jueves, 31 de marzo de 2005
La llamada de Cthulhu.
fotos.miarroba.com

El gran Cthulhu. El todopoderoso primigenio cefalópodo venido de las estrellas para hacer suyo el universo. En un estado de coma consciente desde el cual extiende sus invisibles influencias por todos los mundos habidos y por haber. La tierra. La gran cuna que mece sin enterarse a ese gran ser, que lo alberga, lo mantiene oculto hasta el momento clave.
Me estremezco al recordar todas las aventuras vividas a la sombra de ese insólito nombre: La llamada de Cthulhu. Él nunca apareció en ninguna de ellas pero su amenaza estaba siempre presente, latente, oculta, inconscientemente amenazadora. El cementerio está lleno, no caben en él todos aquellos incautos que en el nombre de la curiosidad humana buscaron un porqué y encontraron una muerte horrible. ¿Quedará sitio en el infierno? La respuesta podría llevarnos a la mítica frase de El amanecer de los muertos, pero eso ya es otro tema.
Los zombis están bien, el survival horror es gratificante y estimulante. Pero el terror de investigación es muy distinto. En él el mundo no se ha ido al traste (aparentemente), no está en una guerra desesperada por la supervivencia de la humanidad. En esta clase de terror se suceden horrores puntuales, aparentemente aislados, que rápidamente quedan olvidados por la humanidad en sí misma, aunque sus víctimas fallezcan o queden completamente locas. Es el propio investigador, ávido de respuestas, el que se adentra lentamente (y sin saberlo la mayoría de las veces) en la boca del lobo. Escudriña la oscuridad en busca de todas aquellas cosas que de pequeño le decían que temiera, intentando descartar (para la tranquilidad de su inconsciente) todo ese mal, fruto de la imaginación, que no puede ser real. Y es entonces cuando se da de bruces con el horror, con el mal oculto que yace eternamente aletargado; cuando hallan la muerte de un modo tan horrible como solamente el mismo horror puede provocar.
Nunca olvidaré la oscuridad al final de la escalera, las polvorientas bibliotecas secretas, los silencios en la noche, el mal que duerme en objetos cotidianos y aparentemente inofensivos...
Nunca olvidaré a Cthulhu
fotos.miarroba.com
Comentarios (2)  Autor asturel  | Enviar
Comentarios
Autor Lector
sábado, 09 de abril de 2005 | 1:52
Ostras, si que es cierto que es melancólico. Cuantas partidas, cuantos recuerdos. Si con el Señor de los Anillos empecé a jugar, con Vampiro: la Mascarada crecí y Hombre lobo me dio el rodaje como narrador. Debo reconocer que ha sido con La Llamada de Cthulhu con quien he madurado, evolucionado, innovado, y varias cosas que ahora mismo no soy capaz de plasmar. Pero sin duda es con quien más he disfrutado.

[...]
Autor Lector
sábado, 09 de abril de 2005 | 1:55
[...] Parte 2.

Has hecho una descripción o una aproximación, bueno, dejémoslo en presentación, muy correcta de el que yo también creo que trata este maravilloso juego de horror.

Podría hablar durante horas de este juego así como de la versatilidad y simpleza de su sistema, que debo reconocer. Es lo que más me atrajo de el. Pero no pretendo alargarme ni aburrir a nadie. Cthulhu es un juego maravilloso. Si tenéis oportunidad de jugar una partida con un narrador versado (hagamos un poco la pelota) como Asturel, no lo dudéis. Hacedla.

No dormiréis en mucho tiempo, y no la olvidareis jamás.