Esta madrugada he tenido un hermoso sueño, y al despertarme lo he escrito. A primera hora de la mañana (a las ocho) me he dispuesto a publicarlo pero miarroba estaba caído... así que lo pongo ahora.
Son las dos de la mañana, hacía ya más de tres horas que dormía cuando un sueño me ha despertado plácidamente del letargo. Finalmente me he levantado a escribir estas líneas, temeroso de que el recuerdo de mi sueño desaparezca con las primeras luces del alba.
Todo es confuso en mi sueño, solamente hay una cosa clara. Veo a
Chica1 desde una barandilla, en la calle, yo estoy arriba. Por algún motivo que no recuerdo yo sabía que iba a ocurrir algo y que nos íbamos a quedar solos en la calle. O quizá eso es lo que me había dicho alguien. La cuestión es que comienzo a ver que la gente huye. Yo me dejo caer delicadamente sobre el suelo de la calle y al momento se sientan a mi alrededor varias caras de chicas conocidas (sólo recuerdo una, la de Ana, una que iba conmigo a la ESO). Ella hace un movimiento inclinándose y dice
”círculo de protección”, extendiendo un brazo. A los pocos segundos me levanto igual de delicadamente ayudado por Lorena (una compañera de clase durante el Bachillerato que vive donde yo vivía), ella comienza a enredar una hebra de lana entorno a mis tobillos, piernas, y muñecas, de manera juguetona, sin opresión. Y entonces, de entre las sobras, más allá del umbral de una habitación aparece ella,
Chica1.
Pero está cambiada, su mirada es decidida, intensa y brillante; como la de una persona al calor de un fuego cuyos reflejos de luz son capturados por la superficie de sus ojos. Sus labios parecen más gruesos, más carnosos y de un tono rojo más subido pero sin llegar a parecer pintados. Su rostro sigue siendo blanco, y el ligero rubor que siempre tiene, y que tanto me gusta, casi no puede apreciarse. Por último me fijo en sus cabellos: son diferentes. Lleva ese corte que me hace volver loco: cabellos lisos y negros, largos hasta poco más de los hombros, tapando las orejas y con el flequillo cortado recto, como enmarcando su cara.
Se me acerca lentamente extendiendo los brazos y quitándome con delicadeza las hebras de lana, sin dejar de mostrar una sonrisa. Acto seguido yo pienso un dulce
”Por fin” y sin dudar más la abrazo con fuerza al tiempo que la beso. La levanto del suelo lentamente, pero a los pocos segundos vuelvo a bajarla hasta dar con mi rodilla en el suelo, despacio. Abrumado por la sensación, como perdiendo las fuerzas por el éxtasis del momento. Separo de ella la cabeza el tiempo justo para contemplarla con alegría, asegurándome de que es ella, de que por fin está junto a mí, sonriendo, decidida en sus acciones. Me siento feliz y vuelvo a besarla mientras volvemos a ponernos de pie.
Poco a poco, desde este punto, he ido recobrando la consciencia hasta despertar por completo.
”Sólo un sueño”, me he dicho. Un dulce sueño lleno de sentimiento, de sensaciones casi reales que me han dejado pensativo y algo conmocionado. Ahora volveré a dormir; quizá sueñe, quizá no. En cualquier caso este sueño, gracias a haberlo escrito, ya no lo olvidaré.
5 de Marzo de 2006 a las 2:28