Cogieron el coche y se dirigieron al barrio del Rabal, donde aparcaron y salieron del coche.
- Bien –propuso Rafa-, llévate tu a Isaac y búscale algunas presas sencilla, yo haré lo mismo con Pedro, nos vemos dentro de una hora aquí mismo.
- ¿Dentro de una hora? Pero si son ya casi las dos de la mañana... ¿qué quieres? ¿qué nos coja el sol? Casi no tendremos tiempo para atrapar a esos dos.
- Ellos sólo irán al refugio cuando se aproxime el crepúsculo.
- Es cierto. Bueno, nos vemos de aquí a una hora.
Y diciendo esto ambos vampiros se marcharon con sus respectivos tullidos en busca de presas fáciles a las que vaciar; ya que en ese barrio estaba permitida tal cosa. A ambos grupos no les resultó difícil encontrar algunos humanos solitarios y desprevenidos a los que hincar el diente. Y así lo hicieron, al cabo de una hora se reencontraron junto al coche, saciados y curados por completo de todas las heridas. Se metieron en el coche y se pusieron en marcha.
- Bueno chicos, ¿qué tal os sentís después de recuperaros?
- Estupendamente –dijo Pedro-, espero no haberos causado problemas.
- Bueno, tranquilo, no más de los que podemos tolerarte –dijo Javi.
- Yo estoy muy cabreado. ¿Cómo pudo darnos esa paliza tan fácilmente ese triste humano?
- Será por qué eres un inepto con las armas de fuego –inquirió Rafa.
- ¿Pero qué estás diciendo? ¿Qué sabes tú de eso?
- Oí dos disparos de tu pistola y cuando llegué no vi a nadie herido de bala... bueno sí, a vosotros dos... –añadió Rafa riendo.
Isaac, se cruzó de brazos y sopló enfadado.
- Bien, dejémonos de estupideces ¿Cómo vamos a hacerlo? –preguntó Javi.
- Empieza girando esta calle a la derecha, tengo a un conocido cerca de aquí que nos proporcionará lo que necesitamos...
- ¿Y de qué se trata?
- Los necesitamos vivos ¿recuerdas? Vamos a necesitar una furgoneta grande para llevar los cuerpos, y estacas para incapacitarlos.
- ¿Estacas? Eso lo puedo hacer yo con un palo y una navaja –dijo Isaac.
- No sabemos lo fuertes y dotados para el combate que están nuestras presas, por lo tanto no podemos pensar que somos superiores en el cuerpo a cuerpo.
- Pero nosotros somos cuatro –replicó Pedro-, tenemos ventaja.
- Eso no es nada para un vampiro, todavía sois jóvenes y no conocéis todo el potencial de vuestros poderes pero con el tiempo iréis viendo que podemos realizar proezas de fuerza increíbles. Pero no os rayéis más, cuando veáis lo que mi amigo puede darnos lo entenderéis.
Todos creyeron las palabras de Rafa y nadie preguntó nada más. Javi siguió sus instrucciones hasta que llegaron al lugar.
- Bajad del coche y esperadme aquí, volveré con la furgoneta y el material.
Todos se bajaron y Rafa se llevó el coche calle abajo hasta desaparecer. Al cabo de una media hora apareció una furgoneta azul oscuro que se detuvo frente al grupo. Bajó la ventanilla y Rafa sacó la cabeza.
- Subid, anda, que ya lo tengo todo.
El resto obedeció y subieron a la furgoneta; Javi se sentó delante y Pedro e Isaac lo hicieron atrás.
- Y bien, ¿cuál es ese maravilloso material?
- Está justo junto a ti –aclaró Rafa girándose y señalando-, justo en esas cajas de madera.
Pedro e Isaac se habían sentado sobre ellas sin darse cuenta. Cuatro cajas de madera de tamaño rectangular estaban puestas a ambos lados del suelo. Pedro se reclinó para abrir la que tenía junto a él. Al momento sus ojos se abrieron con cierto grado de horror y enmudeció. Isaac vio su rostro.
- Que, ¿qué hay? –preguntó al tiempo que también se inclinaba para mirar. Y nuevamente lo que vio también le hizo palidecer y quedarse boquiabierto e intranquilo.
- Tranquilos –dijo Rafa, que estaba al tanto de lo que pasaba ahí atrás-, no os harán ningún daño, hace falta alguien que la maneje para que sea realmente peligrosa.
- ¿Qué pasa? ¿Qué son? –preguntó Javi intrigado.
- ¡Lanza-estacas! –dijeron con fuerza Pedro e Isaac casi al unísono.
- ¿Te das cuenta de lo peligrosas que son estas armas? –preguntó Isaac- Podríamos darnos sin querer a alguno de nosotros y dejarnos incapacitados y en letargo, o peor, podría cogerla alguno de esos dos que queremos cazar y darnos caza ellos.
- ¿No crees que es más peligroso arriesgarse a luchar cuerpo a cuerpo para clavársela tú mismo? –preguntó Rafa- Por si no lo sabes es una tarea harto complicada, atravesar la piel, el músculo y el hueso de un solo golpe, y encima hacerlo en el blanco, no es tan sencillo como pintan en las películas.
- Ya pero...
- Además, en el caso de que por accidente, o no, alguno resultara incapacitado siempre quedarían los otros tres para quitarle la estaca y devolverle a la normalidad. Ya sabes que las estacas no nos matan, sólo nos inmovilizan.
- Quizá tienes razón... está bien, lo haremos así. Sí, creo que es lo mejor –dijo Isaac al fin.
- Estupendo, ¿el resto que opina? ¿Os parece la mejor opción?
- Los quieren vivos –dijo Javi-, así que sí, es la mejor opción.
- Sí, yo también lo creo.
- ¡Pues bien, no perdamos más tiempo, vayamos a la casa del viejo apestoso! -gritó Rafa a la vez que pisaba más el acelerador para aumentar la velocidad.