lunes, 21 de febrero de 2005
Pasó hace más de un mes pero es algo que nunca se me olvidará. Lo vi tan claro, era para mí una verdad tan evidente... Ocurrió el 20 de enero. Yo me dirigía ha hacer el examen de “fundamentos de psicobiología”, estaba en el metro, en la línea verde. El vagón estaba bastante desierto, eran poco más de las dos y media de la tarde, y en frente mío había un hombre sentado, sosteniendo un grueso libro de tapas negras, sin ningún nombre en el lomo.
Aquel hombre... desde el momento en que me percaté de su presencia note algo extraño, como si ocultara una verdad extraña y horrible, una carga que solo el debía llevar. Su atuendo era extraño, un poco freak diría yo. Llevaba gruesos anillos en los dedos, de extrañas formas y motivos desconocidos para mí. A pesar de su extravagante aspecto, sus gafas le daban un aire intelectual, una antinatural inteligencia arcana.
Fue entonces cuando me puse a analizar la situación... ¿Y si fuese éste hombre un estudioso de lo oculto? ¿Un atormentado investigador de los mitos de Cthulhu? Pero... a dónde podía dirigirse, qué hacía en el metro. Entonces me asaltó un pensamiento, claro como el destello de un cristal, lo más seguro es que su camino se dirigiera hacia una gran biblioteca. Recorrí con la mirada el mapa del metro, el trayecto que nos quedaba por recorrer. La única relación que pude encontrar fue... ¡mi facultad! La biblioteca que se encuentra en mi universidad es la única lo suficientemente grande como para interesarle y que además está en el camino que el está haciendo. Entonces lo decidí, no apartaría la mirada de ese hombre, le seguiría y descubriría que estaba ocurriendo.
Él seguía enfrascado en la lectura de su grueso tomo y yo me rendí a la espera y comencé a perderme en mis pensamientos, en otros que no vienen al caso. Cuando recuperé el contacto con la situación la voz femenina del metro dijo: próxima parada Mundet. Ya había llegado, lance una mirada a aquel hombre. ¡Ya no estaba! ¿Cómo era posible? Baje del metro y me dirigí a la universidad, intenté localizarlo saliendo de algún vagón, pero fue en vano, se había esfumado.
¿Cómo fue posible? Recuerdo la decisión, mi autoconvencimiento al decir que no iba a apartar la mirada de aquel hombre, que le iba a seguir... y sin embargo me había distraído un largo rato, le había perdido la pista ¡dentro del vagón! Tubo que ser él, no hay otra explicación, ese tío descubrió mis intenciones y me hizo algo, altero de alguna manera mi mente. Pero... ¿qué podía haber en la biblioteca de mi facultad que tanto le interesase? ¿Poseería la facultad de psicología algún extraño y blasfemo tomo con conocimiento prohibido? Solo al alcance de unos pocos. ¿O es que mi facultad escondía la sede de alguna extraña asociación de lo paranormal, alguna organización para el estudio de los mitos...?
Todo esto solo son conjeturas, pero estoy seguro de que aquel hombre no era un simple freak, y que lo que ocurrió en aquel vagón tampoco es normal. Solo puedo intentar olvidarlo y seguir con mi vida.
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