Lunes, 07 de agosto de 2006
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Pronto llegamos a Pe?iscola, la gran fortaleza del Papa Luna era grandiosa.
? ?Qui?n va? ?gritaron los centinelas desde una torre.
? Soy el Bar?n Richard MacCormak y estos son mis vasallos.
? ?Qu? asuntos le traen a este castillo, se?or?
? Debo ver a su Santidad, hay un grave asunto que debe saber.
No hubo respuesta, en unos segundos se oy? el chasquido sordo de las grandes puertas al abrirse y ?stas comenzaron a moverse. Sin dudarlo entramos al patio del castillo d?nde hab?a un grupo de cinco soldados.
? Pod?is pasar pero deb?is dejar vuestras armas aqu?, es por la seguridad de su Santidad.
Y diciendo esto el guardia nos se?al? un gran ba?l donde ya hab?a algunas armas. Las dejamos sin ning?n problema y entramos dentro. Caminamos por un entramado de pasadizos hasta llegar a la sala de audiencias. Por lo visto el Bar?n se conoc?a bien el sitio. Al llegar, dos centinelas armados con alabardas nos cerraban el paso, pero su Santidad, al vernos, dio un golpe con su bast?n en el suelo y los centinelas las apartaron. Era una larga y ancha sala donde en su final, detr?s de una gran mesa, se hallaba su Santidad rodeada de sus hombres de confianza: Juli?n de Loba, Jimeno Dahe, Domingo de Bonnefoi, Jean Carrier y Charles de Lupo. Adem?s, toda la habitaci?n estaba rodeada de ballesteros preparados para abrir fuego si se presentaba alg?n imprevisto. Richard le dijo al Papa que c?mo le hab?a utilizado de esa manera, que se hab?a enterado de lo Charles, y le preguntaba ?l porque. El Papa le dijo que siendo representante Dios en la tierra, no tenia que rendir cuentas a nadie, y mucho menos a los que hac?a tiempo que hab?an dejado de rendirle el homenaje que se merec?a. Entonces lanzando un largo suspiro, alzando con orgullo la cabeza, el Bar?n Richard MacCormak pronunci? las palabras del ritual de rotura del vasallaje previstas por las partidas de Alfonso el sabio:
? Se?or don Pedro de Luna, yo Ricardo, ricohombre, bes?os la mano, y de ahora en adelante ya no me llam?is vuestro vasallo.
El Papa empalideci? ostensiblemente, mientras los ojos parec?an sal?rsele de sus ?rbitas, sus hombres de confianza se agitaron inquietos, los soldados se aferraron a sus armas y yo trague saliva imposible de saber si saldr?amos con vida de aquella situaci?n. Y es que romper el vasallaje es el mayor insulto que se le puede hacer a un noble, ya que es considerarlo indigno de los servicios que se le presta. Pero aun as? ve?a a Richard muy tranquilo. Richard se gir? hacia nosotros y nos dijo susurrando:
? Lo siento, pero me jur? que quer?a vuestra vida, no vuestra muerte.
Me quede estupefacto y confuso. ?Qu? diablos quer?a decir con aquellas palabras? ?A qui?n se refer?a?
? ?Salariel! ?Cumple lo pactado! ?grit? Richard mirando al techo.
Y tras decir estas palabras, desapareci? dejando una nube de humo. No entend?amos nada, los tres nos miramos nerviosos y confusos. El Papa dio un fuerte golpe de bast?n al suelo y se cerraron las puertas. Todos los ballesteros nos apuntaban, con lo que, obviamente, no opusimos resistencia.
Nos arrestaron y metieron en un profundo pozo donde fuimos introducidos por una escalera, que fue retirada tras bajar nosotros. Ah? pasamos varias semanas, una o dos veces al d?a recib?amos un cuenco con agua y otro con pan y una especie de potaje, estar all? era una pesadilla, s?lo ten?amos unos haces de paja en los que dormir y adem?s est?bamos rodeados por nuestras propias heces y por los huesos de los ?ltimos inquilinos. El Papa, como m?todo de tortura venia una o dos veces al d?a y nos explicaba los martirios vividos por algunos cristianos. Est?bamos realmente mal, psicol?gica y f?sicamente.


Continuar? el d?a 10 de Agosto
Comentarios (0)  Autor Asturel

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