Llegaron antes los que iban en coche, como era de esperar. La calle estaba muy tranquila y desierta, las farolas iluminaban con mucha luz toda la calle y a ambos lados de ésta había una hilera de coches aparcados. Aparcada en la hilera del fondo de la calle, estaba una furgoneta negra con todas las lunas tintadas, aunque los dos vampiros no repararon en ella.
Legaron al poco rato los otros dos que iban a pié, los cuales se fijaron ya desde lejos en la sospechosa furgoneta. Así que fueron a avisar a sus compañeros que habían parado en doble fila unos 30 metros antes de la furgoneta.
- ¡Eh! ¿Os habéis fijado en esa furgoneta de ahí? -dijo Rafa- tiene todos los cristales tintados. ¿No os parece sospechoso?
- Pues sí, no me había fijado en ella pero ahora que lo dices... -añadió Javi mientras se rascaba la barbilla- Tengo una idea, me haré el borracho a ver si sale alguien de ella.
- Buena idea -opinó Rafa- yo me acercare por detrás para tratar de oír si hay alguien en su interior.
- Nosotros nos quedaremos cerca, escondidos tras los coches -acordaron Pedro e Isaac.
Así pues, mientras Rafa se aproximaba sigilosamente a la furgoneta por detrás, Javi se bajó del coche y se aproximo dando tumbos. Empezó caminar haciendo eses y a gritar con voz de borracho:
- Síp, yo le dijep que me dejara en pazz, pero el se empeño... hip... y tuve que pegarle una buena tunda...
Llegó entonces a la altura de la furgoneta y calló de repente. Con una cara torcida, y con un ojo entornado, pegó su rostro al cristal tintado e intentó ver algo a través de él pero no pudo. Entonces, sin despegarla golpeó en ella diciendo:
- ¡Eh! Se que estás ahí... hip... dime algo... Puedes oírme ¿verdad?
Mientras tanto, Rafa se había situado ya detrás de la furgoneta y ahora pegaba su oreja a la chapa de la puerta. Gracias a sus poderes vampíricos, todos sus sentidos eran mucho más sensibles que los del resto de humanos, así que no le resultaría difícil escuchar si había alguien realmente en el interior de la furgoneta. En su interior pudo oír gran cantidad de aparatos electrónicos, y entre tanto zumbido atisbo a oír una voces que decían:
- Señor, hay ahí fuera un borracho que está golpeando el cristal de la furgoneta.
- Llama a la policía, se supone que aquí no hay nadie, no podemos descubrirnos.
Tras oír esto, Rafa pensó que hacia unos segundos que debería haber salido de allí. Así que sin pensárselo dos veces se alejó de la furgoneta tan sigilosamente como se había acercado. Mientras, nuestro vampiro borracho seguía con su circo personal y ahora se alejaba de la furgoneta para sentarse en la acera situada justo frente a ella. Los otros dos, estaban escondidos tras los coches.
Javi seguía sentado en la acera, hablando cosas sin sentido propias de un borracho, cuando con un profunda mirada hacia el final de la calle pudo ver unas luces azules que parpadeaban en la lejanía, un coche de la policía. Rápidamente volvió a ponerse en pié dejando atrás cualquier rastro de embriaguez. Así que pensó rápidamente que decirle a la policía.
Se detuvo el coche patrulla frente a él y bajaron de su interior un par de policías que se aproximaron a él caminando.
- Señor, ¿es usted quién ha estado gritando hace unos momentos? -preguntó uno de ellos.
- Sí, agente, es que mi perro se ha extraviado y estaba intentando llamarlo -Javi dijo esta mentira, que aparentemente tenía mucho sentido. El policía parecía creérselo- y cuando pasé por esta calle vi esa furgoneta de cristales tintados y me pareció sospechosa, ya que me ha parecido ver a alguien en su interior. Y la verdad es que no es la primera vez que alguien roba un perro de raza para después venderlo.
Tras decir esto, ambos agente se giraron para mirar la furgoneta. El que había estado interrogando al vampiro pudo ver escondidos detrás de unos coches a los otros dos.
- ¡Oigan, ustedes! Salgan de ahí -dijo alumbrándoles con la linterna-, vengan aquí ahora mismo.
Ambos vampiros se levantaron lentamente con cara de incomodidad y poco a poco se acercaron hasta el agente.
- Díganme ahora mismo que estaban haciendo tras ese vehículo.
Pedro, que había oído la versión contada por Javi, dijo:
- Estábamos ayudando a nuestro vecino -y señaló al vampiro- a encontrar a su perro...
- Sí, claro -espetó el agente, y se aproximó a la zona donde habían estado para comprobar si habían manipulado la cerradura. No era así. Volvió entonces junto a los acechadores-. A ver, documentación.
- Lo siento agente, no la llevo encima -dijo Isaac- pero vivo cerca de aquí, acompáñeme a casa si quiere y se la mostraré.
En ese momento Isaac deseó que tal cosa no tuviera que suceder porque entonces se descubriría su engaño. El policía, sin embargo, no le hacía demasiado caso porque acababa de reparar en lo de la furgoneta y dijo:
- Carlos, mira la furgoneta a ver si hay alguien dentro.
Y así lo hizo, se dirigió linterna en mano hacia la puerta del conductor. Y en cuanto aproximó la cara al cristal para intentar ver a través de él la puerta se abrió de repente, golpeándolo en la cara y derrumbándolo sobre el suelo. Acto seguido volvió a cerrarse y la furgoneta encendió su motor y aceleró con un chirriante sonido de ruedas. El segundo agente corrió hacia el coche patrulla para pedir refuerzos por radio, después se abalanzó sobre su compañero para socorrerlo. Sin perder un segundo nuestros apurados vampiros vieron la oportunidad de salir corriendo y escapar. Los tres comenzaron a correr y se perdieron en la noche. Los dos agentes volvieron al vehículo y se fueron a perseguir a la furgoneta. Unos minutos después, cuando todo se había calmado, los tres volvieron a buscar el coche y dieron la vuelta a la manzana para acceder a la casa por la parte de atrás.
Mientras lo anterior ocurría, Rafa ya hacía largo rato que había dejado el lugar evitando todo este lío con la policía y ahora se dirigía una calle más arriba para acceder a la casa por detrás, igual que sus compañeros.