en el desván, seguido de su compañero. En la penumbra se les veía fornidos y grandes, cosa que hizo pensar a Rafa en lo buena que había sido la idea de no enfrentarse cuerpo a cuerpo con ellos. Los vampiros hablaban entre ellos en una lengua extranjera que Rafa no conocía, al poco uno de ellos se dirigió hacia la trampilla mientras el otro empezó a trastear la bolsa de cadáveres. Javi, que permanecía dentro del armario, oyó cómo se abría la trampilla del desván y cómo se descolgaba la escalerilla, acto seguido escuchó el ruido de unos pasos que descendían. Isaac, que permanecía bajo la cama de invitados, también estaba atento, siguiendo los movimientos del segundo proscrito, que ahora se dirigía hacía la otra habitación. Pedro restaba oculto tras el sillón del salón, colocado junto a la puerta que daba al vestíbulo, tratando de oír cualquier ruido escaleras arriba.
El proscrito llegó a la habitación y se agachó para coger la bolsa de cadáveres, en ese momento la puerta del armario se abrió con un seco golpe al darle una patada. Javi salió de él apuntando al pecho del vampiro, el cual se movió con asombrosa celeridad situando la bolsa de cadáveres frente a sí. El disparó sonó como un silbido que atravesó el vinilo de la bolsa y se clavó en el suelo de madera. Isaac al oírlo salió de debajo de la cama y corrió a la otra habitación. El proscrito, que había evitado el disparo de Javi, se incorporó a toda velocidad y propinó un poderoso puñetazo al otro vampiro, empotrándolo contra el armario. Mientras, arriba, Rafa se puso en acción e iluminó sus ojos viendo perfectamente en la penumbra. El otro proscrito ya se había metido en la bolsa y sacó la mano con ansiosa torpeza para salir lo más rápido que pudiese. Rafa permaneció tranquilo y expectante a que el otro hubiera abierto la cremallera y hubiera dejado al descubierto su pecho. Cuando ocurrió esto, y antes de que el vampiro se incorporase siquiera, Rafa ya le había estacado con un certero disparo en el corazón.
- Dulces sueños –dijo Rafa sonriendo, al tiempo que se levantaba y corría escaleras abajo para socorrer a sus compañeros.
Isaac cruzó el umbral de la puerta y vio a Javi, aturdido, empotrado en el armario. Inspeccionó la habitación con la mirada pero no veía a nadie más, acabó mirando nuevamente a Javi, el cual se había puesto a mirar al techo. Isaac comprendió y alzó su arma tan rápido como pudo. El proscrito se había enganchado a las vigas de madera del techo y cuando el vampiro lo vio se dejó caer. Isaac apretó el gatillo pero no fue lo bastante rápido y la estaca pasó sobre la cabeza del vampiro, clavándose en una viga. Volvió a bajar el arma y la vista, y entonces sintió una gran punzada en el cuello y todo se volvió rojo. La cabeza de Isaac rodó sobre el suelo de madera tras recibir el potente corte del puñal del proscrito, que salpicó la pared de una forma grotesca. El cuerpo definitivamente muerto del vampiro cayó también con un estruendo seco; mientras, Javi seguía aturdido y con multitud de astillas clavadas en su cuerpo, dentro del armario. Rafa corrió por el pasillo, hacia la habitación. Javi trató de mantener el peso de su arma con un solo brazo... le resultaba imposible. El proscrito se dio media vuelta y miró con irá al impotente vampiro. Fue hacia él y levantó el puñal de hoja curva para después asestarle un fuerte golpe en la mano que sostenía el arma, a la altura de la muñeca. La mano de Javi cayó al suelo sin dejar de sostener el arma, y éste chilló de dolor. El proscrito alzó nuevamente el puñal. Momento tras el cual apareció Rafa por la puerta disparando contra él. La estaca la dio en el brazo que sostenía el puñal, atravesándolo por el codo. El vampiro soltó un fuerte grito y antes de que cayese el puñal lo cogió con la otra mano, encarándose al recién llegado, quién volvió a disparar sobre él de nuevo. El impacto le dio en el pecho, a la altura del estómago, demasiado abajo. El vampiro volvió a chillar e intentó lanzarle el puñal. Rafa volvió a disparar nuevamente esperando dar por fin el blanco. El cuchillo giró por el airé y acabó impactando en el hombro de Rafa, el cual cayó al suelo. La estaca acabó clavándose en el pecho del proscrito, justo en el corazón, lo que hizo que cayera pesadamente e inerte con un fuerte estruendo.
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lunes, 07 de agosto de 2006
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Pronto llegamos a Peñiscola, la gran fortaleza del Papa Luna era grandiosa.
– ¿Quién va? –gritaron los centinelas desde una torre.
– Soy el Barón Richard MacCormak y estos son mis vasallos.
– ¿Qué asuntos le traen a este castillo, señor?
– Debo ver a su Santidad, hay un grave asunto que debe saber.
No hubo respuesta, en unos segundos se oyó el chasquido sordo de las grandes puertas al abrirse y éstas comenzaron a moverse. Sin dudarlo entramos al patio del castillo dónde había un grupo de cinco soldados.
– Podéis pasar pero debéis dejar vuestras armas aquí, es por la seguridad de su Santidad.
Y diciendo esto el guardia nos señaló un gran baúl donde ya había algunas armas. Las dejamos sin ningún problema y entramos dentro. Caminamos por un entramado de pasadizos hasta llegar a la sala de audiencias. Por lo visto el Barón se conocía bien el sitio. Al llegar, dos centinelas armados con alabardas nos cerraban el paso, pero su Santidad, al vernos, dio un golpe con su bastón en el suelo y los centinelas las apartaron. Era una larga y ancha sala donde en su final, detrás de una gran mesa, se hallaba su Santidad rodeada de sus hombres de confianza: Julián de Loba, Jimeno Dahe, Domingo de Bonnefoi, Jean Carrier y Charles de Lupo. Además, toda la habitación estaba rodeada de ballesteros preparados para abrir fuego si se presentaba algún imprevisto. Richard le dijo al Papa que cómo le había utilizado de esa manera, que se había enterado de lo Charles, y le preguntaba él porque. El Papa le dijo que siendo representante Dios en la tierra, no tenia que rendir cuentas a nadie, y mucho menos a los que hacía tiempo que habían dejado de rendirle el homenaje que se merecía. Entonces lanzando un largo suspiro, alzando con orgullo la cabeza, el Barón Richard MacCormak pronunció las palabras del ritual de rotura del vasallaje previstas por las partidas de Alfonso el sabio:
– Señor don Pedro de Luna, yo Ricardo, ricohombre, besóos la mano, y de ahora en adelante ya no me llaméis vuestro vasallo.
