martes, 27 de junio de 2006
Hola a todos!!!
Por fin me he visto el momento de ponerme aquí a escribir algo... por poco que sea mecanografiando.

Ya casi he terminado los exámenes, de hecho sólo me queda uno: Percepción y atención (más cariñosamente conocida, la muy puta, como PiA). Y después de este pedazo de examen de 80 preguntas con 5 opciones de respuesta, en el que los errores descuentan 0'33, después de eso ya seré totalmente libre para disfrutar del verano!

Para empezar ese mismo día pienso comerme un magnum doble bombón ^^ para celebrarlo e ir a la piscina a bañarme (ConfundidoBautizarme?Confundido para el verano). Al día siguiente ya he quedado para ir a la playa con tres amigos ^^. Que guay... ya tengo ganas de tener todo el tiempo libre del mundo.

Tengo pensadas hacer varias cosas, es decir, que las deseo hacer. Entre ellas algunas son: leerme varios libros (El "Fausto" de Goethe, "Armand el vampiro", "ESDLA" que ya va tocando...), seguir escribiendo "Crepúsculo", "En un despacho", quién sabe... quizá hasta siga la historia de "Ron Crowford"... la cuestión es escribir ^^, también quiero hacerme con un Disco duro externo lo más grande posible (dentro de unos 150€) y llenarlo de todísimas las pelis y series que tengo, para así poder seguir descargando a todo trapo durante todo el verano Para alabar al master. Bueno, ahora mismo no tengo en mente ningun otro propósito... ah, sí! ponerme muy moreno! Muchas risas eso ya he empezado a intentarlo pero este año pienso tomármelo en serio, prometido.

Bueno, hasta aquí por ahora... volveré muy pronto, de verdad, el último exam es el jueves a las tres. Por cierto! De momento he aprobado 4 asignaturas!! (Metodología observacional, Pisco Social, Memoría y representación del lenguaje, y Pisco Social aplicada y comportamiento colectivo) y solamente me quedan por saber 2, además de la del jueves... pero bueno, lo importante es que de momento ya puedo pasar a TERCERO!!!! Bailando Porque ya tengo los créditos necesarios para hacerlo ^^.

Un beso a todos y cada uno de vosotros
Amor
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domingo, 11 de junio de 2006
Fueron a través del pasillo. A ambos lados del mismo podía verse una sucesión puertas, dos a cada lado, y una al fondo. Se dirigieron a la puerta del fondo a la izquierda que estaba abierta. Se trataba de la habitación de Hellen, una excelente estancia por la cristalera de la cual entraba el sol y lo iluminaba todo. La habitación estaba compuesta de tonos morados, tanto paredes como cortinas, creando un ambiente muy acogedor. Hellen se apresuró a echar las cortinas para así crear un mejor ambiente, encendió también velas e incienso, y por último puso en marcha el equipo de música para que sonara de fondo una música ambiental. Mientras, Marty, estaba inspeccionando la habitación, le fascinó el enorme armario de punta a punta de la habitación, con enormes espejos y bandas moradas en las puertas correderas, la gran cama de madera con dosel de seda malva, los cojines violetas bordados a mano con piedrecitas de azabache... frente a la cama había un tocador con un gran espejo, enmarcado en un enrejado gótico de acero lacado en negro. Sobre el tocador habían algunos papeles escritos de aspecto viejo y algunos artículos de belleza.

