Mi vida ya no tiene valor.
En realidad hace ya días que estoy muerto, solo que mi cuerpo aún no se ha dado cuenta. Ésta carta es la prueba de que yo ya sabía lo que iba a ocurrir...
¿Ves esa mancha en la pared? Soy yo, bueno, mejor dicho es lo que queda de mí, porque ya no existo.
Se lo mucho que me quieres, todo lo que sientes por mí y lo duro que te va a resultar seguir adelante y acepar este hecho. Pero aún así debo pedirte un último favor, uno tan egoísta que quizá te haga replantearte el echarme de menos. Olvídame. No me mantengas en tu recuerdo. Olvida todo lo que hemos vivido. Y sobretodo olvida lo mucho que te he amado. Se que es una petición sin sentido e injusta pero es la única manera de salvarte.
Cuanto más te empeñes en querer saber la verdad de lo ocurrido más daño te harás. Déjalo todo donde está, ahora que puedes. Adiós amor mío, te querré aunque me olvides.
Llegó la hora.
Continuará el 14 de octubre