El Papa empalideció ostensiblemente, mientras los ojos parecían salírsele de sus órbitas, sus hombres de confianza se agitaron inquietos, los soldados se aferraron a sus armas y yo trague saliva imposible de saber si saldríamos con vida de aquella situación. Y es que romper el vasallaje es el mayor insulto que se le puede hacer a un noble, ya que es considerarlo indigno de los servicios que se le presta. Pero aun así veía a Richard muy tranquilo. Richard se giró hacia nosotros y nos dijo susurrando:
– Lo siento, pero me juró que quería vuestra vida, no vuestra muerte.
Me quede estupefacto y confuso. ¿Qué diablos quería decir con aquellas palabras? ¿A quién se refería?
– ¡Salariel! ¡Cumple lo pactado! –gritó Richard mirando al techo.
Y tras decir estas palabras, desapareció dejando una nube de humo. No entendíamos nada, los tres nos miramos nerviosos y confusos. El Papa dio un fuerte golpe de bastón al suelo y se cerraron las puertas. Todos los ballesteros nos apuntaban, con lo que, obviamente, no opusimos resistencia.
Nos arrestaron y metieron en un profundo pozo donde fuimos introducidos por una escalera, que fue retirada tras bajar nosotros. Ahí pasamos varias semanas, una o dos veces al día recibíamos un cuenco con agua y otro con pan y una especie de potaje, estar allí era una pesadilla, sólo teníamos unos haces de paja en los que dormir y además estábamos rodeados por nuestras propias heces y por los huesos de los últimos inquilinos. El Papa, como método de tortura venia una o dos veces al día y nos explicaba los martirios vividos por algunos cristianos. Estábamos realmente mal, psicológica y físicamente.


Continuará el día 10 de Agosto
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sábado, 05 de agosto de 2006
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Cogieron el coche y se dirigieron al barrio del Rabal, donde aparcaron y salieron del coche.
- Bien –propuso Rafa-, llévate tu a Isaac y búscale algunas presas sencilla, yo haré lo mismo con Pedro, nos vemos dentro de una hora aquí mismo.
- ¿Dentro de una hora? Pero si son ya casi las dos de la mañana... ¿qué quieres? ¿qué nos coja el sol? Casi no tendremos tiempo para atrapar a esos dos.
- Ellos sólo irán al refugio cuando se aproxime el crepúsculo.
- Es cierto. Bueno, nos vemos de aquí a una hora.
Y diciendo esto ambos vampiros se marcharon con sus respectivos tullidos en busca de presas fáciles a las que vaciar; ya que en ese barrio estaba permitida tal cosa. A ambos grupos no les resultó difícil encontrar algunos humanos solitarios y desprevenidos a los que hincar el diente. Y así lo hicieron, al cabo de una hora se reencontraron junto al coche, saciados y curados por completo de todas las heridas. Se metieron en el coche y se pusieron en marcha.
- Bueno chicos, ¿qué tal os sentís después de recuperaros?
- Estupendamente –dijo Pedro-, espero no haberos causado problemas.
- Bueno, tranquilo, no más de los que podemos tolerarte –dijo Javi.
- Yo estoy muy cabreado. ¿Cómo pudo darnos esa paliza tan fácilmente ese triste humano?
- Será por qué eres un inepto con las armas de fuego –inquirió Rafa.
- ¿Pero qué estás diciendo? ¿Qué sabes tú de eso?
- Oí dos disparos de tu pistola y cuando llegué no vi a nadie herido de bala... bueno sí, a vosotros dos... –añadió Rafa riendo.
Isaac, se cruzó de brazos y sopló enfadado.
- Bien, dejémonos de estupideces ¿Cómo vamos a hacerlo? –preguntó Javi.
- Empieza girando esta calle a la derecha, tengo a un conocido cerca de aquí que nos proporcionará lo que necesitamos...
- ¿Y de qué se trata?
- Los necesitamos vivos ¿recuerdas? Vamos a necesitar una furgoneta grande para llevar los cuerpos, y estacas para incapacitarlos.
- ¿Estacas? Eso lo puedo hacer yo con un palo y una navaja –dijo Isaac.
- No sabemos lo fuertes y dotados para el combate que están nuestras presas, por lo tanto no podemos pensar que somos superiores en el cuerpo a cuerpo.
- Pero nosotros somos cuatro –replicó Pedro-, tenemos ventaja.
- Eso no es nada para un vampiro, todavía sois jóvenes y no conocéis todo el potencial de vuestros poderes pero con el tiempo iréis viendo que podemos realizar proezas de fuerza increíbles. Pero no os rayéis más, cuando veáis lo que mi amigo puede darnos lo entenderéis.
Todos creyeron las palabras de Rafa y nadie preguntó nada más. Javi siguió sus instrucciones hasta que llegaron al lugar.
- Bajad del coche y esperadme aquí, volveré con la furgoneta y el material.
Todos se bajaron y Rafa se llevó el coche calle abajo hasta desaparecer. Al cabo de una media hora apareció una furgoneta azul oscuro que se detuvo frente al grupo. Bajó la ventanilla y Rafa sacó la cabeza.
- Subid, anda, que ya lo tengo todo.
El resto obedeció y subieron a la furgoneta; Javi se sentó delante y Pedro e Isaac lo hicieron atrás.
- Y bien, ¿cuál es ese maravilloso material?
- Está justo junto a ti –aclaró Rafa girándose y señalando-, justo en esas cajas de madera.
Pedro e Isaac se habían sentado sobre ellas sin darse cuenta. Cuatro cajas de madera de tamaño rectangular estaban puestas a ambos lados del suelo. Pedro se reclinó para abrir la que tenía junto a él. Al momento sus ojos se abrieron con cierto grado de horror y enmudeció. Isaac vio su rostro.
- Que, ¿qué hay? –preguntó al tiempo que también se inclinaba para mirar. Y nuevamente lo que vio también le hizo palidecer y quedarse boquiabierto e intranquilo.
