Sí... hoy la luna se ve muy grande en el cielo. Completamente llena. Y su luz ilumina el parque casi haciendo innecesarias las pocas farolas que lo pueblan. Me muevo con sigilo por entre los arbustos, ajeno a la torpe mirada de los mortales. Es tan fácil engañarlos... a veces... incluso siento lástima por ellos. Pero no por estos dos, me he fijado en una pareja que se está besando en un banco, lejos del alcance de las farolas y a la penumbra de un espeso árbol que bloquea la luz lunar.
Como un suspiro, salto de entre los arbustos y golpeo al joven dejándolo inconsciente. La chica también ha caído al suelo y está ahora desorientada. Tan sencillo... la tomo entre mis brazos con fuerza y la levanto al tiempo que hundo mis colmillos en su garganta. Se me ocurre una idea... una broma macabra y sin gracia pero que me produce gran regocijo. Sí... vacío casi completamente a la muchacha, hasta el punto que siento un ligero mareo por el exceso de sangre en mi cuerpo, siento como mi piel se llena de calor, se vuelve tierna y llena de vida de nuevo. Saco un cuchillo y rajo la garganta de la chica, haciendo que parte de la sangre que aún le queda caiga sobre el muchacho inconsciente. Alguna heridas defensivas en el cadáver, algún arañazo en el joven... como me gustan las novelas de misterio. Coloco el cuchillo en las manos del joven y me acerco a su oído. Acaricio suavemente su cuello y noto como comienza a recuperar el sentido lentamente.
-No vas a dejarme...- susurro levemente- eres mía y de nadie más. ¿Vas a dejarme? Entonces es mejor que estés muerta.
Puede resultar sorprendente pero los humanos son tan fácilmente sugestionables... puedo trastear en su memoria como el que reordena los libros de su estantería, introduciendo si es necesario nuevos libros cargados de historias.
Una vez saciado, y habiendo descargado parte de mi maldad, me toca proseguir. Voy a buscar información... sí, a la mejor biblioteca de lo oculto de la ciudad. Resulta extraño pero la pura verdad es que al fin y al cabo aquellos que más saben sobre los vampiros son los humanos. Obviamente no hablo de la humanidad en sí, me refiero a aquellos grupos, a aquellas sociedades secretas que siempre han existido paralelamente a los vampiros. Muchas de las ideas que tienen sobre nosotros, que creen ciertas, son completamente falsas... desvaríos de un pseudocazador necio, demasiado cobarde como para vivir las propias historias que se inventa. Pero... lo que sí que consiguen en gran medida es seguir nuestros pasos... catalogarnos como a muestras de laboratorio... y es de eso de lo que me voy a aprovechar.
He llegado al lugar, un frío edificio de oficinas. Trepo por la escalera de incendios y llego hasta el piso concreto. Hay luz en su interior... como yo esperaba. Mi querida Sarah siempre se queda a trabajar hasta muy tarde y al fin y al cabo la noche acaba de comenzar. Es tan bella... cabellos largos y lisos, de un tono rojo brillante, piel delicadamente blanca, y una figura estilizada, apenas perceptible bajo esa bata. Y pensar que si pudiera no dudaría ni un segundo en destruirme... si supiera mi condición de vampiro. He fingido ser humano en su presencia, he charlado con ella durante horas, en su casa, sin ningún temor. Como ya he dicho los humanos son fácilmente engañados con nuestros trucos. Pero esta vez no iré de frente, nunca accedería a darme la información que le voy a pedir, se supone que ni siquiera se que se dedica a esto, según ella no es más que una escritora de novelas de terror. Pero... ninguno de los dos es lo que aparenta, igual que yo no soy simplemente el propietario de una librería.
Fuerzo una de las ventanas situadas en una habitación próxima, sin hacer a penas ruido. Voy directamente a los archivos. Hay un hombre en la entrada pero... si no quiero no me verá. Puedo confundir su mente con facilidad, hacerle pensar que no estoy allí, su profundo inconsciente le hará girar la cabeza en dirección contraria cuando yo pase, como temeroso a darse cuenta de que eso que pasa junto a él no es humano, que la muerte le está evitando por propia voluntad. Comienzo a buscar... ¡encontrado! Bendita era digital... esta es una de las cosas que sí que me gustan de esta época. Copio los archivos en un disco y... listo.
Ahora debería marcharme por donde he venido, sin ninguna dificultad, pero... siento la necesidad de volver a verla antes de proseguir con mis intenciones. Quién sabe si será la ultima vez que pueda ver su delicado rostro...
Continuará...
Partes anteriores:
PARTE 1
PARTE 3
PARTE 4