El coche se detuvo frente a la puerta, al otro lado de la calle. Todos bajaron del coche y llevaron las cajas al interior de la casa.
- Bueno, ya estamos aquí, recordemos que debemos dejarlo todo tal y como lo encontramos... esos dos no deben percatarse de que aquí ha estado alguien, al menos hasta que llegue el momento de atacar.
- ¿A qué te refieres?
- A las bolsas de cadáveres, obviamente. Una estaba bajo la cama de la habitación del viejo y la otra en el desván.
Llevaron las cajas a la cocina y allí se reunieron, sobre la gran mesa de madera que estaba en medio de la cocina.
- Veamos, os enseñaré cómo funcionan estas preciosidades –dijo Rafa mientras sacaba de una de las cajas una ballesta, un cartucho de estacas y una pequeña bombona de color metalizado-. Bien, esto es un lanza-estacas semi-automático, funciona como una pistola, cada vez que apretamos el gatillo se dispara una estaca como ésta –y levantó una de ellas, de madera y cilíndrica de unos quince centímetro de largo y con una afilada punta-. Son muy resistentes y la punta está endurecida al fuego. Bien, funcionan de la siguiente manera, en esta ranura de aquí introducís la carga y en este otro la pequeña bombona. Cada carga contiene cinco estacas, así que afinad bien la puntería. La bombona contiene dióxido de carbono y es lo que permite que el arma se recargue sola; tras cada disparo se suelta este gas dentro del mecanismo que hace que la goma del arco se vuelva a tensar, dejándola lista para un nuevo disparo. Cada bombona da para veinticinco disparos, así que no os tendréis que preocupar de recargarla, espero. Y la última cosa, éste pico en la punta y este círculo sobre el gatillo hacen de punto de mira, como en las armas de fuego, solamente tenéis que alinearlos junto al blanco y apretar el gatillo. ¿Alguna pregunta?
- No, todo está claro –dijo Isaac-, pásame la mía.
Pedro abrió otra de las cajas y le pasó el arma a Isaac junto a cuatro cargadores. Al fondo de la caja vio una pieza de ropa gruesa de color oscuro.
- ¿Y esto?
- Ah, sí. El chaleco. Poneos estos chalecos, tienen la zona del corazón reforzada con acero, pesan un poco, pero os protegerán de un estacazo accidental o de algo peor.
- Menos mal, con esto ya me quedo más tranquilo –dijo aliviado Isaac-. Venga, dame el mío, me lo pongo ya mismo.
- Ahora que ya estamos todos armados y listos hablemos del plan de actuación, ¿no Rafa? –preguntó Javi- ¿Cómo vamos a colocarnos?
- Yo había pensado en que Pedro se situase en el salón para vigilar la salida por si los objetivos intentan huir; que Isaac y tú os situéis en ambas habitaciones y que mientras uno sale de improviso del armario el otro entre por la puerta abriendo fuego. Yo pensaba situarme en la buhardilla a la espera del segundo objetivo.
- No es mal plan.
- Es importante que esperéis a que mi objetivo suba al desván para entrar en acción porque si no podríais hacer que finalmente no subiese y que fuese a por vosotros.
- Estupendo.
- Bien, a vuestros puestos. Todavía falta una ahora y pico para que amanezca. Descansad un poco, pero estad alerta.
Los vampiros se fueron colocando en los lugares acordados, no sin antes esconder bien las cajas dónde habían traído las armas y dejar las bolsas de cadáveres en el lugar dónde las habían hallado. Pasó el rato sin que ocurriese nada cuando a cosa de las cinco de la mañana se oyeron unos pasos sobre el tejado. Rafa estaba allí y vio como uno de los dos proscritos abría la ventana con mucha maña y casi sin hacer ruido. Apenas se veía nada, solamente entraba por la ventana la tenue claridad de la calle que llegaba hasta allí arriba. Nuestro vampiro no osaba usar sus poderes vampíricos ya que ello habría alertado al objetivo porque al usarlo le confería un tono amarillo brillante a sus ojos. El proscrito entró en el desván, seguido de su compañero. En la penumbra se les veía fornidos y grandes, cosa que hizo pensar a Rafa en lo buena que había sido la idea de no enfrentarse cuerpo a cuerpo con ellos. Los vampiros hablaban entre ellos en una lengua extranjera que Rafa no conocía, al poco uno de ellos se dirigió hacia la trampilla mientras el otro empezó a trastear la bolsa de cadáveres. Javi, que permanecía dentro del armario, oyó cómo se abría la trampilla del desván y cómo se descolgaba la escalerilla, acto seguido escuchó el ruido de unos pasos que descendían. Isaac, que permanecía bajo la cama de invitados, también estaba atento, siguiendo los movimientos del segundo proscrito, que ahora se dirigía hacía la otra habitación. Pedro restaba oculto tras el sillón del salón, colocado junto a la puerta que daba al vestíbulo, tratando de oír cualquier ruido escaleras arriba.
