-No entiendo por qué un ser como yo, nacido de la luz divina, debe postrarse ante tal experimento, ante tan imperfecta creación. –dijo él al tiempo que buscaba el apoyo de sus congéneres, el resto de ángeles.
-Luzbel, amor mío, -dijo Dios -¿Es que acaso dudas de mí?
Ahí comenzó todo, las dudas, el retraimiento, las culpas, la condena...
El cielo rugió con fuerza al rasgarse. Una vorágine de humo, fuego y cenizas se precipitó contra la tierra, yendo más allá, cayendo a los abismos y desapareciendo en la sombra. La gracia de Dios había caído, él había sido expulsado de su lado por revelarse hacia la creación.
Ya no fue más Luzbel, desde entonces fue castigado con el nombre de Lucifer y el cielo le fue vetado.
En tal día como hoy, recordamos dicho personaje, enormemente amado en su imagen de Memnoch el diablo. Hay muchas maneras de entender una historia, de contarla y de oírla. Animo a todo el mundo a leer "Memnoch, el diablo" de Anne Rice; dónde Lucifer ya no es Satanás, sino Memnoch, el ángel que solamente trató de comprender a su Dios, y de complacerlo.
Tu esplendor ha caído en el seol
con el susurro de tus arpas.
La gusanera te hace cama,
y te cubren los gusanos.
¿Cómo has caído desde el cielo,
brillante estrella, hijo de la aurora?
Isaías 14, 11