jueves, 03 de agosto de 2006
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El coche se detuvo frente a las puertas del Elíseo de Barcelona y a toda prisa nuestros dos vampiros entraron a cuestas a Pedro y a Isaac. El interior del edificio estaba exquisitamente decorado con muebles e iluminación al más puro estilo barroco. Cuando ambos vampiros irrumpieron en él todo el mundo calló y se les quedó mirando. Ellos hicieron caso omiso a la expectación de la panda de repipis que suele regentar el Elíseo. Cuando se dirigían al despacho del subordinado del Príncipe que les había encargado la misión, éste les interceptó por el pasillo gritando:
- ¡Pero que demonios creéis que estáis haciendo! Maldita panda de descerebrados, cómo se os ocurre traer a dos vampiros tullidos a esta casa. Éste es un lugar de reunión y de diplomacia, por el amor de Dios, no un maldito hospital.
- ¿Ya has terminado? –preguntó Rafa al tiempo que seguía caminando hacia el despacho de Juan, el subordinado- Ya sabemos más acerca del que el príncipe está buscando. En realidad son dos vampiros que han llegado hace poco a la ciudad, presuntamente huyendo de otro dominio.
- Oye, oye, ¿dónde crees que vas? No voy a dejar que metas a esos dos en mi despacho.
Pero antes de que pudiera detenerlo Rafa ya había abierto las puertas de par en par para que Javi también entrara sin dificultad. Sin dudarlo fue hasta el sofá situado al fondo de la sala, junto a la ventana, y dejó a Pedro, el cual seguía en letargo. Javi le siguió en la acción y dejó caer a Isaac justo al lado, el cual se golpeó la cabeza contra el hombro de Pedro.
- Ten más cuidado, ellos saben lo que pasa a su alrededor –dijo Rafa examinando detenidamente a ambos heridos-. Juan, rápido, trae a un par de humanos del rebaño del Elíseo.
- ¡Ah, no! Eso sí que no. Esta noche el Príncipe celebra una fiesta en su mansión y todos los miembros del rebaño deben estar en perfecto estado.
- ¿Qué? Vamos, no se dará ni cuenta –replicó Javi-. ¿Acaso prefieres que estos dos sufran la muerte definitiva?
- No será para tanto... ya se habrían convertido en cenizas si tan mal estuvieran...
- Entonces deja que les dé de mi sangre, la necesitan –pidió Rafa al tiempo que se quitaba la chaqueta.
- ¡De eso nada! Sabes de sobra que los vínculos de sangre están prohibidos por orden del Príncipe.
- ¡Joder, Juan, algo hay que hacer, vamos, no me jodas y trae a uno de esos malditos humanos! –chilló Rafa, bastante enojado.
- Está bien... –dijo Juan con voz conciliadora- pero que sepas que lo hago por las veces que me has sacado de problemas cuando todavía me dedicaba a hacer las “misiones” del Príncipe.
- Gracias.
- Pero no se te ocurra hablarme de esta manera en público, tengo que mantener una imagen y una autoridad.
- Sí, por supuesto, perdona, es que temía por estos dos.
- Bien, enseguida vuelvo, voy a buscar a un par de “ovejas” –dijo Juan sonriendo pícaramente.
Ambos vampiros también rieron, y el hombre de confianza del Príncipe salió por la puerta.
- Vaya –espetó Javi-, así que vosotros dos ya os conocíais de antes.
- De mucho antes. Como bien a dicho, ambos realizábamos misiones del Príncipe; en más de una ocasión le salvé el pellejo... y no de unas cuantas balas precisamente, hablo de cosas serias como por ejemplo de los hombre lobo.
- Joder... eso sí que es un peligro, yo nunca me he encontrado con ninguno.
- Y por tu bien espero que así siga siendo.
- Oye, ¿y cómo es que él es un hombre de confianza del príncipe y tu sigues haciendo esta clase de misiones?
- Digamos que yo no me vendo por un puesto, que no le lamo el culo a nadie. A mi el Príncipe no me importa una mierda, yo solamente quiero vivir mi vida. Si para estar en su ciudad de vez en cuando tengo que hacer esta clase de trabajitos... bueno, pues que se le va a hacer. Pero desde luego nunca entraré a formar parte de este engranaje de intrigas y falsedades que es la sociedad vampírica.
- Pues yo sí que quiero.
- Qué dices tío, si de lo único que sirve es de ser utilizado y traicionado por el poder.
- Bueno, en cierta manera tu también estás siendo utilizado, ¿no?
- Oye, no te pases de listo –dijo Rafa al tiempo que dirigía una furiosa mirada al otro vampiro-. Yo hago lo que me da la gana, ¿entiendes? A mí nadie me manda cosas, yo las hago porque quiero, podría marcharme de aquí cuando quisiera, ya has visto como he traído a estos dos al Elíseo y he hecho que se salten las reglas para ayudarnos.
Tras decir esto entró Juan, acompañado de un hombre y una mujer, vestidos con togas blancas. Javi los miró extrañado.