El proscrito llegó a la habitación y se agachó para coger la bolsa de cadáveres, en ese momento la puerta del armario se abrió con un seco golpe al darle una patada. Javi salió de él apuntando al pecho del vampiro, el cual se movió con asombrosa celeridad situando la bolsa de cadáveres frente a sí. El disparó sonó como un silbido que atravesó el vinilo de la bolsa y se clavó en el suelo de madera. Isaac al oírlo salió de debajo de la cama y corrió a la otra habitación. El proscrito, que había evitado el disparo de Javi, se incorporó a toda velocidad y propinó un poderoso puñetazo al otro vampiro, empotrándolo contra el armario. Mientras, arriba, Rafa se puso en acción e iluminó sus ojos viendo perfectamente en la penumbra. El otro proscrito ya se había metido en la bolsa y sacó la mano con ansiosa torpeza para salir lo más rápido que pudiese. Rafa permaneció tranquilo y expectante a que el otro hubiera abierto la cremallera y hubiera dejado al descubierto su pecho. Cuando ocurrió esto, y antes de que el vampiro se incorporase siquiera, Rafa ya le había estacado con un certero disparo en el corazón.
- Dulces sueños –dijo Rafa sonriendo, al tiempo que se levantaba y corría escaleras abajo para socorrer a sus compañeros.
Isaac cruzó el umbral de la puerta y vio a Javi, aturdido, empotrado en el armario. Inspeccionó la habitación con la mirada pero no veía a nadie más, acabó mirando nuevamente a Javi, el cual se había puesto a mirar al techo. Isaac comprendió y alzó su arma tan rápido como pudo. El proscrito se había enganchado a las vigas de madera del techo y cuando el vampiro lo vio se dejó caer. Isaac apretó el gatillo pero no fue lo bastante rápido y la estaca pasó sobre la cabeza del vampiro, clavándose en una viga. Volvió a bajar el arma y la vista, y entonces sintió una gran punzada en el cuello y todo se volvió rojo. La cabeza de Isaac rodó sobre el suelo de madera tras recibir el potente corte del puñal del proscrito, que salpicó la pared de una forma grotesca. El cuerpo definitivamente muerto del vampiro cayó también con un estruendo seco; mientras, Javi seguía aturdido y con multitud de astillas clavadas en su cuerpo, dentro del armario. Rafa corrió por el pasillo, hacia la habitación. Javi trató de mantener el peso de su arma con un solo brazo... le resultaba imposible. El proscrito se dio media vuelta y miró con irá al impotente vampiro. Fue hacia él y levantó el puñal de hoja curva para después asestarle un fuerte golpe en la mano que sostenía el arma, a la altura de la muñeca. La mano de Javi cayó al suelo sin dejar de sostener el arma, y éste chilló de dolor. El proscrito alzó nuevamente el puñal. Momento tras el cual apareció Rafa por la puerta disparando contra él. La estaca la dio en el brazo que sostenía el puñal, atravesándolo por el codo. El vampiro soltó un fuerte grito y antes de que cayese el puñal lo cogió con la otra mano, encarándose al recién llegado, quién volvió a disparar sobre él de nuevo. El impacto le dio en el pecho, a la altura del estómago, demasiado abajo. El vampiro volvió a chillar e intentó lanzarle el puñal. Rafa volvió a disparar nuevamente esperando dar por fin el blanco. El cuchillo giró por el airé y acabó impactando en el hombro de Rafa, el cual cayó al suelo. La estaca acabó clavándose en el pecho del proscrito, justo en el corazón, lo que hizo que cayera pesadamente e inerte con un fuerte estruendo.