- Tranquilos –dijo Rafa, que estaba al tanto de lo que pasaba ahí atrás-, no os harán ningún daño, hace falta alguien que la maneje para que sea realmente peligrosa.
- ¿Qué pasa? ¿Qué son? –preguntó Javi intrigado.
- ¡Lanza-estacas! –dijeron con fuerza Pedro e Isaac casi al unísono.
- ¿Te das cuenta de lo peligrosas que son estas armas? –preguntó Isaac- Podríamos darnos sin querer a alguno de nosotros y dejarnos incapacitados y en letargo, o peor, podría cogerla alguno de esos dos que queremos cazar y darnos caza ellos.
- ¿No crees que es más peligroso arriesgarse a luchar cuerpo a cuerpo para clavársela tú mismo? –preguntó Rafa- Por si no lo sabes es una tarea harto complicada, atravesar la piel, el músculo y el hueso de un solo golpe, y encima hacerlo en el blanco, no es tan sencillo como pintan en las películas.
- Ya pero...
- Además, en el caso de que por accidente, o no, alguno resultara incapacitado siempre quedarían los otros tres para quitarle la estaca y devolverle a la normalidad. Ya sabes que las estacas no nos matan, sólo nos inmovilizan.
- Quizá tienes razón... está bien, lo haremos así. Sí, creo que es lo mejor –dijo Isaac al fin.
- Estupendo, ¿el resto que opina? ¿Os parece la mejor opción?
- Los quieren vivos –dijo Javi-, así que sí, es la mejor opción.
- Sí, yo también lo creo.
- ¡Pues bien, no perdamos más tiempo, vayamos a la casa del viejo apestoso! -gritó Rafa a la vez que pisaba más el acelerador para aumentar la velocidad.
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viernes, 04 de agosto de 2006
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A la mañana siguiente desayunamos ligeros y nos dispusimos a partir. A nuestra petición, el Barón nos proporcionó: caballos, armas, petos de cuero, provisiones, y un monedero con cien monedas de plata por si ocurría algún improvisto. Pronto estuvimos lejos del feudo de Richard, durante el camino mis dos amigos y yo estuvimos hablando de diferentes cosas pero nos sorprendió a los tres que Charles y sus sirvientes no mediaran palabra, de vez en cuando se les oía susurrar algo entre ellos pero nunca se dirigían a nosotros si no era para hablar de algo sobre el viaje. Era tal el afán de nuestros silenciosos acompañantes por llegar a nuestro destino que no nos detuvimos hasta que oscureció.
– Ya esta bien por hoy –dije yo con autoridad–, acamparemos aquí.
– ¡No, aún podemos avanzar mas, al menos hasta que oscurezca completamente! –dijo Charles intentando superar mi autoridad.
– ¡Yo me quedo aquí con Joan! –respondió Felipe.
– ¡Yo, también! –añadió Luis, uniéndose a nosotros.
Así que finalmente nos quedamos en aquél lugar acampados. Tuve la genial idea de ponernos sobre árboles, para no tener incidentes con animales salvajes. Yo hacía la primera guardia. Mientras todos dormían eché un vistazo a mí alrededor, todo estaba tranquilo. Segundos después de haber hecho esta comprobación, escuché un zumbido que rápidamente fue acompañado de un intenso dolor en mi brazo derecho, me giré para ver que era, y lo que contemplé fue una punta de flecha llena de sangre que salía de él.
– ¡Tenemos compañía! –alerté a mis compañeros con un gran grito.
Rápidamente todos se despertaron. Felipe se quedó al cuidado de nuestros protegidos mientras Luis y yo bajamos a ver de dónde provenía esa flecha. Echamos otro vistazo a nuestro alrededor pero no vimos nada, y si no fuera por la hoguera que habíamos hecho cerca de los árboles aún veríamos menos. De pronto Luis me alertó.
– He visto moverse algo ahí, entre los árboles.
Dirigí la vista hacía donde él me había señalado y les vi. Entre las ramas de un árbol inmenso que había a unos diez metros pude distinguir la silueta de tres personas y lo que parecían unos arcos.
– ¡Son hombres de los bosques! –dijo Luis– Son expertos tiradores, no tendremos ninguna posibilidad si luchamos desde aquí abajo. Lo mejor será subir y acabar con ellos.
Después de estas palabras de Luis, yo asentí con la cabeza. Entonces nos miramos mutuamente para después lanzarnos a la carga. Bajamos sin esfuerzo del árbol en el que estábamos y corrimos hacia el otro. Cada uno subimos por una cara del árbol. Mientras llegaba arriba, uno de ellos se había apresurado a sacar su espada e intento matarme, pero con un rápido movimiento logre esquivar su ataque, situación que aproveche para agarrar su muñeca y tirar de ella, con lo que conseguí lanzarlo hacia abajo, a la altura a la que estábamos, unos ocho metros, dudaba que se volviese a levantar. Mientras yo terminaba de subir Luis ya lo había hecho, y gracias a mi actuación la suya pasó totalmente desapercibida. Entonces Luis fue lento y sigiloso por detrás de uno de los arqueros, sacó su hacha y le rebano la cabeza con un golpe fuerte y seco. Ya sólo quedaba uno de los arqueros, y éste se dirigía con su larga espada hacia Luis. Yo, ya arriba, le vi la intención y empuñando mi espada al revés se la lancé con gran fuerza, la cual se le clavó con tal fuerza en su espalda que lo atravesó y cayó inerte en el suelo. El peligro parecía haber desaparecido pero aun así continuamos haciendo guardia toda la noche.
A cosa de las seis salió el sol y reanudamos el trayecto a Barcelona. Tardamos medio día en llegar y una vez allí nos curaron y dieron de comer. Luego, después de asegurarnos de la seguridad de Charles de Lupo, emprendimos el viaje de vuelta al castillo de Richard MacCormak. El viaje de vuelta no tuvo complicaciones y fue tranquilo. Entramos al castillo de nuestro Señor, y nos dirigimos ante su presencia. Estaba en uno de los extremos de la mesa del comedor, quieto y con la mirada en el vacío.
– Ya hemos vuelto –dije yo, por si él no se había dado cuenta. Pero Richard no contestaba, ni siquiera nos miró. Al cabo del rato se alzó gritando.
– ¡Si él está con Dios... yo reclutaré al diablo! –nos miró y dijo– ¡Seguidme!, tenemos cosas que arreglar –y diciendo esto nos condujo hasta el establo donde cogimos los caballos.
