domingo, 27 de noviembre de 2005
Llevo toda la noche caminando... o al menos eso es lo que me están diciendo mis pies, me piden un respiro. Pero no puedo detenerme, se que algo oscuro acecha en este bosque y cuanto más tiempo pase en él más tocada saldrá mi mente. El frío parece cortar mis mejillas, se me clava como frías estacas de hielo al respirar. El bosque es espeso, la luz de mi linterna de aceite a duras penas consigue iluminar unos metros alrededor de donde estoy. Los troncos de los árboles parecen retorcerse como en una macabra danza interrumpida, un extraño baile que parece haberlos dejado inertes y sin vida. No se oye un solo ruido, solamente el torpe chocar de mis botas contra el suelo, arrastrando la tierra en cada paso.

Creo que voy a desmayarme, mi cuerpo se esta perdiendo en un vacío aterrador, una falta de esperanza ante tanta oscuridad, la luz de mi linterna parece atenuarse. Alzo la vista del suelo, de mis pesados pies, parece que hay un claro al final de extraño pasillo que forman los anudados troncos de estos pétreos árboles. Cruzo el imaginario umbral que abre paso al llano, ¿qué es esta luz? Elevo mi mirada hacia el oscuro cielo, y cientos de puntos de luz se iluminan tenuemente, eclipsados por otro objeto mucho mayor. La luna. Una enorme luna llena, radiante, que parece consumir mi alma al mirarla, me atrapa y me hace caer de rodillas sobre la tierra. Mi mirada se nubla, pero aún puedo ver las palmas de mis manos, magulladas. ¿Qué es ese dulce olor? Una figura borrosa parece dibujarse a escasos centímetros de mí, alzo mi dolorida mano hacia ella, esperando poder asirla para contemplarla mejor. Solamente acaricio el aire, en todo momento la figura parece estar lejos de mi alcance.

Escucho un leve susurro en mi oreja, ininteligible pero claro, una voz de mujer que parece devolverme por segundos la claridad visual. El tiempo suficiente pare ver la figura. Un suave rostro, blanco como la porcelana y delicado como el mismo resplandor de la luna que he contemplado antes, que tanto me ha atrapado. No puedo evitar esbozar una tenue sonrisa, como de alivio infinito en medio de tanto agotamiento, sus mejillas parecen subirse de tono ligeramente, de manera casi ilusoria, como un producto de mi mente. Su rubor crece hasta que mi cuerpo comienza a calentarse, me transmite un cálido sentimiento de paz. Un sobrenatural bálsamo que comienza a sanarme, mi cuerpo parece reconfortarse. Al poco me siento con fuerza para ponerme en pie. Ahora me acerco a ella y extiendo mi mano. Sus fríos dedos agarran con delicadeza los míos. Y poco a poco seguimos andando en dirección a la negra noche, que parece iluminarse con cada paso que damos.

Vuelvo mi mirada atrás, poco a poco todo se apaga a mis espaldas. Adiós bosque oscuro, espero que en poco tiempo seas solo un triste recuerdo, una extraña pesadilla que pareció no ser nunca real.

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Comentarios (0)  Autor Asturel

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