lunes, 11 de abril de 2005
«Siento todo el daño que te he causado. Ruego cada día a cualquier cosa que haya allá arriba que te proteja del sufrimiento que te he provocado. Sin embargo te doy las gracias por permanecer a mi lado ya que ha sido lo que me ha mantenido cuerdo y me ha permitido seguir adelante. Los años que he pasado junto a ti han sido los más felices de mi vida. Por eso quiero alejarte de todo esto, ha llegado demasiado lejos. No quiero que formes parte de ello. Cuando encuentres esta carta ya estaré lejos, no me busques, es lo último que te pido.
Adiós, amor mío. »


Ron Crawford miró por encima de la hoja de papel que sostenían sus dedos. Frente a él había una mujer joven, hermosa, y de formas delicadas. Su expresión era triste, pero mantenía las formas. Miraba al investigador con ojos esperanzados, esperando sus palabras en busca de consuelo.
Ron volvió a mirar la carta y comenzó a doblarla para volverla a introducir dentro del sobre mientras suspiraba profundamente. Tras unos segundos de silencio, dijo:
- Señorita Bennet, me hago cargo de los motivos que la traen a mi despacho pero... su marido se ha marchado por su propio pie, lo cual es algo que no me concierne. Obligar a alguien a volver es algo que está fuera de mis servicios, y de la ley.-
- Señor Crawford, sé perfectamente lo que dice la carta, la he leído veintenas de veces. Pero también sé que hay algo más. Hasta hace seis meses mi matrimonio con él había sido idílico, cada segundo a su lado era un mar de felicidad. Mi marido es un hombre extraordinario, pero desde hará unos meses comenzó a cambiar. Salía por las noches y no dormía en casa. Y cuando volvía se encerraba en el sótano para no salir hasta que oscurecía, momento en el cual volvía a marcharse.-
La chica abrió su bolso y sacó una foto y un trozo de papel. El hombre de la foto era muy atractivo y vestía trajeado. La imagen había sido tomada en un sótano, por sorpresa, y el hombre parecía muy sorprendido y medio levantado de la silla, cerrando con una mano un grueso volumen que debía haber estado leyendo. El trozo de papel estaba algo quemado, pero se podía leer perfectamente “George Tillinghast. Apartamentos Chelsea House. Calle de la iglesia 267 Ap. 2A"
- Éste es mi marido – dijo la mujer –la foto la tome hace algún tiempo, pero mi marido sigue igual que entonces. El trozo de papel lo encontré dentro de un bidón, en el sótano, él había quemado todos los papeles que tenía encima de la mesa y en los cajones, pero éste casi no se salvó. Señor Crawford, se lo ruego, encuentre a mi marido. Temo que le haya pasado algo. No quiero que lo traiga de vuelta, sólo encuéntrelo y dígame dónde está.-
Las lágrimas comenzaron a asomar en los ojos castaños de la chica. Ron se levantó de la silla y acercándole un pañuelo dijo: ...
...
Continuará.
Comentarios (2)  Autor asturel  | Enviar
Comentarios
Autor Lector
miércoles, 13 de abril de 2005 | 13:19
Inquietante sin duda, yo de ser Ron Crawford no dudaría en aceptar el trabajo, pero si me haría el remolón.

Después de todo, que hay de malo en ayudar a una pobre mujer cuyo marido se ha fugado de casa. Seguro que pagara mi precio, y de este modo me sacare de encima al dichoso casero, un mes más.
Autor Sassenach
sábado, 10 de junio de 2006 | 12:06
Hola de nuevo!! Esta historia continua??porque pone que continuará...pero hace ya más de un año...

Yo no se si cogería el trabajo, además de ser la esposa, ya deduciría es Vampiro.. Q ME CONVIERTA!!jejejeje. Q hay más bonito que pasar una eternidad con la persona amada??Amor

Hasta otra guapo!! Muaaaaaaaaaaks!!