Rafa se incorporó y con cierta dificultad y dolor se quitó el puñal que tenía clavado en el hombro.
- Por fin, pensaba que no saldría de ésta.
Mientras, Javi, gracias al shock de haberle cortado la mano, estaba ya lúcido y totalmente consciente.
- Dios, mi mano, este cabrón me ha jodido la mano.
- Tranquilo, ya te saldrá una nueva, no te preocupes.
- Qué dices, ¿en serio?
- Claro, no tienes por qué preocuparte. Lamentablemente –dijo mirando al cuerpo de Isaac, cuya cabeza estaba a unos pasos de él-, la cabeza sí que es algo que no vuelve a crecer...
- Mierda, pobrecillo.
- No, ahora descansa en paz. Vamos, tenemos que llevarnos a estos cabrones. Mételo en la bolsa, y sobretodo ten cuidado que no se le saque la estaca... o estaremos listos. Yo voy a buscar al de arriba.
- ¿Ya has acabado con él?
- Sí, todo ha sido muy fácil, el pobre diablo ni se lo ha olido.
Pedro seguía escondido tras el sillón, cuidando su puesto por si alguien trataba de abandonar la casa. Entonces se oyeron unos pasos en la escalera, que comenzaban a descender. Pedro apretó su arma contra sí, nervioso, y apuntó hacia la escalera.
- Pedro –dijo Rafa-, tranquilo, ya está todo bien.
- ¿Sí? Oh, que bien.
- No tan bien... sube a buscar a Isaac, nos llevamos su cuerpo, las dos partes.
- ¿Las dos partes? ¿De qué hablas? ¿Qué ha pasado?
- Isaac ha muerto, Pedro –aclaró Javi-. No hemos podido hacer nada, ese tipo le cortó la cabeza.
- Mierda.
- Sí, exacto, ves a por él y llévalo a la furgoneta.
Pedro subió a recoger el cuerpo de Isaac, el cual tenía ya un aspecto muy cadavérico, como si hiciera ya tiempo que estuviese muerto y presentaba un aspecto más anciano. Volvió a bajar entonces.
- No entiendo –dijo-, como es que tiene este aspecto, como si hiciera meses de su muerte y como si fuera más viejo.
- Cuando morimos –contestó Rafa-, la muerte vuelve para cobrarse todo el tiempo que llevábamos vivos. De esta manera su cuerpo ha envejecido todos esos años que lleva siendo vampiro en muy poco tiempo. Si le ocurriese lo mismo a un vampiro mucho más viejo su cuerpo no tardaría en convertirse en polvo.
- Fascinante –susurró Javi.
- Ni hablar, es asqueroso –replicó Pedro.
- Venga, vayámonos de aquí –propuso finalmente Rafa.
Los vampiros cargaron los tres cuerpos en la furgoneta, junto a todas las armas y al equipo y aceleraron perdiéndose en la ya casi extinguida noche.
- ¡Demonios! –se quejó Javi- ya casi es hora de que amanezca, debe quedar menos de una hora.
- Sí, debemos darnos prisa en llevar a estos tipos a la dirección. Después no creo que os de tiempo a llegar a vuestros refugios, podéis quedaros en el mío, tengo habitaciones de sobra.
- Gracias –agradeció Pedro.
- Sí, yo también accedo, es un caso de fuerza mayor.
Llegaron al poco a la dirección que Juan les había dado y bajaron del coche. Se trataba de una pequeña nave industrial. Después de coger a los dos proscritos se dirigieron a la gran puerta metálica que cerraba el lugar. Rafa picó entonces a la puerta con el puño.
- ¿Qué quieres?
- Traigo un paquete para su majestad, el Príncipe.
Se oyó entonces un fuerte chirrido del cerrojo de la puerta al abrirse y ésta cedió. Detrás de ella se vio a una masa de músculo de un metro noventa de alto que con voz grave dijo:
- Dejadlos ahí –al tiempo que señalaba sobre una mesa-.
Ellos lo hicieron y al poco ya estaban de camino al refugio de Rafa, dónde todos pasaron el ardiente día.
A la noche siguiente los tres se dirigieron al Elíseo. Al entrar se dirigieron al despacho de Juan, al cual entraron sin siquiera picar a la puerta. Allí estaba él, sentado tras el escritorio, escribiendo algunos documentos. Al oír el ruido de la puerta alzó la vista y tras verlos dijo:
- Ah, sois vosotros.
Los tres vampiros se sentaron el sofá.
- Me han informado de que habéis cumplido con el trabajo a la perfección, os felicito, vuestro Príncipe está muy orgulloso de vosotros.
- Pues mira tú que alegría... –dijo Rafa de manera irónica.
- Ya sé, siento lo de vuestro compañero, es una tragedia. Pero debemos alegrarnos de que muriera sirviendo a una causa mayor. Estos dos vampiros que habéis capturado habrían causado graves problemas a la Mascarada de no haber sido por vuestra intervención. Es por ello que el Príncipe ha decidido concederos el privilegio de asistir, en valor de observadores, al cónclave en el que se decidirá la suerte de estos dos vampiros que han quebrantado las Tradiciones de la Camarilla.
- Será un honor asistir –dijo Javi-, me encantará ver que es de estos bastardos que han acabado con la vida de mi compañero.
- Yo también me alegro de que se me conceda este privilegio –añadió Pedro-, asistiré encantado a tal reunión.
- Pues yo paso –dijo groseramente Rafa-. Yo ya he cumplido con mi misión y el resto son paparruchas de “palacio”. Así que si ya está todo... me voy.
- Tu siempre igual –increpó Juan-, ¿es que no piensas adaptarte nunca a esta nueva sociedad?
- ¿Quién ha dicho que tengamos que subyugarnos a alguien?
- Ten cuidado, Rafa.
- Sí, tranquilo, siempre cumpliré los designios de nuestro querido Príncipe –y al tiempo hizo una reverencia mofándose.
- Está bien, haz lo que quieras. Pero no te alejes demasiado... puede que pronto vuelva a necesitar de tus servicios.
- Espero que no –añadió él, tras lo cual se dirigió a sus compañeros diciéndoles-. Bueno chicos, cuidaos mucho, y no confiéis en esta panda de vampiros interesados, son todos unos egoístas. Espero volver a veros, cuidaos mucho.
Y al terminar estas palabras se dirigió al exterior del edificio. Una vez fuera miró al cielo y pensó:
- Bueno, es hora de dedicar un poco de este tiempo eterno del cual dispongo para mí mismo. ¡Que le den a la Camarilla!
Y con estos pensamientos se dirigió calle abajo, mientras la noche aún era joven.
FIN
Bueno, aquí termina la cosa... espero que haya gustado. Rafa, Javi y Pedro siguen vivos... quizá algún día haga otra historia con alguno de estos personajes, quién sabe. Bueno, que vaya bien.