Mi?rcoles, 21 de diciembre de 2005
Al otro lado del edificio veo una sombra, de pie. Me observa fr?a e imperturbable, como una sobrenatural g?rgola de p?treo m?rmol.
Ambos sabemos lo que uno espera del otro, y no pienso decepcionarlo. Salto de mi edificio al suyo y me engancho a una tuber?a de la fachada. Subir hasta la azotea es como un juego de ni?os, muy estimulante.
Estamos cara a cara, las luces de la ciudad, de los edificios cercanos, no alcanzan a iluminarnos por completo pero nuestros sentidos vamp?ricos nos permiten ver con una definici?n casi diurna. Hac?a a?os que no le ve?a, en realidad pensaba que no estaba en esta ciudad, ni siquiera en este pa?s.

Comienzo a o?r su voz segundos antes de ver sus labios moverse, que peculiar... siempre hace lo mismo, le gusta jugar con eso.
- Tanto tiempo sin vernos... ?dice sin dejar de mirarme fijamente- y ha de ser en estas circunstancias en las que he de volver a acercarme a t?. Aunque en verdad ten?a pensado volver, pero t? has precipitado mi regreso.

No pienso decir nada, ninguno de los dos lo necesita. Si me ha dicho eso, que pensaba volver, es sin duda porque le interesa que yo lo sepa... aunque todav?a no sepa bien por qu? puede ser.
- Abandona tus intenciones ?su voz suena como un leve susurro, pero en ?l se percibe un gran poder de convicci?n-, lo que pretendes no tiene sentido, ahora ya es tarde para ello.

?Es un consejo esto que estoy escuchando? No puede ser, no es propio de ?l, siempre me ha considerado inferior, un ni?o molesto del cual se ha de cuidar y por el cual se debe responder debido a sus faltas.
- Tras tantos a?os... no tiene ning?n sentido que me pidas eso. ?mi voz suena c?lida, amigable, como una caricia de comprensi?n paternal.
- No es una petici?n.
Mi coraz?n se detiene unos instantes, como dispuesto a afrontar un gran desaf?o, un combate a muerte. Su rostro no ha variado en absoluto y me veo incapaz de predecir sus intenciones. ?Pretende obligarme a abandonar? ?Ha venido a detenerme? ?A destruirme? ?Qu? debo hacer...?
- Tampoco es un ultim?tum. ?sus labios y sus mejillas se tensan lentamente mostrando una leve sonrisa, sus cejas se arquean tenuemente. No es posible, ?acaso soy incapaz de cerrarle mi mente? ?Tan sencillo le resulta hurgar en mi cabeza?
- No debes preocuparte, no he venido a detenerte ?y sus pasos suenan lenta pero r?tmicamente mientras se aproxima a m?- pero deb?a advertirte. Al fin y al cabo no puedo permitirte que lo hagas sin antes hablar contigo sobre ello. No puedo simplemente girar la cabeza y mantenerme al margen.

Su rostro se ha situado a escasos cent?metros del m?o, sin dejar de mirarme fijamente y con esa sonrisa que tampoco a variado ni un ?pice. Me siento muy sorprendido por las palabras que acabo de escuchar pero... mi cara tampoco a cambiado en absoluto, tenemos ese poder... mi rostro no expresar? una emoci?n a menos que yo mismo lo desee, ya que puedo controlarlo todo de manera plenamente consciente.

- Agradezco tu preocupaci?n. ?mis labios apenas se mueven, permanezco a la distancia que el ha provocado y quiero que parezca que mi voz viene de mi interior, y no de mi boca-. Sobretodo agradezco que hayas vuelvo ahora, y que yo haya sido el motivo de ello. Al menos un buen motivo para hacerlo antes. Pero... no tengo m?s remedio que no hacerte caso, ser?a impropio de m? pasar por alto todo este asunto... lo sabes con total certeza.

Mi deseo es el de sonar totalmente afligido por la situaci?n, reflejar que me veo empujado a ello, lo cual es totalmente cierto. Me preocupa el hecho de que algunas veces no s? si mis emociones son reales... me da la sensaci?n de que no son m?s que ecos de aquellas que tuve cuando era mortal. Porque quiz? controlo este cuerpo y esta mente hasta el punto de saber como fingir mis emociones, sin saberlo, c?mo hacer que algo suene a aflicci?n, ira, o alegr?a.

- Respeto tu elecci?n ?dice al tiempo que se retira lentamente de m?-, desde el principio mi deseo no fue detenerte, s?lo advertirte. Ten cuidado, los inmortales somos muy ego?stas con nuestros dominios, y con nuestras posesiones... y lo que tu pretendes... ofender? y har? enfurecer a m?s de uno. De todas maneras te observar?, desde la sombra. Procurar? no intervenir a menos que no haya m?s remedio, siento predilecci?n por ti desde el d?a que te vi, ya lo sabes, pero... nunca permitir?a que me arrastrases a la muerte contigo, me aprecio demasiado.

Y con est?s ?ltimas palabras sinceramente ego?stas su cuerpo comienza a desvanecerse, como distorsionado lentamente por la noche, dibujando l?neas delicadas como un soplo de viento. De nuevo estoy solo, de nuevo he de seguir lo propuesto.



Continuar?
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Comentarios (0)  Autor Asturel

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