viernes, 18 de noviembre de 2005
“Sin pensárselo dos veces, Godofredo, apartó el costado de su gabardina de un rápido manotazo e introdujo la mano en su bolsillo. Todo el mundo se asustó al ver tan súbito movimiento y alguno incluso se escondió bajo la mesa temeroso del vil metal que en ocasiones es el plomo. La mano de Godofredo se elevó velozmente como un destello hasta mantenerse bien en alto. Nuestro héroe esgrimió una amplia sonrisa y espetó:
-¡Sí! ¡Ahora ya sé sobre lo que voy a escribir!
Las miradas tornaron hacia su mano que sujetaba con firmeza un viejo y roído bolígrafo Bic.”

Este es un claro ejemplo de emoción desproporcionada. Siento haber sido tan... bizarro pero me apetecía narrar una estupidez de ese calibre. El caso es que mientras yo, al igual que Godofredo, me quemaba los sesos pensando en un tema sobre el que escribir me ha venido algo a la cabeza: “el exceso de emotividad” o quizá mejor dicho “la excesiva empatía hacia los demás”.
Espero que esta opinión no haga que nadie se siente ofendido ni nada por el estilo porque no es su objetivo, simplemente son ganas de compartir algo en lo que he reparado. La causa de este pensamiento ha sido el pensar un tema para mi próximo relato. Me gustaría que éste fuera “un homicidio involuntario inducido por el terror”, la cual cosa me ha llevado a recordar el anterior relato, el de la venganza, y me he dicho: ¿cuanta violencia no? Parece que siempre deba morir alguien... y entonces he empezado a pensar que solo es ficción, por muy realista que sea, que no debemos pensar en ello demasiado ni debemos entristecernos por lo que a los personajes les ocurra. Y eso ha desembocado en cosas más cotidianas... cuando la gente parece afectarse por cosas que en realidad no les conciernen. Y en realidad si que se afectan... pero no porque digan “uy que penita me da esta persona” sino porque se imaginan a sí mismos en la misma situación y entonces dicen “uy que penita me doy yo mismo” y la prueba está en que a los pocos minutos (horas en el peor de los casos) el tema ya está zanjado y siguen con sus vidas. Es decir, sienten una empatía provocada, que en realidad no es ni siquiera promovida por la compasión hacia el otro sino por una autocompasión... como un regocijo en ver que todavía pueden sentir esas cosas.

Yo propongo que la gente procure ser un poco menos teatrera y realmente haga uso de su sensiblería cuando es menester... porque luego los que así lo hacemos parecemos los raros... los faltos de sentimientos.
Que quede claro algo: Una cosa es tener sentimientos y otra saber utilizarlos, es mejor saber usarlos y parecer no tenerlos; a no saber usarlos y parecer un oso amoroso.
Comentarios (2)  Autor Asturel

Comentarios
Autor GORRE
domingo, 20 de noviembre de 2005 | 1:25
O dios mio!

Soy un oso amoroso

XDDDDDDDDDD
Autor Sassenach
miércoles, 21 de junio de 2006 | 1:10
Es cierto que hay personas que sienten compasión por otras, o bien “se preocupan” por otras por interés egoísta. Pero no significa, pienso yo, que los sentimientos se deban saber usar y esconderlos para no ser un “oso amoroso”. Los sentimientos hay que saber canalizarlos, hay que dejarlos fluir y ser sinceros con ellos. Y sinceramente, yo prefiero un oso amoroso, a una roca (q no los expresa nunca). Lo cual no significa que me gusten los hipócritas y falsos (los q sólo piensan en ellos mismos).

Un beso!