Ya de camino intenté averiguar a dónde íbamos.
– ¿Hacia dónde nos dirigimos mi señor?
– Ya lo verás.
Felipe se me acercó e inclinándose me susurró al oído.
– Seguramente nos debemos dirigir a Peñiscola.
– Será eso.
Pero por lo visto nos equivocábamos porque al llegar a las cuevas de Vinromá, Richard se detuvo delante de una de ellas.
– Esperadme aquí hasta que yo salga, puede que tarde un rato.
Y diciendo esto Richard se metió en la cueva con una antorcha. Ninguno le seguimos, pero al cabo de unas horas vimos extraño que todavía no saliera.
– Esto es muy extraño, ya tendría que haber salido –dije yo.
– Richard dijo que tardaría un poco, además he oído rumores de que en estas cuevas se practican ritos satánicos –me dijo Luis.
– Me da igual, yo voy a buscarlo.
Me daba completamente igual lo que él hubiera dicho, y las habladurías que se dijeran por ahí, era mi señor y si no salía era porque posiblemente le había pasado algo, así que después de decir esto me dispuse a encender una antorcha.
– Espera, yo también voy –dijo Luis apoyando su mano en mi hombro.
– ¡Y yo! No pensaréis que me voy a quedar aquí solo –dijo también Felipe.
Los tres entramos en la cueva, fuimos mirándola de cabo rabo, pero no veíamos nada, nuestra búsqueda termino con el hallazgo del final de la cueva.
– Que extraño, ¿dónde puede estar Richard? –exclamó Felipe.
Al no encontrar nada nos volvimos a la entrada, a esperar. Al cabo de tres horas más por fin llegó Richard. Lo vimos extraño, parecía mucho mas viejo, tenia muchas canas y también bolsas bajo sus ojos, y parecía muy cansado, entonces nos dijo con voz exhausta.
– ¡Venga, vayamos a Peñiscola!
– ¿Para qué? –pregunté. y con una voz muy grave me dijo
– Tengo un asunto pendiente con Su Santidad –dijo con una voz muy grave para después espolear a su caballo y emprender el galope.
Nosotros le seguimos rápidamente. Durante el trayecto Richard nos explicó que Benedicto le había utilizado, pero no nos explicó él porque.


Continuará el día 7 de Agosto
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jueves, 03 de agosto de 2006
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El coche se detuvo frente a las puertas del Elíseo de Barcelona y a toda prisa nuestros dos vampiros entraron a cuestas a Pedro y a Isaac. El interior del edificio estaba exquisitamente decorado con muebles e iluminación al más puro estilo barroco. Cuando ambos vampiros irrumpieron en él todo el mundo calló y se les quedó mirando. Ellos hicieron caso omiso a la expectación de la panda de repipis que suele regentar el Elíseo. Cuando se dirigían al despacho del subordinado del Príncipe que les había encargado la misión, éste les interceptó por el pasillo gritando:
- ¡Pero que demonios creéis que estáis haciendo! Maldita panda de descerebrados, cómo se os ocurre traer a dos vampiros tullidos a esta casa. Éste es un lugar de reunión y de diplomacia, por el amor de Dios, no un maldito hospital.
- ¿Ya has terminado? –preguntó Rafa al tiempo que seguía caminando hacia el despacho de Juan, el subordinado- Ya sabemos más acerca del que el príncipe está buscando. En realidad son dos vampiros que han llegado hace poco a la ciudad, presuntamente huyendo de otro dominio.
- Oye, oye, ¿dónde crees que vas? No voy a dejar que metas a esos dos en mi despacho.
Pero antes de que pudiera detenerlo Rafa ya había abierto las puertas de par en par para que Javi también entrara sin dificultad. Sin dudarlo fue hasta el sofá situado al fondo de la sala, junto a la ventana, y dejó a Pedro, el cual seguía en letargo. Javi le siguió en la acción y dejó caer a Isaac justo al lado, el cual se golpeó la cabeza contra el hombro de Pedro.
- Ten más cuidado, ellos saben lo que pasa a su alrededor –dijo Rafa examinando detenidamente a ambos heridos-. Juan, rápido, trae a un par de humanos del rebaño del Elíseo.
- ¡Ah, no! Eso sí que no. Esta noche el Príncipe celebra una fiesta en su mansión y todos los miembros del rebaño deben estar en perfecto estado.
- ¿Qué? Vamos, no se dará ni cuenta –replicó Javi-. ¿Acaso prefieres que estos dos sufran la muerte definitiva?
- No será para tanto... ya se habrían convertido en cenizas si tan mal estuvieran...
- Entonces deja que les dé de mi sangre, la necesitan –pidió Rafa al tiempo que se quitaba la chaqueta.
- ¡De eso nada! Sabes de sobra que los vínculos de sangre están prohibidos por orden del Príncipe.
- ¡Joder, Juan, algo hay que hacer, vamos, no me jodas y trae a uno de esos malditos humanos! –chilló Rafa, bastante enojado.
- Está bien... –dijo Juan con voz conciliadora- pero que sepas que lo hago por las veces que me has sacado de problemas cuando todavía me dedicaba a hacer las “misiones” del Príncipe.
- Gracias.
- Pero no se te ocurra hablarme de esta manera en público, tengo que mantener una imagen y una autoridad.
- Sí, por supuesto, perdona, es que temía por estos dos.
- Bien, enseguida vuelvo, voy a buscar a un par de “ovejas” –dijo Juan sonriendo pícaramente.
Ambos vampiros también rieron, y el hombre de confianza del Príncipe salió por la puerta.
- Vaya –espetó Javi-, así que vosotros dos ya os conocíais de antes.
- De mucho antes. Como bien a dicho, ambos realizábamos misiones del Príncipe; en más de una ocasión le salvé el pellejo... y no de unas cuantas balas precisamente, hablo de cosas serias como por ejemplo de los hombre lobo.
- Joder... eso sí que es un peligro, yo nunca me he encontrado con ninguno.
- Y por tu bien espero que así siga siendo.
- Oye, ¿y cómo es que él es un hombre de confianza del príncipe y tu sigues haciendo esta clase de misiones?
