sábado, 05 de noviembre de 2005
Desde el abismo... sí, pero no es una carta. Esto procede de mi interior. Estoy sentado, a la luz del flexo del escritorio y una pausada y grave música, de ambiente oscuro, parece estar proyectando una escalera de caracol ante mis ojos. Una extraña y gris escalera que desciende de manera lenta pero infatigable hasta las profundidades de mi mente.
Mis ojos se pierden en el teclado, me esfuerzo por atrapar todas estas cosas, por teclearlas de manera torpe mientras mi cuerpo parece caer en un letargo de actividad espiritual. Varias ideas me abordan.

Me pregunto porque toda mi vida parece estar filtrada por la fascinación de lo tétrico, es como si no pudiera dejar de plantearme situaciones, de crear ficción de terror, ambientes oscuros y almas torturadas... Una gran fascinación por todo lo que nos atormenta, lo que es capaz de helarnos la sangre de la manera más profunda.

Seguro que es por no vivir nada así, tengo la suerte de llevar una vida tranquila. Esa falta de elementos oscuros en mi vida me empuja a crearlos yo mismo en mis escritos, en mi imaginación; a buscarlos en los juegos, las películas, la música...

Esa punzada en la nuca, un escalofrío que recorre la columna, que agarrota el cuello y tensa los músculos. Todo eso lo imagino, los sitúo. Rápidamente se generan en mi cabeza las imágenes, el escenario, el ambiente, las luces, el protagonista... sus emociones de desasosiego e intranquilidad... todo ello me asalta como pidiéndome que lo escriba. Y eso hago, por eso escribo sobre cosas siniestras, sobre males antiguos, ocultos e invisibles; sobre fuerzas cósmicas desconocidas por el hombre, inconcebibles y negadas por completo. Sí, no puedo evitarlo, he de hacerlo, si no... quien sabe lo que podría ocurrirle a mi mente.

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Comentarios (0)  Autor asturel  | Enviar
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