Hellen se aproximó entonces al quieto y analítico Marty, quién volvió a posar su atención en la voluptuosa mujer que tenía frente a sí.
-¿Dónde lo habíamos dejado? –preguntó ella mientras le rodeaba con sus brazos por la cintura.- Ah, sí, ya recuerdo, ibas a ser mío.
Y diciendo esto apretó con fuerza su cuerpo contra el de él, y sus labios contra los suyos, primero despacio y después frenéticamente, abriendo la boca y jugando con su lengua como si quisiera derretirlo. Ella fue moviendo a ambos poco a poco hasta estar junta a la cama y entonces se dejó caer sobre ella, arrastrándolo. Él cayó sobre ella, pero no tardó en ser puesto debajo habilidosamente por la chica, quién no cedería el control por nada del mundo. Despegó entonces unos segundos sus labios y mirándole ardientemente a los ojos dijo:
-Amor mío, mi joven genio, ¿estás preparado para conocer una de las mayores verdades del universo?
Marty sonrío y acercó su cara para volver a besarla, pero ella volvió a ponerlo donde estaba apretando con fuerza el brazo contra su pecho.
-¿Lo estás?
Eso sin duda le dejó un poco sorprendido, pero no podía negar que le había gustado, la rudeza y el dominio de Hellen era una de las cosas que más le excitaban, de momento le seguiría el juego.
-Sí, cariño mío, muéstrame todo lo que sabes, déjame ver lo que tu ves y conocer lo que tu conoces.
Ella pareció complacida por la respuesta y tras apartar el brazo de su pecho se irguió y se quitó el top. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Marty cuando vio el torso desnudo de Hellen. La imagen le excitó sobremanera, ella estaba sentada sobre sus partes, con la espalda totalmente recta. Sus pechos blancos y bien torneados se veían tersos y turgentes. La luz de las velas proyectaba ligeras sombras sobre su cuerpo, el cual aún parecía verse más curvilíneo, más delicadamente frágil. Marty alargó los brazos y acarició con suavidad a Hellen, quien se inclinó hasta poner sus pechos al alcance los labios del chico. Notó el roce de su pezón contra la mejilla y ladeó ligeramente la cabeza para que ella lo notara mejor, entonces giró de nuevo la cara y comenzó a lamerlo con firmeza, dando tímidos mordisquitos que sin duda hicieron a Hellen apretar el vientre contra el cuerpo de Marty. Entonces ella se movió y volvió a quedar a su altura, besándole nuevamente de manera húmeda. Deslizó también su mano abajo, entre los pantalones de Marty, y comenzó a notar su miembro duro y dispuesto. No tardó en bajar a quitarle lentamente los pantalones para seguir dándole placer oral. Marty creía enloquecer... se movía espasmódicamente en la cama, notando los cálidos labios de Hellen, y su juguetona lengua apretarle con fuerza. Ella se detuvo entonces y acabó de desvestirse. Volvió a colocarse sobre él y esta vez dejó que la penetrara lentamente mientras miraba al techo con los ojos cerrados y la boca entreabierta, como tratando de notar cada parte de su cuerpo, cada pequeño roce. Ambos siguieron moviéndose rítmicamente, al compás de sus agitadas respiraciones y de sus agudos gemidos. Hellen tiró del hombro de Marty y se inclinó hacia la izquierda haciendo que este se irguiera y cambiara su posición para ponerse encima. Entonces fue ella quien se quedó recostada sobre los cojines violeta y dejó que él siguiera. El chico continuó moviéndose adelante y atrás, notando los talones de ella dándole golpecitos sobre el trasero. Comenzó a incrementar el ritmo de manera frenética, mientras Hellen respiraba agitadamente por la boca y profería fuertes gemidos. Ella apretó sus manos contra el pecho de Marty al tener un orgasmo, quien finalmente gimió también con voz grave para poco después detenerse y caer rendido sobre ella.

Hellen besó su mejilla y dio un pequeño mordisquito juguetón en la oreja del joven.
-Lo has hecho muy bien, Marty –dijo al tiempo que exhalaba con fuerza – hacía tiempo que no disfrutaba así... sin duda te lo has ganado.
-¿De qué debe estar hablando? -Pensó Marty. Pero no le importaba, se giró para quedarse boca arriba y Hellen se puso sobre su brazo, recostando la cabeza en su pecho.
Pasaron unos minutos en silencio, mientras él jugueteaba con sus dedos enredados en el pelo de ella.
-Bueno mi amor, ¿vamos a comer? –dijo Marty
Pero Hellen no contestó, se había quedado dormida. Él sonrió y acarició su mejilla. La música seguía sonando de fondo, y las velas seguían ardiendo. Toda la habitación tenía un suave aroma a jazmín, procedente del incienso que hacía rato que ya se había consumido. De pronto el extraño símbolo que había visto grabado en el marco de la puerta del salón volvió a su cabeza. ¿Qué debía ser? ¿Qué debía guardar Hellen en esa habitación? Le entraron unas ganas tremendas de ir a mirarlo pero... estaba cerrada con llave. Se preguntó dónde estaría guardada.
-¡El fajo de llaves! –pensó, y reparó en cuantas llaves había en ese llavero, sin duda más de las que podía necesitar para aquel piso. Apartó con mucho cuidado la cabeza de la chica, que seguía durmiendo tranquilamente, se puso los pantalones y salió de la habitación de puntillas.