- Digamos que yo no me vendo por un puesto, que no le lamo el culo a nadie. A mi el Príncipe no me importa una mierda, yo solamente quiero vivir mi vida. Si para estar en su ciudad de vez en cuando tengo que hacer esta clase de trabajitos... bueno, pues que se le va a hacer. Pero desde luego nunca entraré a formar parte de este engranaje de intrigas y falsedades que es la sociedad vampírica.
- Pues yo sí que quiero.
- Qué dices tío, si de lo único que sirve es de ser utilizado y traicionado por el poder.
- Bueno, en cierta manera tu también estás siendo utilizado, ¿no?
- Oye, no te pases de listo –dijo Rafa al tiempo que dirigía una furiosa mirada al otro vampiro-. Yo hago lo que me da la gana, ¿entiendes? A mí nadie me manda cosas, yo las hago porque quiero, podría marcharme de aquí cuando quisiera, ya has visto como he traído a estos dos al Elíseo y he hecho que se salten las reglas para ayudarnos.
Tras decir esto entró Juan, acompañado de un hombre y una mujer, vestidos con togas blancas. Javi los miró extrañado.
- ¿Qué hace esta gente vestida así? ¿Se creen que estamos en una peli de romanos?
- Calla y no preguntes –aconsejó Rafa- son cosas del Príncipe, es un fetichista –añadió en voz baja.
- Bien, aquí están. Ni se os ocurra vaciarlos, los quiero de vuelta cuando terminéis, ellos ya sabrás a dónde regresar.
- Gracias Juan, eres un amigo. Javi, ocúpate de ellos –dijo al tiempo que señalaba hacia los dos vampiros en letargo-. Otra cosa Juan, como te decía, ya sabemos más acerca de los vampiros fugitivos.
- Bien, cuenta.
- Como he dicho, sabemos que son dos y que vienen huyendo desde algún otro principado. También sabemos que pasan las horas de luz escondidos en bolsas de cadáveres en alguna de las casas de las víctimas que se beben.
- Bien, ¿entonces si ponemos vigilancia en las tres casas... tarde o temprano aparecerán?
- Sí, bueno, en el caso de que no creen nuevas víctimas y usen estás nuevas casas.
- Pero a ver, hay algo que no entiendo... dices que usan bolsas de vinilo ¿no?.
- Así es, encontramos un par en cada casa.
- Bien, ¿por qué un par de bolsas en cada casa? ¿Por qué simplemente no usaron las mismas?
- No sé, quizá algo les hizo huir de repente y no pudieron llevárselas con ellos de la primera casa.
- ¿Los cazavampiros?
- Sí, seguramente. Entonces lo más seguro es que ellos todavía crean que la casa sigue siendo segura por lo que es probable que vuelvan a ella dormir durante las horas diurnas.
- Eso mismo creo yo.
- ¿Cuál de las dos casas fue la segunda?
- La del viejo.
- Estupendo, entonces estamos de suerte porque en la de la pareja esta noche habrá lío... la policía seguramente irá a investigar por lo del tiroteo y los muertos... Bien, pues caso resuelto ¿no? Ya puedes enviar al Azote para que termine la faena.
- ¿Qué? Nada de eso, vosotros os encargaréis de terminar el trabajo.
- No, no, no... yo no estoy aquí para cargarme a nadie, y menos a un par de vampiros proscritos que no se ni siquiera qué crimen han cometido.
- Vamos, Rafa, no te hagas el santo ahora. Ambos sabemos, en realidad los tres, creo, que eres un sanguinario y que te encanta la caza.
Rafa miro con recelo a Juan, se llevó la mano a la barbilla y miró al suelo meditando.
- ¿Aún tienes que pensarlo? ¿Quieres que avise al guardián del Elíseo para que vea que has metido a dos moribundos en este santo lugar? ¿O qué diga al Príncipe que te niegas a cumplir sus designios? O mejor aún, ¿quieres que sepa que has mancillado a dos de sus humanos con estos dos neonatos?
- Joder –farfulló Rafa entre dientes-, maldito seas. Sigues tan manipulador como siempre.
- Ces’t la vie amigo mío; yo sólo cumplo con mi cometido.
- Claro... como no. Está bien, nosotros nos encargaremos de esos dos. ¿Los quieres vivos?
- ¡Por supuesto! Ya sabes cuanto le gustan al Príncipe los ajusticiamientos en presencia de la Primogenitura, es toda una muestra de poder y de capacidad de mantener el orden.
- Esta bien, así será –giró entonces la cabeza Rafa hacia Javi, quién estaba procurando la sangre a los dos tullidos-. ¿Qué tal están, has terminado?
- Sí –contestó Javi al tiempo que daba golpecitos en la mejilla a Pedro y a Isaac-, parece que ya comienzan a recobrar el sentido.
Los dos humanos estaban ahora sentados en el sofá, pálidos y con un corte en la muñeca; tenían aspecto realmente enfermizo y se les veía muy mareados. Juan los miró algo preocupados.
- Tranquilo –dijo Javi-, se recuperarán para esta noche, pero quizá no puedan abusar de ellos tanto como otras veces, procura que vayan con cuidado.
- No, estos dos no irán a la fiesta de esta noche, el Príncipe se daría cuenta de que alguien los ha tocado.
- Bueno, nosotros nos vamos –cortó Rafa-, pronto tendrás noticias nuestras. ¿Quieres que los traigamos aquí cuando los tengamos?
- ¡No! Perdona, que estúpido, por poco lo olvido –y yendo hacia el cajón sacó una hoja de papel y anotó una dirección-. Llévalos aquí cuando los tengas.
- Ok.
- Sobretodo, recuerda que es importante que los traigas con vida.
- Descuida –aclaró Rafa agitando la mano con la que había cogido la hoja de papel con la dirección. Abrió entonces la puerta para después mirar a Javi y al resto-. Venga, es hora de irnos. Tenéis que alimentaros y reponeros antes de que comencemos la caza.
Ambos vampiros se levantaron medio aturdidos, con notable dificultad, y tras dirigirse a tumbos hacia la puerta no tardaron en abandonar el lugar.