- ¿Qué hace esta gente vestida así? ¿Se creen que estamos en una peli de romanos?
- Calla y no preguntes –aconsejó Rafa- son cosas del Príncipe, es un fetichista –añadió en voz baja.
- Bien, aquí están. Ni se os ocurra vaciarlos, los quiero de vuelta cuando terminéis, ellos ya sabrás a dónde regresar.
- Gracias Juan, eres un amigo. Javi, ocúpate de ellos –dijo al tiempo que señalaba hacia los dos vampiros en letargo-. Otra cosa Juan, como te decía, ya sabemos más acerca de los vampiros fugitivos.
- Bien, cuenta.
- Como he dicho, sabemos que son dos y que vienen huyendo desde algún otro principado. También sabemos que pasan las horas de luz escondidos en bolsas de cadáveres en alguna de las casas de las víctimas que se beben.
- Bien, ¿entonces si ponemos vigilancia en las tres casas... tarde o temprano aparecerán?
- Sí, bueno, en el caso de que no creen nuevas víctimas y usen estás nuevas casas.
- Pero a ver, hay algo que no entiendo... dices que usan bolsas de vinilo ¿no?.
- Así es, encontramos un par en cada casa.
- Bien, ¿por qué un par de bolsas en cada casa? ¿Por qué simplemente no usaron las mismas?
- No sé, quizá algo les hizo huir de repente y no pudieron llevárselas con ellos de la primera casa.
- ¿Los cazavampiros?
- Sí, seguramente. Entonces lo más seguro es que ellos todavía crean que la casa sigue siendo segura por lo que es probable que vuelvan a ella dormir durante las horas diurnas.
- Eso mismo creo yo.
- ¿Cuál de las dos casas fue la segunda?
- La del viejo.
- Estupendo, entonces estamos de suerte porque en la de la pareja esta noche habrá lío... la policía seguramente irá a investigar por lo del tiroteo y los muertos... Bien, pues caso resuelto ¿no? Ya puedes enviar al Azote para que termine la faena.
- ¿Qué? Nada de eso, vosotros os encargaréis de terminar el trabajo.
- No, no, no... yo no estoy aquí para cargarme a nadie, y menos a un par de vampiros proscritos que no se ni siquiera qué crimen han cometido.
- Vamos, Rafa, no te hagas el santo ahora. Ambos sabemos, en realidad los tres, creo, que eres un sanguinario y que te encanta la caza.
Rafa miro con recelo a Juan, se llevó la mano a la barbilla y miró al suelo meditando.
- ¿Aún tienes que pensarlo? ¿Quieres que avise al guardián del Elíseo para que vea que has metido a dos moribundos en este santo lugar? ¿O qué diga al Príncipe que te niegas a cumplir sus designios? O mejor aún, ¿quieres que sepa que has mancillado a dos de sus humanos con estos dos neonatos?
- Joder –farfulló Rafa entre dientes-, maldito seas. Sigues tan manipulador como siempre.
- Ces’t la vie amigo mío; yo sólo cumplo con mi cometido.
- Claro... como no. Está bien, nosotros nos encargaremos de esos dos. ¿Los quieres vivos?
- ¡Por supuesto! Ya sabes cuanto le gustan al Príncipe los ajusticiamientos en presencia de la Primogenitura, es toda una muestra de poder y de capacidad de mantener el orden.
- Esta bien, así será –giró entonces la cabeza Rafa hacia Javi, quién estaba procurando la sangre a los dos tullidos-. ¿Qué tal están, has terminado?
- Sí –contestó Javi al tiempo que daba golpecitos en la mejilla a Pedro y a Isaac-, parece que ya comienzan a recobrar el sentido.
Los dos humanos estaban ahora sentados en el sofá, pálidos y con un corte en la muñeca; tenían aspecto realmente enfermizo y se les veía muy mareados. Juan los miró algo preocupados.
- Tranquilo –dijo Javi-, se recuperarán para esta noche, pero quizá no puedan abusar de ellos tanto como otras veces, procura que vayan con cuidado.
- No, estos dos no irán a la fiesta de esta noche, el Príncipe se daría cuenta de que alguien los ha tocado.
- Bueno, nosotros nos vamos –cortó Rafa-, pronto tendrás noticias nuestras. ¿Quieres que los traigamos aquí cuando los tengamos?
- ¡No! Perdona, que estúpido, por poco lo olvido –y yendo hacia el cajón sacó una hoja de papel y anotó una dirección-. Llévalos aquí cuando los tengas.
- Ok.
- Sobretodo, recuerda que es importante que los traigas con vida.
- Descuida –aclaró Rafa agitando la mano con la que había cogido la hoja de papel con la dirección. Abrió entonces la puerta para después mirar a Javi y al resto-. Venga, es hora de irnos. Tenéis que alimentaros y reponeros antes de que comencemos la caza.
Ambos vampiros se levantaron medio aturdidos, con notable dificultad, y tras dirigirse a tumbos hacia la puerta no tardaron en abandonar el lugar.
Comentarios (0)  Autor Asturel

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