Fue pasillo abajo hacía el comedor, todavía era muy temprano, el sol debía estar en lo alto y por la gran cristalera entraba muchísima luz, no dejando ni un solo rincón del salón sin ella. Se acercó hasta el recibidor y cogió del platillo metálico el fajo de llaves con el llavero rosa. Cruzó el comedor, bajando los cortos escalones y se situó delante de la puerta. Volvió a observar detenidamente aquel grabado. Había sido hecho a mano, sin una destreza remarcable, aunque las proporciones de las esquinas de la estrella estaban logradas, y la marca del interior, con forma como de ojo con la pupila ardiente, debía de haber costado mucho de hacer porque presentaba ondulaciones que simulaban las llamas. Miró el fajo de llaves y descartó a primera vista algunas por ser completamente distintas a la forma de la cerradura. Comenzó a probarlas y una tras otra iban quedando descartadas.
-¡Demonios! –pensó –no me puedo creer que entre tantas llaves ninguna sea.
Entonces la llave que estaba probando cedió ante su fuerza y efectuó un giro seguido de un chasquido metálico del cierre al abrirse. La cara de Marty tornó a una amplia y pícara sonrisa cuando sacó la llave y empujó la manija de la puerta, abriendo ésta de par en par. Ante él había una pequeña habitación, con una estantería al fondo repleta de libros, una mesita de madera cubierta de papeles viejos y algún que otro libro de tapas de cuero, y a sus pies, un baúl de cuero negro y madera. La habitación hacía un ligero olor a rancio y a humedad, quizá del baúl o de los libros de la estantería; la verdad es que algunos de ellos tenían un aspecto bastante decrépito.

-¡Vaya! –exclamó en voz baja -¿Por qué estaría cerrada está habitación? Quizá sean libros de colección y valgan mucho dinero.
Dio unos pasos y se puso a examinar los libros de la estantería. Todos ellos estaban encuadernados en cuero, de tamaños muy variopintos, y de distintos colores: rojos carmesí, verdes hiedra, pasando por el negro, el morado, o el azul oscuro. Muy pocos de ellos tenían nombre en el lomo. Leyó para sí algunos de los títulos.
-The golden bough, Malleus Maleficarum, La tabla esmeralda, Beatus methodivo, Oracles of Nostradamus… Vaya… que libros tan extraños… -sacó de la estantería alguno de los ejemplares que no tenían escrito nada en el lomo y leyó lo que decía –Cánticos de Yuggya, El libro negro del cráneo, Los cánticos de Dhol, Azathoth y otros...
Giró hacia la mesa y vio un gran tomo de gruesas tapas de cuero marrón. Se acercó a ella y lo tomó en sus manos. Estaba muy desgastado por el tiempo, el tacto del cuero era en algunos puntos áspero y en otros liso; inspeccionó tanto el lomo como la tapa en busca de un título. Nada, no tenía. Lo abrió y ojeó las primera páginas.
-Liver Ivonis –leyó para sus adentros. El título del libro aparecía en letras enormes en la segunda página, de color amarillento. Dejó el pesado libro sobre la mesa y lo abrió por un punto cualquiera, comenzó a hojearlo un poco, estaba en latín. La escritura estaba muy cuidada, con una caligrafía exquisita, y una perfección que nunca había visto. Aquí y allá podían verse extraños dibujos, diagramas y símbolos que quedaban encajonados entre el texto.
De pronto Marty oyó una voz tras de sí que le sobresaltó y le hizo cerrar el libro de golpe con un fuerte y pesado sonido.
-¡Maldita sea! ¿No te da vergüenza chafardear las cosas de los demás?


Continuará...
Es la primera vez que cuelgo (y que escribo, en realidad) una escena tan tórrida...Latigazo! Espero que os haya gustado y que os guste el tema que está tomando la historia, se me ocurrió de repente ayer, cuando comencé a continuar la tercera entrega.

Bueno, que sepáis que ya tengo escritas 350 palabras de la quinta parte, y que por descontado ya sé como van a ir las cosas; espero que os enganche y que os guste. Me encantaría que esta historia se convirtiera en mi primera novela, es decir que acabara escribiendo algo realmente largo... la verdad es que la trama que tengo pensada, y que cada día completo, da para mucho.
Bueno, os dejo, un beso a todos!

Sofi-kohai: ves!!! Al final sí que ha habido lemon Muchas risas Te lo dedico ^^!! Besos!!