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miércoles, 02 de agosto de 2006
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Llegaron primero los tres vampiros que iban en coche. Frente a ellos estaba la casa vecina a la del escenario del crimen. La única forma de acceder a la casa por detrás era atravesar primero el jardín de la del vecino, para después saltar la tapia trasera y acceder al jardín de la casa objetivo. Así pues, los tres se bajaron del coche y, tras no observar luz alguna en la casa ni tampoco perro en la vieja y destartalada casita, se metieron en el jardín para atravesarlo sigilosamente. Aún así fueron muy cuidadosos en asegurarse de que no hubiera ningún perro ya que no querían desafortunados incidentes. Al mismo tiempo prácticamente, Rafa había llegado al mismo lugar y tras ver el coche de sus compañeros vacío se puso a mirar si estaban en los alrededores. Pudo ver entonces a tres figuras que se disponían a saltar la tapia que daba a la casa del escenario del crimen, eran sin duda los tres vampiros así que dio un suave silbido con la intención de llamar su atención. Uno de los tres se dio cuenta de la señal y avisó al resto, que automáticamente dejó de saltar la tapia. Rafa les dijo gestualmente que vinieran a donde él estaba, así pues los tres se reunieron de nuevo enfrente de la casa vecina.
- Los policías se han ido ya -dijo Rafa-, anda que os habéis lucido ¡eh!
- Díselo a estos patanes que se escondieron como niños -dijo algo enojado Javi.
Los otros dos hicieron como si no lo hubieran oído.
- Bien, pues entonces será mejor que entremos por delante antes de que vuelva alguna furgoneta u otra cosa peor -sugirió Isaac.
Todos apoyaron la proposición del vampiro así que subieron al coche y volvieron a la calle de abajo, donde todo se había complicado. Aparcaron en frente de la casa y se adentraron sin más dilación en su oscuro jardín.

Esta casa era muy distinta a la del viejo, el jardín estaba bien cuidado y la construcción era bastante nueva, además ésta contaba con garaje cosa que la otra no. Sacaron el precinto policial y abrieron la puerta con las llaves. La distribución de la casa era la misma que la del viejo: recibidor, escaleras, salón, cocina, dos habitaciones y lavabo. Solo que ésta estaba claramente mejor cuidada, bien decorada, con fotos juveniles por todos lados... Isaac se quedó en el recibidor, Javi y Pedro se dispusieron a investigar la planta baja, y Rafa el piso superior. Ninguno halló nada fuera de lo normal y pronto se reunieron todos en el vestíbulo nuevamente. Entonces Rafa reparó en que esta casa poseía garaje, informó al resto y bajó a echarle un vistazo. En él había dos coches: un todoterreno y un mercedes de clase alta. Debajo de cada coche encontró una bolsa de cadáveres como las que había hallado en la casa del viejo, con tierra en su interior nuevamente. Volvió de nuevo arriba y mostró las bolsas a sus compañeros.
- Otras dos bolsas compañeros. Y nuevamente con tierra en su interior -claro que la otra vez no informó de la tierra que contenían.
Justo en ese momento escucharon un ruido de motor que se aproximaba desde el final de la calle, debía ser un coche grande, dedujeron por el sonido. Isaac comprobó entonces que una nueva furgoneta se había parado en la calle y que de ella habían bajado tres hombres. Rápidamente todos se pusieron en alerta.
Rafa corrió a la cocina, abrió la persiana y salió por la ventana a la parte trasera del jardín. Javi sacó un par de UZIs y se coloco al final del vestíbulo, junto a la puerta de la cocina, en su línea de visión estaba cualquier cosa que se aproximara a la puerta principal. Isaac sacó una pistola de calibre medio y se colocó en el salón, junto a la puerta que daba al vestíbulo. Y Pedro se escondió tras un sillón en el salón, protegiéndose de cualquier peligro. Los tres hombres iba vestidos de negro, y sus cabezas estaban cubiertas por pasamontañas. Todos iban armados con subametralladoras del tipo MP5 con linternas y se dirigieron rápidamente a la entrada de la casa. Pero antes de que nadie abriera fuego dos de los tres asaltantes vieron a Javi situado al final del vestíbulo con las dos UZIs apuntando a la puerta por lo que saltaron a ambos lados del jardín esquivando la lluvia de balas que éste estaba apunto de desatar. Javi apretó el gatillo y dos grandes ráfagas de disparos volaron hacia el tercer y desprevenido hombre que cayó tras ser impactado por un par de proyectiles. Uno de los hombres se quedó a cubierto mientras el otro entraba a la casa abriendo fuego sobre el final del vestíbulo, es decir: sobre Javi. Éste recibió algunos disparos, pero traspasaron su carne muerta sin hacerle mayores daños. Mientras, Rafa corría por el jardín hacia la parte delantera de la casa. Como respuesta a los disparos. Javi, apretó el gatillo de sus armas hasta que se agotaron sus municiones y el asaltante recibió tantos impactos que prácticamente ninguna parte de su cuerpo quedó intacta. Segundos después, el segundo asaltante que había estado a cubierto entró por la puerta vaciando su arma contra el pobre e indefenso Javi, que ahora estaba sin munición. Gran cantidad de proyectiles atravesaron su cuerpo que esta vez no quedo indemne, la sangre manaba de alguna de las heridas y Javi cayó para apoyarse con una mano en el suelo, mientras su enemigo restaba en frente de él dispuesto a acabar con su vida –o no-vida-. En ese momento Isaac salió de detrás de la puerta y descargó su arma corta sobre el cuerpo del asaltante, que cayo fulminado por un certero disparo en la cabeza. Pedro salió de su escondite y se dirigió al jardín saltando por la ventana de la cocina. Rafa tenía vía libre, saltó la tapia para salir a la calle y se ocultó tras unos coches. Del interior de la furgoneta salió un cuarto hombre que corrió hacia la entrada de la casa. Pero tan pronto como pasó junto al vampiro, éste saltó de entre los coches y le hundió las garras en el pecho. Un grito ahogado salió del pobre hombre que ahora estaba escupiendo sangre mientras el vampiro lo elevaba a un palmo del suelo. El conductor de la furgoneta apoyo en la ventanilla una MP5 y apretó el gatillo, descargando gran cantidad de proyectiles sobre el vampiro y su presa. Ambos cayeron, el vampiro no sufrió heridas graves y ahora volvía a estar protegido tras los coches. Pedro estaba ya en el jardín y fue corriendo a patear al asaltador que había sido derribado antes de entrar en la casa y estaba ahora herido en el suelo. Éste lo esquivo con un rápido movimiento y cogiendo su