viernes, 17 de marzo de 2006
Hoy he sido plenamente consciente... ¡qué grande es mi facultad!
Mientras subía por las escaleras, a las ocho y media de la mañana, iba comentándoselo a un amigo...

No sabes el gustazo que da mirar a cualquier lado y no ver más que chicas Amor. En serio, es un gran placer, porque además hay muchas muy guapas.

Además, hoy ha sido una mañana verdaderamente estupenda. Me explico:
- Plan original: tres clases y defensa personal.
- Plan acontecido: clase de prácticas de "memoría y representación del lenguaje" a lo largo de la cual me comporto como un crack ^^.
Me marcho antes de clase para ir a hacer un experimento.

Me personifico en el tercer piso del segundo vagón y veo salir a una joven del laboratorio de pensamiento y lenguaje1. Hablo con ella y me dice que es la encargada del experimento "Yamamoto", es muy agradable, se la ve simpática. Le pregunto sobre la chica encargada del experimento "Switch", una tal "Iva".
-Debe de estar al llegar -me dice; me mira y al momento hace un gesto como de estar pensando -Espera, voy a llamarla -y cogiendo su teléfono se mete hacia dentro del laboratorio.
Me quedo en el umbral de la puerta y escucho algunas partes de la conversación. Ella vuelve a salir y me confirma lo que me había parecido oír.
-Me ha dicho que lo siente mucho, que ya está viniendo, no tardará –
Le respondo con una sonrisa y un asentimiento, y ella vuelve a sus cosas. Retomo la lectura de crónicas vampiricas. Al tiempo vuelve a salir para volver a su laboratorio y le digo
-Por cierto, gracias por llamarla -sonríe como sorprendida por la frase y me dice:
-No pasa nada
Tras esto vuelve a su laboratorio. Vuelve a salir a los pocos segundo y me pregunta:
-Una cosa, no conocerás a una tal “Cristina x y” (y me dice dos apellidos que ahora no recuerdo, pero el segundo realmente extraño”).
Primeramente le respondo que no, que lo siento, y ella vuelve hacia dentro. Pero comienzo a pensar y me doy cuenta de que se refiere a la Cristina de defensa, una chica que conozco. Pico a la puerta levemente y ella vuelve a salir.
-Qué he estado pensando y ya sé quién es, ese apellido tan raro me ha sonado.
-Era para pedirte un favor, puedes decirle que no podrá hacer el experimento a la hora que se apuntó, que por favor me llame para hablar conmigo, y así miramos otra hora.
-Claro –respondo sin dudar.
Cojo mi agenda y un boli y apunto su número de móvil. Me da las gracias, me sonríe y vuelve hacia dentro. Vuelvo a sentarme a leer.