Parte 1
Parte 2
Parte 3
Parte 5
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sábado, 10 de junio de 2006
Tomaron el ascensor desde el garaje y Hellen pulsó el botón del ático. Marty se sentía feliz, algo nervioso, pero tremendamente contento por la situación. El ascensor se había llenado rápidamente con el olor a rosas de ella y una musiquita tenue pero animada sonaba de fondo por el hilo musical. Hellen lo miraba por el rabillo del ojo, riendo para sus adentros. Estaba tan en silencio... ni siquiera una persona tan formada en la psicología como ella podía librarse del efecto inhibidor de los ascensores. Sonó el ding que indicaba que habían llegado y las puertas metálicas se abrieron con total suavidad. El rellano del piso era amplio, con mármol de color oscuro en las paredes y el suelo. A ambos lados había colgados grandes cuadros. Marty se quedó mirando el de la derecha, uno de una escena marina. Se trataba de una, a primera vista, típica escena del mar, con sus aguas y su barco. Pero hasta ahí llegaba lo usual... el mar aparecía de un color verduzco oscuro, con sombras negras y espuma marronosa. Daba la impresión de un mar en brutal tempestad. Entre tanta agua podía apreciarse un diminuto barco, como una mancha marrón que parecía dirigirse hacia una enormemente grotesca forma. No podía acabar de distinguirse con total claridad pero es cierto que se intuían una especie de alas y unos rechonchos brazos. La forma surgía del mar, y el barco daba la impresión de estar dirigiéndose directamente hacia él.

-Extraño cuadro, ¿no crees? –preguntó Marty.
Hellen le miro algo sorprendida.
-¿Cuál, ese? –dijo señalando al enorme cuadro. –Siempre ha estado aquí, no sé, no me llama la atención, no es más que una escena de un barco y una isla.
El muchacho no dijo nada más, simplemente asintió con la cabeza e indico con la mano que ya podían olvidarse de él. Los zapatos de Hellen sonaban rítmicamente contra el pulido mármol mientras se dirigía hacía una puerta de robusta madera color caoba. En ese piso no había ninguna otra puerta, Marty pensó que el ático debía ser realmente enorme. Ella rebuscó unos instantes en su bolso y no tardó en sacar un fajo de llaves, enlazadas con un bonito llavero de color rosa. Los cierres hicieron un sonido sordo al abrirse y la puerta giró hacia el interior del piso. Ella encendió la luz y colgó su chaqueta en un colgador de la entrada. Dio unos pasos hasta una mesita de madera de aspecto moderno, y tras mirarse y colocarse bien el pelo en el espejo del mueble dejo las llaves sobre un platito metálico que había sobre el mismo.
-Vamos, pasa –dijo a Marty con una amplia sonrisa -. Ponte cómodo, enciende la tele si quieres; mientras iré haciendo la comida.

El chico pasó al comedor boquiabierto, mirando en todas direcciones. El piso era realmente enorme, el comedor hacía dos niveles, quedando la parte que venía del recibidor más elevada. En esta parte había una gran mesa, con estructura de metal lacada de negro, gran cristal sobre la misma y seis sillas de aspecto cómodo. Del techo bajaban unas lamparitas que daban una luz tenue y quedaban a la altura de los ojos. Junto a la mesa había una puerta que conducía a un pasillo. Caminó unos pasos y bajó los escalones que lo llevaban al salón. En él había un enorme sofá de dos piezas, en el cual debían caber por lo menos doce personas. Al lado del mismo, un sillón de piel negra con toda la pinta de tener programa de masajes y demás comodidades. Marty dejó la mochila en el suelo y se sentó en el sofá. La tele era gigante, de por lo menos unas cincuenta pulgadas, o eso le parecía a primera vista. Cogió el mando que estaba sobre la mesita, perfectamente ordenado y alineado con los bordes, y la encendió.
Hellen había estado observando su cara, le encantaba lo maravillado que el chico parecía con tanto lujo.
-Bueno, voy a cambiarme para hacer la comida, no quiero ensuciarme esta ropa, ni que me huela mal. Vuelvo enseguida, tu haz como si estuvieras en tu casa.
- ¡Vale! –dijo él con gran entusiasmo mientras seguía haciendo zapping por los numerosos canales de la televisión digital de Hellen.

Ella desapareció por el pasillo y Marty comenzó a mirar a su alrededor para inspeccionarlo todo. A la izquierda de los escalones, antes de llegar al salón estaba la entrada a la cocina, se veía una gran mesa de mármol y acero inoxidable, coronada por una gigantesca campana de extracción, de la cual colgaban algunos utensilios. La cocina se extendía unos metros más hacia el interior y estaba repleta de muebles y cajones, la nevera se veía enorme, de dos puertas.
Todo el salón estaba poblado con cuadros y esculturas de otras culturas, cantidad de objetos exóticos. A la derecha del sofá había un gran ventanal por el cual podía verse la terraza ya que las cortinas, hechas de paneles de tela verticales, estaban corridas. Marty giró la cabeza y vio que detrás del sofá había dos puertas. Al ver que Hellen no volvía se levantó para fisgonear un poco. Abrió la de la derecha. Se trataba de un lavabo, enorme, por supuesto. Volvió a cerrar la puerta e intentó abrir la de la izquierda. Estaba cerrada.
-Lástima –pensó.
De pronto le llamó la atención unas pequeñas marcas que había sobre el marco de la puerta. Se puso ligeramente de puntillas y observó detenidamente. Podía verse grabada en la madera una estrella de cinco puntas, con un extraño ojo llameante en el interior. Marty oyó los pasos de Hellen que se aproximaban por el pasillo. Corrió hasta el sofá y se sentó disimulando ver la tele.