arma pegó una ráfaga sobre el torpe vampiro que siguió de pié, sin daños y algo desconcertado. Al mismo tiempo, Javi e Isaac salían de la casa. El primero siguió recto hacía la calle, pero Isaac corrió a socorrer a su compañero Pedro. El corazón del hombre que estaba en la furgoneta se heló al ver como una criatura de ojos brillantes como luces saltaba sobre un coche con un par de garras largas y afiladas como cuchillos por las que resbalaban pedazos de sangre y carne. Rafa arrancó a correr hacía el aterrorizado conductor, quien disparó una desesperada ráfaga que pasó silbando junto al vampiro. Javi llegó a la calle y corrió atravesándola para situarse tras la furgoneta. Estaba ya situado Rafa frente a la ventana del conductor cuando éste apretó de nuevo el gatillo. En un último intento de evitar los disparos Rafa cogió el cañón del arma para apartarla de él pero varios disparos le impactaron en el hombro. Pese al leve dolor, el vampiro lanzó un garrazo al cuello del humano, el cual se abrió en una lluvia de sangre que salpicó la cara del vampiro. En el jardín seguían los otros dos vampiros. Pedro nuevamente intentó patear al humano, pero no le hizo mayores daños. El otro vampiro disparó su arma corta pero el impacto dio en la tierra pues había errado el tiro. El humano seguía en el suelo y volvió a lanzar una ráfaga sobre el que le pateaba. El vampiro lanzó un grito de dolor al notar como los ardientes proyectiles traspasaban su cuerpo. Al otro lado de la calle, Javi abrió la puerta trasera de la furgoneta y descargo una de sus UZIs en su interior, cargándose todo lo que había dentro, aunque no fuese más que material electrónico. Rafa oyó el estruendo y pudo ver como los proyectiles llegaban hasta la luneta delantera y la reventaban. Una vez más Pedro intentó golpear al humano que yacía en el suelo, pero su patada resultó inofensiva. Nuevamente, Isaac volvió a efectuar un disparó que por segunda vez impactó en el suelo. El pobre humano lanzó una última ráfaga en barrido a los dos vampiros. Los casquillos volaron y ambos vampiros cayeron fulminados mientras pequeños hilos de sangre surgían de la decena de impactos de bala que habían recibido. Los desafortunados vampiros se desplomaron en el suelo del jardín aparentemente muertos. El herido hombre de negro se incorporó con doloroso esfuerzo ayudado por la culata de su arma. Se dirigió dando tumbos hacia la verja de la entrada con tal de escapar con la furgoneta, pero cuando estaba a pocos metros su punto de apoyo se resbaló y cayó de bruces justo en la entrada. Al alzar la mirada lo que vio le hizo chillar de terror. Frente a él estaba Rafa con sus enormes garras, quien lo pateó para dejarlo aturdido.
- ¡Maldita basura! –gritó el vampiro cogiéndolo por el cuello y zarandeándolo- Dime quién te envía y te dejaré vivir.
El pobre hombre esta medio inconsciente, la cabeza le sangraba cubriéndole uno de los ojos... apenas podía reconocer lo que tenía delante.
- Vamos Rafa, éste mierda está casi muerto, no nos dirá nada. ¡Mátalo de una vez!
- Ni hablar, me lo llevo.
- ¿Qué? ¿Estás loco? La policía vendrá de un momento a otro, no nos servirá de nada, debemos largarnos cuanto antes. Sólo es un puto cazador de la Sociedad de Leopoldo, un peón, no tiene nada que ver con nuestra misión.
- Me importa una mierda, éste cabrón me ha tocado las pelotas y pienso hacerlo sufrir hasta que me diga hasta la fecha de nacimiento de su madre.
Javi se había cansado de los desvaríos psicópatas de su compañero por lo que alzó su arma y reventó la cabeza del humano de un disparo. Rafa se quedó con la boca abierta cuando la sangre le salpicó y los trocitos del tipo le mancharon de arriba abajo.
- Maldito seas –chilló furioso el vampiro- cómo te atreves a hacerme esto, te vas a arrepentir de lo que acabas de hacer.
Rafa se puso en pie y alzó la garra de manera amenazadora.
- Estupendo, tómala ahora conmigo... pero mejor por qué no miras a tu alrededor: sangre, muerte, destrucción y nuestros dos estúpidos compañeros caídos en letargo. ¡Vamos, deja de comportarte así y huyamos de aquí!
- Está bien –dijo Rafa al fin, suspirando-, pero me llevo esto.
Y tras pegarle un puñetazo brutal a la mandíbula del muerto le arrebató un puñado de dientes. Ambos vampiros cogieron entonces a sus dos compañeros y los metieron en el coche, mediante el cual huyeron rápidamente.
El motor del coche rugía con furia mientras Javi conducía a toda velocidad por las calles de Barcelona.
- Baja el ritmo o nos detendrán.
- Tenemos que llegar cuanto antes, estos dos están muy mal.
- Bromeas, ¿no? Ellos ya están muertos, ¿recuerdas? No les matarán unas cuantas balas.
- ¡Pero qué dices! Si no se mueven, yo creo que la están palmando.
- Deja de comportarte como un estúpido chiquillo y frena un poco. Como nos pare la policía te juro que te enteras.
Javi miró a la carretera y comenzó a frenar ligeramente el coche, hasta llevar una velocidad normal.
- Esto está mejor... eres un chico listo, al fin y al cabo.
Javi frunció el ceño muy molesto, pero ya había visto de lo que era capaz su compañero vampiro cuando se enojaba y no estaba en la situación idónea para ello.
- Bueno, ¿a dónde vamos? Está claro que al hospital no podemos ir.
- Ni falta que hace, ya están muertos ¿recuerdas? Lleva el coche hasta el Elíseo, allí nos ayudarán.
- ¡Ok! Vamos para allá.
- Menudo gilipollas –pensó Rafa- ¿por qué siempre tengo que cargar con novatos como éste? Tengo que pensar algo... en el Elíseo se van a poner como motos cuando lleguemos... pero estoy en mi derecho, he de informar al Príncipe de mis hallazgos y los tullidos estos son solo daños colaterales.
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martes, 01 de agosto de 2006
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Esta es una historia que escribí cunado tenía 14 o 15 años, con la que gané el premio San Jordi de narraciones de mi colegio cuando iba a 3º de ESO. Al releerla he visto infinidad de imperfecciones, cosas que ahora escribiría de manera muy distinta, pero bueno, me alegro de ver como he ido mejorando en la manera de hacer narraciones. Publicaré la narración en varias partes. La he revisado y he hecho cambios muy ligeros, que practicamente no distan del original, así se conserva como yo lo escribí. Porque aunque no sea perfecto es lo que yo hice entonces, hace seis años, y no ha de ser olvidado. He de decir que esta historia esta sacada de una aventura de rol que yo jugue del juego de rol de Aquelarre. así que no creáis que lo he escrito yo, solamente lo he narrado.


