viernes, 21 de abril de 2006
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Apareció el martes, el primer día de clase después de las vacaciones de Semana Santa. A primera vista no me llamó demasiado la atención; era mona, delgadita, con el pelo liso y el rostro claro y amplio, con unas gafas vistosas que le daban un toque atractivo. Fue cuando comenzó a hablar, fue entonces cuando se me abrieron los ojos como platos; fue al comprobar la robustez de su ego, la fuerza de su autoconfianza.

Venía como a decirme:
- Lo que tu anterior profesora te dijo no es mentira, no; todo eso está muy bien... pero yo voy a enseñarte cosas realmente útiles. Yo voy a mostrarte como se enseña.
Pero lo hacía con un autoconvencimiento... con una solidez... como sabiendo que su voz es la verdad de la experiencia que sobresale por encima de cualquier otra cosa.
Me abrumó. He de reconocerlo, su personalidad y su físico me abrumaron como formando una mezcla inignorable, una combinación que no puede ser pasada por alto. Sé que es de esas personas a las que no se las puede considerar en un término medio; personas a las que odias y desprecias, o a las que adoras y amas.

Sí, deben ser muchas las chicas que al oír su discurso en clase deben pensar:
- Esta chica es una pija prepotente, una estúpida creída.
Pero es porque no saben apreciar lo que yo veo. Cada vez que hace una afirmación se forma en su cara una expresión de puro convencimiento, como casi agarrándote con un brazo invisible y obligándote a asentir con rapidez. Sus perfilados labios se mueven con fuerza formando las palabras al tiempo que sus cejas, ojos, y nariz se llenan de movimiento para conferir a sus ideas una fuerza casi sobrenatural.
Debes pensar que exagero, supongo que, en este caso, lo visto depende del espectador. Y no puedo decir otra cosa mas que su carácter, su personalidad, me atrae con mucha fuerza. Sin duda sé que estar con una mujer así sería toda una experiencia; una auténtica fuente de conocimiento. Su personalidad y la mía creo que formarían una combinación impresionante... maestra y alumno... alumna y maestro. Una sensación de que crees que tu eres quien da lecciones sobre las cosas, pero en realidad te das cuenta de que el otro también es brillante, también te deja perplejo cuando te aproxima a su mundo.

Sí, hoy he vuelto a tener clase con ella y al terminar he empezado a rayar a una amiga hablándole de ella, diciéndole lo mucho que deseaba que llegara el martes para volver a escucharla. Entonces he salido a beber agua, he recorrido el pasillo desde el aula 2202 hacía el final del vagón, donde está el surtidor de agua; y tras beber, regresando con paso decidido tras haberme saciado la sed la he visto que venía, desde el fondo del corredor. Llevaba en brazos varias cajas con el material que acaba de usar en la clase anterior y he sonreído al observar que ella me reconocía desde la lejanía. En el momento en que nos hemos cruzado nos hemos mirado y nos hemos despedido al tiempo que sonreíamos. Yo he vuelto a clase todavía más contento y he zarandeado a mi amiga al tiempo que se lo contaba; ella obviamente se ha reído y ha hecho broma.
¡Oh! Que gran mujer. Ella y su ego, que gran dúo.
Comentarios (1)  Autor asturel  | Enviar
Comentarios
Autor GORRE
martes, 02 de mayo de 2006 | 9:28
sonrrisa, mirada a las cajas- parece engorroso, la ayudo? - sonrisa