-Mmm... ahora si que estoy cómoda –dijo Hellen estirando los brazos hacia arriba. Marty se giró para mirarla y casi se le detuvo el corazón. Que arrebatadoramente hermosa era; llevaba puestos unos pantalones marrón claro muy holgados de fino algodón, y encima llevaba un top de color negro que le dejaba al descubierto su vientre liso y perfecto. Se había soltado el cabello, que ahora le colgaba a ambos lados de los hombros. Se veía algo más claro por la iluminación de la sala y había quedado seductoramente ondulado por el recogido que antes se había hecho. Hellen caminó hasta el sofá y se acercó a Marty.
-¿Seguro que tienes hambre? –dijo ella mientras se inclinaba y ponía una rodilla sobre el sofá. Alargó el brazo y acarició la nuca del chico –Podemos comer más tarde si quieres... no hay prisa.
A Marty le latía el corazón con violencia, como si se le fuera a salir del pecho. Tragó saliva y dijo:
-La verdad es que no tengo mucha hambre, he desayunado bien en el bar.
-¿En el bar? –le interrogó ella con una amplia sonrisa –Tú siempre faltando a las clases ¿eh?

Él respondió con otra sonrisa al tiempo que se recostaba más y se hundía entre los mullidos cojines del sofá. Ella paso la otra pierna por delante de él y quedó subida sobre su regazo. Marty puso sus manos sobre la cintura de Hellen y ella posó sus manos en su pecho y comenzó a acariciarle. Reclinó la cabeza y pegó sus labios a los joven, los cuales no tardaron en abrirse para invitarla a entrar. Marty notó el tacto sedoso, húmedo y cálido de los labios de Hellen, quien le dio un tenue mordisquito en el labio inferior y después introdujo su lengua, comenzando a acariciar el interior de su boca. Mientras, las caricias seguían. Marty ahogó un gemido y se estremeció cuando notó como las piernas de Hellen le rozaban su sexo, y como sus pechos se oprimían contra él. Ensortijó sus dedos en los cabellos de la chica cuando ésta despegó sus labios de los suyos y hundió su rostro en su cuello, comenzando a besarlo juguetonamente. Marty notó el olor a rosas de sus cabellos y comenzó a mordisquear la oreja de Hellen, la cual pareció estremecerse. Entonces la chica separó la cara de su cuello y tras quitarse las gafas dijo:
-¿Qué te parece si seguimos en la habitación?, estaremos más cómodos.
Y sin esperar respuesta se levantó, tomó la mano de Marty y le estiró para que la acompañara hasta la habitación.


Continuará...

Parte 1
Parte 2
Parte 4
Parte 5
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martes, 06 de junio de 2006
22:28  | Otros
-No entiendo por qué un ser como yo, nacido de la luz divina, debe postrarse ante tal experimento, ante tan imperfecta creación. –dijo él al tiempo que buscaba el apoyo de sus congéneres, el resto de ángeles.
-Luzbel, amor mío, -dijo Dios -¿Es que acaso dudas de mí?

Ahí comenzó todo, las dudas, el retraimiento, las culpas, la condena...
El cielo rugió con fuerza al rasgarse. Una vorágine de humo, fuego y cenizas se precipitó contra la tierra, yendo más allá, cayendo a los abismos y desapareciendo en la sombra. La gracia de Dios había caído, él había sido expulsado de su lado por revelarse hacia la creación.
Ya no fue más Luzbel, desde entonces fue castigado con el nombre de Lucifer y el cielo le fue vetado.

En tal día como hoy, recordamos dicho personaje, enormemente amado en su imagen de Memnoch el diablo. Hay muchas maneras de entender una historia, de contarla y de oírla. Animo a todo el mundo a leer "Memnoch, el diablo" de Anne Rice; dónde Lucifer ya no es Satanás, sino Memnoch, el ángel que solamente trató de comprender a su Dios, y de complacerlo.

Imagen


Tu esplendor ha caído en el seol
con el susurro de tus arpas.
La gusanera te hace cama,
y te cubren los gusanos.

¿Cómo has caído desde el cielo,
brillante estrella, hijo de la aurora?

Isaías 14, 11

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