Al poco rato de leer veo aparecer a una chica con un par de carpetas en la mano, corre pasillo abajo, hacia dónde yo estoy. Al pasar por mi lado dice
-¿Estás esperando para el experimento? -su cara es corriente, y su voz agradable, tiene un marcado acento del este, de algún país como Rusia. Respondo con ademán y ella añade:
-De verdad que lo siento, siento llegar tan tarde.
-No pasa nada -digo yo al tiempo que hago un gesto para indicar que todo está bien. -Sabía que eras tú cuando te he visto, ¿quién más iba a venir corriendo?
Ella sonríe por mi comentario y me hace pasar.
La chica está bastante estresada, debe haber llevado una mañana ajetreada, y eso que sólo son poco más de las diez de la mañana. Me pide que rellene unos papeles, que lea las instrucciones y que cuando termine le pegue un grito.
-Si tienes alguna duda, dame un grito -son sus palabras exactas.
Relleno las hojas y la aviso, sin gritar, por supuesto. Le pregunto una duda sobre una de las preguntas de los papeles, me la responde al tiempo que me pregunta sobre si he leído las instrucciones. Le digo que no.
-Pues bien, léelas mientras yo le hecho un ojo a lo que has puesto -dice a la vez que coge las hojas.
-Si tienes alguna duda, dímelo –digo yo imitando sus anteriores palabras, ella se da cuenta y dice sonriendo:
-Vale, gracias.
Observo su cara mientras lee, algo la ha sorprendido. Levanta la mirada hacia mí y comenta:
-Que extraño ¿no?
Yo ya sé a qué se refiere, sonrío y espero a que continúe.
-Así que desde pequeño te hablaban en catalán y ahora hablas en castellano. ¿Cómo es eso?
Exactamente lo que yo había pensado.
-Sí, ¿verdad?, resulta que mis padres son catalanes nacidos aquí y desde pequeño me hablaban en catalán, pero se ve que al comenzar la guardería comencé a hablar castellano y ahora es lo que hablo.
Ella sigue diciendo que es algo realmente curioso. Yo explico que estoy de acuerdo, que es extraño que aún recibiendo de mis padres el catalán como lengua materna yo haya seguido hablando castellano, que me siento más cómodo hablándolo y usándolo para escribir.
-Bueno, no hace falta que te leas las instrucciones, ya te lo explico yo en un momento. -dice ella apartando las hojas de instrucciones de mis vista.
-Estupendo –añado yo.
Me explica que consiste en nombrar unos dibujos de objetos sencillos y cotidianos como “mesa”, “tornillo” o “servilleta” en castellano si éstos son de color rojo o en catalán si estos son de color azul. El experimento tiene una fase de familiarización para acostumbrarse a las palabras y otra de experimento en la que sí que se registran datos, dicha fase se compone de series, y entre cada serie hay descansos.

A lo largo del experimento vamos hablando durante los descansos, me explica que es de Bulgaria, que habla tanto inglés como castellano (además del búlgaro), que a su novio lo conoció hablando en inglés y que aunque este también habla castellano siempre hablan en inglés... todo esto viene a que hablamos sobre que algunas veces parecemos tener etiquetadas ciertas palabras en un idioma, y que nos cuesta pasarla al otro, que aunque estemos hablando en castellano, por ejemplo, puede que nos salga decir “enciam” y no “lechuga”. Confirmo con nuestra charla que es muy agradable hablar con ella, y que su acento le da cierto aire exótico a cada cosa que dice.

El experimento se va haciendo pesado por momentos, pero los descansos lo hacen más ameno. Ella me pregunta todo el rato, preocupada, sobre si me parece pesado. Yo la tranquilizo diciéndole que no pasa nada, que es llevadero y que aunque hay cosas más agradables ésta tampoco está tan mal. Ella ríe ligeramente al tiempo que afirma que es cierto, que también hay cosas peores. Yo río a mi vez.
A mitad del experimento tenemos problemas informáticos, pero por suerte ella consigue solucionarlos retocando algunos ficheros. Ambos respiramos aliviados... ¡sólo faltaría tener que descartarme como sujeto! (porque no podría repetirlo, porque ya influiría un aprendizaje de la tarea).
Finalmente termino el experimento. Ella me dice que ya hemos acabado y me entrega un carnet de puntos. El experimento daba 2 puntos, 3 si se alargaba mucho. Veo que me ha dado tres.
-¿Al final me das tres? –pregunto
-¡Claro! Sólo faltaría. –dice ella al tiempo que sonríe.
-Bueno, pues muchas gracias. Eres una chica muy simpática. Espero que vaya todo muy bien.
Salgo del laboratorio y ella me dice adiós a la vez que me guiña un ojo. Está vez si que sonrío ampliamente justo antes de marcharme pasillo arriba hacia las aulas.

Vaya historia, eh? El martes tengo el experimento de “Yamamoto” con la otra chica, espero que también vaya tan bien, seguro que es igual de agradable.

Después de eso voy a desayunar con Bea, a charlar con ella que está bastante triste. Y más tarde voy a defensa.

La clase está muy bien, y aunque no hacemos nada de suelo, aprendo mucho de barridos, que es lo que hacemos toda la clase.

Y hasta aquí la historia de hoy ^^ espero que guste. Lo del experimento a quedado en plan historia.
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