jueves, 10 de agosto de 2006
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Creía que íbamos a morir en aquel agujero infecto cuando llegó el milagro. Un día, para nuestra sorpresa, abrieron el pozo y nos sacaron, nos dieron un baño, ropa limpia y comida caliente. Me sorprendió realmente la actitud del Papa, que nos hizo llamar y nos explicó él porque de nuestra liberación:
– Debéis estar sorprendidos por estar aquí, ¿no es así? –ninguno mediamos palabra- Veréis, esta noche he tenido una revelación, he soñado que desde la oscuridad una voz que no era de hombre ni de mujer, ni de anciano ni de niño, me llamaba por mi nombre natal: “Pedro... Pedro...” Y al responder he visto una figura, un ser humano de rostro oculto entre la sombras, con un par de grandes alas de águila a la espalda y vestido con una vaporosa túnica de color nácar. Al instante lo he reconocido como el ángel Ramiel, uno de los ángeles “supervisores” del infierno. Decía tener un mensaje para mí, un mensaje oscuro, pues procedía de Satán. El Príncipe de las Tinieblas quería ponerse en contacto con Dios, pedir misericordia y recuperar la Gracia del Señor. Pero eso era una cosa que era más fácil de decir que de hacer, me explicó Ramiel, había de seguirse unos pasos muy concretos: “Para lograr que el Cielo y el Infierno se den la mano tienen que juntarse un objeto sagrado y un objeto blasfemo; es decir, una reliquia de Dios y un ídolo de Diablo. Y deben hacerlo gentes que no sean ni hombres de su Santidad, ni hombres del Diablo... Pero que sepan andar con paso seguro por los caminos del cielo y el infierno. Ellos han de ser los que encuentren el cáliz de los corrompidos y el tesoro de los apóstatas del templo”. Tras estas palabras la imagen se hizo borrosa y le supliqué que me diera mas información, pero solo susurró: “Todo lo que tienes que hacer es consultar los pensamientos de los muertos”. Y esto fue todo luego me desperté sobresaltado.
Los tres nos miramos los unos a los otros, con caras de extrañeza e incluso incredulidad.
- Así que os pido que vosotros seáis los que llevéis a cabo la misión.
A nosotros nos entusiasmó la idea, pero no porque nos la creyéramos sino porque nos daba la oportunidad de escapar y de descubrir el porqué de la traición de Richard. Aún así, estábamos un poco tocados por la idea ¿qué sería lo que escondía el Papa? ¿Qué motivos habrían detrás de toda esta farsa? El motivo por el cual deseaba dichas reliquias; lo estuve hablando con Luis y Felipe, y ellos también estaban de acuerdo con migo, de nada servía simplemente escapar, buscaríamos a Richard y además cumpliríamos con la misión con tal de ganarnos el perdón de su Santidad.


Se acabó! Bueno, se que queda insultantemente abierto el final pero es que con esa intención lo hice... pensé que quizá algún día podría seguirlo. No, de momento no voy a seguirlo... con las otras tres historias que tengo empezadas ya es más que suficiente ¿no creeis? Bueno, espero que haya gustado. Por cierto, el prota de esta historia es Joan Grau, el famoso personaje que durante tantas partidas me acompañó en el juego de rol demoníaco-medieval llamado "Aquelarre".

Adios!!

Comentarios (0)  Autor Asturel

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