Voy a relatar la historia de mi pasado, la historia de cómo me fueron arrebatados mis padres cuando yo solo era un chiquillo, y como me vi involucrado en la loca aventura de unir el Cielo y el Infierno.
Tuve una infancia bastante feliz, si no fuera por el hecho de haber perdido a mi madre al nacer yo. Vivía con mi padre en una cabaña situada en los bosques de Aragón, él era cazador, y mientras él se ganaba la vida cazando y vendiendo animales en el mercado, yo realizaba las tareas de la casa. Mi padre me enseñó todos los secretos de la caza, aunque no logré aprenderlos todos. Una noche mientras yo le aguardaba en casa, tuvo un problema con un forastero en su puesto del mercado. Este no quería pagarle y mi padre le obligó a hacerlo, pero al día siguiente el forastero volvió con unos amigos, y dijeron que no tolerarían que se pasase así con ellos, mi padre se quejó y por esa estúpida disputa le mataron.
Esa noche me dormí esperándolo, sobre la mesa de madera del comedor, donde yacía con mi cabeza apoyada sobre mis brazos.
Al día siguiente me despertó el ruido de unos caballos. Salí a toda prisa, pensando que sería mi padre, que volvía del mercado; pero no reconocí a las personas que tenia ante mí.
– ¿Joan? –Preguntó el que parecía el mas importante de los tres hombres.
Yo asentí con la cabeza.
– Soy tu tío, Alvar, ha habido problemas en el mercado y tu padre ha muerto, he venido para cuidar de ti.
No me sentó nada bien la noticia, mi padre era lo único que tenia, pero aun así acababa de descubrir que tenía un tío, y vi en él una nueva oportunidad de rehacer mi vida. Después del gran silencio la voz de Alvar sonó como un trueno en mis oídos.
– Dormiremos aquí, mañana partiremos hacia mi castillo.
No se cómo lo logré pero en ese momento tan amargo logré pronunciar unas palabras.
– Yo no quiero ir –le dije con tristeza, pero él me respondió de una manera desconcertante.
– Tampoco querías que tu padre muriese, pero ha muerto.
Después, no volvió a hablar conmigo. A la mañana siguiente partimos hacia su castillo. Alvar me enseño a leer y escribir, luego ingresé en la academia de almogávares, donde aprendí el oficio. Al salir de la academia mi tío ya me había conseguido un puesto al servicio del barón Richard MacCormak, procedente de Escocia, al que se le conocía en Aragón como Ricardo. Llegué al castillo y rendí pleitesía a Ricardo, el cual me aceptó como su vasallo. Yo no era el único que el barón había reclutado, en la misma estancia se encontraba un hombre de largas barbas, con aspecto de pirata, y cerca de él, un hombrecillo con mirada perversa. Mi tío se fue y MacCormak nos presentó entre nosotros, –Joan, estos son Felipe y Luis– realmente ninguno tenia aspecto suficiente para llevar esos nombres tan nobles.
Esa noche llovía a cántaros, mientras cenábamos, picaron en las puertas del castillo. Uno de los siervos de MacCormak abrió una de las grandes y viejas puertas. Detrás de ella pudimos distinguir, entre la lluvia, a tres encapuchados montados en mulas. Dijeron ser el diácono Charles de Lupo y sus dos servidores, éste afirmó que eran representantes del Papa Luna, lo cual resultaba ser cierto ya que portaban los documentos que lo atestiguaba. Los visitantes pidieron hablar con MacCormak, cosa que les fue concedida. En la charla Charles explicó al barón que había sido designado por Su Santidad el papa Benedicto XIII para intentar acabar de una vez por todas con el cisma que sufría la iglesia Cristiana. El anciano Papa sentía que sus días se acaban, y quería poner claras las cosas antes de reunirse con el Creador. Para ello redactó unas condiciones de renuncia, por lo demás muy asequibles: simplemente que se le revocara la sentencia formulada en los Concilios de Pisa y Constanza, según la cual era un antipapa fornicador, blasfemo, asesino, hechicero y hereje. Quizá su pecado era el del orgullo, y por él tendría que rendir cuentas a Dios, pero no le podían pedir a un hombre de su calidad que se humillase hasta ese punto... Si en Roma se retractaban y admitían que era un hombre honrado y sincero, estaría dispuesto a dejar la mitra y las llaves de San Pedro a quien correspondiera... Con un reducido séquito Charles recibió pues órdenes de viajar hasta Barcelona, donde se encontraba el delegado Papal Guido de Cerbino, entregarle el rollo de pergamino lacrado con el sello Papal donde están escritas las condiciones de Su Santidad y acompañarle de regreso a Roma, para exponer el asunto ante el Papa Martín V. Por desgracia los caminos del Maestrazgo, en especial los que comunican con Peñíscola, están controlados por los hombres de la Orden de Montesa, la que antaño tanto favoreció al Papa Benedicto, y que ahora se volvió contra él. El grupo de embajadores fue atacado por un grupo de bandidos que decían ser agentes de la Orden, que dispersaron a su séquito, en el que no había hombres de armas, para robarles los ricos presentes que traían para Martín V. Charles y sus dos compañeros lograron escapar gracias a la intervención divina, llevando consigo un cáliz de oro, el único tesoro que consiguieron salvar. Así pues, para terminar su misión necesitaban una escolta adecuada, un grupo de hombres que vistieran su librea, no la del Papa Luna, y que le sirvieran y protegieran de otros supuestos “caballeros” de Montesa para poder terminar su misión.
Después de toda la explicación, Richard, aceptó en ofrecerle los servicios de un grupo de hombres que hoy acababa de llegar a su castillo. Era evidente que se refería a nosotros. Nuestro Barón nos contó todo esto en una reunión por la noche, a la que no acudieron los nuevos invitados, ya que estaban cansados. Luego yo hablé con mis nuevos compañeros en los aposentos, opinamos sobre la misión, contamos cosas sobre nuestro pasado, etc.


Continuará el 4 de Agosto
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