Al otro lado del edificio veo una sombra, de pie. Me observa fría e imperturbable, como una sobrenatural gárgola de pétreo mármol.
Ambos sabemos lo que uno espera del otro, y no pienso decepcionarlo. Salto de mi edificio al suyo y me engancho a una tubería de la fachada. Subir hasta la azotea es como un juego de niños, muy estimulante.
Estamos cara a cara, las luces de la ciudad, de los edificios cercanos, no alcanzan a iluminarnos por completo pero nuestros sentidos vampíricos nos permiten ver con una definición casi diurna. Hacía años que no le veía, en realidad pensaba que no estaba en esta ciudad, ni siquiera en este país.
Comienzo a oír su voz segundos antes de ver sus labios moverse, que peculiar... siempre hace lo mismo, le gusta jugar con eso.
- Tanto tiempo sin vernos... –dice sin dejar de mirarme fijamente- y ha de ser en estas circunstancias en las que he de volver a acercarme a tí. Aunque en verdad tenía pensado volver, pero tú has precipitado mi regreso.
No pienso decir nada, ninguno de los dos lo necesita. Si me ha dicho eso, que pensaba volver, es sin duda porque le interesa que yo lo sepa... aunque todavía no sepa bien por qué puede ser.
- Abandona tus intenciones –su voz suena como un leve susurro, pero en él se percibe un gran poder de convicción-, lo que pretendes no tiene sentido, ahora ya es tarde para ello.
¿Es un consejo esto que estoy escuchando? No puede ser, no es propio de él, siempre me ha considerado inferior, un niño molesto del cual se ha de cuidar y por el cual se debe responder debido a sus faltas.
- Tras tantos años... no tiene ningún sentido que me pidas eso. –mi voz suena cálida, amigable, como una caricia de comprensión paternal.
- No es una petición.
Mi corazón se detiene unos instantes, como dispuesto a afrontar un gran desafío, un combate a muerte. Su rostro no ha variado en absoluto y me veo incapaz de predecir sus intenciones. ¿Pretende obligarme a abandonar? ¿Ha venido a detenerme? ¿A destruirme? ¿Qué debo hacer...?
- Tampoco es un ultimátum. –sus labios y sus mejillas se tensan lentamente mostrando una leve sonrisa, sus cejas se arquean tenuemente. No es posible, ¿acaso soy incapaz de cerrarle mi mente? ¿Tan sencillo le resulta hurgar en mi cabeza?
- No debes preocuparte, no he venido a detenerte –y sus pasos suenan lenta pero rítmicamente mientras se aproxima a mí- pero debía advertirte. Al fin y al cabo no puedo permitirte que lo hagas sin antes hablar contigo sobre ello. No puedo simplemente girar la cabeza y mantenerme al margen.
Su rostro se ha situado a escasos centímetros del mío, sin dejar de mirarme fijamente y con esa sonrisa que tampoco a variado ni un ápice. Me siento muy sorprendido por las palabras que acabo de escuchar pero... mi cara tampoco a cambiado en absoluto, tenemos ese poder... mi rostro no expresará una emoción a menos que yo mismo lo desee, ya que puedo controlarlo todo de manera plenamente consciente.
- Agradezco tu preocupación. –mis labios apenas se mueven, permanezco a la distancia que el ha provocado y quiero que parezca que mi voz viene de mi interior, y no de mi boca-. Sobretodo agradezco que hayas vuelvo ahora, y que yo haya sido el motivo de ello. Al menos un buen motivo para hacerlo antes. Pero... no tengo más remedio que no hacerte caso, sería impropio de mí pasar por alto todo este asunto... lo sabes con total certeza.
Mi deseo es el de sonar totalmente afligido por la situación, reflejar que me veo empujado a ello, lo cual es totalmente cierto. Me preocupa el hecho de que algunas veces no sé si mis emociones son reales... me da la sensación de que no son más que ecos de aquellas que tuve cuando era mortal. Porque quizá controlo este cuerpo y esta mente hasta el punto de saber como fingir mis emociones, sin saberlo, cómo hacer que algo suene a aflicción, ira, o alegría.
- Respeto tu elección –dice al tiempo que se retira lentamente de mí-, desde el principio mi deseo no fue detenerte, sólo advertirte. Ten cuidado, los inmortales somos muy egoístas con nuestros dominios, y con nuestras posesiones... y lo que tu pretendes... ofenderá y hará enfurecer a más de uno. De todas maneras te observaré, desde la sombra. Procuraré no intervenir a menos que no haya más remedio, siento predilección por ti desde el día que te vi, ya lo sabes, pero... nunca permitiría que me arrastrases a la muerte contigo, me aprecio demasiado.
Y con estás últimas palabras sinceramente egoístas su cuerpo comienza a desvanecerse, como distorsionado lentamente por la noche, dibujando líneas delicadas como un soplo de viento. De nuevo estoy solo, de nuevo he de seguir lo propuesto.
Continuará
PARTE 1
PARTE 2
PARTE 4