Atardecer.
La tenue luz del día parece diluirse en la calle. Se filtra por las persianas del local dándole a todo un tono rojizo... apagado.
Una gabardina reposa en la barra, frente al barman.
- ¿Qué se supone que debo hacer? Guardar todos estos sentimientos para uno mismo no puede ser bueno... Pero las cosas nunca salen como a uno le gustaría, ¿verdad Jack?
- ¿No crees que has bebido suficiente? Sólo son las siete de la tarde.
- Por Dios Jack, somos amigos... ¿Cuantos años llevo contigo? No eludas mi pregunta.
Suspiro largo y apagado.
- Deberías contarle lo que sientes. Si tan buen concepto tienes de ella... su reacción no puede ser tan mala.
- No temo la reacción que pueda tener... temo lo contrario. Seguramente no será sincera. Hay otras cosas detrás que se lo impiden, la situación es complicada... Ojalá fuera todo más sencillo. Pero... no puede ser.
El sonido de un billete cayendo sobre la barra. La campana sobre la puerta advierte la salida.
[...]
¿Hace frío o es que estoy muerto de miedo? Puedo enfrentarme a cualquier cosa, sobreponerme con facilidad... pero no a ese rostro... a esos ojos... Indefenso como una barcaza de caña en una tormenta en mar abierto.
Cayeron unas hojas de tonos terrosos desde lo alto, revoloteando como con miedo a caer demasiado deprisa y estropear el momento...
Dos figuras se desdibujan en la noche.
- Bien, eso es lo que siento. Ojalá pudiera negarlo pero no es así. Sólo espero que comprendas los motivos de mis acciones, no deseo causarte sufrimiento, al contrario.
Un ligero olor a quemado... los fotogramas siguientes están dañados. ¿Habrá final feliz...?